CAPITULO XI
La voluntad

PÁRRAFO 1º
MOVIMIENTOS AUTOMÁTICOS Y REFLEJOS

Ya conocemos el papel que desempeñan los tres tejidos orgánicos: el óseo, el muscular y el nervioso, explicados atrás en las capítulos "El hombre, su organismo".

Sabemos, pues, que los nervios insertos en los músculos son sus excitantes naturales; que los músculos efectúan un trabajo productor de esfuerzo al ser excitados por los nervios motores, y que hay dos clases de músculos: los involuntarios o lisos y los voluntarios o estriados.

Sabemos también que la sensación equivale a un aviso con el gran fin de la protección individual; pero la defensa efectiva radica en el movimiento.

El movimiento se produce siempre que hay una excitación centrífuga que llamamos impulsión y que llega a los órganos o a la periferia, procedente de un centro nervioso, excitado a su vez por sus adyacentes o vecinos y también por una corriente centrípeta que denominamos sensación, que es determinada por un estímulo de la periferia o del organismo.

Si los movimientos se producen por la excitación de los músculos lisos, son llamados automáticos; y si por los estriados, se denominan reflejos. Considerémoslos separados.

Movimientos automáticos: Estos presentan dos caracteres: Cíclicos y Rítmicos. Es decir que, reproduciéndose sin interrupción durante la vida individual, son susceptibles de descomponerse en tiempos regulares, o espacios periódicos (isócronos) cuyo caso genérico es el respiratorio, circulatorio y el digestivo, como ejemplos vulgarizados; pero hay muchos otros que son derivados del mecanismo de estos tres.

Examinemos el más conocido del vulgo, la respiración; por que es necesario conocer su mecanismo.

La sangre arterial se convierte en venosa empobreciéndose al regar el organismo. Su corrupción determina corrientes impresionales que, en el centro nervioso llamado Nudo Vital, dan lugar a impulsos que actuando sobre los músculos, dilatan los bronquios pulmonares, atrayendo el aire cuyo oxígeno se incorpora a la sangre; la que purificada, se origina un nuevo impulso y la desaloja, siendo instantáneamente reemplazada por otra corriente de sangre negra (descompuesta) y otra vez los bronquios se contraen en virtud de su elasticidad y el aire impuro es así desalojado del organismo.

Los movimientos automáticos, son por consiguiente Cíclicos, conscientes e inconscientes.

Nuestro poder consciente, alcanza hasta la modificación del ritmo regular y de la intensidad de ciertos movimientos funcionales, como los respiratorios. Los cantores y los ventrílocuos, son hábiles para la retención y emisión gradual del aire, inspirado por los órganos respiratorios.

Movimientos reflejos: estos difieren de los automáticos en que no son inherentes a las funciones del organismo, y en que tampoco son exclusivamente inconscientes, por que no son primarios.

Los movimientos reflejos, proceden de los impulsos que invariablemente acompañan a toda modificación sensible, como una reacción necesaria del centro nervioso, transmitida por los nervios motores, adjuntos a los sensitivos.

En cuanto ha sido estimulado el extremo de un nervio Psicosensorio, por un agente capaz de producir una sensación, se produce una reacción impulsiva, también suficiente para determinar un movimiento que, en el estado de conciencia, aparece simultáneo con el efecto sensible que lo ha originado: por ejemplo, una partícula insoluble se adhiere a la membrana palatina de la boca o la pituitaria de la nariz y sentimos una sensación de cosquilleo que experimentamos sobre la piel, a causa de pequeños y numerosos puntos estimulantes que tenemos un cada órgano, para los otros órganos y la piel.

La tos y el estornudo son los movimientos reflejos consecutivos de esa impresión, acompañada de la sensación reflejada.

Un pequeño insecto que se aloje bajo los párpados del ojo, o dentro del conducto auditivo, efectúa inmediatamente fenómenos reflejos, tales como el pestañeo agitado, el lagrimeo, y movimientos hasta descompasados de la cabeza.

Igualmente sucede con los reflejos causados por impresiones internas, de carácter muscular funcional y orgánico, que nos impulsan a llevar la mano a un punto como si exteriormente, en el punto donde se refleja, estuviera la causa.

Los movimientos reflejos pueden presentarse combinados en forma de acciones reflejas o segregaciones glandulares: como las lágrimas, son segregadas en virtud de una excitación centrífuga que se derrama en las glándulas lacrimales. Aplicar la misma ley al sudor y la orina.

En todas estas funciones recuérdese que, la médula espinal y la oblongada, son el asiento de los centros de las acciones reflejadas.

PÁRRAFO 2º
LOS SIGNOS Y LA MÍMICA - SUS CAUSAS

Un rayo de luz demasiado intenso, un objeto material bruscamente aproximado a nuestros ojos, nos obligan a resguardarlos bajando los párpados; es el movimiento instintivo de la protección, acosado por el reflejo de la imagen hiriente, que pone en correlación las sensaciones y sus adyacentes.

Un olor desagradable nos hace hacer un gesto raro apretando los labios y arrugando la nariz, un gusto repugnante es seguido de la contracción de los labios e instintivamente acude la saliva que tiramos y el contacto de un cuerpo cortante o punzante como demasiado caliente o frío hace retirar impresionado cuanto puede el órgano tocado.

