JOAQUIN TRINCADO

JESÚS HOMBRE Y NO DIOS

PARTE 10




PREMEDITACIÓN INAUDITA



Temprano y triste epílogo, han tenido las doctrinas de Jesús y Juan. Fatal es la influencia de la carne y la concupiscencia para la ley del Dios de Amor. No me extrañó mucho ver prevaricar a los sacerdotes de la ley mosaica, teniendo en cuenta las vicisitudes porque el pueblo judío pasó: pero sí me ha clavado una dolorosa espina la temprana prevaricación de los descendientes tan cercanos de los apóstoles de Jesús y me llena de dolor, porque la religión cristiana ya llevaba en las doctrinas del Nazareno, el índice de las causas del bien y del mal y el saludable mandato de “adorar a Dios en espíritu”. Los israelitas, recién salidos del cautiverio de Egipto, no comprendieron a fondo la ley escrita en el Sinaí; pero Dios Padre Amoroso, les mandó hombres de prestigio y austeros que los conocemos como profetas: no les hicieron caso, porque los sacerdotes no cedían sus pretendidos “derechos divinos” para entender en las cosas de Dios y de su templo y fué, cuando después del fracaso de los profetas místicos y llorones, mandó el Dios de Amor a Juan y Jesús, juntos, para aclarar los mandamientos y rebatir las añadiduras; ellos cumplieron como buenos su cometido y dijeron todo el contenido de la doctrina, ya en ejemplos, ya en parábolas y dejando apóstoles y discípulos aleccionados; pero son arrancados de la vida cuando empezaban a sazonar sus frutos. Estos dos personajes, son el alma de los que llamaron primeros cristianos y son tenidos en cuenta para dar forma definitiva a la iglesia, que con el nombre de universal nació en la alianza de todas las religiones, por lo que soy obligado a seguir sus hechos, aunque sea en conjunto, porque quedan en depósito en esa iglesia, los Mesías Juan y Jesús y las doctrinas predicadas por ellos, aunque esta alianza provocada por un hombre tan astuto y tan glacial como Manuel I, no está conforme con el proceder del que tenía por baluarte. Jesús entregó a sus discípulos las armas racionales de humildad y sencillez, que sabiéndolas manejar con cordura en las batallas, no hay ninguna otra arma que las quiebre y, el primer Papa (o pontífice propiamente llamado tal) de la Iglesia Católica, encierra una horrible malicia en sus actos y creo que ha echado al Dios de Amor y ha tomado por baluarte a Jesús y Juan, como para mofarse de sus doctrinas y de sus nombres; ojalá me equivoque; pronto lo vamos a ver.