CAPITULO XIII
Los instintos

PÁRRAFO 1°
QUE SON LOS INSTINTOS

Los instintos, se manifiestan en tendencias primitivas y específicas, cuyo fin es la conservación y protección inmediatas del individuo y de la especie. Por lo cual, los movimientos defensivos instintivos se manifiestan desde la primera edad y aun desde el momento del nacimiento, cuando en el individuo no podemos apreciar conciencia.

El lloro de los infantes, no es más que la demostración de su instinto de conservación, pidiendo el alimento y también la defensa, a sus padres y a quien lo oiga.

Los movimientos constitutivos de dichos actos, los denominamos instintivos; y los respectivos impulsos reciben el nombre de instintos y aunque se efectúan aparentemente inconscientes, radican por siempre en la conciencia; por lo cual, jamás son desapercibidos esos movimientos por el ser consciente nuestro yo inteligente, que es quien constantemente hace moverse cada instinto y en plena conciencia, aunque parezca rutinaria, mecánica.

Por esto, cuando Hartmann define esos movimientos "Sin conciencia" aumenta el error del estudio de los instintos. Pero ya no han podido menos sino de afirmar, de pararse y reconocer, que "esos movimientos llamados inconscientes, se realizan en casi todos los casos en forma de actos conformes a un fin, que no admite duda de que son movimientos de la conciencia.

Lo que hay es que no han querido reconocer la conciencia al espíritu que es el único consciente y es su archivo eterno, y por fuerza formado únicamente por los instintos de los que, cada ser de la naturaleza tiene uno: pero el hombre tiene todos los instintos de todos los seres.

Aquí nos veríamos forzados a exponer la aparición del hombre en la tierra (igual que en todos los mundos la primera vez) pero no cabe en los cursos de filosofía: pertenece a una exposición más completa y probatoria y ya está hecho en nuestro " Conócete a ti mismo”. Pero algo tenemos que decir de este punto, del que debe partir todo el estudio de la naturaleza humana, sin errores ni prejuicios; pero lo haremos en el capítulo quince, para no salirnos aquí de la pauta que llevamos; pero, entretanto, sentar bien en vuestra mente, que El hombre tiene en sí todos los instintos de los tres reinos, por lo cual, su evolución es más lenta; porque esa evolución representa la evolución total de todas las cosas.

Sí; en el hombre están todos los instintos de todo lo que alienta ,que anda, vuela o se arrastra, y cuando cualquier especie cumple el instinto propio, en el hombre repercute, porque en el hombre viven todos, en su alma y cuerpo, los que se componen de las esencias de todos los tres reinos. ¿Podréis figuraros qué algarabía habrá en el hombre, hasta que el espíritu logra dominar la mayoría de los instintos, formando de ellos su rico archivo, que es su conciencia? Muy lejos se encuentran las ciencias y aun casi todas las filosofías, de este tópico. Por esto no han podido tampoco ver, (ni aun los Teólogos) dónde se forman las pasiones, las que sólo tienen principio en el antagonismo de unos y otros instintos, cuando aun no se han satisfecho de su ley; porque sólo cuando un instinto se ha saciado, se deja dominar y corregir; antes de saciarse, ni la pena de muerte creada en los códigos, (para vergüenza de los jueces y legisladores) logra corregir a nadie; y la prueba es que se han ajusticiado millones de hombres por asesinato y otras causas más triviales y, sin embargo, los hombres cometen en aquel mismo instante, los mismos delitos. Todo lo cual confirma esta nuestra doctrina de que sólo la hartura, el saciamiento, permite la corrección; y es a causa de que, por el saciamiento cesa el instinto en su antagonismo con los otros instintos y las pasiones se convierten en virtudes.

Vamos ahora a concretar algunos de los actos de los instintos.

PÁRRAFO 2º
EL INSTINTO DE CONSERVACIÓN (VEGETATIVOS)

Hemos de ser breves en estos párrafos y aún así, será repetir mucho de lo expuesto ya sobre estas materias; pero en nuestros cursos debemos poner cada cosa en su lugar correspondiente y aquí les toca sentarse a los instintos anotados por su analogía en el campo y lugar de las emociones e impresiones.

Son los primeros instintos que notamos los que tocan a la conservación de la vida, cuyo avisador o centinela constante es el miedo, el que en sí, no es otra cosa que la ley de conservación o de defensa.

Efectivamente; el miedo a la muerte por inanición, que el instinto nos trae a la mente nos da la voluntad de comer a la que ayuda el gusto y el olfato que, antes de probar el alimento nos da la percepción.

Pero de este párrafo, lo más esencial es la procreación, cuyo instinto innato se impone en todos los seres con tal fuerza irresistible, que es el instinto que más crímenes ha cometido, por innúmeras causas de oposición y atracción.

La oposición es siempre por culpa de una educación errada en la mujer, por el egoísmo máximo de los hombres y por una falsa virtud religiosa, que ningún religioso puede cumplir a pesar del voto irracional, el que significa renegar de la ley de la vida.

La atracción es de dos índoles, imperativa e indomable: 1º por la afinidad y la justicia de la compensación; y 2º por el mandato inflexible de la ley, de "Creced y multiplicaos cuyo incumplimiento trae el desequilibrio de la humanidad.

