Capítulo VI
La razón

PÁRRAFO 1º
LA RAZÓN ES EL COMPLEMENTO INTELECTUAL

La razón es a la reflexión, lo que la imaginación a la percepción: el complemento intelectual.

Bajo esta fórmula que eleva la causa y los efectos a una regla matemática en sus partes constructivas e inventivas, por la inducción de la razón podemos y debemos llevar a la matemática también hasta ideas espirituales: que será el complemento de la sabiduría de cada hombre, que por la ley dominante del progreso, cada uno, sólo puede alcanzar en esas ecuaciones, al punto justo de su luz espiritual: pero siempre ascendiendo bajo una rigurosa Escala Cromática.

Las operaciones reflexivas, en efecto, tienen por fundamento la experiencia, cuya materia prima radica en la percepción; y la transformada en la imaginación.

Pero esa experiencia fundamental para cada individuo no puede ser más que el producto de su progreso moral y espiritual, lo que aclara eficientemente que dos hombres que cursan los mismos estudios o desarrollan las mismas facultades, uno siempre se adelanta al otro; y es sólo a causa de su mayor luz espiritual exclusivamente.

Las relaciones comparativas e inductivas de la reflexión, llamémoslas calidades y cantidades, universales y particulares, causas y efectos, leyes y principios, son siempre originadas por un proceso mental, en el que intervienen representaciones perceptivas imaginativas, que tendrán el valor matemático, del progreso del espíritu del individuo, sin que haya excepción posible a esta regla o ley inflexible.

Mas la esencia de la razón consiste en la inferencia (Ilación y sugestión) inmediata de relaciones universales entre las cosas percibidas, imaginadas y aun aquellas no abarcadas aún por la concepción y la imaginación universal.

Encontrar instantáneamente los elementos de semejanza, diferencia y correlación entre uno o más objetos; comprender que uno de estos está contenido en otro; que un hecho determinado produce un efecto similar y que en circunstancias semejables producirá un efecto igual, y que, en llevándolo por camino diferente producirá un efecto distinto, es resultado de la Inferencia clara, que sólo puede tenerla el que es libre de prejuicio y sólo el sabio puede librarse de esa lepra dominante.

Entonces la inferencia racional es el grado superior de la inteligencia, la que es igual al progreso del Espíritu.

Pero la inteligencia parece tan independiente de la experiencia reflexiva, que algunos idealistas han querido prescindir de ella despreciando los datos perceptivos e imaginativos, fracasando en sus ideales como era consiguiente, porque restaban los procesos de la razón, que son automáticos con la inteligencia; es decir, inseparables porque son esos procesos el verdadero análisis metafísico causante de las inducciones a las experiencias deductivas.

El análisis metafísico nos hace ver algo más que lo material en el automatismo, que tiene su fundamento físico-fisiológico-psicológico en la conexión de las fibras y celdas cerebrales; se sabe, en efecto, que cuando la conexión de las diferentes excitaciones psíquicas no se hallan establecidas, se requiere cierto esfuerzo para ejecutar el acto que puede resultar imperfecto; pero si la conexión queda establecida por la repetición de los fenómenos conexos a la facilidad y rapidez de las sensaciones, se unirá la perfección del acto mismo; lo cual sucede única y exclusivamente por causa de la evocación que hacemos a nuestro espíritu.

Así que, al igual del instinto por el que evocamos una fuerza que nos falta, la razón se desarrolla en virtud de modificaciones arraigadas que forman el hábito de obrar y perpetuadas hasta por la herencia y ambiente. Por lo tanto, no depende de la formación de la razón del individuo físicamente, sino del grado intelectual que le sirve de ambiente propio e interno.

Así, el producto elemental de la razón es la formación del juicio de las cosas, por el cual hace el reconocimiento de una relación entre dos ideas y establece la ley conociendo causa y efecto y definiendo juicios de juicios, que pueden ser.

1º Juicios universales: que son, cuando las ideas com­ponentes representan clases y una de las cuales está íntegramente comprendida en la otra; por ejemplo, "todos los hombres son seres racionales", "todos los mamíferos son vertebrados".

