CAPITULO XI
LA JUSTICIA

PÁRRAFO 1º
LA JUSTICIA ES LA LEY PLEBISCITARIA

La justicia es la representación de los derechos del hombre. "Cualquiera que no cumple todos los artículos de la ley, es transgresor", ha sentado Santiago Apóstol de España, en su Carta Universal de libertad y justicia.

Ante esa sentencia austera, todos somos transgresores de la justicia. Pero es que unos cometen la transgresión por maldad, obligando a los otros a ser transgresores por su defensa en sus derechos inalienables.

Los primeros son causa; los segundos, efecto de esa causa. La causa no tiene atenuante; el efecto tiene todas las atenuantes, pero siempre le queda una parte de responsabilidad, que la paga necesariamente.

La justicia trae la libertad del hombre y la compensación de sus derechos,por lo cual es Plebiscitaria tácitamente y no difiere la justicia en sí misma, en ninguna parte o nación del mundo. Sólo las formas de aplicación señalan el más o menos progreso de cada pueblo, pero en todos el fin es el mismo, los derechos del hombre.

Como ya hemos estudiado las evoluciones de la justicia, hasta lo expuesto para probar que la justicia es la única ley plebiscitaria que existe en la tierra y vamos a exponer lo que se ha explicado como justicia, sostenido por la universidad.

PÁRRAFO 2º
LO QUE ENTIENDE HOY EL HOMBRE POR JUSTICIA Y DERECHOS NATURALES.

"Si el cumplimiento de los deberes de caridad (dígase beneficencia, puesto que la caridad no es obligatoria), proporciona satisfacciones; en cambio la falta de cumplimiento de los deberes de justicia acarrea sufrimientos emanados de la conciencia moral de la opinión pública y el poder social".

"Es que , como hemos dicho, los deberes son conexos con el sentimiento de justicia y así son perfectos; es decir, de cumplimiento imprescindible".

"Las leyes morales fundadas en el principio de justicia pueden ser reducidas a las siguientes:

a) Los hombres que viven en sociedad, están en la necesidad de someterse a no restringir con sus actos los actos semejantes de los demás. (Pero teniendo en cuenta que impera en verdadera justicia la soberanía de la mayoría).

b) Y dentro de la vida social, los hombres deben estar dispuestos a sufrir las penas correlativas a sus actos injustos, así como a sacrificarse por el bienestar común".

Fácil es comprender que los derechos naturales cuya definición hemos dado en su lugar, son correlativos de los deberes perfectos; es decir, de los que tienen por fuente el sentimiento de justicia.

Enumeraremos brevemente los derechos más importantes, o sea los naturales, que reciben el nombre de Libertades civiles, cuando se refieren al ejercicio de nuestra actividad psicológica:

1.-Derecho a la integridad física.

2.-Derecho a la fama, entendida reputación.

3.-Derecho a la familia.

4.-Derecho a los bienes comunes.

5.-Derecho a la propiedad.

6.-Derecho al libre ejercicio del trabajo.

7.-Derecho al libre tránsito.

8.-Derecho de libre asociación.

9.-Derecho al libre pensar y examen.

10.-Derecho de libre conciencia.

Los vamos a aclarar simplemente.

1º.-El derecho de integridad física, es el más fundamental de los derechos correlativos a los deberes morales y de justicia. Este derecho no ha sido reconocido ni consagrado ley, hasta que ha sido sustituida la venganza privada y penas del talión; pero no ha sido aún arrancado de los hombres, porque no se le educó a ese fin y por que los estados religioso y civil lo absuelven o envuelven, cuando muy a menudo es usurpado ese derecho por cualquier "holgazán" de su propio instinto u odio, o un mandado y pagado para quitar un estorbo a sus inconfesables fines de venganza, por cualquier causa. Podríamos citar millares de ejemplos de que bastó el deseo de la mujer de un semejante, para dejarla viuda y rodearla de peligros hasta hacerla rodar al fangal en que ellos vivían; por lo que aún el derecho de integridad física existe en letra, pero muerta.