Pero la ley manda las cosas en medida justa y se falta a la ley por demás y por de menos, para cuya medida está la razón y sobre todo la moral y la salud.

Cuando hemos organizado bien nuestros instintos, la medida es fácil de llenarla: mientras los instintos viven revueltos, sin entrar a formar la conciencia, las pasiones se desatan y la medida rebosa o no se llena, y en cualquiera de los dos casos, no cumplimos la ley. Pero en nuestro "Código de amor universal", hasta señalamos la edad y cantidad del uso y del tiempo, un tanto más claros y avanzados que las leyes de Manú.

Los demás instintos conservadores de la vida orgánica, son tan necesarios como el señalado de la procreación; pues tienen por objeto la vida sana, como la nutrición moral e intelectual, digestión, secreción, etc., y tienen su gran influencia los contagios, como podéis observar, que si vemos a uno comer, nos abre el apetito; si uno ríe nos reímos, etc.

Pero no quiero cerrar este párrafo sin anotar lo más interesante sobre el acto sexual preparatorio de la procreación.

En la escala animal, no es el hombre el más fuerte físicamente o materialmente; y aun además podemos asegurar que sus órganos y fisiología, son materialmente más pobres y débiles que los de todos los animales, al menos considerados por la finura y delicadeza de su constitución y substancias más puras.

Sin embargo, vemos que los animales, aun los más corpulentos, viviendo en su libertad del bosque, sólo sienten el "celo" en una época del año, y entre todos, cubren la ley de la reproducción de las especies en todo el año, y el hombre, ser mucho más débil en materia, siente el "celo" en todos los instantes del año, aun sin la provocación del contagio visual. ¿Cuál es la causa? La apuntada ya en el párrafo I, de este capítulo: que el hombre tiene en todos los instintos de los tres reinos de la naturaleza. Y como el instinto de la procreación y conservación de la especie lo tienen todos los seres y todos conviven con el hombre en su cuerpo y alma, estando en el hombre tan al vivo y activo los instintos del caballo, del león, el pez y el ave, etc., etc., tan pronto entra en el celo una especie, en el hombre repercute en el instinto del animal celoso. Y como no pasa un instante del tiempo sin que una especie o más esté en el celo de su conservación, el hombre siente ese celo y deseo en todos los instantes también, y es en rigor de ley, porque el caballo, el león, etc., sólo son un ser del universo, pero el hombre es el universo entero y completo. Y basta de este punto, aun no expuesto ni abordado por nadie, porque no había sido hora hasta hoy.

PÁRRAFO 3º
INSTINTOS VIOLENTOS (ALIMENTIVIDAD)

No es que sea menos violento el instinto de la conservación que el de la alimentividad, sino que aquél tiene sus frenos en los cargos del Patriarcado y Matriarcado, que quieran que no, los hombres preconciben esa tremenda carga que les acarrea la fusión del hombre y la mujer.

Pero los instintos de la alimentividad, sobre todo provocados por las necesidades irresistibles e impostergables del hambre y la sed, pone a todo ser dispuesto a jugarse la vida y honor por satisfacer el pedido riguroso de su caldera vital: el estómago.

Por millones de millones tenemos las causas y procesos judiciales de delitos cometidos por esas necesidades, que jamás debieron conocer los hombres, y no las hubieran conocido sino hubieran creado la propiedad individual; pero para que ésta no hubiera nacido era necesario que no hubieran existido religiones, porque entonces el parasitismo y los acaparadores no podían nacer.

Mas el grado de violencia de estos dos instintos en un solo caso, nos lo retrata en su desnudez Emilio Zola, en su "Germinal". En su relato nos hace ver la pasión con que ama un joven a una niña. Nos pone en conocimiento de las luchas sostenidas para una alimentación deficientísima, hasta llegar al robo, a la trampa y al asesinato. Nos hace asistir a una horrorosa catástrofe en el fondo de una mina, donde se encuentra aquel apasionado luchando con una muerte espantosa, en las negruras de la mina inundada y en ese estado, topa con la niña, que también había quedado sepultada.

Desde ese encuentro comparte con la niña su escasísimo alimento, viéndose precisados a comer astillas y correas, si encontraban a tientas, en sus correrías por las oscuras galerías que el agua iba invadiendo.

Han resistido días y más días en esa crítica situación y respeta el honor de la niña, hasta que perdida toda esperanza de ver la luz del sol de nuevo y viéndose morir de inanición y de angustia, por la suerte de la niña, le declara su amor y se abrazan y funden sus almas, entre el espasmo de la muerte, engendrando una vida.

Ha expirado el padre y queda en los brazos de la madre, en el momento que han roto la pared de la galería, salvando a la joven, que exige primero sacar el cadáver del padre del ser que se había sentado en sus entrañas, en circunstancias tan insólitas.

Grandes profundidades de la sabiduría encierra este caso, escrito novelescamente, pero que encierra toda la metafísica de la creación, a la par que retrata los instintos violentos del ser humano, para cuyo estudio lo he puesto.

Pero ya veis, con titular de violentos, los instintos de la alimentividad, resulta más violento el de la procreación, pero éste es de necesidad primaria y el de alimentividad, secundaria; éste no tiene freno; aquél, ; que además del cargo grave de patriarcado que lleva aparejado, está el amor y el respeto que le es el freno suave, como lo veis demostrado en ese pasaje que nos dejó "el excomulgado Emilio Zola".