Si continuamos enumerando todos los casos de reflejos, encontraríamos siempre similares movimientos, que se presentan denunciando la causa. La impresión no sólo es procedente de los sentidos externos, sino lo mismo de los sentidos internos.

Todos esos movimientos que denominamos signos mímicos reflejos, son acusadores de fenómenos impresionales, por cuanto expresan exteriormente nuestros estados internos de carácter Psíquico-Fisiológico.

Los signos visibles y especialmente los de nuestra fisonomía, los denominamos gestos y el conjunto de manifestaciones reflejos inseparables de las sensaciones, constituyen la mímica individual que en ningún ser es igual, por infinitas razones de todos los órdenes que es obvio enumerar.

El estudio de la mímica ha dado un grandísimo fruto, en la comprensión de la educación de los sordo-mudos, que pueden seguir cursos intelectuales, como también por el sentido del tacto, se educa a los ciegos.

Dicho en síntesis lo que es la mímica expresión de la sensación vamos a considerar dos categorías de signos mímicos estudiados por Darwin de los que haremos párrafos aparte.

PÁRRAFO 3º
MÍMICA DEFENSIVA

Ya hemos visto en el párrafo anterior que todo movimiento reflejo, caracteriza un determinado fenómeno sensible, el que es provocado directamente por uno de los estímulos externos e internos del organismo y que seguramente tiende:

A : A proteger el órgano amenazado o afectado por el estímulo: es lo que hacemos cuando inconscientemente cerramos los ojos para impedir la entrada de cuerpos extraños y de rayos luminosos más intensos que nuestra resistividad.

B: A curar la lesión orgánica que ha producido el estímulo, como ocurre en el pestañeo, destinado a suavizar el tejido conjuntivo irritado por la introducción de una partícula hiriente, cuyo pestañeo, provoca las glándulas lacrimales que bañan el ojo facilitando la expulsión del cuerpo ofensivo.

C: 0 bien a compensar los efectos perjudiciales de las impresiones demasiado intensas, por medio de otras que preservan a los centros cerebrales de congestiones locales: la risa, el llanto, los gestos desesperados, los desgarramientos de la piel o de los labios; el mesarse cabellos o arrancárselos, con todo otro movimiento que llama la atención requiriendo auxilio, son movimientos destinados a restablecer el equilibrio nervioso, alterado por grandes corrientes impresionantes.

Debemos hacer observar que, todos estos movimientos a pesar de operarse en el primer instante inconscientemente, no son involuntarios, puesto que obra cada instinto por su ley y todo lo que se obra por una ley es voluntario.

Una vez que el instinto obró el primer acto, ya todo el organismo concurre con todo lo perteneciente a proteger, curar o compensar el daño causado. Figuraos que se da un aviso de incendio y al instante todo el parque de bomberos sale como desesperado sembrando la alarma a todos para que se precavan del peligro y llamando a la ayuda.

Lo mismo pasa en nuestro organismo, pero con más rapidez y precisión: un órgano dio la alarma y todo el organismo con todos sus arsenales, dan la batida al agresor. Así, es la mímica defensiva, la mejor arma de nuestro ser.

PÁRRAFO 4º
MÍMICA SIMPÁTICA

Hay muchísimos signos, doblemente reflejados y que son producidos por otros directamente defensivos de nuestro organismo, por la de todos los coadyuvantes, bajo la simpatía.

Esta simpatía, también nos la expone magistralmente estudiada Adam Smith en su “Sistema moral" y fue objeto de hermosas y valiosas investigaciones hasta hoy y sobre todo por Darwin.

De esos estudios, podemos separar las diferentes clases, o grados, o fases de la mímica simpática y la subdividimos.

Mímica Muscular: Esta es, todo gesto expresivo de una sensación y aparece siempre acompañada de movimientos armónicos secundarios; por ejemplo, al bajar los párpados para detener los rayos luminosos muy intensos, apartamos la cabeza, doblamos el cuerpo y hasta levantamos la mano, colocándola como una pantalla delante del rostro. Esta serie de movimientos, es una correlación simpática entre los fenómenos reflejos de carácter muscular y es más perceptible en los estados sensibles complejos o emocionales: la ira por ejemplo, se manifiesta por gestos de la boca, de los ojos, y del puño cerrado, o de los dedos crispados con las uñas hacia arriba: todo lo cual es manifestación de la simpatía entre esos movimientos mímicos.

Mímica Funcional: Esta se observa principalmente entre los movimientos del rostro y de los órganos funcionales, especialmente en la nutrición y la generación.

Mímica Atávica: es constituida por ciertos movimientos que, sin enterarse con otros de carácter defensivo, no obedeciendo a causas extremas concomitantes con determinados estados sensibles y son comunes a la especie, o a grupos étnicos y geográficos. La mímica Atávica, es uno de los elementos típicos de los pueblos y de las razas, por lo que podemos llamarla estética y étnica.

Mímica imitativa: procede de la tendencia simpática de los organismos a reproducir los movimientos que las impresionan.

