CAPÍTULO VIII
Filosofía alemana

PÁRRAFO 1°
EL ILUMINISMO DE WOLFF

"Cristián Wolff, en la mitad del siglo XVII examina las doctrinas de Leibnitz y trata de reducirlas a un sistema científico riguroso; pero hace la excepción de las ideas morales de aquel filósofo, pues Cristián hacía consistir la moral en la perfección y la finalidad o sea la moral humana, siendo la directriz de esa moral y finalidad la Razón que debería regir los actos humanos; a lo que se ha llamado Iluminismo, porque así consideró a la inspiración que el hombre recibe, aunque sea de su razón.

El principio es bueno y encontró en boga los principios de Locke, pudiendo decirse, que Alemania se había entregado a la Revisión de las filosofías de los otros pueblos.

Del resultado de ese examen del que Wolff sentó el principio de la razón, debían nacer los fundamentos prácticos de ésta y así fue en efecto.

PÁRRAFO 2°
KANT Y SU CRITICISMO

Tantas concomitancias de las diversas filosofías examinadas de las que Wolf saca su principio racional, atraen a Manuel Kant (1), que sigue en los comienzos a Wolff. Pero lo abandona para formar su Criticismo en el que examina por el raciocinio iluminado "la razón pura", la razón práctica, bajo una crítica bien fundada, no librándose de esa crítica el juicio ni los fundamentos metafísicos de la Moral y del derecho, marcando el principio definitivo del progreso abierto y descubierto, ya que empezaba la crítica o juicio de las cosas por las mismas cosas: todo lo cual llevó la revolución moral y social a todo el mundo, preparándolo para su renovación.

Vamos a exponerlo: Según Kant, "La razón pura es el análisis del conocimiento, o sea la facultad de conocer las cosas u objetos que afectan nuestra sensibilidad interna y externa".

Según esto, ningún conocimiento tenemos que no sea hijo de la experiencia. Es verdad; pues supone también conocer la metafísica de los conocimientos y aún más, no tener ningún prejuicio para juzgarlos.

Entonces encontramos, que no todos los conocimientos que tenemos vienen de la experiencia, porque ésta nos manifiesta sólo lo que es la cosa, en el acto que nos impresiona. Pero ¿de dónde procede? ¿Cuál será su fin? He aquí la metafísica, dando material a la experiencia para los juicios universales, los cuales son el sentir común sin pruebas experimentales, porque no las tenemos, como ser, de la vida, de la creación, y del creador y ni aun del Alma y del Espíritu, si por pruebas entendemos un análisis químico.

Pero Kant salva muy sabiamente estas excepciones diciendo que "Formamos juicios necesarios y universales, los que vienen de otra fuente que de la experiencia" a cuyos juicios llamamos a priori; mientras que los derivados de la experiencia los denominamos a fortiori.

Sigue Kant: "La Metafísica está basada para nosotros en el juicio a priori, y es juicio universal, ya que las experiencias a fortiori, no han podido demostrar lo contrario del juicio y convicción de todo el mundo, sobre la Metafísica".

"Entre nuestros juicios tenemos los analíticos y los sintéticos".

"El juicio analítico es el que nos muestra el atributo idéntico al sujeto, y el sintético, en que el atributo añade alguna cosa a la idea del sujeto".

"Todo juicio analítico es a priori, porque no hay necesidad de experiencia, para sacar de una idea lo que está comprendido en ella necesariamente".

"Casi todos los juicios sintéticos son a fortiori; pero hay también de ellos a priori, como en los que se fundan las matemáticas, la física y la metafísica y el alma y el espíritu".

"En todo juicio a priori vemos la materia suministrada por la sensación y la inteligencia, ve las formas, a las que aplica el análisis".

"Pero el espacio es una forma que imponemos a la materia que nos da la sensación; es una forma necesaria de la sensibilidad; es una representación a priori, pero que contiene todas las representaciones a posteriori".

"El espacio sólo tiene tres dimensiones, y la geometría que lo representa está fundada en las propiedades del espacio, independientes de toda experiencia, pero combinadas con la necesaria idea del espacio y así los juicios Sintéticos a priori, que prueban que el espacio no está en los objetos: y que es una forma que está en nosotros como previa condición de nuestra capacidad para adquirir la intuición de los objetos, lo que igualmente sucede con la idea del tiempo".

"Las formas puras del entendimiento son la de cantidad que nos suministran la idea de unidad, pluralidad y totalidad".

"La calidad nos da las ideas de la realidad, como también las de la negación y limitación".