PÁRRAFO 4º
INSTINTOS DE ADQUISIVIDAD

Las tendencias iniciales de los órganos musculares y de los sentidos y que tienen por objeto el ejercicio de las funciones de relación, sensibilidad y movimiento, son también instintos que yacen en el organismo y el alma, pero que al contagio, de obrarlos nuestros semejantes, en nosotros despiertan aquellos mismos instintos y los han llamado adquisividad.

La mímica expresiva de las sensaciones internas y la adquisividad que tiende a satisfacer las necesidades, son los instintos más caracterizados de este grupo, que, por su vulgaridad, no necesitamos ser más extensos; sino señalar que lo mismo que los demás instintos, viven en el hombre y que, pueden no estar dominados por no haberles llegado su turno en sus funciones y también por estar dominados y saciados de su ley.

De modo que puede establecerse que si estaban dormidos por no haberles aún llegado su momento de acción, el despertar es de ley; y el momento es aquel en que la reflexión de un instinto semejante los llamó obrándolo quien lo obrare y no al acaso sino fatalmente por mandato de la ley.

PÁRRAFO 5º
ORDEN EN QUE APARECEN GENERALMENTE LOS INSTINTOS

Todos los instintos son conexos a nuestra vida trascendental y Psicológica, pero entre ellos, los más sentidos sois los que vamos a anotar por el orden en que generalmente aparecen.

1º Los de conservación, en forma emocional y defensiva, como ser el miedo y sus variedades mórbidas y la astucia para burlar al enemigo. (Biofilia, Fobias).

2º Los de combatividad, que son los mismos de conservación pero en forma ofensiva, cuyos caracteres son, la cólera y los impulsos destructores.

3º Los de simpatía, bajo las formas de emoción de ternura afectiva y tendiente a la imitativa.

4º Los del juego, tendencias a gastar las energías y actividad sobrantes; bien en forma de ejercicios, aventuras de toda índole, como también de placeres de azar, estéticos y belicosos.

5º Los de curiosidad, atracción de los estímulos exte­riores. Si este instinto es bien educado, es acaso el mas beneficioso, porque nos lleva al estudio y comprobación de los fenómenos de la vida en general.

6º Los del egoísmo, concretados en el amor a sí mismo.

7º Los de amatividad y filogenitura o sexuales, conservadores y protectores de la prole; son los más meritorios desde que tienden a la formación de la sociedad, por el amor de familia.

8º Los de locatividad, que si no es primario, merece formar en su escala, porque por él nace el deseo justo de la comodidad del hogar o casa para la prole.

Desde luego, entre cada uno de esos instintos, hay siempre en función infinidad de otros instintos que sirven de apoyo y también antagónicos; por lo cual muchas veces hacemos una obra con facilidad o con demasiado sacrificio, según dominen los instintos de ayuda o los antagónicos.

PÁRRAFO 6º
DIVISIÓN DE LOS INSTINTOS

Los instintos se dividen en naturales (primitivos) y en modificados (adquiridos.)

Los instintos naturales se manifiestan en general como si fueran un producto forzoso a demostrarse por el organismo: son innatos; están dentro de la especie y son anteriores a toda experiencia individual.

Los modificados son igualmente innatos, pero difieren de los primitivos en que se presentan como resultado de la adaptación impuesta por el medio ambiente, (contagio.)

Negamos que haya instintos adquiridos, porque sería aceptar una diferencia en la constitución del ser hombre y sería una blasfema confesión de una parcialidad del Creador y su ley.

Todos los hombres, desde el más estúpido o imbécil, aparente o real, hasta el más perfecto y sabio, son constituidos por las mismas substancias de la naturaleza y no puede faltar en ninguno la concurrencia de todos los instintos de todas las criaturas y seres de los tres reinos de la naturaleza.

Las causantes de las diferencias de posición y grado son del progreso mayor o menor de cada espíritu y no hay dos iguales; pero esto no es porque uno tenga más instintos ni menos que otro.

Será uno más viejo que otro en la vida individual, habrá trabajado más, habrá hecho más méritos, se habrá hecho más sabio y conquistado mayor belleza, todo lo cual le hará ser más culto y hombre Trino. Pero eso no dirá que tenga más ni menos instintos que el retrasado o el más joven.

PÁRRAFO 7°
EL CRUCE DE RAZAS, ES CAUSA DE LA BELLEZA

El cruce de razas, agregado a la herencia, es el factor principal de la modificación de los instintos, en sentido de perfección; lo cual no es anular el instinto, ni su ley, sino purificarlo por la hartura, el saciamiento y haberse ajustado a la ley, cumpliendo su ley, cuándo y cómo debe, sin ser antagónico a su vecino, anulando con esto la pasión, causa de delitos anteriores.

Es cierto que a este progreso concurre la educación en mucho, pero no en un todo, como han querido sentar empíricamente los hombres; pues mientras encontramos individuos ilustrados en letras y ciencias que son desalmados, criminales e irreductibles supremáticos y parásitos, vemos por millones, hombres analfabetos, siendo grandes pensadores; rudos, pero de sentimientos puros; nobles y amigos del progreso e incapaces del mal; lo cual asegura que la educación y aun el medio ambiente, no son los factores esenciales de la modificación de los instintos; pero sí el derrotero por el cual se debe dirigir a los hombres para el respeto mutuo, mientras llegan al sentimiento fraternal, que siente cuando los instintos están ordenados siendo conciencia del hombre; lo cual se consigue mejor por el cruce de familias, que es el secreto de la ley.