Desde el estremecimiento ondulado que experimenta el que ve arrastrarse una serpiente, hasta el bostezo provocado por un vecino aburrido, todos los movimientos mímicos que no son defensivos, musculares, funcionales ni atávicos, proceden del llamado contagio nervioso que, equivale a una inducción eléctrica, cuya ley puede explicar hasta los fenómenos hipnóticos.

Si entre un grupo de hombres lanzamos una idea o un pensamiento bien cargado de nuestro magnetismo, nos es fácil observar la rapidez con que se uniforman los movimientos y hasta las impresiones dominantes. A lo que se deben los entusiasmos populares y el heroísmo de los ejércitos.

De este secreto y de este poder magnético, deben saber los oradores que deben impresionar a sus oyentes.

PÁRRAFO 5º
INHIBICIÓN Y VOLICIONES DE LA VOLUNTAD

Se ha comprobado que, existe un poder moderador de los movimientos, pudiendo éstos ser modificados o impedidos: a dicha facultad la denominamos inhibición y es perceptible en muchos movimientos reflejos aun entre los animales.

Desde luego, los centros materiales inhibitorios residen indudablemente en el cerebro, habiéndose demostrado que, en ciertos animales decapitados falta la inhibición siendo sus movimientos reflejos, más enérgicos e irregulares, que en los animales sanos.

Lo mismo ocurre durante el sueño (en las pesadillas por ejemplo) en que casi desaparece ese poder moderador del cerebro; lo que indica claramente que, el tal poder moderador, puede residir en el cerebro; y entonces, no conociendo otro agente inteligente que el espíritu, es este, ese poder moderador y no puede ser, que así no sea.

Pero bien: a la inhibición de los movimientos reflejos, corresponde una suspensión en otra clase de movimientos; sólo que dicha suspensión no modifica ni detiene el efecto de una excitación centrífuga. Por el contrario, la suspensión es producida por la misma excitación, cuando ésta tiene que recorrer nuevas vías nerviosas.

Supongamos una excitación central, determinada por sensaciones complejas o bien por un estado emocional: en este caso, no existiendo la vía abierta de la acción refleja, se producirá una detención hasta que la excitación propagada por vías adecuadas a la necesidad originaria, produzca un movimiento más o menos complicado. Mas tal suspensión, por breve que sea, habrá sido suficiente para determinar un estado de conciencia.

He ahí la naturaleza Psicológica del movimiento voluntario, a causa únicamente del espíritu, pero obrando por su máquina orgánica con todos sus sistemas a lo que llamamos volición o acto de la voluntad; la que, sólo puede ser del yo inteligente reflejado en la conciencia.

Más aun: el movimiento voluntario se entiende así, por ser un acto de la voluntad; lo que quiere decir que no sigue instantáneamente a una excitación que lo provoca, sino después de una suspensión momentánea acaso, pero suficientemente larga para adquirir un principio de conciencia, que se anticipa al movimiento mismo quizá; pero seguramente se anticipa a los efectos, que podemos prevenirlos y aun esquivarlos muchas veces.

Y es porque, mientras en la acción refleja la excitación centrífuga está unida naturalmente a la centrípeta; en la acción voluntaria se une por la experiencia: o sea mediante procesos repetidos y análogos al de la localización perceptiva. Lo que equivale a decir que se les ha celebrado un juicio de conocimiento.

En efecto: para que el movimiento voluntario resulte perfecto, es necesario localizarlo previo conocimiento de la periferia del cuerpo, debiendo la onda de la excitación motriz, correr paralelamente a la onda refleja perceptiva, quedando establecida la conexión entre las sensaciones y las voliciones.

Por consiguiente, las sensaciones y las percepciones, sirven de guías de los movimientos voluntarios.

Pero en las voliciones, aparece un fenómeno de enervación central que no existe en los movimientos reflejos, cuya conciencia es simultánea con la ejecución del movimiento o posterior a éste.

En efecto; se siente un esfuerzo genérico de la actividad central, como una especie de sentimientos de iniciativa de los movimientos voluntarios y antes de que estos se relacionen.

Siguiendo el juicio del examen de los caracteres de los actos de la voluntad. Voliciones, encontramos que: si el movimiento voluntario está en la conciencia del agente antes de ser ejecutado, o lo que es lo mismo, que si lo tenemos en calidad de movimiento ideal, es por que tenemos un fin o efecto conocido o establecido por el mismo agente en forma de imagen mental.

Lo que quiere decir que, la volición, puede ser también definida como un movimiento previsto y establecido por el que formamos el sentimiento, para conseguir un efecto también previsto y establecido.

Entonces el fin o efecto previsto y establecido importa necesariamente la existencia de un antecedente, que ha de ser un estímulo externo, por que esto, es la primera condición de una volición y es sólo a causa del querer.

Tenemos, pues, dos elementos internos: Motivo, y fin o efecto, asociados en la conciencia por una relación de causalidad que conocemos causa y efecto.

La reflexión, sin embargo, no se detiene ordinariamente en el primer escalón de una relación de causalidad, sino que hace el primer efecto de aviso inmediato a la volición: y ésta, puede ser causa de nuevos efectos, los que a su turno, generan otros más remotos.

