CAPÍTULO X
Sentimientos estéticos

PÁRRAFO 1º
LOS SENTIMIENTOS INNATOS

Examinando la clasificación de los sentimientos podemos advertir que las emociones penosas, tanto depresivas como exaltativas, envuelven un impulso contrario a la causa del estado sensible, cuyo impulso tiende a eliminarse. Es el instinto.

Esas tendencias, que estudiaremos su naturaleza, en la voluntad, reciben el nombre genérico de necesidades.

Los goces o emociones agradables son un resultado de la satisfacción de las necesidades originarias de las penas. Pero cuando dicha satisfacción llega a ser interrumpida el estado emocional reacciona y engendra un nuevo pesar.

Entonces hay dos clases de emociones penosas: las producidas por la necesidad latente y las producidas por la interrupción de la emoción agradable; porque en la necesidad sentimos la angustia y en la interrupción el despecho.

Vemos, pues, que lo mismo los goces, los placeres y los dolores están vinculados a tendencias activas; cuyo fin no es otro que el de la conservación y protección del individuo y de la especie, lo que analizó severamente Schopenhauer en su desnudo estudio de la especie.

El miedo, la cólera y la curiosidad son emociones directamente asociadas a las necesidades y deseo tácito de protección individual.

El amor propio, el amor genésico y la ternura resultan indisolubles de la protección de la especie, sobre todo de la prole, del hogar y agrupación social.

Y bien: todas esas emociones y lo mismo que sus derivados reciben con sus impulsos un nombre común: Sentimiento.

Mas hay una categoría de sentimientos que su utilidad no es directa en lo que toca a la protección del individuo, de la prole y de la sociedad y son los sentimientos estéticos, constituidos sobre las emociones derivadas de la emoción fundamental que es el juego como nombre general.

Esta emoción, en efecto, es producto consciente del gasto de energías sobrante, a causa de nuestras superfluas actividades, que, aunque les damos tal nombre, son necesarias.

En efecto, y al efecto, verificamos dicho gasto:

1º, por la razón de que todo exceso de energía da lugar a un dolor o trastorno;

2º, por las vías habituales o instinto a una misma resistencia;

3°; porque está de acuerdo con las leyes emocionales de contagio o imitación, y

4º, porque se ajusta a las leyes del ritmo, de la armonía y melodía, o sea de simultánea regularidad de las energías.

PÁRRAFO 2º
SENTIMIENTOS ESTÉTICOS ESTUDIADOS

Los infantes en sus juegos, y al igual los salvajes, inician sus juegos con cierta estética innata en ellos; pero que tratan de imitar los movimientos de sus semejantes, fingiendo y simulando los donaires, chacotas, defectos y gracias, procurando acompasar lo innato con lo científico y artístico.

De aquí los simulacros guerreros y danzas, compás del movimiento acompañado de canciones, tarareos musicales, figuras y tatuajes imitando la pintura y la talla.

Los efectos agradables de esas manifestaciones rudimentarias del arte estético, es natural que procedan de una interrupción que se obró en la encarnación del espíritu y que trata de renovar la emoción revivida en el juego. También es causa del estudio de la estética la monotonía, con relieves que buscamos en la energía Psíquica, y estos nos causa placer porque elevó el tono de nuestras funciones.

Entonces, la fuente originaria de la Estética no radica solamente en el gesto de la actividad superflua y de la energía depositada como sobrante de nuestras funciones; sino que los sentimientos estéticos los fundamos en actos útiles que determinan placeres, también de naturaleza estética, decorativa, sujeta al arte.

La armonía de las formas y de los colores no la encontramos en la danza de los salvajes solamente, sino que también en sus armas, en sus utensilios y sus habitaciones, y sabemos que no han tenido universidades: lo que fundamenta la innatividad de la estética, que la lleva a mayor perfección por la necesidad de su exposición, lo cual forma una segunda etapa: la científica.

Pues bien; esta segunda etapa del sentimiento estético comienza con la emancipación de sus manifestaciones elementales, agregándose al placer activo de los movimientos, el placer contemplativo o necesidad de percibir más belleza. Este es el secreto de la estética.

