CAPÍTULO V
La cultura psicológica

PÁRRAFO 1º
PSICOLOGÍA MAGNÉTICO-ESPIRITUAL

Emociones, ideaciones, y voliciones: he ahí las tres clases de manifestaciones de nuestro ser Psicológico y cada una de las cuales llega a constituir una modalidad permanente del alma humana. Las emociones se consolidan en el carácter. Esto enseña la universidad.

Hay un error capital que vamos a corregirlo antes de continuar el estudio del profesorado.

"El alma humana" no puede servir de cuerpo a ninguna modalidad del hombre, porque el alma humana no tiene ley, porque no es un ser individual, sino formada de tantos instintos cuantos seres animales existen en la creación, lo que la hace ser sensible al dolor y al placer como a toda otra emoción porque repercute por la fuerza del instinto ocasional de la emoción, que está en el alma y es herido por otro instinto de su misma esencia, familia y especie, que vive en el cuerpo, pero que es un grado más bajo, más burdo, que sólo puede sentir las emociones contundentes al igual que los irracionales mientras que el instinto igual en especie, pero más puro y por esto más sensible porque ya formó parte del alma animal, se encuentra en el alma humana y en la que está encerrado y sirviendo de cuerpo al espíritu, que es el que remueve y ordena aquella terrible jaula simbolizada en “El arca de Noé”.

Ahora bien: las modalidades son efectos. El alma humana es efecto de todas las modalidades animales; luego no puede el alma humana, ser causa de modalidades que es lo que han pretendido y sostenido, ciencias, filosofías y religiones.

¿Qué permanecen en el alma humana, todas las modalidades del ser hombre y de todos los reinos del hombre abajo y del hombre arriba?

Así es en verdad de verdad; pero el cofre no es causa del efecto, Alhaja que guarda. Y esto es el alma humana: un cofre: el Arca de Noé en una palabra.

Sigamos ahora exponiendo la mecánica de la cultura Psíquica universitaria, dice:

Es evidente que tales modos de ser del alma humana deben propender al régimen moral de la conducta, cuya dirección les corresponde.

Preguntamos, ¿y no teniendo el alma ley, cómo puede corresponderle ninguna dirección? Y sigue:

Hay, por consiguiente, tres clases de deberes cuyo cumplimiento da por resultado la llamada cultura personal:

1º- Deberes relativos a la inteligencia: el ejercicio de las facultades intelectuales convierte en habitual el raciocinio, tornando en excepcionales los actos instintivos y espontáneos que pueden hacernos desviar de la línea de nuestra conducta.

2º- La impetuosidad frecuente es un vicio; la insubordinación constante de nuestros impulsos a las facultades reflexivas constituye la virtud de la prudencia.

No hay conocimientos teóricos o prácticos que sean superfluos, siempre que no nos distraigan de los indispensables a nuestra profesión. Los motivos de nuestras deliberaciones nacen de la experiencia y de la ciencia.

Paremos atención a este punto último, expuesto al parecer sin meditación retrógrada, pero que envuelve un océano de peligros terribles y aun consagra la rutina.

Hay hoy más conocimientos superfluos que de provecho a causa de las mixtificaciones de la historia y de la verdadera moral. Todas las profesiones hoy las encontramos asalariadas, cuyos salarios son un férreo grillete al profesor, que ha de someterse a condiciones reglamentadas con toda la mayor inmoralidad que puede producir un estado de cosas mixtificadas.

Todo conocimiento religioso es superfluo y denigrante, cuando el dogma ata al pensamiento del religioso, con hábito o con levita, siendo estos últimos la Quera que destruye el corazón de la sociedad, con su sórdida labor, civil al parecer; pero que es religiosa, pagada por el estado civil, feudo del estado religioso.

De modo que al declarar que "No hay conocimientos teóricos o prácticos que sean superfluos, siempre que no nos distraigan de los indispensables a nuestra profesión". Se confiesa que la profesión es primero que los conocimientos que forzosamente le han de asaltar al profesor, y que, no siendo esos conocimientos los que el profesor tiene por su experiencia y ciencia, son superfluos: lo cual no es sólo un error, es una blasfemia contra las ideas; que avanzan a pesar de la ciencia retrógrada y de las experiencias basadas en principios mixtificados de la historia, de la filosofía y de la Ética.

Un profesor religioso carece en absoluto de autoridad ante la conciencia libre y ante toda ley natural y de progreso: y al imponer un principio falso por un sueldo, el profesor es un esclavo de las ideas retrógradas e inmorales y un deudor de los conocimientos del progreso y de la verdadera moral: aunque tiene la atenuante de la necesidad de vivir, lo que lo exime de culpabilidad, pero no de responsabilidad.

La Ética, en este caso, ha desaparecido bajo el oropel de la etiqueta: esto es en verdad, lo que encierra ese párrafo que se enseña a los estudiantes de. . . letras. . . bajo el sagrado nombre de filosofía, pospuesto por la literatura religiosa, peligroso roedor del progreso moral y del desarrollo intelectual. Pasemos por alto las confesiones de religiosidades de algunos profesores, porque como moral individual no nos importa; pero sí nos importa la llamada moral colectiva religiosa, a la que hacemos este esbozo de crítica filosófica, esperando que puedan refutarnos con principios, fundamentos y argumentos basados en obras de moral verdadera, capaces de resistir a la crítica racional, verdadera balanza de la moral y de la filosofía; no siendo así, no perderemos el tiempo en enseñar la luz al que quiere ser ciego de voluntad. Sigamos exponiendo.