También estos efectos, pueden ser previstos en forma de imágenes mentales y son las consecuencias eventuales del acto de la voluntad.

Resumiendo todo el argumento precitado tenemos que, son tres, los elementos de la volición en su estado de conciencia: motivo, fin v consecuencia, que descansan en los siguientes puntos, leyes o reglas.

1º El poder moderador de los actos de la voluntad, solo corresponden al espíritu.

2º Los centros inhibitorios, son todos los de los tres sistemas del organismo.

3º Los actos de inhibición ocasionan un estado de conciencia que producen la volición.

4º La volición es siempre un acto Psicológico del espíritu, manifestado por el organismo.

5º La localización volitiva, es por el estado de conciencia formada por las emociones sensacionales.

6º La sensación y la percepción sirven de guía para las voliciones; es decir, del querer, y

7º La volición es una causa que, teniendo un motivo, persigue un fin que es la consecuencia.

PÁRRAFO 6º
VOLUNTAD SENTIDA Y REALIZADA

Cinco son los puntos fundamentales o motivos de los actos volitivos, sentidos y realizados.

1º El Psiquismo Motor, pro y contrario.

2º Motivos externos.

3° Motivos internos.

4° Motivos mixtos, y

5º Plebiscito determinante del acto volitivo. Estudiémoslos.

Para que haya un efecto, es preciso que haya una causa; para sentir y realizar la voluntad, ha de haber también motivos.

Motivo significa antecedente por el que, nos decidimos a un acto voluntario.

Pero los motivos que nos llevan a la acción voluntaria, reúnen todas las formas Psico-físico-fisiológicas, o sea una forma Psíquica entera, por lo cual es lo más compleja, estando latentes y descubiertas, la emoción, el impulso, un deseo y una repugnancia.

La emoción, es producida por el estímulo: y el impulso aunque lento, es el característico de la volición.

El impulso a veces, se confunde con el deseo en su forma positiva, y la repugnancia siempre se presenta como forma negativa.

Pero la emoción y el impulso siendo elementos Psíquicos del motivo, toman el nombre especial de sentimiento.

De modo que, el sentimiento, se forma por la concurrencia de la emoción correspondiente al estímulo del impulso característico de la volición.

Desde luego, los sentimientos se clasifican de acuerdo con sus respectivas emociones que responden a necesidades de protección individual, genésica o social.

Las excitaciones de los estímulos con sus fenómenos sensacionales y perceptivos, lo mismo que las ideas simples o complejas; como las asociaciones y los juicios o raciocinios, son motivos mediatos de las voliciones, puesto que no tienen otro papel que el de suscitadores de sentimientos para que estos obren con motivos inmediatos en forma de impulsos volitivos.

La desesperación, el odio, la curiosidad, la compasión, el amor, el orgullo, o cualquiera otra forma emocional, son motivos de las acciones humanas; y las cosas, personas, imágenes, ideas y cualquier manifestación de toda índole, son hechos internos o externos que pueden suscitar los sentimientos.

Existe, sin embargo, un fenómeno intelectual en el estado consciente de la volición puesto que hay una voluntad sentida; es la imagen mental preponderante del efecto (acto) y esa imagen, la sentimos sola o acompañada de otras imágenes secundarias, por que son reflejos de la imagen motriz a cuyas secundarias llamamos consecuencias.

Por eso se ha considerado la voluntad sentida como la representación preponderante y exclusiva de la conciencia de un acto, pero acompañada de una tendencia también preponderante a realizar el acto representado; lo que conduce filosóficamente a pensar que, la tal preponderancia no puede ser más que una ley inflexible y de justicia, que en las filosofías vedas se llama la ley del Karma. Nosotros entendemos que es ley fatal de necesidad para el dominio del espíritu sobre sus dos entidades cuerpo y alma.

Cuando el motivo es único, como cuando inmediatamente de presentado es robustecido por otro motivo que tiende al mismo fin, no falta más sino que el acto sea realizado (ejecutado), entrando entonces bajo el dominio de la voluntad realizada: en ese caso los movimientos constitutivos del acto, se denominan espontáneos, pero sólo para distinguirlos de los reflejos y automáticos.

Más si los motivos son varios, pero no concurrentes; es decir, que se presentan en pugna, hay entonces una evolución en la voluntad y manifiesta nuevos fenómenos.

Todo esto es lo general y principal perteneciente al "Psiquismo-motor pro y contrario", y necesitamos saber la procedencia de los motivos contrarios o alterantes que pueden sobrevenir, mientras está latente un impulso volitivo

Suponemos el caso frecuente de un golpe recibido por la espalda, que nos produce en el acto, un sentimiento colérico acompañado de un impulso agresivo contra el causante. Pero resulta que es un amigo que nos gasta una broma pesada: esta percepción constituye un motivo que en forma de afecto, se opone al impulso predominante. Más supongamos también que al darnos vuelta para ver al agresor, nos encontramos con un enemigo peligroso y más fuerte, y entonces también se interpone otro motivo capaz de detenernos, dominando el impulso agresivo que tuvimos.

