SEGUNDA PARTE.
CAPÍTULO PRIMERO.
DESCENSIÓN DE LA FAMILIA MISIONERA.

Neptuno, mundo hermano de la Tierra, de nuestro mismo sistema solar, llegaba a su mayoría de edad en el día de la Justicia que a todos los mundos llega, como la Tierra llegó hoy. Neptuno celebró su Juicio Final, hace 97 siglos terrestres.
En estos juicios se establece en los mundos el reinado del Espíritu, se proclama la Ley de Amor; un único credo El Espiritismo, que mata Dioses y Religiones y se establece la comuna en la más harta Justicia, siendo la Ley de Progreso el trabajo y el derecho y las obligaciones iguales conforme al grado de progreso de cada individuo, que no se puede faltar a la equidad porque el regulador exacto es el Amor, única Ley del Creador.
En estos juicios en los que nadie se puede eludir ni esquivar ser descubiertos en todos sus defectos y virtudes, no se obliga tampoco a nadie, pero se establece por Ley inflexible el progreso común, la Justicia común, la Igualdad común y hasta el Amor común, sin supremacías, razas, castas, ni distinciones, desde el Maestro Nato hasta el menor de los individuos.
Quien acata está en la Ley, le pertenece en Justicia aquel mundo regenerado; el que no acata no puede estar allí, donde se establece la Armonía y la Justicia obra poniendo al descubierto las cuentas de los infractores que avergonzados se tienen que marchar a donde sus afectos lo inclinan.
Es este un medio de corrección, el más poderoso que tiene la Ley y lo vais a comprender por este ejemplo vulgar.
Imaginemos (y son casos que han sido practicados por hombres en la Tierra) un hombre de los que llamáis ladrones, o una mujer en lo que llamásteis adulterio, han sido sorprendidos en sus delitos, pero por evitar muchos contratiempos el damnificado por el ladrón, en vez de sacarlo a empellones y exponerse a la lucha, lo ha saludado y se ha callado dejándole las puertas abiertas, y el hombre deshonrado por el adulterio no profirió palabra, pero buscó una pieza acusadora del delito y se la pone sobre sí de modo que la delincuente sin recibir ofensa se ve acusada en cada mirada sobre el ofendido. ¿Que harían uno y otra?, ¿será necesario echarlos por la fuerza? Ellos, avergonzados , corridos por la presencia de su delito esquivan, se esconderán de una acusación y buscarán albergue donde no sean conocidos: se expatrian en voluntad y cordura y esto mismo es lo que hace la Ley de Justicia con relación a los Espíritus que se juzgan en cada uno y esto ha sido hecho ya en la Tierra y esto sucedió en Neptuno hace ahora 98 siglos terrestres.
Dictada la Ley y firmada la Sentencia Final, había en Neptuno tres mil quinientos millones de seres fuera de la Ley de la Mayoría o de Amor y quedaban sus cuentas al descubierto y la vergüenza los ahuyentó siguiendo por instinto el camino de sus afectos, buscando el sitio donde no pudieran avergonzarse y la Tierra era entonces el mundo que les podría servir de guarida, porque en ella estaban en su apogeo las pasiones que aquellos disconformes de Neptuno tenían y la Justicia compasiva les señaló el camino y la Tierra los recibió.


Mas traían una desventaja gravísima y es que ellos salían de un mundo en el apogeo del progreso humano, como el que hoy tiene la Tierra y la Tierra era una jaula de fieras y el derecho sólo era del más bruto y el progreso aún no había empezado y como sabían de la civilización en donde ya el derecho de gentes era Ley y en aquel momento empezaba la Santa Comuna, que es la Justicia por la Justicia misma y por más que fueran supremá ticos, orgullosos e hijos de las pasiones, eran sabios y no poseían ya la fuerza bruta del salvaje, que la tenían los hijos de la Tierra y esto los pondría en cordura, tan pronto tomaran cuerpo y fueran hombres.


La Justicia Divina sabe de estos resultados y sabía que tan pronto hicieran su primera prueba de la primera existencia, llamarían forzosamente al Juez que en Neptuno los sentenció y el Padre se los mandaría como se los prometiera y para oírlos; con ellos mandó un tribunal de Espíritus Maestros que fueron Miguel, Rafael y Gabriel, los que presentaron el pedido de los caídos al Tribunal de Padre en Sión y allí se pidieron misioneros voluntarios para salvar a los caídos y con ellos al mundo Tierra, en el que habían dejado lazos de afinidad que no se podían romper, sino fortalecerlos y salvar aquel mundo que es esta Tierra.
El Espíritu en Luz vive en la Justicia y el Amor lo regula; la hoy María allí también había sido la llave del Amor y la mediadora entre los caídos y el Juez del Padre, que al pedido de sus desterrados, tenía que venir a saldar sus cuentas, ya que en Neptuno nos las quisieron saldar, y como todos fueran una familia y tenían entre los caídos seres que amaban, el Juez tenía que venir por deber, pero el Amor y la afinidad tiran muy fuerte y la que había sido en Neptuno, madre del Juez y otros que tenían cargos de Maestros y Directores en los Consejos del Padre, la hoy María levanta la Bandera de Amor y Redención y parte delante del Juez a redimir un Mundo.


He aquí la organización que traían por nombres que conocéis:
María- Eva a la Cabeza (1), el Juez (2), José- Adán (3) Isaac- Jesús (4), Ana (5), Joaquín (6) Elías- Juan (7), Aarón- David (8), Jettro de Madián (9 ), Josué- Américo Vespucio (10), diez de los hijos de Jacob (20) y nueve de los 12 profetas menores(29).


Es de advertir que todos se han reencarnado muchísimas veces y han sido siempre todos los misioneros, mesías y profetas por lo que cada uno ostentaría muchísimos nombres como lo veremos en algunos de los siguientes capítulos.
Ya veis pues que María viene a la Tierra hace 97 siglos siendo ya grande y poderosa y como cabeza de la familia misionera que en su abnegación y obedeciendo a un plan bien estudiado, para así poder esparcir siempre el Amor, dio la Jefatura al Nº 2 José que fue Adán y Abraham, porque el Nº 1, el Juez no podía ser más que el Juez; la Representación del Padre en sus leyes que venía a dar para preparar el día de la Justicia y así María, siendo Madre del Juez, atenuaría con su Amor el rigor de la Justicia sin faltar a ella, pero a costa de mayores sacrificios y confieso que consiguió su propósito, por lo que si grande vino a la Tierra, muchísimo más grande y poderosa acabará su misión redentora, por lo que en el día del Amor, es ella el espejo donde todos tiene que mirarse.
Como está estudiada y expuesta la acción de los Misioneros en común, ya en el Código de Amor, ya en la “Filosofía Austera Racional”, y más en el “Conócete a ti mismo”, solo he de hacer aquí una especie de reseña de algunas existencias de la Madre, para que sea conocida cual merece.