Por este mismo secreto se independizan la pintura, la poesía y la música, de las danzas, de la indumentaria, de las armas, de los utensilios y de la arquitectura; pero es precisamente para engendrar emociones características, que, siendo más complejas, son más intensas porque se inmortalizan.

Aún hay una tercera evolución que es la simplificación la que debe tener el menor número posible de elementos representativos; y especialmente los que proceden de la imaginación son los esenciales. Ribot por esto define el carácter fundamental de la emoción Estética, como combinación de imágenes, cuya finalidad recibe en esas mismas creaciones.

En cuanto a la finalidad de los sentimientos estéticos tenemos que convenir con Schopenhauer en que "equivalen a una liberación transitiva que, aplazando las emociones violentas, nos hace gozar de una vida ficticia, pero ideal, en que predominan los sentimientos tiernos, compasivos y piadosos".

En efecto; sabido es que la belleza, y sobre todo la sublimidad, se manifiesta mejor cuando surgen de las fuentes emotivas del sufrimiento reflejo o simulado.

Pero existen, sin embargo, sentimientos estéticos que sólo nacen de emociones placenteras, como los de la gracia y los de la hilaridad.

Esta es acompañada de su efecto característico, la risa, o una serie de movimientos finales, respiratorios y bucales, originados por una acumulación de causas múltiples, pero que son las principales el placer, o un estímulo ridículo, cómico.

En este caso último, lo que llamamos vis cómica, determina el sentimiento estético de la hilaridad que lo caracterizamos con la risa. Este vis cómico cree Spencer "que se produce cuando percibimos un contraste decente de imágenes e ideas", pero también, y esta es la regla general, por los chistes graciosos, picarescos, sin inmoralidad, cuando son oportunos de ridiculizar armónica pero jocosamente.

Un incidente vulgar que interrumpe la sublimidad de una escena, un detalle grotesco que distrae un cuadro patético, la caída en el lodo de un elegante, la desfachatez de una vestimenta, son contrastes generados de un brusco cambio en los deseos con descenso emocional y, provocan el sentimiento de hilaridad: de lo que se deduce que de lo sublime a lo ridículo no hay más un paso.

PÁRRAFO 3º
SENTIMIENTOS ESTÉTICOS COMPLEJOS -- LA GRACIA

El sentimiento estético de la gracia es más complejo: participa de la belleza predominando como factores la variedad, el movimiento y la imitación. Produce efectos agradables, con transiciones armónicas y no bruscas como en la hilaridad y su signo frecuente es la sensitividad.

La gracia es un don indefinible, porque abarca todas las cosas grandes de la armonía de la creación.

La gracia quiere decir: atractivo, encanto, expresión, disposición singular de las cosas bien puestas, aliciente que seduce, que nos arrastra hacia ellos. Cierto don que la naturaleza presta a quien hace las cosas y sobre todo a la mujer con gracia ,agradables, donosas y atrayentes.

La gracia es superior a la hermosura, pero unidas la gracia y la hermosura son la perfección material y moral, porque resulta el primor, la elegancia y el arte sublimizado.

La gracia es siempre una característica de la belleza, pureza y progreso del alma, en la que reina el espíritu: y si tiene alguna excepción, será a causa de una perversión de los sentimientos, por una equivocada educación como en Lucrecia Borgia, Cleopatra y tantos otros ejemplos históricos.

La gracia teológica es a la gracia natural del progreso, lo que la caridad es al amor: una mixtificación. Pero para la humanidad la caridad es un baldón y la gracia teológica una depresión que anula los méritos del hombre.

El Creador es Padre universal y como tal no puede ni tiene parcialidad por ninguno de sus hijos, aunque los consideréis Ángeles o Demonios; ni que sean un Antulio, un Sócrates, un Platón, un Moisés, un Jesús, un Servio Tulio, etc., etc., como sean Herodes, un Caifás, un Nerón, un Benedicto IX, un Borgia o un Torquemada, Arbues, etc., etc., lo mismo son hijos del Creador y todos en el tiempo creerán; y aunque no quieran, lo han de amar y rendir homenajes de hijos, sin gracias ni perdones; porque el Creador no puede perdonar ni dar de gracias más que la vida universal, que hemos de demostrar nosotros en progresos y sabiduría.

