CAPITULO XII
La herencia

PÁRRAFO 1º
LA HERENCIA COMO HABITO "TRASCENDENTAL"

Negar que la herencia, sea el hábito trascendental, seria un error; pero establecerla como absoluto es un absurdo. Y este absurdo ha sido cometido por el noventa y nueve por ciento de los científicos.

Queda aceptado como ley que, la herencia es un fundamento trascendental; pero en ningún modo es infalible, pues el destino de cada ser, rompe a menudo la trascendencia hereditaria.

La herencia es transitoria y física; los destinos son perennes y espirituales: vale decir, de ley divina, a la que no puede la herencia doblegar.

Es verdad que los hábitos, constituyendo la educación general del individuo, solamente concurrirán a sus evoluciones orgánicas y en raros casos a las superorgánicas; pero con prescindencia de la especie.

Es verdad también que todos los hombres serían distintos sin esos rasgos comunes, denunciantes de la raza, la nación, el aire étnico regional, el de familia y humanidad una entidad regresiva y no progresiva; sería solamente una suma de organismos individuales. Es esto, todo lo grande que podemos conceder a la trascendencia de la herencia; pero en ningún caso está exenta esta trascendencia del destino de cada individuo.

Si tuviéramos a la mano una historia o biografía minuciosa de cada familia, veríamos que en todas hay grandes desvíos de la influencia hereditaria y que cada hijo ha tomado un camino distinto del trazado por sus antecesores; y esto es la prueba eficiente de que es el destino y no la herencia el que es capaz de dirigir al individuo.

Luego la herencia ha de considerarse en cada caso, como causa buena o mala del cumplimiento del destino; por lo que se impone romper ese molde de prejuicios que, en el mejor de los casos, es opuesto al progreso que siempre es ascendente y no admite la rutina hereditaria.

Debemos sentar aquí también que el hombre en su organismo, por cada molécula que hereda del padre, recoge millones de la madre; cuya explicación damos en el "Conócete a ti mismo" y "Profilaxis de la vida" y otros libros de esta Escuela, donde describimos el acto de la concepción en su verdad metafísica y de la ley física, por lo que aquí sólo decimos que el padre, sólo pone para la concepción de sus hijos el micro-hombre como materia y la parte del alma que en ley funde con la de su compañera, madre de sus hijos, y en cambio la madre, que recibe ese microhombre (que no es ningún espermatozoide), la madre, digo, encierra y alimenta con todo su ser al feto, durante la gestación y luego por sus pechos, como regla general; lo que hará comprender el gravísimo error de las semejanzas que han querido sostener en las ciencias y que han causado algunos absurdos juicios inmorales y de acusación de infidelidad de la esposa.

Es un error del egoísmo; una ignorancia estúpida y criminal de lo que es una concepción y de lo que es la familia en ley divina.

Pero en todas formas, la herencia es un hábito trascendental pues obedece a sus leyes y a las de la memoria, por la cual prolonga los efectos de la educación individual a través de las especies, teniendo como insuperable instrumento la generación; la procreación que perpetúa las humanidades en cuya unidad se transmiten las aptitudes orgánicas, en proporción al desarrollo individual.

Pero esta máxima trascendental, a la que sólo supera el destino es de todo punto necesario que se conozca en verdad lo que es y cómo se efectúa una concepción y se habrán matado tantos capitales errores vergonzosos, y en el punto correspondiente algo diremos.

PÁRRAFO 2º
LA HERENCIA FISIOLÓGICA Y BIOLÓGICA

Por lo que toca a lo metafísico y espiritual, hemos iniciado lo bastante en el párrafo anterior; debiendo sentar aquí solamente como axioma que la verdadera herencia es del espíritu es decir, que el espíritu hereda del espíritu. Verdad irrebatible ya sostenida por los verdaderos filósofos, profetas y misioneros desde Shet, que lo sentó como verdad suprema. Esta ha sido olvidada entre tanto párrafo filosófico y Teológico: pero ha llegado el momento de descubrirla de nuevo y para siempre, en su todo de esplendorosa luz, cuando el espíritu ha logrado romper su huevo.

Ribot se ha ocupado de la herencia y ha lecho algunas definiciones que vamos a repasar como estudio de conocimientos.

Al efecto dice: "La herencia es como la ley biológica en cuya virtud todos los seres vivos tienden a reproducirse en sus descendientes. Este factor principal es a la especie, lo que la identidad personal es al individuo".