2º.-El derecho a la fama y reputación, o juicio público favorable a una persona, se asocia a la dignidad del favorecido, formando el honor que reviste los caracteres de un valioso bien moral. La calumnia y la maledicencia suelen cebarse en el hombre moral, que le privan de ese legítimo derecho, que debe darle el respeto en la sociedad. Sucede casi siempre, empero, que, al humilde se le escatima y aun se le roba ese mérito, por envidiosos inútiles y son los más víctimas de esas injusticias, los autores de obras de valor moral y los inventores. A los primeros los suelen robar en general, "Los tinterillos y cagatintas", como llamaba el gran Sarmiento a los Críticos ramplones, gacetilleros sin conciencia y serviles de los salones, y también, por literatos sin pensamiento. A los segundos, los roba en general el capitalista, que no se contenta con la ganancia de su mezquino dinero, sino que encabeza la firma industrial y, a la postre, el inventor apenas queda como Lazarillo del avaro.

Está bien sentado aquello de que "Nadie tiene más fama que la que le quieren dar". Pero nosotros sentamos que , "Nadie juzga a otro, sino por lo que él es".

3º.-El derecho a la familia. Es esta la fuente de los efectos más intensos del alma; no puede ser atacada la familia sin lesionar un bien inapreciable de cada uno de sus miembros, al par que se perturba el orden social asentado sobre el orden doméstico. Este derecho sagrado está desconocido con la más alta maldad, en las sentencias que se imponen al jefe de una familia por los llamados delitos sociales, que, bajo todos los puntos de vista de la libertad de pensar, de conciencia y de examen, es libérrimo de manifestar su sentir y tendencias doctrinalmente. Y si como sucede se le saca de la sociedad por la ley de extradición, se cometen por el poder del estado todos los delitos del código civil y penal, y no tiene ese gobierno derecho al respeto común, por la sencilla filosofía de que él no respetó el derecho individual ni el más sagrado de la familia, la que queda mancillada en su honor y herida en su fama y dignidad, ante la minoría (porque siempre es minoría) de los conformes con esa ley inhumana. Yo os diré que si fuera juez o jefe de estado, antes de arrancar a un ser del seno de la familia, renunciaría mi cargo por conciencia.

Hay muchos medios justos de corrección y no es ese extremo nunca el que corrige.

4º.-Derecho a la propiedad, bajo el cual puede usar, transformar y aun destruir cosas útiles y no comunes, que hayan sido objeto de apreciación mediante actos humanos de posesión y trabajo. Hemos subrayado Destruir, para decir que siendo cosa útil no se puede destruir nada sin que dañen intereses comunes. La razón es que no podrá nadie justificar que lo que posee (aunque sea su intelectualidad) no le deba a la sociedad la propiedad real y verdadera, porque atendió a todas sus necesidades, poniendo en sus manos alimentos, materias, instrumentos, edificios y todo lo que es común a la sociedad. De esto se desprende lógicamente, que el derecho a la propiedad es solamente de usufructo. Por lo tanto, el que destruye, roba al común social.

5º.-Derecho a los bienes comunes. Estos no son sólo la luz, el aire y el agua, que para el uso individual no se ha podido monopolizar. (No hablamos de la luz artificial ni del suministro de aguas corrientes por empresas consentidas de común acuerdo por la sociedad, aunque no debieran existir) son bienes comunes, todo lo que directamente administra un gobierno y legítimamente tiene derecho a ellos todo el que coopera al engrandecimiento y riqueza pública, con trabajo productivo y necesario a la vida.

6º.-Derecho a la libertad de trabajo y libre ejercicio. Esta no sólo comprende el libre ejercicio de nuestra actividad muscular aplicada a la satisfacción de las necesidades humanas, sino a la libre disposición de los frutos del trabajo corporal y mental necesarios al progreso de la agricultura en todas sus ramas, industrias, artes y ciencias. Y si quedan tales productos a favor de sus productores, están sometidos a lo sentado en el número 4º "Derecho a la propiedad".