En estos dos casos, ha habido un juicio previo instantáneo; bien por la amistad, motivo capaz y eficiente para cambiar en risa la cólera; ya por la imposición del enemigo más fuerte que nosotros y el instinto de conservación, nos impone la prudencia.

En los dos casos, se revela un juez de esos actos, muy experto, que no puede ser la materia animal nuestra por pura que sea, porque siempre su instinto es, la venganza; pero que cuando está ordenada y regida por su mayor espíritu, Juez específico, se interpone al instante por la amistad o por la prudencia y evita un mal mayor.

Para el caso precitado ocurre que, surgen en la mente instantáneamente, las imágenes del efecto y consecuencia que traería la disputa, la riña y el escándalo de la participación de la justicia; y cada una de estas imágenes, hace el papel de un prudente policía, que evita los hechos consecuentes de una revolución externa. Su mediación, ha generado motivos contrarios o atenuantes del impulso volitivo.

Todo esto precitado se encierra en los puntos 2º y 3° "Motivos externos" y "Motivos internos".

Ocurren también "Motivos mixtos" o sea que pueden sobrevenir motivos emanados a la vez de las nuevas percepciones o de las imágenes representativas del efecto y consecuencias del acto.

Pero ocurre también con frecuencia que, a la par de motivos contrarios al motivo primitivo, concurren otros con tendencia a robustecerlo; y en este caso, se traba una lucha de impulsos desarrollada en la conciencia; en ésta, desfilan las imágenes de los distintos efectos y de sus consecuencias. Dichas representaciones mentales son sometidas a la reflexión y la razón termina el litigio con sus juicios e inferencias, produciéndose en nuestra conciencia un impulso resultante de volición definitiva.

A este proceso le damos el nombre técnico justo de deliberación de la que resulta una volición llamada determinación.

La determinación como se ve, depende de la fuerza respectiva de los motivos concurrentes, como dicha fuerza depende también y a su turno de sus motivos; de la energía emocional del agente; de las condiciones en que éste se encuentre; de la naturaleza de los estímulos, etc., lo que quiere decir que, el valor de los motivos es relativo, según las condiciones permanentes y transitorias del agente que los engendra.

Pero si dos o más motivos en pugna entre son de idéntico grado de fuerza, la deliberación es más larga y a ese estado consciente lo llamamos indecisión.

En este caso, la determinación suele producirse en virtud de un motivo insignificante, muchas veces inconsciente, lo mismo que si hay dos pesos iguales colocados en ambos platillos de la balanza, vencerá aquel que reciba la adición de un nuevo peso, por mínimo que sea.

Cuando ha llegado la determinación, termina el proceso de la voluntad sentida, no faltando sino los movimientos de la voluntad realizada y los constitutivos de la ejecución del acto, a cuyos movimientos llamamos reflexivos.

La ejecución puede seguir inmediatamente a la determinación o puede tener lugar un tiempo más o menos tarde, esperando a conciencia la oportunidad más adecuada, lo que ya entra en el campo de la lógica y conveniencia: pero el proceso reflexivo determinativo, esta terminado desde que venció uno de los motivos. . .

Lo que sí que, mientras no se realiza el impulso volitivo, queda latente bajo el nombre de intención; pero es necesario distinguir la intención del deseo latente y característico de las pasiones y se consigue y diferencian en que en la intención hay una volición completa; y en el deseo pasional puede haber lugar a una deliberación previa, cuando llega la ocasión de satisfacer el deseo, aun a costa de causar daño a un segundo. Aquí no obra la razón, sino la aberración.

Mas puede ocurrir que antes del principio de ejecución se presenten nuevas percepciones o reflexiones y reabran el debate volitivo forzando a reconsiderar la determinación, que será confirmada, modificada, aplazada nuevamente en su ejecución o revocada; a cuyo caso, lo llamamos desistimiento. A los motivos que sobreviven en la volición, les dan nombre de obstáculos físicos, si proceden de excitaciones exteriores; y de obstáculos morales si emanan de representaciones mentales.

También pueden presentarse los obstáculos una vez empezada la ejecución y entonces se llama Conato o tentativa si la ejecución no es consumada.

Aun un punto final: los motivos y los obstáculos reciben denominaciones especiales según provengan de voluntad ajena.

a) Coacción: es un motivo que en forma de amenaza, produce en nuestro ánimo, una determinación contraria a nuestra voluntad, desistiendo de la ejecución: cuya coacción puede ser también Psíquico-moral, además de física.

b) Violencia: es el obstáculo que impide, detiene, o deshace la ejecución de nuestro acto espontáneo o reflexivo, cuyos dos casos se encuentran penados en todos los códigos, porque matan la libertad.

PÁRRAFO 7º
DISCERNIMIENTO Y VOLUNTAD

El discernimiento y la voluntad se concretan sintéticamente en los puntos siguientes, que luego estudiaremos conjuntamente, porque siempre van unidos dos o más de ellos en todo acto.

1º La deliberación y la decisión.

2º La acción y la abstención.

3º La capacidad del alma y conciencia de la medida de la impulsión o reproducción.

4º El poder de asociación con discernimiento.