"Merced a la herencia, dice Ball, se reproduce incesantemente la naturaleza copiándose a sí misma; y sin herencia quedarían entregados al acaso los tipos animales y permanecerían en el estado salvaje, las agrupaciones humanas”.

No sé si Ball se propuso matar de un solo golpe al monismo que cuatro falaces, falsos librepensadores, han querido sostener en la transformación hereditaria del hombre, del mono. Pero de todos modos no podría el hombre heredar la inteligencia, la estética y la belleza de quien no la tiene; del mono.

Ahora bien; es notorio el gran cuadro de las manifestaciones de la herencia en el mundo orgánico. Los mejores experimentos que corroboran esa ley de las evoluciones progresivas, son los que se llaman y constituyen la herencia artificial, de la que nos valemos para mejorar las especies vegetales y animales conocidas, por injerto y cruce.

De este punto capital hemos hecho una ley económica que forma capítulo en nuestro "Código de Amor", porque se trata de llegar a la belleza y perfección ideal o máxima posible en la tierra, en el tipo humano; pero no prescindimos (porque no es posible prescindir) del espíritu, que es quien ha de presidir todas esas evoluciones y transformaciones; y esa no prescindencia, es justamente la fuerza y novedad de nuestras leyes, doctrinas y lecciones de filosofía, como lo estáis palpando. Y es que hacemos luz plena usando el polo positivo espíritu con el polo negativo cuerpo, regulado por el neutral alma; con lo que aprovechamos todas las fuerzas: la central, la centrípeta y la centrífuga.

Se trata, sí, de un gran ciclo epopéyico. La herencia imprime en cada nuevo organismo, sus caracteres sobresalientes, principalmente los debidos a las causas o influencias generales: había una incógnita, porque la habían envuelto y semianulado, la acción única del espíritu; y hoy se descubre y desaparece la incógnita, con la que han de saber ya todos que en todas formas, las evoluciones sólo las hizo y las hará el espíritu, eternamente.

Es cierto que el hábito modifica o desarrolla las aptitudes innatas y pueden crecer otras nuevas por medio de la educación y entonces, el caudal Psico-físico, es aumentado o reformado, transmitiéndolo a los futuros organismos por medio de la generación forzosamente, como lo concebía Schopenhauer.

Entonces se confirma que la educación como efecto general de los hábitos, y la generación como vínculo general y único de la vida de la especie son los dos grandes factores de la herencia. Pero "nada puede operarse sin la acción del espíritu que obra quiera o no, la voluntad divina", ha dicho Paracelso y nada hay más verdad.

Así la ley de la herencia se nos presenta como una ley biológica, es decir, inherente a todo lo que vive y sin más límites que los de la misma vida.

Entonces, esta misma ley rige a la misma vida bajo todas sus formas: vegetal, animal y humana; normal, mórbida y física; mental y metafísicamente.

Pero para ascender al conocimiento metafísico de la herencia (como en todos los casos de la vida y de las ciencias), se requiere el conocimiento exacto de la física, sin prejuicios de conveniencia, cualquiera que sea, religiosa o civil, porque eso es un tupidísimo velo, para lo cual, entre las diversas funciones cuyo conjunto constituye la vida palpable, hay dos capitales que son: la nutrición, que conserva al individuo, y la generación, que perpetúa la especie.

Y como es de esta, de donde la herencia deriva directamente visible y palpable, resulta pues, que la ley de la transmisión hereditaria, surge de las fuentes mismas de la vida. Y como sentó Shet y nadie lo desmintió y hoy afirma todo, que "En él estaba la vida y la vida es la luz de los hombres", y lo dice por el espíritu, resulta infaliblemente que "esas leyes que surgen de las fuentes mismas de la vida", surgen simplemente del espíritu: Y así es, aun contra todas las ciencias y filosofías ultramaterialistas que quisieron prescindir del espíritu y no han podido, y contra todas las Teologías y gazmoñerías religiosas que reconocen el espíritu, pero que lo denigran haciéndolo lo que no es, solo criatura... y es sí hijo directo y consubstancial de su padre el Creador; pero por eso mismo es el Creador y demostrador de la vida en formas. Eso es el espíritu.

