CAPÍTULO X
Escuelas religiosas y socialistas

Todo ese catálogo de conclusiones de Spencer, recopilación de todas las filosofías habidas hasta él, no dejarían de afectar a las colectividades sociales en los órdenes religioso y civil y es la confirmación del inciso H., que hemos sacado del conjunto Spenceriano.

En efecto; todo el siglo 19 y hasta ahora, dura la lucha de esos dos polos opuestos, que los dos no son la representación verdadera del sentimiento y del derecho.

De la religión hemos dicho en todos los capítulos lo bastante para su no existencia; pero aún viene al palenque en contra del socialismo, lo que nos prueba que la religión es contra el derecho de los hombres y del progreso.

Pero la inflexible ley del creador es tan sabia que saca bien del mal y obliga inconscientemente a los mismos detractores a servir de arma para los fines máximos, lo que os probé en la fundación de la compañía de Jesús.

Cansados los hombres de ser esclavos van a buscar sus derechos dentro de la sociedad, basándose en los buenos principios de Kant para la moral y ahora de Spencer para lo social, político, científico y material.

Saint Simón en el primer cuarto del siglo 19, aunque un tanto autoritario, trató de participar de los frutos del trabajo común; pero sentaba mal su principio distributivo que debía ser, según la capacidad y esfuerzo de cada uno, lo que es imposible legalmente.

Fourniere, un poco más tarde, se opone a Saint Simón: y más radical, se opone también a la intervención del estado y quería asociaciones libres de trabajadores; pero también cae en el error más grave, pues quiere que el reparto lo hagan los mismos trabajadores de acuerdo con su trabajo, aptitudes físicas, morales e intelectuales del individuo, lo que aún es más imposible que lo propuesto por Saint Simón.

Proudhon, como un tercero en discordia, cree (Proudhon es materialista) en la armonía de las agrupaciones. Idea la reciprocidad de los servicios de los individuos, subsistiendo el estado hasta la suficiente consistencia de las agrupaciones, para regirse ellas mismas: como se ve, Proudhon era demasiado cándido (1).

Entretanto, Roberto Owen hace cosas prácticas; y tomando la idea socialista a pecho, y hasta convencido de llegar a la meta, dedica a la causa todo su haber, ingenio, recursos y tiempo, tratando con el ejemplo de aliviar las clases trabajadoras empezando a agruparlas en colonias organizadas (según él entendía) para el mayor bien de los asociados.

Owen ha expuesto un principio lógico y de aquí su fe; ha dicho: "El hombre sólo obedece a motivos; y los únicos que lo impelen al bien o lo apartan del mal son los premios o castigos de los centros anteriores; pero si se consigue que las remuneraciones del trabajo superen a los frutos de la rapiña; que los goces del hogar jamás puedan ser superados por los goces del libertinaje; entonces, las sanciones jurídicas son innecesarias y el hombre, espontáneamente, ejercerá el bien".

Sin duda que ese es un buen principio comunista, si procediese del principio comunal, pero Owen, debía primero, haber educado tres generaciones y además conocer y tener en cuenta las aptitudes innatas y el grado de progreso de la humanidad y habría podido ver, que sólo era hora de cultivar las ideas y preparar el acceso del comunismo; pero tenía, para eso, que arrancar el prejuicio en los hombres y la religión de todo el mundo.

Sin embargo, sembró bien y templó la causa del mal, aprontándose a la defensa; y, Lamennais, Maistre y Bonald, aguzan sus cerebros y cada uno trata de poner su piedra en el dique que contenga la nueva corriente que se inicia en los hombres, hasta ese momento esclavos.

Maistre quiere sostener de nuevo lo que los hombres rechazan: "El gobierno temporal de la religión necesariamente adherido al espiritual", lo que no cabe en ninguna religión que rechaza a los hombres que no la profesan; pero esto quiere salvarlo Maistre, con astucia, apelando a la "Providencia"; pero esto ya los hombres habían visto que, la providencia está en el trabajo al que la providencia se adhiere, porque el trabajo es el ministro de finanzas del Creador, el cual es la providencia de todos los hombres sin excepción.