5º El poder de resolverse con libertad.

6º La acción espontánea o libre albedrío.

7º La comprensión de que el libre albedrío no es absoluto, y

8º Hacerse el verdadero concepto metafísico de la voluntad.

El discernimiento desde luego, es un juicio de conciencia revelante de las facultades y progreso del espíritu: y la voluntad, es igualmente una demostración de la acción del mismo espíritu, cuya acción, nos significará indubitablemente el grado de progreso del actor espíritu y su dominio o esclavitud a su materia.

En el hombre, la voluntad se manifiesta en forma de poder de acción y de abstención en el obrar.

De la llamada deliberación puede resultar; la decisión de obrar en el sentido del impulso provocativo de las emociones e imágenes más intensas; o la resolución de reprimir los instintos o sentimientos provocados o evocados por los estímulos o motivos exteriores.

Este doble juego de la actividad voluntaria, está demostrado por las dudas, vacilaciones e indecisiones, que suelen acometer al individuo; y revélase también por dos enfermedades de la voluntad; el desarrollo excesivo de ciertos impulsos, que destruye en algunos desequilibrados, la fuerza represiva de su poder voluntario, y la inestabilidad de los impulsos en los histéricos, dando lugar a caprichos que son también la negación del poder represivo del alma y conciencia humanas.

Además, la voluntad requiere la concurrencia de dos factores que son: la capacidad impulsiva y represiva del alma-conciencia, que nos habilita para elegir antes de obrar; y la capacidad activa de los órganos, cuyos motores se encuentran radicados en el cerebro y están destinados a los movimientos voluntarios, como los del lenguaje, de las manipulaciones y de la locomoción.

Ya hemos sentado que, toda esa fuerza, proviene sólo del espíritu, que es el que, impulsa al cerebro como centro vital que es; por lo cual, todas las demás cosas son sólo y todo efectos que demuestran la causa original, y son actos mecánicos, motivados en la inteligencia, que sólo es del espíritu.

Ahora bien; la independencia de ambos elementos de la voluntad, también ha sido demostrada por los estados patológicos de nuestra entidad consciente, en la abolición o anulación de la fuerza impulsiva, que comienza en la irresolución y termina en la parálisis mental; en las determinaciones internas de los estáticos, sonámbulos e hipnóticos; y en los estados paralíticos de carácter orgánico, durante los cuales puede subsistir la más intensa virtualidad de impulsión y represión.

Siguiendo en el análisis denotamos que, los impulsos y movimientos reflexivos, exigen necesariamente dos condiciones que pertenecen al 4º y 5º puntos sintéticos que hemos anotado.

En efecto: el poder de asociar las percepciones, reflexiones, y construcciones, de acuerdo con las leyes Psicológicas y fisiológicas de la organización humana por discernimiento y el poder de resolverse y de obrar en el sentido de nuestras determinaciones, realizando nuestros impulsos internos en libertad, son las dos condiciones denotadas, aunque la última condición haya sido negada por los deterministas, acaso porque no entendieran el Macrocosmo y no penetran en el Microcosmo en su verdad.

Pero de todos modos y en cualquier modo, todo acto, sea o no el producto de una deliberación consecuente, es un esfuerzo resultante de los motivos o fuerzas elementales que concurren a la determinación, ejecútese o no, necesariamente.

Ahora bien: en la mayoría de los casos, nuestra inteligencia, invadida por mil preocupaciones de la vida, no se da cuenta de los motivos, y esta ignorancia parcial, nos hace creer en el libre albedrío del hombre, ya que obra muchos actos sin darse cuenta del origen de ellos.

Pero debemos recordar que, habiendo una ley a la que el hombre no puede dominar y ella domina siempre aún contra la voluntad del hombre, no cabe la palabra libre albedrío en absoluto; y por más, mandando esa ley dominadora, no causar daño a un semejante, ella misma confirma, que, no existe la libertad de obrar, siendo responsable de sus actos; lo que tercera vez confirma que no existe el libre albedrío, pues que se responsabiliza cada individuo de sus faltas ala ley, la que, no puede perdonar.

En este punto, no podemos pasar sin memorar que, los Teólogos Cristianos, han cometido errores garrafales que, llegan a constituir execrables blasfemias, atribuyendo a Dios las gracias especiales y perdones; con cuyas gracias, quieren que dependan de Dios las acciones espontáneas que obramos, sin que, en el momento, nuestra inteligencia se de cuenta; pero que, sin embargo, ha habido un juicio previo de nuestra voluntad inteligente. Y esto es lo que, Jesús quiso significar con "El espíritu está pronto; pero la materia es tarda", y es a causa de las preocupaciones, del ambiente o de la educación y de los prejuicios siempre.

La prueba concluyente de esta verdad es que, cuanto mayor es el desarrollo de las facultades reflexivas de un individuo, cuanto más regulares son las asociaciones Psicológicas y más nutridas por la experiencia se hallan sus percepciones, mayor es la facilidad con que podrá inducir las causas y deducir las consecuencias de sus actos.

Hay que distinguir bien entre la espontaneidad y la libertad, o sea el poder de obrar deliberadamente.

