FILOSOFÍA AUSTERA RACIONAL
TERCERA PARTE PSICOLOGÍA ESPIRITUAL

CAPÍTULO I
La inteligencia

Sentemos primero que, la inteligencia, es una facultad que abarca todo, por lo cual es facultad del espíritu exclusivamente, pues sólo él es el Yo inteligente. Pero todo a lo absoluto está dotado de un grado de inteligencia, por que cada corpúsculo de la naturaleza universal, tiene un instinto propio; y cada instinto, es justamente un grado inteligente.

Decir que sólo el espíritu es inteligente, no es desconocer el grado relativo que cada corpúsculo tiene de inteligencia en su instinto, sino que el espíritu, abarca todos esos grados y por esto es, el todo inteligente de todas las especies y un grado más, el de su naturaleza espiritual, que vale este grado por sí solo, como entre todos los grados de todas las especies, por cuya causa domina a todos los elementos de los tres Reinos.

Como el hombre en sus tres entidades de cuerpo, alma y espíritu, está constituido de todas las especies de la naturaleza, resulta así, que en él, conviven todos los instintos también y de aquí sus terribles hechos por el antagonismo de los instintos, por que el espíritu tiene inteligencia como entre todos; lo que constituye su fuerza invencible y la sabiduría innata para ir dominando uno a uno a esa infinita jauría de instintos, que cada cual vive su ley natural.

Hay un larguísimo período (de miles de millones de siglos) en que el espíritu parece dormir y está representado ese período en el año de Brahma, que en la primera parte hemos expuesto; y yace el espíritu encerrado en su huevo (su alma) en cuyo tiempo han de saciarse cada instinto en su ley; y en ese largo período, se desarrollan las pasiones en toda su crudeza, hasta que los instintos más progresados se han saciado de su ley y formado mayoría, no empieza la conciencia; y es ese el momento preciso en que, el espíritu, que parecía dormir y no tomar parte en nada, abre la cáscara (su alma) y aparece como Juez y Señor, señalándose entonces rumbos precisos en el progreso.

Es necesario sentar y sentamos que: si el espíritu no tuviera esa inteligencia y sabiduría para hacerse el dormido dejando en libertad a todos los instintos para saciarse de su ley, no los podría dominar, ni era posible la corrección, por que cada uno reclama su derecho, que no se le puede quitar: lo que quiere decir filosóficamente, que, sólo la hartura es la que corrige. ¿Una prueba?, que no hay más que prohibir una cosa, para desearla y robarla: lo que a la vez nos dice que, la prohibición es un desacato a los derechos individuales, lo que constituye el robo: no por que se tome la cosa se falta, sino porque la falta, el delito, lo constituye la ley que se hace para prohibir el tomar la cosa, que la naturaleza produce y brinda a todos los individuos sin distinción. Y sino. ¿A que no sois capaces de encontrar en la infinita variedad de las cosas que cría la naturaleza, una sola a nombre exclusivo de un individuo?

Entonces lo único que tenemos el deber de hacer es, educar a todos los individuos bajo ese absoluto principio; y cada uno, sólo tomará lo necesario a su vida, aun tratándose de la posesión de la mujer, por que, educada al mismo nivel del hombre, ella justamente sería la reguladora más fiel del amor de la carne, punto máximo de la moral social y de la inteligencia verdadera.

Sentados esos puntos de sabiduría de la inteligencia universal e individualidad de cada hombre-espíritu, es hora de estudiar por la ciencia los puntos por los que se comprende la inteligencia materializada, única forma como puede ser ciencia, o ley demostrada, que es lo que se propuso el espíritu en su larguísimo sueño de ley y sabiduría, para no estorbar que cada instinto se hartase de su ley; después de lo cual, se entra en el discernimiento que nos lleva a entender las cosas, que es lo que, el materialismo llama inteligencia; lo más pequeño y raquítico, pero que el espíritu lo prepara así, por la necesidad de que los instintos se harten: luego vendrá el escarmiento, por el sufrimiento del equívoco, causado por la desmedida del disfrute de las cosas agradables, convertido en pasiones. Hagamos puntos.

Punto I - La percepción

Ya hemos visto en el tratado de los sentidos, que la evolución impresional remata en la sensación, que aquí, ya la llamamos conciencia, porque es un hecho consumado: Ya lo sentimos no como fenómeno interno solo, sino que lo apreciamos también externamente y aun lo medimos bajo la ley de Su por qué, para lo que debemos tener presente que, los estímulos actúan sobre los sentidos, por contacto en las impresiones geométricas, dinamométricas y gustativas: por proyección en las olfatorias, auditivas y ópticas; y de ambas maneras, en las termométricas.