Lamennais, es más razonable y se apoya para la defensa de la religión, en el "Consentimiento Universal" sobre la certeza de la verdad religiosa. Pero es una petulancia singular, desde que ya estaba probado que la religión tiene más errores que toda agrupación social, y de ella, se salen todos los hombres en cuanto llegan al discernimiento. Y además, los hombres ven que esto, vuelve al pecado original de la religión católica, apropiándose lo que nunca fue de ella, el consentimiento universal que nadie le dio, ni lo consiguió, ni aun con el terror de la inquisición, las excomuniones, las cruzadas, el infierno, ni con la promesa del cielo.

Bonald, entonces apela a la "Revelación divina" para asegurar la certeza de los atributos de la iglesia católica; pero en ese momento se descubren los médiums por todas partes y los espíritus hablan en reuniones de hombres antirreligiosos; mueven mesas, muebles y aportan objetos, incitando a los hombres a su estudio, encargándose los espíritus mandados justamente por la "Providencia", a desmentir a estos falaces y en ellos a la religión, dándole la razón al socialismo, no recién nacido, sino despertado, pero que volvió a dormir dejándose anestesiar y pasó en discusiones el tiempo que debió ser de su reinado.

Y bien. El socialismo (como toda otra idea) en sus comienzos, no puede ser perfecto. Necesita la experiencia para fundamentarse. ¿Lo ha conseguido?... Desgraciadamente No. ¿La causa? Simplemente, el prejuicio, el temor egoísta de que uno sea más que el otro, derivado de la ignorancia.

Estos defectos congénitos, los conoce de sobra la religión y los aprovecha, con más el soborno y la intriga, para lo cual la Iglesia Católica, agrupa entonces a los obreros que aun son inconscientes y los forma en centros opositores y los delega bien aleccionados entre los verdaderos librepensadores, para dar notas discordantes que manchen a los progresistas, incitándolos a rebeliones que no pueden prevalecer porque no son espontáneas; pero son causa de que la supremacía dicte leyes irracionales de represión, de cuyo modo alejan y debilitan al enemigo.

Pero el socialismo, es un acto espontáneo del destino de los hombres de progreso: podrán no dejarlo sentarse en el gobierno del pueblo por causa de la fuerte presión de los enemigos del pueblo, del progreso y de... la humanidad; pero no dejará de cumplir su misión de puente entre la esclavitud y la libertad; entre el imperialismo egoísta y brutal cuanto parásito y malversor y el comunismo de Amor y justicia equitativa: y el socialismo lo ha cumplido, como idea y decreto de las leyes inflexibles de la evolución. Más no han cumplido sus hombres (lo que probará la historia) causa por la cual, el socialismo no fue poder constituído y responsabilizamos a los socialistas prejuiciados, que por su causa, explotó en las fuerzas centrífugas ocasionando catástrofes innecesarias como las de Rusia y las que en estos momentos se ciernen en todo el mundo, pero ya necesarias como consecuencias de la falta de unidad, del orgullo de los dirigentes socialistas y de su materialismo incapaz de iluminarse, con lo que dejaron de ser hombres de Virtud socialista y aun muchos son socialistas... Cristianos...

No; el socialismo no es un régimen; el socialismo es el puente entre el régimen de la mentira y el terror y el de la verdad y el Amor.

Más de las controversias y hechos entre los dos extremos, se ha hecho la luz y podemos unir los dos mundos, el material y el espiritual, reinando el espíritu y teniendo la materia en usufructo toda su ley, que aun los materialistas no supieron darle.

Anotemos en un gran capítulo los puntos de esta lucha traducidos en ciencias.

(1) Proudhon, Fourniere y Saint Simón, como muchos otros, erróneamente hablaron del “estado”, entendiendo el gobierno. El Estado es el pueblo, la nación, con todas sus cosas.