Por este cruce se funde el alma y el etnicismo de los pueblos, modificando los instintos antagónicos, bélicos y renaciendo en los hombres el sentimiento fraternal que yacía envuelto por la lucha en el espíritu; y de este modo es cómo la Raza Adámica ha fundido en ella ya casi todas las razas de la tierra, aunque no los etnicismos, debido precisamente a los hombres que se llaman educados y aun científicos, pero que no son filósofos ni filohumanos.

¿Rebatimos con esto la educación?. Tan lejos estamos de rebatirla que en nuestro "Código la imponemos para los hombres rurales, hasta los 20 años. Para las carreras científicas, hasta los 25 y 30 años. Y para farmacopea, química y astronomía, hasta los 35 años. Pero como hemos dicho en el prefacio, antes requerimos en cada hombre el grado de moral necesaria y el amor fraternal, para lo cual enseñamos la única Paternidad de todos los espíritus del universo, lo mismo de los ángeles, que los demonios, según ha calificado esas dos quimeras la maldad religiosa.

Claro está que esa fraternidad encierra sacrificio, porque amor eso significa; por lo cual no lo han tenido ni pueden tenerlo los parásitos, que son la mayor parte de los tenidos por educados hoy.

Ahora bien; sujetándonos a la pauta o didáctica que nos hemos impuesto para estos cursos, en los que recopilamos todos los sistemas filosóficos, de estudio y de enseñanza usados en las universidades, pero sentando las páginas ocultadas y las falsamente historiadas para que nuestros cursos eleven al estudiante al verdadero centro de la sabiduría, vamos a decir lo que usan enseñar referente a este párrafo, en las facultades de Filosofía y Letras.

"También la herencia, sobre todo la cruzada puede ser un factor de modificación de los instintos primitivos".

"La transmisión hereditaria de esos últimos es indudable, pero para que se efectúe la de los adquiridos por el hábito, es necesario que se obedezca a causas persistentes y poderosas. Se ha observado que, en los lugares donde se hace guerra a los zorros, sus hijos, antes de adquirir experiencia alguna y desde la primera salida, se muestran más desconfiados y ariscos que los zorros viejos de los parajes donde no existe persecución contra dichos animales"

"El origen de los instintos ha sido y es discutido entre dos escuelas: la transformista y la innatista.”

"La primera, cuyo principal representante ha sido Darwin, sostiene que el instinto no es sino <<una suma de costumbres hereditarias>>, de modo que su aparente estabilidad depende de la herencia que al transformar las especies, conserva y acumula las aptitudes adquiridas".

"La escuela innatista sostiene que la herencia no es creadora sino conservadora de los instintos, siendo éstos innatos y fijos, aunque susceptibles de modificaciones sucesivas."

No podemos aceptar "una suma de costumbres hereditarias" porque significa un gravísimo error de hacer nacer los instintos por la fuerza de las costumbres, cuando las costumbres nacen de la fuerza de los instintos.

Los innatistas están en buen punto, aunque no hayan podido señalar que el hombre tiene en todos los instintos de los tres reinos de la naturaleza, pero es que esto estaba reservado para el día en que a la educación precediera la moral filosófica.

PÁRRAFO 8º
EL LENGUAJE DEMOSTRACIÓN DE LAS IDEAS

El lenguaje es el instinto peculiar de la especie humana y aunque por la educación consigamos hacer pronunciar palabras al loro, no es instinto de ese animal, sino que es magnético y podemos imprimir en él nuestra sugestión, llevándolo a cumplir nuestro deseo de imitarnos; lo contagiamos de nuestro instinto peculiar porque su materia gris es la más similar a la del hombre.

No conseguimos este efecto del mono a pesar de su semejanza al ser humano, acaso para demostrar la naturaleza que el mono no es el padre del hombre, aunque gran parte de nuestra mímica la pueda imitar; lo cual revela que el hombre nació hombre como especie y no ha sido el resultado de transformaciones animales.

Vengamos ahora a la explicación científica, medio más pequeño que la sabiduría Metafísica, porque la ciencia es sólo una pequeña parte cada una de la metafísica, y entre todas las ciencias reunidas forman apenas el primer grado y escalón de la sabiduría.

En efecto; todo cuanto las ciencias pueden explicar no son más que los reflejos de la Metafísica; chispas, destellos de la sabiduría que nuestro espíritu refleja como puede en nuestro organismo, para poder obrar con menos trabajo y más provecho, lo que antes obró por el arte, sin reglas, sin pauta, instintivamente, hasta la palabra expresada aunque fuera guturalmente; pero cuya mímica, la hizo signos convencionales, inteligentes.

Y entre los movimientos reflejos que son consecutivos de nuestros fenómenos internos, se encuentran los de las cuerdas vocales, ubicados en la laringe, y que modifican las columnas de aire introducidas por la boca, haciéndoles producir sonidos más o menos combinados.