Estos puntos fundamentales los ampliaremos en sus respectivos puntos, porque aquí sólo se han tocado por incidente. Pero queda sentado como axioma, retando a las teología con todas las religiones y sus secuaces a que prueben que el Creador puede cometer la injusticia de distinguir a uno solo de sus hijos sobre los demás, aunque se trate del Espíritu de Verdad.

La prueba ha de ser científico-metafísico-racional: no siendo así, no admitimos discusiones porque es tiempo perdido; el Creador no hace todo cuanto quiere, sino todo cuanto debe. Sigamos nuestro estudio.

PÁRRAFO 4º
PATOLOGÍA

Vamos a terminar este capítulo haciendo observar que los sentimientos estéticos tienen su patología especial, la cual es la perversión de los sentimientos por la degeneración de las costumbres. Por tanto, la patología que nos ocupa abarca las inversiones, las deficiencias, las perversiones y los excesos en las dos fuentes del gusto artístico, que son la imaginación y la emoción.

Por desgracia, la perversión es tal, que vemos constantemente la ridiculización, y mixtificación en el arte y la ciencia, en tal grado alarmante, que la generalidad de los seres humanos sufren la aberración más vergonzosa de desfigurarlo todo, por el sólo gusto antiestético de herir la susceptibilidad de otro semejante.

Vemos con frecuencia afeado y desfigurado en un afiche artístico una figura bella de una mujer que un aberrado le pinta un bigote o le escribe una vergüenza.

Del gran acto y sublime de la unión para la procreación se hace la pasión más ruin y degradada.

A un acto de humana conmiseración para regenerar una mujer desviada por un corruptor, de la vida ejemplar de mujer, se lo considera ligeramente degradación, rebajamiento del virtuoso que no teme mancharse y no se mancha en sacar del lodo a la arrojada, por ese o esos mismos pervertidos por aberración en el mal, por su estado Patológico de inversión de sus sentimientos estéticos.

Y como dicen Nordan, Lombroso, Ferrero, Gener y muchos otros Psicólogos: "Las aberraciones del sentimiento estético suelen ser colectivas; lo cual es el signo de la degeneración social, representada en esas escuelas exóticas y extrañas que invaden la poesía, la música y las artes plásticas. Productos mórbidos que corrompen el sentimiento estético, como ciertos sistemas filosóficos y sociales precipitan la decadencia del sentimiento intelectual".

Los hombres precitados, por ser de diferentes nacionalidades y concordar científica y filosóficamente en el mismo sentir, llamando enfermos en estado Patológico a los de los sentimientos estéticos pervertidos e invertidos, tienen el máximo valor de un axioma.

Pero he aquí el caso singular: ellos, por la ciencia, confirman esa patología. ¿Se han contado ellos entre esos enfermos? Han dicho: "Productos mórbidos que corrompen el sentimiento estético, como ciertos sistemas filosóficos y sociales precipitan la decadencia del sentimiento intelectual".

Todos los cuatro militan en ideas liberales, pero todos cuatro, tienen gravísimos prejuicios religiosos, sociales y científicos y lo demuestran en su acusación a "ciertos sistemas filosóficos, etc.".

Si son "sistemas filosóficos", cualquiera que sea la cosa que estudien, no puede hacer ningún daño a la humanidad consciente en lo moral y espiritual; porque la filosofía no puede traer el mal a la razón. Pero puede y adelanta “precipita la decadencia” de los decadentes pervertidos, que reniegan con la palabra de la religión y de los prejuicios sociales; pero con las obras sostienen y mantienen la religión y los prejuicios; y esa misma acusación de que "precipita la decadencia", ¿qué es si no un prejuicio tan grave que anula filosóficamente a esos hombres, puesto que sus afirmaciones las destruyen por su mismo prejuicio?

Los materialistas están en el mismo caso; niegan y si pudiera aniquilarían al Padre Creador y al espíritu y siempre acaban acusando al que les hace frente, llamándolo "Espíritu enfermo", "Espíritu pobre"..., y una de dos, o existe o no existe. ¿Se imagina? ¿Tiene nombre? Luego existe, como existe el prejuicio en los precitados patólogos.