Atendiendo a lo que precede, parece que la ley de la herencia debería ser de una simplicidad ideal, produciendo el semejante al semejante, y repitiéndose el ascendiente en el descendiente. Los tipos primitivos, así, persistirían continuamente reproducidos y el mundo y la vida no sería más que un espectáculo de una perfecta monotonía regular. Mas fijamos la atención y vemos que existe todo eso menos la monotonía; que al contrario, es todo accidentes que se suceden sin interrupción. ¿Cuál es la causa? En verdad es el movimiento eterno siempre ascendente y que no pasa una onda dos veces por el mismo sitio; ni cada capa etérea es igual a su próximas vecinas. El espíritu a la vez tiene que obrar cosa diferente en cada prueba de la vida, encarnado. El antagonismo es perpetuo en los instintos en toda las naturaleza, no porque se traten de destruir uno a otro, sino porque unos son el flujo y otros el reflujo, lo que constituye eternamente el movimiento, en todas las direcciones, latitudes y altitudes; lo cual tiene por fuerza que romper en todo instante la monotonía que llamaremos vida de reposo, que no cabe; lo cual nos asegura una verdad indiscutible: que la muerte no existe.

Además, vemos que la ley única y suprema se fragmenta en tantos artículos como seres existen, porque cada uno es un grado diferente del progreso; y esto ha de romper también la monotonía aterradora que nos parecería muerte.

Ante tan infinitos grados de progreso, constituyendo cada ser una excepción (aparente), de la ley única, parece que desaparece la ley y nunca está más latente, viva y unificada que cuando vemos una excepción en cada ser; porque entonces podemos comprender la perfecta armonía, en tan infinita variedad y que cada cosa obra según su grado y todos juntos completan y complementan la ley.

¡Qué profundidades de sabiduría y grandeza se le presentan aquí al filósofo!... ¡Cómo desaparece así ante la razón, la falsedad de los filosofastros, materialistas y fanáticos religiosos!...

La lucha se presenta como agente necesario para la existencia de la vida y esa lucha rompe la monotonía.

Todo esto es una herencia que el espíritu trasmite al espíritu, bajo la cual y sin temer a los sufrimientos, triunfa en todos los seres la idea de conservación de la especie, en cuyo acto se reúnen todas las leyes universales y máximas. Y sin hacer caso de las causas de los hábitos modificadores (según el ambiente), observamos que cuando es necesario el concurso de los individuos de distinto sexo, para engendrar un nuevo ser, ninguno de los dos mide ni tiene en cuenta los sacrificios ulteriores; sólo tienen en cuenta la consecuencia final: el producto de esa lucha debe resultarles el de la mayor identidad a sus progenitores, del hijo que los perpetuará.

Si no fuera por la imposición de la ley de perpetuidad de la especie, ¿cómo podríais pensar que una mujer se prestase al ruego del hombre, a que se sacrifique en su libertad, en su belleza y salud, envolviendo todavía su vida bajo una terrible incógnita, por dar la vida a otros seres? Aquí radica la ley de la herencia fisiológica y biológica. Su raíz es divina. ¿Cómo habrán pretendido explicarla por sólo la materia? Por esto están llenas de errores las ciencias y leyes fisiológicas, Biológicas y Psicológicas: errores que nuestra Escuela no puede admitir ni quiere tener.

PÁRRAFO 3º
FUNDAMENTOS DE LA LEY DE HERENCIA

Ya la ley de la herencia está dicha en el párrafo anterior y se fundamenta físicamente en las leyes siguientes:

1ª Ley: directa e inmediata.

Todos los padres tienen tendencia innata de transmitir a sus hijos todos sus caracteres Psíquicos generales e individuales, antiguos o nuevos adquiridos.

2ª Ley: de transmisión del carácter.

Aunque el padre y la madre tienen la tendencia innata de trasmitir a sus hijos sus caracteres y poderes esenciales, uno de los padres tiene una influencia preponderante sobre la constitución mental del hijo.

3ª Ley: de retorno o atavismo.

A pesar de esa tendencia innata, muchas veces preponderan en un hijo las cualidades físicas y caracteres de otros antepasados (de la familia o no) y aquí hay un gran secreto Psíquico que explicaremos luego.

4ª Ley: de Homocronismo o periódica. Por ciertas disposiciones físicas y mentales, de naturaleza netamente determinada, se manifiestan en los descendientes, en la misma edad que los ascendientes, sus caracteres y aun sus hechos.