Dichos sonidos (elementos del lenguaje oral, diferentes del lenguaje mímico, que es el medio ingenioso, artificial, de comunicación de ciertos estados conscientes), dichos sonidos, digo, proceden, por consiguiente, de movimientos simpáticos y peculiares que se suman de cuatro caracteres del hombre: musculares, funcionales, atávicos e imitativos. Caracteres y peculiaridades que no las tiene, que no puede tener ni adquirir el más perfecto animal irracional.

Así, pues, los sonidos se producen por la vibración del aire en las cuerdas llamadas vocales, cuyo aire hemos aspirado por las vías respiratorias (incluyendo los poros de nuestra piel) y le hacemos salir de los pulmones, chocando con esas cuerdas, donde vibra.

Las modificaciones de los sonidos es debida a las alteraciones en la tensión de esas mismas cuerdas vocales, como también a la extensión de la parte vibrante de las mismas, cuya extensión y tensión es debida a una volición inconsciente en el uso ordinario del habla, pero consciente en la declamación y el canto.

En verdad, con un esfuerzo de tensión sube el sonido y baja éste con la relajación de las cuerdas vocales.

En la producción de los sonidos bajos, toman también, parte los bordes de los cartílagos, mientras que en la de los altos, sólo vibran las cuerdas vocales, y para su producción se necesita una tensión de aire más fuerte en la tráquea que para los otros; de donde resulta que las notas altas se pueden cantar solamente fuerte y las bajas piano. Además, al elevarse el tono, sube también la laringe y al bajar ésta, desciende por necesidad el tono.

Desde luego, que las diferencias de voz entre los individuos depende y están relacionadas con la magnitud de la laringe, por lo cual las laringes grandes dan el tono bajo en los sonidos, en tanto que los sonidos altos, agudos, son productos de laringes pequeñas.

La mutación de la voz en las juventudes, proviene precisamente, del crecimiento rápido de la laringe en la época de su desarrollo, perdiéndose entonces el tono alto y delgado para ser substituido por el tono bajo y lleno.

La voz humana tiene una extensión media de 3,8 octavas musicales. Para producir la nota más baja de la escala, las cuerdas vocales efectúan 82,5 vibraciones en un segundo, y para la nota más alta, alcanza a unos 1055 vibraciones; corno medida o Diapasón normal, se toma la nota La, natural, que tiene por término medio 435 vibraciones.

Resulta, pues, que los sonidos constitutivos de la voz humana, emitidos y regulados en virtud de movimientos de igual naturaleza que los de la mímica, pueden, desde luego, ser clasificados como "signos acústicos" y más adecuados que los demás, por sus innumerables ventajas inteligibles y variaciones para representar todos los actos de la vida que nacen como fenómenos internos.

En cuanto al origen del lenguaje atribuyese (pero sin razón) a las escuelas griegas, las que fundaron así, dos sistemas antagónicos, referentes a la palabra humana.

EL uno consideraba la palabra como una creación divina, y el otro que refutaba que la palabra es un signo artificial debido a las conveniencias humanas.

Esos dos sistemas que han llamado antagónicos, no lo son; y los dos tienen un fundamento mismo, aunque expresado diferentemente. Decir uno que sea creación divina, no le falta razón, desde que el espíritu inteligente es de origen divino, entendiendo por divino al Creador. Y refutar el otro que sea convención humana, está también en lo cierto, desde que entendemos en ello al espíritu humano que por sólo encarnarse en un cuerpo, lo hace sensible y físicamente inteligente, que para serlo, lo manifiesta en las palabras con las que demuestra la inteligencia por propia conveniencia.

Sobre esas escuelas controversistas, estudió Heráclito y opinó que "las palabras no son sino «sombras o reflejos» de las cosas, tal como las imágenes de árboles y montañas que se producen sobre la superficie tranquila de las aguas".

Demócrito atribuye un papel más alto e importante a la actividad humana: las palabras para Demócrito son "estatuas vocales o sea obras artificiales del hombre, cuyo trabajo solamente había sido subordinado a las leyes naturales que imperan sobre la <materia prima» del todo del hombre".

Con carácter más científico, huyendo de la metáfora, Epicuro descubre la evolución del lenguaje, como el desarrollo convencional de una aptitud innata que, primitivamente ha sido ejercida por los hombres de una manera inconsciente, como entre los demás animales.

De este sistema Epicúreo, sacan apoyos Darwin y Lucrecio; pero éstos no han entendido la parte de Demócrito, "Materia prima del todo del hombre".

Nuestra escuela, en su libro "Conócete a ti mismo" y 'Buscando a Dios y asiento del Dios amor", expone, cómo de los signos mímicos y guturaciones, por la necesidad de la defensa, los hombres primitivos pronunciaron las palabras aunque fuesen como aullidos.

Pero prescindamos por un momento de la parte metafísica del origen inteligente, único modulador de los modos de manifestación de la vida, que debió pasar por todos los tamices para llegar a pronunciar palabras. Hemos de reconocer un gran esfuerzo en las observaciones antropológicas de Darwin y Tylor, y los experimentos de Weatsthone, Cordereau y Helmholtz, confirmando en estos tiempos las teorías de Lucrecio.