2º Juicios particulares: que son, cuando es la porción de una clase la que aparece extendida hasta otra porción inferior; por ejemplo, "algunos hombres no merecen llamarse racionales", "algunos vertebrados son mamíferos".

3º Juicio analíticos: que son, cuando las ideas son equivalentes expresando igualdad o identidad; por ejemplo, "el hombre es animal racional", "los animales tienen instinto”.

4º Juicios sintéticos: que son, cuando una de las ideas resulta modificada por la otra, pero establece una relación que no contiene la naturaleza de la primera; por ejemplo, "Fulano es hombre virtuoso", "el animal tal tiene más instinto que el cual".

Ya se comprenderá que esta última clase de juicios es la más importante para las operaciones inductivas; pero todas las formas de juicios tienen igual valor para la reflexión comparativa.

Los juicios son la materia prima de todas las operaciones de la razón; y los sintéticos es forzoso encontrarlos en todo juicio, particular, analítico y universal.

La forma elemental de la razón es el raciocinio, que es la asociación intelectual de varios juicios.

En efecto: Cuando de dos o más juicios simples surge un juicio compuesto, esta nueva idea resultante no es más que el producto del raciocinio. Porque raciocinar ya es juzgar en la más alta acepción, ya que analiza lo complejo del caso. Y en la mayoría de los casos el raciocinio lo efectuamos mediante el parecer, por la cerebración inconsciente, de lo que sólo tenemos conciencia de un juicio aparentemente simple. Es la característica de una razón clara.

PÁRRAFO 2º
LA RAZÓN SUMINISTRA IDEAS, SUBORDINADAS A LA REFLEXIÓN

No es necesario mayores explicaciones al punto de comprender que la razón suministra ideas que sirven de elemento básico a los principios de la reflexión, que nos induce a comprender las imágenes y las cosas por comparación. Pero se hace necesario al análisis separar las más esenciales clases de reflexión por gran economía científico-comprensiva, y son:

Razón comparativa: en la que observamos que los atributos del género comprenden a la especie; y los de éstos son comunes a todos sus individuos. Mas la calidad de éstos, diferentes de los específicos, nos sirven para distinguir un individuo de otro individuo.

Razón inductiva: El conocimiento específico de la clase, calidad o género nos induce a considerar por la reflexión comparativa a ver las leyes de causalidad entre las cosas perceptibles: cuyas leyes son universales e invariables. Es decir, que todo fenómeno es un producto de ciertas condiciones, de cuya percepción podemos inferir la existencia del fenómeno y del objeto individuo: porque de los raciocinios hemos fundado ya el axioma de la existencia por comparación deductiva nacida de la inducción.

Razón intuitiva: Hemos visto que el raciocinio (juicio que forma la razón) se detiene al considerar las relaciones de deducción e inducción. Entonces es que entre unas y otras encuentra relaciones superiores (que son conexiones de otras conexiones) sobre la base de principios constantes, que rigen las series de géneros y especies y también de causas y efectos.

Pues bien, ambas series, comparativa la una e inductiva la segunda, pueden ser integradas o extendidas con el auxilio de la imaginación; pero ésta no puede nunca llegar al límite de cada serie, a lo que sólo la razón es capaz de llegar, con ayuda de la intuición, la que nos sugiere las ideas terminales que llamamos abstractas, pero que son absolutas, como por ejemplo, espacio, tiempo y causa, como representaciones infinitas que por la razón universal entendemos límite de las series de simultaneidad y sucesiones.

En este último caso la razón representa el papel de los números infinitesimales del álgebra superior C. G. S., que representa el todo de las cosas y aún al espíritu y al Creador, para las inteligencias bien desarrolladas; pero es el fin, a donde la razón se dirige, porque igualmente es el único principio. Ya veis cómo hemos llevado al Espíritu y al Creador a la razón matemática y ¡tan inaccesible como lo hizo la religión!...