Ahora bien: referente a la primera ley es un natural egoísmo de los individuos, pero es innato y no contradice ninguna divina ley, sino que aún obedecen en esto a la ley específica que impone la perpetuidad de los tipos, caracteres y cualidades individuales, aunque siempre en ascensión de perfeccionamiento, y esto es conforme a la vida eterna y continuada de todas las cosas, que tiene por principio infalible: "Lo que una vez es, ya no puede ser que no sea".

Pero nos encontramos con la segunda ley, que parece poner una antagonismo peligroso entre los dos padres, desde que triunfa el que más fuerza o disposiciones Psíquicas tiene y es a él, a quien se le parece y retrata el hijo aquel. No, no hay antagonismo: es el cumplimiento exacto de que "Lo que una vez es, ya no puede ser que no sea", y en cada hijo predomina por justicia la influencia del padre indicado, para reproducir lo que debe revivir del antepasado.

La tercera ley confirma también la segunda y la primera; pero aquí hay un caso Psíquico especialísimo por el que triunfa un recuerdo del pasado, pero sin que se den cuenta los progenitores; y su no conocimiento, ha dado muchas veces ocasión a desgracias, discordias, celos y vergüenzas en los matrimonios, terminando algunos por actos y procesos judiciales, de los que algunos anotamos en nuestro libro "Profilaxis de la vida" especialmente en el "Código de amor universal".

Este caso es tan simple como grande.

Un antepasado, de la familia consanguínea, o no, pero seguro afín y amigo (o enemigo también y en venganza) puede predominar con su influencia sobre el espíritu que obra la gestación del feto que luego será su cuerpo de hombre o mujer.

Durante la gestación, el espíritu que encarna se hace su cuerpo, órganos y figura, teniendo cromo espejo una figura dominante: la del padre, la madre, el abuelo, tíos o personalidades de nombre, amados u odiados. Esa figura se impone y es copiada en sus facciones y hasta en sus tendencias para el bien y el mal. Cuya influencia, a pesar de la educación que la puede modificar, triunfará.

Los padres (y las madres sobre todo), pueden darse cuenta muchas veces, por ciertos fenómenos operados en ellos mismos, bien en el acto de la concepción o en la madre durante el embarazo que, a su pesar, se presenta una imagen de otro individuo (varón o hembra) y acaso no los conocen; y sin embargo, el parecido y cualidades de su hijo, será el de ese predominante.

La cuarta ley no necesita explicaciones, desde que en general obran los hechos biográficos, historiados o tradicionales.

PÁRRAFO 4º
HERENCIA FÍSICA Y ORGÁNICA

Siete son los puntos principales y generales de la herencia física y orgánica a saber:

1º La idiosincrasia.

2º La fecundidad.

3º La longevidad.

4º La estructura.

5º La intelectualidad perceptiva.

6º La Psicología, y

7º Las reflexiones inductivas (Talento).

No es todo absoluto, pero sí general: y aunque sean muchas las excepciones por el destino, nunca derogan la ley.

La herencia se extiende, tanto a la estructura externa y particularidades, como a la idiosincrasia, la fecundidad y la longevidad. Lo mismo ocurre también con las anomalías naturales o adquiridas y aun con los defectos físicos y deformidades, lo cual es efecto del contagio.

Pero lo que ante todo llama la atención, aun de los menos observadores, es la herencia de la estructura externa. Es un hecho de observación vulgar y nada menos raro, como oír decir a menudo que tal niño es el retrato de su padre, de su madre o abuelos. Pero ya hemos manifestado en el párrafo anterior que la influencia que predomina durante el acto de la concepción o el tiempo de la gestación, triunfará.

Pero esta influencia hereditaria puede manifestarse en cualquiera de los miembros, en el tronco, la cabeza, el cabello, las manos, etc., pero sobre todo en el rostro, en la expresión y rasgos fisonómicos. A veces, basta esas semejanzas hereditarias pare acusar el origen de las personas, lo cual, en todos los tiempos también dio motivos a escenas novelescas y aun como hemos anotado, judiciales.

También en la altura o talla, generalmente obra la herencia, hecho que una larga experiencia ha consagrado casi en ley, para la reproducción de animales y para modificar las razas.

Es cierto que todo esto es obrado por el magnetismo, que hace la autosugestión, pero todo esto no es más que efecto de la causa psiquismo de los individuos intelectuales, que rigen nuestra vida de hombres: nuestros propios espíritus.