No sólo Darwin, sino también por polo opuesto, los espiritualistas como Flammarión, han comprobado que en los seres animales, aun perteneciendo a diferentes especies, se establece entre ellos una comunicación de signos demostrativos que equivalen a un lenguaje instintivo: pero eso lo tenía dicho Demócrito, en "La materia prima", por lo cual no podemos conceder a Darwin y siguientes precitados más que la parte experimental, que ni es poca su labor, ni se podrán quejar de nuestro reconocimiento justo, desde que tales espíritus no pueden menos que reconocer nuestra austeridad en los juicios, sin prejuicio.

Tylor integra la teoría darwiniana del lenguaje y hace constar en su notable estudio de las interjecciones que los gritos expresivos de cada animal obedecen a la ley de las imitaciones, habiéndose observado que muchos animales, como ciertos géneros de monos, anuncian la presencia del león u otra fiera, para lo cual imitan en lo posible el rugido del enemigo.

Estas observaciones son mínimas, pero de alto valor científico experimental; pero que las podemos observar sin tantos aparatos y con sólo la atención en los niños, los cuales invariablemente empiezan por designar a los animales domésticos por la imitación de sus expresiones: al perro le llaman guau guau, al gato miau, al carnero mee, etc., etc.

Sin embargo, nuestro lenguaje no es articulado como lo ha demostrado Cordereau, sino en punto a los sonidos que podemos emitir "dependiendo, dice, la conformación hereditaria de los órganos vocales", lo que es un error en este caso la herencia, pero es verdad la conformación.

Hemos dicho que "Es un error en este caso la herencia" y lo aseguramos porque los efectos de conformación es a causa del menor progreso del espíritu, que es el que prepara sus órganos todos y nadie le ayuda porque así es ley, y los padres, ni la naturaleza, no hacen más que darle materiales; el artífice es el propio espíritu y sabe su destino en cada existencia, a cuyo cumplimiento ha de preparar sus órganos; y de esto (en general también) proceden los fenómenos que observamos en muchos seres, agregando las influencias que hemos anotado en el párrafo correspondiente.

Si es cierto que los sonidos elementales dependen de la masa, dirección y bifurcaciones de las corrientes de aire encerrados en la boca; y se puede demostrar verificando un sencillo experimento, mímico-Psicológico. Dispóngase los labios para pronunciar la vocal U, y sin alterar la intensidad del aire o soplo, váyase gradualmente abriendo la boca y escucharemos las transformaciones del sonido en o y en a.

Tomad un niño sin la dentadura completa e incitadle a que pronuncie la d, la t, la z, y la s. Fracasará porque carece el niño de elementos orgánicos para modificar las corrientes de aire, en el sentido de producir los mencionados sonidos consonantes.

En este punto Taine ha dicho bien: "El niño comienza por utilizar de una manera refleja sus órganos vocales, ni más ni menos que los demás de su cuerpo"; por esto vemos que empieza por modular los sonidos más fáciles, la vocal A, asociadas a las consonantes labiales mamá, papá etc.

Spencer ha demostrado que la voz humana obedece a las leyes de los demás gritos animales en punto a que las diferentes entonaciones de un mismo sonido, denuncian desde la infancia las distintas emociones internas.

Como final de exposiciones traeremos a Helmholtz, que ha preconizado el primero con carácter demostrativo, por medio de sus famosos resonadores, la verdadera naturaleza acústica del lenguaje vocal.

Cada sonido verbal es compuesto de uno fundamental procedente del movimiento vibratorio del aire y de varios complementarios formados por las resonancias dentro de la boca, cuya capacidad está subordinada a los movimientos de las mandíbulas y de la lengua.

Los antecedentes que acabamos de exponer relativos a la facultad perceptiva del lenguaje, habrán lecho comprender que tal como lo fiemos observado al tratar de los sentidos, el niño no puede ejercer la función de la palabra imitando las que escucha, sin estar formado el aparato orgánico del lenguaje verbal.

Hay que agregar a ese principio la parte correspondiente a la palabra, del hábito y la herencia, que es su complemento con la educación, lo cual es notorio, en la facilidad para aprender la lengua materna, el timbre etnográfico, el acento nacional, la pronunciación y la entonación local.

Reflexiónese para ese caso, acerca de la diferencia que existe entre el niño que aprende el idioma de sus padres y el adulto que aprende una lengua extranjera.

El primero tiene que luchar con la insuficiencia intelectual; se ve forzado a establecer directamente las equivalencias entre los sonidos y los fenómenos. El hombre que aprende un idioma extraño tiene de su parte la plenitud del desarrollo intelectual; su tarea se reduce a recordar las equivalencias entre los sonidos familiares y los extranjeros. Y sin embargo, el niño adelanta velozmente en su integración del lenguaje, adquiriéndolo hasta con sus peculiaridades físicas, mientras al adulto le cuesta enormemente, poseer la adaptación del idioma extranjero que estudia y casi nunca logra la verdadera pronunciación característica. No están sus órganos creados con arreglo étnico a aquel idioma. Lo cual nos prueba que al espíritu, durante la gestación del feto, algo le sirve de modelo y patrón; y en este caso de la palabra o lenguaje, prepara sus cuerdas para el idioma nativo, con todos sus etnicismos.