PÁRRAFO 3º
SÓLO LA RAZÓN ES CAPAZ DE LLEGAR AL LÍMITE DE LAS COSAS

Siendo la razón un escalpelo finísimo e inquebrantable, cuando ésta ha logrado limpiarse de prejuicios, ni reconoce ni se le oponen barreras para penetrar hasta el límite de las cosas aún más abstractas.

La razón que llega a comprender la causa de que el C. G. S. sea interminable ha penetrado en el secreto del infinito que nos reveló el tiempo, el peso y la medida en la que se basa la matemática positiva o condicional.

Mas al no encontrar límite en los números nos vimos inducidos por esos mismos números a deducir que su causa es inacabable y, por lo tanto, lo nombramos infinito.

De esta terminación, aceptada universalmente por su fuerza imponderable e indómita, pero dominadora de todo y de todos, aunque no quieran los más... imbéciles negadores, del absoluto ser, creador y mantenedor del C. G. S. que representa el infinito pensamiento del Eterno Más, la razón, ha hecho axiomas las Razones Matrices, de las leyes Filosófico-Matemáticas, que nos enseñarían la fisiología, la fisiognosia y la etnología del universo, encontrando la fisiología, la biología y psicología en el individuo, que nos servirían de jalones fijos del estudio de la vida en la que todo se condensa.

Aun cuando todo se supedita a un sólo absoluto, la razón (que tiene entera libertad), puede y crea un absoluto para cada género y especie llamándolo por su calidad causa, axioma y ley, o razón de ser, de las que vamos a mostrar las cuatro principales:

Razón de lo absoluto: Comprendiendo que un hombre ni todos juntos hemos podido entender ni penetrar, ni dominar ni apoderarnos del gobierno del universo, y lo que es más grave, ni desobedecer sus leyes; la razón nos impone la confesión de un absoluto Eterno, omnímodo y presente y es necio, pedante y sin razón el que ponga objeción a este absoluto constante, del que depende el hombre, porque es la vida de todo lo vivo y nada hay muerto; ni aun los pedantes opositores, que falaces, dan el todo a la materia; que sí, esa también es absoluta, pero supeditada al primer absoluto, al que sirve aunque no quiera.

La razón libre, llega hasta el borde de ese absoluto constante y lo comprende, pero no lo puede expresar, por la misma razón que no puede alcanzar al final del C. G. S. porque es inacabable; pero se convence que existe, porque la vida es continuada.

La razón del espacio: Aquí al hombre le es fácil compenetrarse, porque el mismo hombre ocupa espacio.

Razón del tiempo: Hay la misma razón de comprensión que para el espacio, y

Razón de las causas: La razón, por el raciocinio, comprende las causas.

Para comprender que yo tuve padre (si no lo conocí), me basta saber que yo tengo hijos. Para saber que existe el sol, basta con ver la luz que nos emite. Pero, ¿hemos con esto visto las causas? Seguramente no; porque sabemos que en los espacios interplanetarios, no se ve la luz. ¿Cómo se prueba por la razón esto? Vemos cruzar en el fondo azul una lengua luminosa (sea ella lo que fuere ya que no es de este lugar su análisis), y vemos también que brillan los planetas. Luego, por la razón deducimos que si es visible la luz del planeta y la de una lengua luminosa que cruza ese fondo, es porque hay oscuridad y si hubiera luz, no brillarían, se confundirían las luces en la luz del fondo; luego la luz es a causa del reflector que la proyecta: nuestra tierra es el reflector de las ondas vivas que emite el sol, y nuestros ojos, también son el reflector de las imágenes incorpóreas, como de las corpóreas.

Pero la causa absoluta en este caso físico, es la vibración del sol, del planeta, o de la lengua luminosa que cruzó el fondo. Mas, ¿es causa originaria el sol ni los planetas?

Examinamos la tierra y la vemos opaca, lo opaco no da luz sino por reflexión, luego ni la tierra ni el sol ni otro planeta son causa de la luz. ¿De dónde la recibe el sol, que emite ondas luminosas a todo su sistema? De otro sol mayor y aquél de otro y así por escala hasta el generador de la luz, y... ¿Quién queréis que sea esa Dinamo insuperable sino el que es causa absoluta y constante? Ese es el Padre universal de todos los espíritus y son su efecto convertido por su ley en causa universal de las formas mundos y hombres en los que residen todas las demás causas que a la razón sólo le es dado encontrar; con lo que llegamos al trascendental principio axioma y ley, de que, la Razón es sólo del espíritu porque el espíritu vive en el hombre único ser racional.