Como es sabido estas últimas pertenecen al sentido de la vida orgánica, pero pueden iniciarse por acción o inducción sobre la piel u órganos exteriores del individuo.

Aquí llegamos ahora al caso de examinar de nuevo los sentidos por los que percibimos la sensación, por adaptación.

Punto II - El tacto

La percepción de las cosas que el tacto nos anuncia nos lleva a la inteligencia de la cosa percibida.

Pero el tacto dispone únicamente de músculos de dirección que no son especiales, sino pertenecientes al sentido muscular interno: pero sí sirven para el transporte de los órganos hasta los estímulos y aun, para reconocerlos; cuyo trabajo determina en la conciencia, la ubicación y dimensión del objeto estimulante. En el tacto y con esas leyes, tienen los médicos la base del diagnóstico o conocimiento de la causa de muchas y aun de todas las enfermedades, posibles de averiguar por el exterior, a causa de que la presión del tacto externo, hiere los nervios y músculos, que llevan el dolor o sensación a la raíz del nervio o músculo causante: y si la conciencia del paciente está hecha, él mismo señala o dice el punto local, donde repercute la presión del tacto.

Punto III - El gusto

Este sentido, sólo dispone de músculos de acomodación y son principalmente los de la raíz de la lengua, a la que, movimientos destinados a facilitar la disolución de las substancias de sabor, que nos dan la inteligencia de la substancia saboreada, por la percepción del sabor, que ya está latente en la conciencia.

Punto IV - El olfato

El olfato, se dirige al encuentro de los estímulos y dispone de los músculos del cuello y de la cabeza, como propios; pero tiene a su servicio para la acomodación los músculos de las alas de la nariz, cuyas contracciones, facilitan o estorban la entrada de los gases estimulantes.

Ya sabéis que, el olfato y el gusto se complementan; y observar que, es muy raro que el olor percibido sólo por la nariz, no lo gustemos aun a nuestro pesar en la boca, ni somos dueños de que el gusto, no sea percibido también por la nariz.

Punto V - El oído

A este sentido, le son propios para la dirección los músculos del olfato; pero para los efectos de la acomodación de sus aparatos auriculares dispone de sus músculos especiales, llamados el estapedio y el tensor del tímpano.

Punto VI - La vista

En la vista, cada ojo dispone de músculos especiales, para la dirección, como también para la acomodación. Tiene seis músculos directos que nos dan la percepción y casi apreciación de la ubicación, movimientos y dimensiones de los objetos que, con ayuda del metro u otra medida, complementamos.

Otros tres músculos, llamados (el ciliar y los del iris) hacen el trabajo de acomodación que nos hace apreciar la distancia, dirección, movimientos y hasta la forma de los estímulos.

Ahora bien: del estudio expuesto resulta que, mientras la localización nos revela la presencia del estímulo y su posición con respecto a los órganos de nuestro cuerpo, otro trabajo paralelo y también complementario de la sensación, tiende a exteriorizar las calidades de esa sensación ya percibida como ser la forma, el relieve, color, tamaño, etc., etc., que las atribuimos al objeto: esto es la objetivación que obtenemos, resultando de la asociación de los movimientos musculares a la acción central y periférica del sistema nervioso, ya descriptos.

Así, pues, el estado de conciencia anexo a la sensación se impone fisiológicamente de los movimientos de dirección, asociados a la excitación sensitiva y al progreso de acomodación de los órganos sensores: y Psicológicamente, de la extensión y forma asociadas al color, resistencia, sabor, olor, sonido, etc., etc.

He ahí los elementos Psico-físicos de la percepción o ya conciencia clara y distinta de la sensación, mediante una relación especial entre el sujeto y el estímulo. Y en virtud de esa relación, es localizado el estímulo, siendo objetivizadas en el mismo, las calidades de la sensación.

Es por lo tanto la percepción de una cosa, la seguridad de ciencia y conciencia, que ya está formada, y vive en nuestra inteligencia, la que sólo puede ser nuestro espíritu en todos los casos sin excepción posible: y el haber querido los hombres cultivadores de las ciencias, prescindir del espíritu, es causa del gran retraso y vacíos que aún tenemos en las ciencias, los que llenamos en estas lecciones austeras.