Aquí hay un secreto que ya no puede quedar oculto. Si la dinamo no conservara un magnetismo remanente desde su primera excitación no podría producir corriente con su propia rotación habiendo que excitarla cada vez. Y si cada molécula que componen las diferentes partes de la dinamo, no conservaran su grado de magnetismo remanente de su vida en el Éter, no podría ser excitada la dinamo y jamás produciría corriente.

Pues bien, si el hombre puede aprender diferentes idiomas, y aun con sólo oír hablarlo a sus nativos los comprende y aun pronuncia palabras, es por que el espíritu ha vivido encarnado como hombre en el país de aquel idioma, persistiendo en él el recuerdo al oírlo de nuevo; esto pone necesariamente muchos hilos de inmenso valor en nuestra mente para entender la vida del espíritu y su misión de fraternidad universal, por lo que, el espíritu no tiene patria, desde que no tiene fronteras; y es por este secreto que es fuerza llegar a la comuna universal que proclama esta escuela, sin parcelas y sin fronteras, bajo la ley de amor.

Volvamos a lo, pequeño; a lo científico.

Se ha expresado bien Schleicher, dice: "El nacimiento y la formación de lenguaje en el hombre, se vincula con el desarrollo del cerebro y de los órganos de la palabra".

Entended que no dice que nace la palabra del cerebro, sino que se vincula con el desarrollo del cerebro. Lo cual ha debido poner sobre aviso a los materialistas, si no fueran fanáticos y sistemáticos.

Efectivamente: de esa vinculación nace el carácter gradual de la evolución de la palabra en los niños; su lenguaje comienza por movimientos generales, lo mismo que en los organismos inferiores y por gritos inarticulados, como los de las crías de las aves y mamíferos; continúa obedeciendo a ley de las imitaciones por la combinación de los elementos de su mímica y de su voz; y al fin, termina por producir los sonidos articulados que escucha, asociándolos a los fenómenos que percibe.

Desde luego, los animales se detienen en el segundo período de esa evolución del lenguaje, (excepción hecha del caso del loro), período por el que, indudablemente también pasaron las razas humanas, imitando las voces de los demás seres organizados y formando onomatopeyas, con los ruidos periódicos de la naturaleza; pero que, el espíritu del hombre, no puede pararse y siguió su terrible trabajo depurando la materia, hasta que puede llegar al primer grado de perfección perfectible y entonces pudo dar a sus cuerdas vocales la consistencia y delicadeza necesaria a una vibración consciente, para convertir los sonidos en expresiones, en palabras.

Ha podido comprobarse que los pájaros adquieren su canto en pos de su desarrollo progresivo y se ha observado también que, niños criados fuera de todo comercio humano, entre cabras salvajes, proferían gritos análogos a los de esos animales; pero no carecían de la fonética necesaria para educarse en el desarrollo de la palabra.

Determinemos ahora los medios que conocemos en el niño, a constituir la facultad perceptiva del lenguaje. En primer lugar, es la inteligencia del espíritu y su necesidad para su obra del desarrollo de sus organismos para demostrar la vida racional. Luego, el sentido acústico; sin el cual es imposible que pueda articularse ningún sonido en armonía con los demás seres vivos: en tercer lugar, la predisposición hereditaria de raza, de nación, comarca, o familia, en cuya virtud, los órganos vocales se encuentran listos para cierta clase de lenguaje oral; en cuarto lugar, los elementos de la experiencia infantil, durante la transición de los sonidos imitativos a los que reproducen las voces familiares, agregando el lenguaje excitativo de las personas que rodean y cuidan al niño.

Los dos últimos casos, son los más importantes en el desarrollo lingual del niño y en los cuales se debe tener mucha atención; porque, la relación constante entre la experiencia y el lenguaje que ya se inicia en la niñez, nos puede explicar la causa del progreso de las lenguas en las sociedades más civilizadas; es que en estas, son mayores los estímulos de los sentidos y las necesidades que espolean los impulsos, por lo que, hay mayor suma de fenómenos Psicológicos.

En cuanto a que las ciencias y las profesiones tengan un lenguaje técnico adicional, es idéntica la razón que la anterior, y no es otro tampoco el origen de los Dialectos regionales, como las jergas usadas por grupos más incultos y viciosos en los grandes centros urbanos.

Toda estas usanzas, influyen demasiado en los países de inmigración sobre el niño y aun sobre los adultos, por que, ya por el gracejo o lo chocante se infiltran los términos en nuestra mente y dicción y sin un gran cuidado cultural, se corrompen los idiomas puros hasta el punto que, hoy, no encontramos ningún idioma, en el que no encontremos muchas palabras que no son de él y que por la influencia las escribimos y las pronunciamos mal, haciendo una desarmonía.

Más esto tiene sobre un mal un mayor bien, al que la ley inflexible nos lleva inconscientemente y es, a la formación de un sólo idioma universal.

PÁRRAFO 9º
UN SOLO IDIOMA HARÁ UNA SOLA RAZA

La sabiduría consiste en tomar del mal el menos y sacar bien del mal.

La promiscuidad de palabras de los idiomas enriquecen al idioma que puede asimilarse las de los otros, y de esta asimilación viene la razón de que sea comprendido ese idioma por los hombres de los otros idiomas, sin grandes dificultades; tal es lo que sucede con el español o castellano; por lo cual como hemos de estudiar luego, el español, no sólo puede ser, sino que será el idioma universal.