De toda esta argumentación descender hasta los corpúsculos encontrando efectos que veréis cada uno por su escala convertidos todos en causas relacionadas, entrelazadas y sucesivas consecuentemente.

PÁRRAFO 4º
LA RAZÓN COMPRENDE LA MATEMÁTICA PURA

¿Hay dos matemáticas? No hay más que un solo orden de números; luego no hay más que una matemática. Pero para compenetrarnos analíticamente de cada cosa por separado, tenemos que seccionar las cosas hasta lo microscópico sin cuya operación no podríamos entender lo telescópico ni el otro número mayor que llamamos Macrocosmo.

La causa de esto es que el espíritu entiende y penetra el Macrocosmo, cuando está en su estado libre; pero una vez que se encierra envolviéndose en la materia, se iguala en la opacidad y se ve coartado por la opacidad y la pesantez, porque se somete a este estado, por la necesidad de cumplir su mandato de extraer a la materia sus esencias y embellecer a la vez los mundos y sólo puede hacerlo adaptándose al grado rústico del mundo que perfecciona.

Entonces deriva de lo abstracto tiempo, espacio y materia, lo equivalente a sus medidas en lo rústico de la materia y nacen los números demostrativos de esas funciones que jamás son exactas en el todo, pero sí comprensivas en las partes, ya que demuestran los géneros, las especies y las cantidades, pero quedando el vacío que, aunque infinitesimal es un vacío; lo que está latente en el círculo.

A esto lo llamamos matemática positiva, porque podemos por ella medir, pesar, restar, dividir y sumar, dando valores relativos, comprensivos a nuestra necesidad; mas no son realidades en los sujetos numerados, aunque digamos un hombre, un caballo, un mamífero, pues en el análisis vemos que cada uno de esos unos es formado por casi infinitos unos, que sólo el espíritu es capaz de penetrar, y esto es la matemática pura, que no tiene círculo, sino cubo, cuadrado, en el cual vive la metafísica.

Pero la razón cuando es posible que sea razón (que lo es sólo cuando es libre de prejuicio), penetra en esa metafísica y lo tiene que hacer siendo hombre; pero para merecer ostentar el nombre de hombre por entero, es preciso que se conozca en las tres entidades que forman al hombre o sea: cuerpo, alma y espíritu, cada uno en su función, para la cual la razón comprenderá dos funciones trascendentales que son:

1º Las funciones del discernimiento expresadas en raciocinios deductivos e inductivos por los que hará las leyes.

2º Las funciones de la abstracción, que nos suministran los juicios intuitivos o ideas absolutas.

Estas dos series de funciones comprenden todo lo físico, y metafísico: es decir, del microcosmo, al macrocosmo; desde el corpúsculo material hasta el espíritu más puro que intuye e inspira continuamente a la razón del hombre.

Pero hay que decir definitivamente, que no puede existir ni subsistir la razón existiendo anomalías, y para mayor claridad y ley general, los denominamos prejuicios de la moral; porque cuando son anomalías de constitución congénita o provenientes de lesiones, deben llamarse accidentes, anormalidades.

En esos estados, las percepciones de la memoria son siempre incompletas y no puede la razón formar el juicio claro, conciso y terminante porque las asociaciones están mal organizadas en la conciencia.

Entonces la integridad y normalidad de todas las aptitudes intelectuales (sin caracteres excesivos, depresivos y perversivos), es la condición necesaria para el discernimiento y formación del juicio por la razón.

Creemos haber sido bastante explícitos para presentar el juicio de la razón, como tesis general filosófico-moral, del que debe depender siempre toda ley para bajar a los juicios particulares, en donde nace y se desarrolla de igual a igual la sensibilidad que nos va a ocupar ahora.