7º.-Derecho de libre tránsito. Es este derecho que completa al anterior y en virtud del cual el hombre es dueño de trasladarse y vivir donde se le ocurra y le plazca. Porque en ley de trabajo a donde quiera (siendo moral y honrado) tendrá que trabajar, dejando frutos al depósito común de la sociedad. Sin embargo, este derecho está coartado por la ley inhumana llamada social, y otras que obligan al reconocimiento, gastos y gabelas, exámenes y conformidades consulares y policiales; y, por tanto, esa libertad de libre tránsito, también hoy es letra muerta .

8º.-Libertad de asociación. Este derecho es una consecuencia de la virtud social denominada ayuda mutua y de la naturaleza intrínseca de la sociedad, cuyas condiciones son la armonía, la solidaridad y la cooperación. Aquí surge un conflicto gravísimo y no a la filosofía ni a la libertad, sino a la supremacía y su libertinaje. Si el capital se asocia, si los llamados de arriba se asocian para explotar al trabajador asalariado y productor, ¿por qué no pueden éstos en su misma libertad y derecho asociarse en su defensa justa? ¿Quién manda a quién? Los capitales tratan de pagar lo menos posible y guardarse todo lo más. Los acaparadores tratan de pagar por los productos lo menos y encarecerlos todo lo más y llegamos a tal punto que el trabajador no puede subvenir a sus necesidades; se une y se solidariza para defenderse por sociedades gremiales, federadas, pero por cualquier gusto de los de arriba se le cierran al obrero sus centros y si se pide en público, se le masacra. Los otros, los explotadores, siguen en sus centros maquinando y amenazando al gobierno y no se le cierra el centro. ¿Dónde está aquí la libertad, la igualdad ni la justicia? Bajo estos hechos históricos han desaparecido todos los derechos del hombre trabajador y productor... ¿Las consecuencias? Las que palpamos en estos momentos, la revolución social; la anarquía en todas las formas; la teología en auge y la filosofía por el suelo. Pero la teología ocasionó la violencia y los triunfos de la violencia son efímeros. El pueblo levantará la filosofía y hará la moral.No lo dudéis, porque si la ociosidad es la madre de todos los vicios, el trabajo engendra todas las virtudes.

9º.-Derecho de la libertad del pensamiento. Como el pensamiento no tiene forma, a la que pueda alcanzar la sanción de las leyes humanas, el llamado derecho de libertad de pensamiento se refiere a las manifestaciones de éste exteriormente y hecho forma en la palabra oral y escrita, lo que llamamos producto de la inteligencia.

Desde luego, las ideas son propiedad de quien las concibe; las palabras orales o escritas son la forma indispensable para que puedan circular como cualquier producto de la actividad humana. La palabra oral es del dominio público; la escrita es propiedad siempre del autor, aunque enajene la parte industrial. Pero la inteligencia que encierra el libro, es del derecho común.

La libertad de pensamiento ha roto los atavismos, prejuicios y supersticiones religiosas. La aceptación por el poder natural o soberanía popular de la libertad de pensamiento, autoriza al libre estudio de todas las cosas del hombre, por debajo del hombre y por encima del hombre, y a emitir sus juicios, que quedarán sujetos a la crítica de los que puedan penetrar con moral y justicia en esos juicios; por este modo superior, se ha llegado al progreso y se agrandará éste eternamente. Cualquiera que castigue civil o religiosamente al libre pensamiento, con penas aflictivas o con terrores, comete una extorsión. Como cualquiera que, sin penetrar el juicio del autor, se mete a crítico, calumnia y comete delito de robo y usurpa derechos personales.

10º.-La libertad de conciencia. La conciencia ya hemos dicho lo que es y nadie puede penetrar en la de su semejante. Pero la libertad de conciencia que tratamos se refiere y se aplica estrictamente a las libres manifestaciones externas de los sentimientos que son un producto de la conciencia. Este sentimiento es realmente personal, pero hay que distinguirlo bien cuando es producto de la conciencia propia y cuando es por herencia, contagio o impuesto, como generalmente es, el demostrado en los cultos religiosos bajo todas las formas. En el primer caso es intangible y es muy raro que se amolde a prácticas arcaicas por muy en uso que esté; es respetable y es lo que autorizan toda las instituciones y filosofías. En el segundo caso, es deber de las filosofías y las constituciones progresivas, oponerle principios racionales para facilitar el paso a ideas más puras y progresivas a los atávicos cuya conciencia duerme.