Distinguiendo esos modos se comprueba que, el hombre no es libre cuando sus impulsos no son explicados por motivos, sino cuando precisamente estos, han sido subordinados a las leyes asociacionistas de la inteligencia.

El ejemplo que nos ofrecen los animales, nos da una explicación más rotunda. Estos seres, sólo pueden obrar espontáneamente porque no se pueden dar cuenta de los motivos que los impulsan a obrar, ya que a obrar sólo los lleva el instinto; el cual, no llega a ser la inteligencia, aunque esté al borde de la inteligencia.

En cambio el hombre, procede libremente porque se resuelve con conocimiento de sus motivos externos e internos y de los resultados de las asociaciones.

En síntesis más estricta diremos, la libertad y el discernimiento son un complemento inteligente el uno, de la otra.

Por fin: consideramos al Creador, como la suprema voluntad, siendo un conjunto armónico entre su inteligencia y omnipotencia absolutas, obrando lo que debe y no lo que quiere; porque al hacer la ley, su previsión fue perfecta, absoluta e inflexible, abarcando todas las cosas del infinito.

Entonces, el Creador no puede obrar espontáneamente, ni contra sus leyes universales, lo cual sienta nuestro axioma de que El Creador, no hace todo cuanto quiere , sino todo cuanto debe. Este es el verdadero concepto metafísico que os debéis hacer del Creador, porque así es, en verdad de verdad.

PÁRRAFO 8º
LOS HÁBITOS

Los hábitos tienen como todo, su pro y su contra; pero nosotros no podemos recomendar la rutina que es la contra del progreso, por lo que, tendemos a quitar los hábitos en sus principales puntos, que luego explicaremos.

1º Movimientos automáticos, reflejos, espontáneos y reflexivos.

2º Medio físico, geográfico y meteorológico, y

3º Medio social, que comprenden:

a) Grado de cultura.

b) Grado de inteligencia.

c) Grado de gusto estético.

d) Grado de economía.

e) Estado político.

f) El medio doméstico, profesión, estado civil.

g) Causas ocasionales e incidentales.

Hemos anotado cuatro clases de movimientos: automáticos, reflejos, espontáneos y reflexivos; de los que los dos últimos, pueden sin embargo, llegar a tener caracteres de inconsciencia y continuidad con los movimientos automáticos y reflejos.

Esta transformación de las voliciones, es perceptible en los movimientos más frecuentes de la vida, como caminar, hablar, cantar, escribir, dibujar, vestirse, limpiarse, comer, etc., etc., lo mismo que en la ocupación profesional.

Cada cual puede recordar, cuanta fatiga pasa el aprendiz de un arte u oficio en sus primeras ejecuciones como actos voluntarios; pero el uso, la fuerza de repetición, acaba por familiarizarnos y los reproducimos luego casi automáticamente.

Aquí se descubre que el hábito se rige por la fuerza de la memoria, sobre los movimientos orgánicos, derivados siempre de las manifestaciones del pensamiento.

La memoria (como expusimos en su lugar) es un vacío que la conciencia tiene; pero llenado éste, da las percepciones, emociones y estímulos; es el depósito del pensamiento que tiene el poder de conservar las impresiones y ordenarlas, para que a su voluntad sean reproducidos en un instante, las recibidas en toda la vida y en todas las vidas corporales que el espíritu hizo, a lo que se deben siempre en primer término las improvisaciones, las ideas, las invenciones y el progreso, que se opone a las encontradas en nuestros textos y ambiente; y en segundo término, se deben a la inspiración y manifestaciones de otros espíritus, que por ley solidaria universal nos dan.

Las pruebas físicas son nuestro estudio y ya hemos dicho que, de las corrientes recibidas sobre el cerebro, se origina la irritación y contracción, etc., de los sistemas de nuestro organismo.

Así, pues, tanto las contracciones, como las irritaciones, asociadas siempre a nuestros fenómenos fisiológicos y psicológicos, se archivan en sus correspondientes centros nerviosos, mediante un proceso orgánico.

Esto confirma nuestro axioma máximo de que "Lo que una vez es, ya no puede dejar de ser" y lo es eternamente, porque lo lleva el espíritu como prueba de que lo hizo y como laurel de su victoria.

Desde luego, que, al ser archivada cualquiera de las impresiones de nuestra vida, tiene una modificación adaptiva; y efectuada la modificación central, no tarda en revelarse otro carácter de la memoria, en la que, las reproducciones, se tornan más fáciles y más inconscientes; tanto más, cuanto más sea la frecuencia de reproducirlos.

Pero aun hay más: está el juicio de la facultad reproductiva, el cual implica un doble trabajo; el de los centros nerviosos y el de los órganos que los obedecen.

Este trabajo, aumenta la capacidad asimilativa de los centros y los órganos y el desarrollo anatómico de unos y otros sigue a la frecuencia de su ejercicio funcional; así ocurre que, algunas aptitudes físicas y Psíquicas, obtienen mayor desarrollo que otras, hayan o no nacido los individuos con la facultad de sobresalir en dichas aptitudes. Esto, cuando se trata de fenómenos asimilados por el hábito; que cuando se trata de individuos facultativos (mediums) entonces, los fenómenos, son producidos extraciencia y al natural.