El sistema (o ley de selección) ha sido aplicado a la humanidad, como experiencia: al efecto sabemos que el padre de Federico II no toleraba el casamiento de unos soldados de elevada estatura que estaban a su servicio, sino con mujeres de su misma talla y sacó ejemplares dignos.

Pero no puede prevalecer el cruce en ese rigor, porque se opone el destino y la libertad de los seres. Pero en general y promiscuando las razas de diferentes regiones y tecnicismos, se consigue la unificación del tipo y mayor fuerza y belleza. Obra que empezó la raza adámica y cerca está de dominar ya todo el mundo, con lo que se puede tener una común idea, en todas las cosas.

Sabemos también que la herencia se extiende al color de la piel, la forma y volumen del cuerpo, como a todo nuestro ser, hasta la obesidad o el raquitismo.

Lo mismo que en lo externo, la herencia se extiende a lo interno y sus conformaciones.

Nada más positivo (según lo comprueba la anatomía) que la herencia de la forma, volumen y anomalías del sistema óseo, como también las proporciones en todo sentido del cráneo, del tórax, la columna vertebral y aun de los huesos menores del esqueleto.

El sistema circulatorio, el digestivo, el muscular y el más interesante a la Psicología, el sistema nervioso, están igualmente bajo las leyes de la herencia; pero es porque todo el ser de los padres sirve de modelo al espíritu en la formación de sus cuerpos y trata de copiar todo el organismo, lo mismo que las demás cualidades características siempre que no se opongan al destino que tiene o impone la ley de retorno o atavismo.

Fuera de estos dos casos de excepción se puede decir que la herencia de los padres la forman por entero los hijos; y así se manifiesta que sus dimensiones y cualidades generales y esenciales, sobre todo en el cerebro, en el volumen y hasta en la forma de sus circunvoluciones, hecho por el que cree el frenólogo Gall, explicar la transmisión de las facultades mentales.

Si estas facultades fueran físicas, Gall casi tendría razón, y se la damos en cuanto a la organización sistemática; pero no se la podemos conceder sobre las facultades que sólo pertenecen al ser intelectual, que no es la masa encefálica, ni centros orgánicos, sino que éstos sirven sólo de reflectores y proyectores para las facultades del espíritu, que se sirve de todo el organismo y para cuyo fin lo preparó como lo dejamos demostrado en su lugar correspondiente, con los ejemplos de la dínamo y la red de hilos conductores.

En lo referente a los sentidos, sabido es que ciertas cualidades perceptivas se transmiten entre los humanos lo mismo que la delicadeza del olfato en los perros y la vista extraordinaria en las aves.

Igualmente se verifica la trasmisión de la memoria orgánica o sea la mímica y hábitos heredados por contagio como la Psicología, intelecto física de la música y demás artes, por la reflexión e inducción dinámica, o sea el magnetismo remanente, que por ley inflexible perdura porque "Lo que una vez es, ya no puede dejar de ser".

PÁRRAFO 5º
HERENCIA PATOLÓGICA INMEDIATA

En este punto nos ha de hablar la historia de hechos registrados y coincidentes con la herencia que, patológicamente, se puede concretar en esta ley.

"La herencia es a la especie lo que la identidad al individuo".

"Es la herencia; una tendencia permanente e inconsciente en medio de las variaciones de la adaptación, pero es una fórmula constante en la evolución". Estudiemos.

Es una ley porque es un hecho comprobado por la mayoría de las afecciones mórbidas que persisten a través de las generaciones.

Aquí se pone de manifiesto un secreto que no debió serlo; pero que lo impusieron las religiones primero, y lo siguieron los hombres por una falsa educación y prejuicios. El secreto es que La materia tiene su ley: y el espíritu tiene su ley; y sin embargo, la ley es sólo una. Pero ya hemos visto que parece que haya tantas leyes cuantos seres existen, porque cada uno sólo es afectado por la ley única, pero con arreglo a su grado de progreso.

Por esto la ley de la materia, aun siendo un artículo de la ley del espíritu parece diferente; pero es a causa de las funciones que desempeñan cada uno.

Un arquitecto maneja las matemáticas, reglas, escuadras, cartabones, el metro y el peso para medir las fuerzas de los materiales, con lo cual forma un proyecto que entrega al obrero, el que lo ejecuta. El uno, por razón de su delicadeza está recogido, en silencio, decentemente vestido y tratado con cierta delicadeza: es un creador idealista. El otro es la fuerza, la acción, el ejecutor y no le conviene el trato delicado ni la soledad porque maneja lo rústico, lo pesado, lo sin conciencia, a lo que tiene que oponer su mayor voluntad y resistencia para vencer la muerte (permítanme esta palabra) y demostrar la vida de lo al parecer muerto en la obra ejecutada.