Más de 50 etnicismos secundarios se funden en la lengua de Cervantes, sólo de la Iberia, sin tener en cuenta los modismos e idiosincrasias Árabes, Hebreas, Asiáticas, Africanas, Americanas y Oceánicas y, aun Caucásicas y por lo tanto Rusas, fundiéndolas todas en sí misma la lengua Española; que además, tiene la naturalidad que ninguna tiene, escribiéndose como se pronuncia y pronunciándose sin ningún diptongo ni guturación.

El idioma Raíz Ibérico es el Vascuence y éste es hijo directo del Rico Sánscrito y os remito para el caso al estudio del Ingeniero F. de Basaldúa, "Contribución el estudio de la prehistoria universal" y a la traducción directa del Sáscrito al Español de las "Leyes de Manú", por José Alemany, recientes ambos trabajos, 1907 el primero y 1912 el segundo, lo que no es tampoco casual.

Por cuanto se diga que la lengua española sea dependiente de la griega y la latina, no se podrá afirmar que estas sean más antiguas que aquélla, desde que es un error por que, los Iberos y Celtíberos, son anteriores a los Helénicos y latinos, que formaban pequeñas Repúblicas si las podemos llamar así o aun tribus si queréis; pero que tenían sus Dialectos de los que, aun se conservan algunos casi íntegros y que todos han contribuido a la formación del rico, fuerte y natural español, haciendo de 50 etnicismos peninsulares, una nación unida, inmortal, invencible y madre de más de medio mundo, por la civilización suya exclusivamente, que, los modernistas no pueden reformar. Sólo la evolución transforma progresivamente sin borrar su sencillo e inconfundible carácter y el amor, la fortaleza y la Hidalguía, representado para siempre en el gran Quijote, cuya moral está contenida en la "Carta Universal", del Apóstol de España, Santiago.

De un confín al otro del mundo, llegan hombres a España, sin conocer el idioma, (el que hoy se extiende en la América del Sur y por lo tanto se extiende España) y ninguno de esos ignorantes del cervantino hablar, pasa agobios ni penurias por no entenderlo. Id en cambio a los dominios del inglés, del ruso, y aun del francés, y es una comedia cómica, la mímica que cada uno tiene que inventarse para hacerse entender, siquiera sea para satisfacer las más perentorias necesidades.

El mundo ha reconocido ya la necesidad de un sólo idioma: el Ruso no quisiera que el suyo sea desconocido; el Inglés querría imponer el suyo y el Francés lo exigiría; pero la ley sabe imponerse y triunfa señalando al español que es aceptado por la fuerza de la necesidad por toda las Naciones, reunidas en un congreso Lingüístico en Washington en 1906, donde se acuerda que, "En todas las universidades, se den por obligación dos cursos de español,” y así se hace. ¿Cuál es el fin? Pues que el idioma español, por su valor universal, sea el idioma único en su tiempo. ¿Cuál es el secreto supremo de la inflexible ley en este punto capital? El secreto capital supremo, aun se debe callar. Pero el secundario aunque supremo también es que, cumplidos los tiempos, la humanidad tiene que vivir en una sola familia, en la comuna de amor y para ello un solo idioma que rompa y borre todas las fronteras se impone, por que no puede ser con los diferentes idiomas, por que son estos los que unifican o dividen; los que crean los etnicismos y las idiosincrasias; por lo cual, para que haya un sólo etnicismo é idiosincracia fisiológica, sólo puede ser con un sólo idioma que en tres generaciones, hace una sola raza: la que tendrá las energías que el idioma tenga.

No hay necesidad de argumentar más sobre esto, ni tampoco decir que, una sola lengua lleva siempre puro el pensamiento de los hombres; pues sabéis que en las traducciones, se desfigura hasta la moral y se pierde la contundencia del pensador.

Demás está decir que, se impondrá una sola ley; un sólo gobierno, que no puede tener más tópico que el amor, con sus derivados igualdad, libertad y fraternidad, teniendo como único símbolo la justicia, por la sabiduría.

Hace simples Diez años, cuando por primera vez proclamó mi Escuela el reinado del Espíritu, en el régimen de la Comuna universal... Estupefacciones, risas despectivas y aun burlas hasta de los llamados libres, recibí. No desmayé; estaba convicto; sabía el secreto infalible del creador y, hoy... La Comuna... ya no asusta; se pide en todo el mundo... y... se establece aun contra el querer de sus enemigos que son, los enemigos del pueblo.

Si, el pueblo de todo el mundo está unido y juramentados todos los espíritus de todos los trabajadores; pero las materias encuentran aun barreras en las fronteras, por los idiomas. A romper estas irá el idioma español, lo que no ha podido igualar el mixtificador Esperanto. Es que los decretos del Creador son infalibles y se cumplen siempre.

Se unirá por este eslabón todo el mundo, y por esta filosofía austera, se hará una sola moral, cuyo fin tiene, no reconocer más que hombres hermanos. Entonces la augusta justicia de cada uno, dará asiento inconmovible a la deseada paz; y, no puede ser antes. Inténtenlo los hombres y verán que sin esta filosofía su intento fracasará.

Este es el fruto de un solo idioma.

¿Qué será de los otros idiomas? Formarán un museo bajo el nombre de "Babilonia" y esta profecía, se cumplirá del todo con el paso de tres generaciones.