3º- Deberes relativos a la sensibilidad. Conocida es la influencia de las emociones en las imágenes y en los impulsos de la voluntad. Una sensibilidad enervada o pervertida por los abusos es tan perjudicial al sentido moral, como una sensibilidad embotada por falta de ejercicio.

Entre la grosería y el estragamiento del gusto, hay un término medio: el de la selección de los placeres y goces estéticos, y que da por resultado la delicadeza de sentimientos.

Los entretenimientos precoces o excesivos, así como las preferencias otorgadas a las sensaciones procedentes de estímulos físicos, sobre las emociones de naturaleza ideal, son los adversarios más terribles del sentido moral. Preguntaríamos aquí: ¿A qué sentido moral se refiere? Pero contestan los pedagogos a renglón seguido, y dicen:

Además de las expansiones debidas al placer estético, juegan en nuestra conducta, los sentimientos religiosos de veneración y fe, y aun siguen.

No incurriremos en la vulgaridad de desdeñar tan copiosas y respetables e intensas emociones.

Desde el punto de vista moral, los sentimientos religiosos equivalen a un doble impulso: activo y que reemplaza ventajosamente al raciocinio, en la práctica de las virtudes; negativo, y que resiste a las tendencias contrarias a la ley moral. En las personas creyentes, la religión convierte en instinto el sentido moral.

* * *

Los expositores, sea suyo ese sentir o hayan hecho el papel de simples actores, se han confesado esclavos de la religión. Acaso ignoran que religión significa relegación de derechos.

Confesamos que no habíamos visto más errores capitales en tan corta exposición, en todos los innúmeros volúmenes Teológicos y Dogmáticos.

Llaman moral al sentimiento religioso que se gloria en los ayes de las mazmorras inquisitoriales. A las persecuciones llevadas a todos los hombres con sentencia de muerte, premiada con bendiciones y premio del cielo, por asesinar a los incrédulos de la religión y. . . llaman moral religiosa a toda nuestra interrogación del párrafo 4º, del capítulo tercero. ¿Podrían contestar a las preguntas del párrafo 2° del capítulo IV? Y terminamos preguntando: ¿bajo qué forma racional y con qué principios humanos y naturales, ni con qué juicio filosófico puede sentar nadie que la religión sea el sentido moral humano? Pero hay una última frase que confiesa que la religión todo lo retrograda y mistifica. "La religión convierte en instinto el sentido moral". Veamos.

"Instinto: estímulo o impulso natural, que precede a la razón". La moral se manifiesta únicamente en la conducta del hombre, cuya conducta será por fuerza el producto del raciocinio. Luego, la moral es el fruto de todas las evoluciones de los instintos y, aun del espíritu. ¿Cómo, pues, puede la religión retrotraer el sentido moral al remotísimo tiempo evolutivo que representa el instinto?... ¡Ah! . . . ¡ Ya vemos la incógnita!, convirtiendo al hombre en bestia. Levántate . . . ¡Oh, Demócrito, y . . . ríe para siempre, tú que sabías hacerlo! Nosotros... No lloramos, pero tampoco reímos, porque todo esto es mucho más serio que las niñerías que te hacían reír a ti. Tú, sólo veías locuras. Nosotros hemos descubierto maldades incalculables, a las que hay que descubrir y amputar del cuerpo humanidad. Sigamos el curso.

4º- Deberes relativos a la voluntad. El ejercicio regular y constante de la voluntad nos hace adquirir ciertas calidades activas que fortifican el carácter y destierran los sentimientos depresivos y capaces de torcer el rumbo de la conducta moral.

El cumplimiento inflexible de la ley moral hace que sobrellevemos la vida sin fatigas, sin debilidades y sin temores, enriqueciendo nuestra alma (archivo eterno del espíritu), con tres grandes e invalorables virtudes. Perseverancia, firmeza y valor moral que se sobrepone a todo obstáculo y quimeras irracionales.

Con esto ya se ve que el hombre no es solamente una fuerza, sino que encierra en sí mismo uno de los fines de la moralidad: debe, por consiguiente, emplear sus acciones en la elevación y equilibrio moral de su propia personalidad.

Cuando en conciencia ejerce estos deberes, nacen y adquiere otras tres imponderables virtudes, que demuestran al hombre moral la dignidad, la veracidad y la ecuanimidad

Como son las acciones los elementos perceptibles de la conducta humana ,se suele dar el nombre antonomástico de cultura moral a la qué resulta del ejercicio de la voluntad.

Como la perfección no existe, el hombre se perfeccionará eternamente, fortificándose en el amor a su hermano; para lo cual se debe imponer estos preceptos: "Conócete a ti mismo". "Sé señor de ti mismo y esclavo de tu deber.”

Esto se facilita por un examen de conciencia, antes de juzgar los hechos de los demás, porque casi siempre suce­de que la falta que achacamos a otro es porque está en nosotros y juzgamos por nosotros a los demás.

Creemos haber dado los bastantes medios para que los estudiantes puedan hacerse la verdadera moral filosófica de la que derivarán todas las demás morales. Es decir, para que de la única moral que es la filosofía, extraigamos para cada acción la moral requerida que nosotros pedimos en el prefacio y prólogo.