Arquitectos y obreros, han hecho la misma cosa; han obrado la mima ley: y sin embargo, vistos cada uno en su trabajo, parecen seres diferentes.

Igualmente pasa entre el espíritu y el cuerpo y aun entre hombres y hombres, según su ocupación.

Volvamos a la Patología.

La ciencia prueba hoy que, todas las enfermedades mentales, tienen una causa orgánica, (también la descompostura de un elemento simple en una máquina hace inútil toda la máquina), cualquier afección mórbida; pues, del sistema nervioso, descompone todo el cuerpo, puesto que toda parte del organismo es trasmisible. Y claro es también que, por la inducción dinámica (o magnetismo remanente), se impone admitir la transmisión de las afecciones mentales, por la misma ley que se transmiten las demás herencias.

Lo que sí ocurre es que, aun siendo la misma afección parecerá diferente y aun requiere diferentes medicinas en cada caso de los individuos, y es a causa de los infinitos grados o artículos de la ley general y única.

Sí, las afecciones son las mismas; para la transformación se impone hasta ser incomprensible la gran metamorfosis operada en la herencia, lo mismo en lo físico que en lo metafísico.

Vemos que las convulsiones neuropáticas heredadas de los ascendientes, en los descendientes, a veces se convierten en histerismo y epilepsia.

La Hiperestesia de un hombre, en sus nietos se transformó en monomanía, manía, hipocondría, histerismo, epilepsia, convulsiones, o espasmos. Como tampoco es raro ver transmitirse las aberraciones y el alcoholismo, en diferentes formas de degeneración y hasta del suicidio.

Si reparamos en los extremos procesos de la enajenación mental, (fuera de gravísimos errores metafísicos, de destino y justicia que sólo el espiritismo luz puede penetrar), en esos inmensos procesos, digo, abundan documentos que demuestran (por la inducción y deducción) la transmisión hereditaria, bien bajo una forma similar, o ya metamorfoseada. Recuérdese aquí lo que hemos estudiado en la locura, y alucinaciones: pero vamos a concretar las conclusiones de todo este capítulo.

Se deduce de todo lo expuesto que la herencia es una ley cuyas excepciones anotadas no son sino factores concurrentes a completar la misma ley.

Por todo, las cuatro leyes expuestas en el párrafo III de este capítulo, nos presentan (entre otros) los siguientes caracteres.

1º Los referentes a la vida exterior que abarca la voluntad y la inteligencia o sea los movimientos y las percepciones.

2º Los referentes a la vida interior o sean los del organismo y la sensibilidad.

3º Los referentes al padre, la madre, o cualquier otro que prepondere, lo que llamamos herencia directa, si los tales caracteres exteriores se transmiten dentro del mismo sexo, cuyo ejemplo nos pone la historia, con los vicios de las Julias, hija y nieta de la mujer repudiada de Augusto.

4º Los referentes por cruce de razas o etnicismos, en lo que se adquiere la fuerza y virtudes de los dos, cuando concurren los dos sexos cruzados, como en el caso de la gran Cornelia, hija de Escipión el Africano y cuyo valor y virtudes, están retratados en sus hijos "los Gracos".

5º Los referentes a la herencia mediata, llamada de Atavismo (retorno), en que los caracteres se reproducen después de dos o más generaciones, recta o lateralmente, como en Gustavo Vasa y en Octavio, sobrino y nieto de César, y

6º Los referentes a la herencia Homocrona, que se ven reproducir sobre todo las anomalías, a la misma edad y con idénticos modos y valor que se hizo por un antecesor. El Homocronismo, tiene su raíz en la Autosugestión, las más de las veces, y se manifiesta con especialidad en las epilepsias, porque se conservan larvadas hasta la época fatal en que se manifiestan. (No es absoluta esta ley).

Por la misma ley, aunque acaso por diferente modo, una cruza de animales tendientes a mejorar una raza, los atavismos no desaparecen sino después de seis a ocho reproducciones o generaciones.

Los atavismos no desaparecen nunca en las especies racional o irracional, porque es necesario que sea, lo que antes ya fue, pero se impone, sí, la modificación progresiva o civilizada, que se consigue por una estudiada educación.