HISTORIA VERDADERA DE MARÍA DE NAZARETH,
MADRE DE JESÚS
PROLOGO DEL AUTOR.

Ante tantas historias o vidas de la Virgen María, con sus once mil y pico de nombres y el título de Madre de Dios, que son otras tantas blasfemias que rebajan la dignidad de la Madre Natural, ponen en entredicho su grandeza y la de Jesús y tratan de loco al verdadero, al Creador, la razón se rebela, el corazón se ve lastimado de dolor y la conciencia al hacerse luz rechaza esas majaderías que en virtud agiotista han inventado los vampiros de la grey cristiana.

Sin embargo, aún hay que darles gracias por haber dicho tantas inverosimilitudes porque han adelantado la hora de la verdad; pero son reos de abuso y de Lesa Deidad y la generación presente les dará su pago con significativo desprecio.

Ha llegado el Siglo XX, siglo de la verdad y es necesario decirla y retar a los que tengan testimonios para negar lo que aquí se dirá de tan excelsa mujer, que lo fue por su propia fuerza y nada debe a lo sobrenatural.

Al corazón amante causa indignación ver la virtud por obra de gracia y no por adquirida por propios méritos y el alma que siente las leyes del Creador que rigen a los seres, protesta de tamañas iniquidades.

El Espíritu celoso de la gloria del Creador y que en su individualidad sabe que todo lo ha hecho bien, cuando ha hecho fuerzas suficientes para aclarar los hechos falsamente sostenidos por el Castillo del Dogma, sale en defensa de la verdad y pone las cosas en el lugar que le corresponden sin temer a la intriga ni a la asquerosa excomunión de que siempre se valieron los monopolizadores de la grandeza de esta mujer a la que endiosaron en detrimento de su misma grandeza e hicieron objeto de adoración, que sólo el Creador merece y sólo a ÉL debe tributársele.

Vamos a descubrir a la humanidad la verdad de las cosas y no temo que al saber esta verdad, esta humanidad pierda su confianza en esta Gran Mujer y Esposa y Madre como todas las madres, sino que estoy convencido de que la amaremos aun más, pero sin divinizarla y esto es lo que a su Espíritu Elevado le llenará de la alegría de verse grande por su propia grandeza y no habrá una sola madre que no la tome como ejemplo, ni habrá un alma en la humanidad terrestre que no la llame por su propio nombre en su ayuda, pues su poder se acrecentará por el hecho de que ahora cuando la llamamos, siempre acude pero siempre llena de dolor por nuestros equívocos y entonces nos oirá con alegría y el que acude alegre a la cita del necesitado puede mucho más que presentándose dolorido.

Aceptemos a María como Madre de la humanidad, redimida por sus hijos con Jesús en cuanto estos sembraron las semillas de redención, pero aceptémosla en su verdadera grandeza, siendo Madre fecunda de siete hijos y Madre adoptiva de otros cinco más, que su esposo José llevole como regalo de boda.

¡Sí, Madre Querida!, hora es de que mis hermanos te conozcan GRANDE EN TODA TU GRANDEZA y las madres copien en sus almas tu grandeza de Madre.

Este es mi propósito y mi Juramento y a cumplirlo voy.

JOAQUÍN TRINCADO