PÁRRAFO 3º
LIBERTAD Y LIBERTINAJE

La libertad consiste en obrar todo lo que las leyes no prohiben. Y es libertinaje obrar lo que la ley prohibe.

Nunca se oyó cantar más libertad que hoy y nunca hubo menos libertad ni más libertinaje que el que hoy presenciamos, y es porque se han invertido los términos y se toma por libertad el libertinaje.

Si observamos la libertad política, no entienden por libertad sino usar de todos los medios más repugnantes a la moral para derrotar al otro partido o derrocarlo del poder; y unos y otros pol1ticos prometen lo que no pueden cumplir, y aunque puedan no cumplen, porque no abandonan su libertinaje.

Los vemos hasta en el Congreso sacarse con odio todas sus faltas reales o inventadas, y si examinamos al acusador, encontramos que él está manchado de lo mismo, o de algo más inmoral. En las contiendas callejeras, mitines y afiches, se llega a lo vergonzoso, sin respetar siquiera la dignidad del pueblo. ¿Y querrán esos políticos, si suben al poder, ser respetados por el pueblo que oyó y leyó tantas indignidades?

No; un partido se vence con mejores principios morales; con la mayor moralidad de sus componentes; con la libertad, elevada a una virtud estoica: matando al libertinaje.

En las prácticas judiciales se ofende a la justicia, por lo cual todo hombre de conciencia recta tiembla al acudir a los tribunales porque sus prácticas son indignas.

La justicia es Augusta y no reina en los individuos, porque se los hace temer a la justicia. La justicia debe ser amada.

La policía, de un cuerpo de seguridad del orden social, se ha convertido en su práctica y funciones en un estado inquisitorial.

El discernimiento no es conocido; la libertad la tienen ellos; los demás, hijos de tan buena madre como ellos, son esclavos sin valor, a cambio de ser esos orden público esclavos de los más libertinos.

¿Una prueba de todo esto? La protesta popular universal. En la familia ha llegado un hijo a los 18 años de edad, edad de verdadera inconsciencia y en la que las pasiones se manifiestan, y por el solo hecho de que las leyes hayan querido declarar al hombre mayor de edad, en esos años de absoluta nula experiencia, el...hombre-niño ya lo véis a las altas horas de la noche, luciendo su triste figura de hombre gastado en el vicio de toda clase de libertinaje.

Habla o reprende el padre (cosa también harto rara, porque podría el hijo contestarle: honro a mi padre que me dio el ejemplo), pero en las hermosas excepciones de buenos padres, ¿habla o reprende el padre? No es oído por el hombre-niño; la ley lo hizo mayor. ¿El padre, volviendo por su dignidad, da un cachete al imberbe? ¡Horror¡ La policía toma parte y el padre recibe una corrección. La ley civil lo declara mayor, pero para mayor escarnio, en artículo siguiente, la misma ley impone al padre ofendido subvenir a los alimentos del libertino hijo y aún a pagar el médico y medicinas para curar enfermedades secretas y vergonzosas. ¿Es todo esto libertad o libertinaje? ¿La madre tiene acción en todas esas vergüenzas? ¡Pobre mártir¡...Sí; le queda la acción de servir a su hijo-señor y el derecho del dolor. Hermanos, todos, sí, hagamos libertad, pongamos la libertad en su trono y adorémosla, incensándola con la más pura moral y el libertinaje morirá. ¿Qué hay que hacer? No es mucho: “Ser señores de nosotros mismos y esclavos de nuestro deber”. Con esto, la política será digna, la justicia Augusta; la policía, el buen orden; la familia, un edén, y la sociedad, nuestra grandeza.

No es la libertad de un pueblo el sacudir un yugo y tirarlo; su libertad es la moral y los derechos y obligaciones iguales para todos. He ahí la santa libertad, considerar, ver y tratar a todos los individuos como hermanos.