Entonces; el hábito es algo más que el poder de transformar nuestros movimientos voluntarios, en inconscientes y automáticos: el hábito implica una facultad de adaptación del organismo, a ciertos medios ambientes como los anotados al principio del párrafo.

Así, por ejemplo, el medio físico abarca: A; Las causas e influencias geográficas en cuya virtud, las necesidades mediterráneas, difieren de las litorales; en éstas pueden dominar las industrias comerciales iniciadas por causa de la pesca, y en las primeras los trabajos extractivos de la tierra y las manufacturas. B; Las causas o influencias meteorológicas de acuerdo con las cuales varían las necesidades y los medios de satisfacerlas, habiendo diferencia de los anteriores, en punto al vestido, alimentos y energías, según el clima y los fenómenos Meteorológicos ordinarios.

El medio social es más alto y comprende:

A. Las causas o influencias de la cultura en grado y clase, por la agrupación social a que pertenece el individuo; los ejemplos de costumbres que hacen la rutina, malean y desvían la voluntad mejor organizada y es a causa de una forma de preocupación o prejuicio de diferencia.

Es indudable que, el sostenimiento de las clases, es el origen de los odios y las guerras internas en las naciones; y no menos cierto también que, esas mismas clases entrañan la guerras entre naciones y entre todo el mundo; por lo que, se impone la desaparición de las clases bajo el régimen comunal, legislado plebiscitariamente sin influencias de clases, fin que persigue esta Escuela y para lo cual, hace estos cursos de Filosofía única y Austera.

B. Las causas o influencias debidas al espíritu dogmático, rutinario, o religioso de la inteligencia colectiva, que obra sobre el individuo en forma de prejuicios. Para evitar esta cansa original de todos los males, esta Escuela, desconoce a toda religión y sus dioses y condena todos los dogmas; presentando como único Credo y no dogmático, (pues debe aceptarse por convicción) el espiritismo, luz y verdad, solidarizado con todo el universo.

C. Las causas o influencias que emanan del gusto artístico de una agrupación, afirmando los sentimientos estéticos por medio del ejercicio y que robustecen la voluntad, templan las pasiones y emancipan las existencias de sufrimientos.

D. Las causas o influencias que emergen de la economía social cuyos estados extremos pueden arrastrar a los individuos a adquirir hábitos igualmente depresivos, como vemos, cuando el desequilibrio económico se manifiesta por provechos superiores a los normales; porque entonces hay descuido y decadencia en las costumbres sencillas y no se atiende eficazmente al trabajo realmente productivo y aumentan las tendencias parásitas y los gastos superfluos, olvidando la verdadera economía, denunciando un bajo nivel de provecho inferior a las necesidades y se produce un desaliento que, sólo es compensado con hábitos viciosos, análogos al del exceso de utilidades, todo lo cual demuestra, una absoluta falta de moral en todos los órdenes de la asociación.

E. Las causas o influencias que surgen del estado político de una sociedad, en la que sus autoridades pueden contribuir con su ejemplo, a corregir o pervertir las costumbres étnicas de las muchedumbres; lo cual, da origen a las revueltas y hasta la guerra que en estos momentos se cierne sobre todo el mundo; porque, todos los estados políticos fueron escandalosos y ya, no hay remedio para la tierra, más que en el Régimen Comunal como lo tiene codificado esta Escuela, para cuando los hombres en su mayoría lo pidan, pues no ha de ser impuesto por la fuerza bruta, sino por la fuerza de la Razón y del Amor.

El medio doméstico abarca: la educación recibida en el hogar, en la escuela y centros de cultura; la profesión adoptada que imprime su sello al individuo y el estado civil sobre todo; pues es bien distinta la vida y la moral y la manera de ser y vivir del soltero, del viudo, y del casado padre de familia. En nuestro "Método Supremo", "Lecciones de magnetismo", decimos lo bastante, pero conciso de este último medio, en el capítulo "El uso de la carne es ley".

Finalmente, a todas las causas predispuestas enumeradas, hay que agregar las causas incidentales u ocasionales de accidentes imprevistos, de la bastante intensidad para modificar las tendencias activas del individuo, por ejemplo: un desengaño amoroso que exalta o abate; un incidente político que retrae o enciende al individuo o al grupo que lo compone; un remordimiento por hechos y costumbres que hacen tomar resoluciones místicas, o desesperaciones, como el hecho de Judas, las resoluciones de Pablo, de Agustín o de Ignacio de Loyola, que, sin embargo, examinados en la filosofía verdadera, no son casos del acaso, sino efectos del destino, preparados por el propio espíritu de los individuos, porque no hay nada casual. Pero los retrocesos de los hombres es por causa de su moral pervertida en el ambiente medio; y la ley del destino, es siempre para avanzar y obrar esas causas accidentales, con el fin de que el individuo se dé cuenta y tenga motivo eficiente de romper la monotonía que lo anula.

Es, por tanto, necesario como dijimos en el prefacio, tener ante todo un buen grado de moral y si éste es eficiente, todo accidente llevará al hombre al progreso.