"La relación nos da las ideas de inherencia y subsistencia (substancia y accidente); causalidad y dependencia (causa y efecto); de comunidad (acción recíproca y relación entre los términos).

Todos estos términos podrían conducir a un idealismo demasiado y a un escepticismo que no tienen, por la razón científica que encierra, y Kant, dándose cuenta, previene esos dos extremos, con otra teoría importante; y dice al efecto:

"Los fenómenos de la conciencia, no suceden sino en el tiempo; y no son perceptibles en el espacio; sin embargo, nos sugieren la noción de la mudanza por su diversidad y sucesión; necesitamos, pues, alguna cosa que persista. No es el yo, por cuanto no tenemos intuición de él; porque suponerlo sería hacernos un círculo vicioso; mas en cuanto al no-yo, percibido en la mudanza y con ella al de un mismo que subsiste. Así ya se concibe la substancia del No-yo, pues, tomamos la idea de variación, de sucesión, de duración y de substancia, para trasladarla al yo. No podemos, pues, concebir los cambios de éste sino bajo la condición de una existencia externa que persista. Así ya el N o-yo es la condición de la conciencia y de la moral de nuestras determinaciones internas. El No-yo, existe, pues".

He aquí que Kant ha establecido lo bastante bien la razón del conocimiento del Yo, por la demostración externa del No-yo. La razón es sencilla.

Yo no podría afirmar por mí mismo, Éste es mi Padre; pero hete aquí, que lo veo desde que puedo ver que ejerce las funciones de tal a mi alrededor, un hombre, el cual además va sentando en mí que es mi progenitor y la demostración de sus funciones me afirma que aquel No-yo, es mi padre, que se asienta en mi yo. Este mismo ejemplo se dilata hasta el infinito en las demostraciones externas de todas las cosas; y nos queda probado, que las cosas se mueven, luego son. Existen. Lo que a la par prueba, que nuestro yo, también persiste.

Pero ahora encontramos esta objeción, la experiencia no percibe substancias: y la inteligencia no puede conocer números sin substancia; y si esto fuera un axioma irreductible, caería por tierra toda la argumentación de Kant y toda la Ontología de la inmortalidad del alma y la existencia de Dios.

Oigamos a Kant, dice: "La idea de causa libre, no está determinada sino por ella misma. Es menester, pues, que el motivo, en virtud del cual se determina, obre sobre la causa, sin obligarla".

"Dentro de este criterio racional inquirid, que cosa sea un motivo que no os fuerce y veréis que, sólo la obligación moral tiene esta virtud".

Aquí está lo irresistible de la doctrina: es cierto que la obligación moral no es un impulso de nuestra sensibilidad, ni una fuerza extraña sugerida: es una idea, un concepto del deber que obra en nosotros sin obligarnos, pero que se nos impone a nuestra razón, y, sin embargo, no sujeta nuestra actividad. Lo que quiere decir, que por esta idea o concepto, no podemos ser libres racionalmente, porque proponiéndonos por fin, cumplir un destino concurriendo al orden y progreso: lo que es evidente; pero sujeta solamente a nuestro juicio, nuestro concepto, o idea, dejándonos en libertad de conformar o no a ese destino, nuestra conducta. Y como ese motivo no lo vemos en nosotros, deducidos que, ese motivo que impone sin obligar, es la causa universal que llamamos Dios, el que es fuerza que exista, puesto que nos impone sin obligarnos.

Ya, por esa misma grandeza descubierta se ve el hombre en la necesidad de obligarse a coadyuvar al orden y el progreso: y como esa necesidad nace espontánea en cada hombre, resulta que, la obligación tiene carácter absoluto, porque es universal y universalmente es ley que ninguno puede eludir, aunque Kant, considere al hombre Autónomo.

Entonces, la obligación, es una ley fatal, por la necesidad que tenemos de obrar: pero no es fatal físicamente considerada como la que hace gravitar los cuerpos; ni tampoco una necesidad matemática; sino que representa una necesidad moral, por la que el hombre se ve obligado a obrar y obra.

Luego la obligación no viene de la sensibilidad, sino de la Razón, del yo racional: Y si hay un motivo que al yo racional le impone sin obligarlo: pero que él se obliga por la necesidad del progreso; ¿Para qué le serviría la obligación y el progreso que alcanza, si había de morir? Luego si todos los hombres, en libertad, pero por el destino, el deber y la obligación, obran el progreso, este es para disfrutarlo. Y como nuestros cuerpos no lo disfrutan y no pueden resistirse a la obligación del progreso, que no es materia, El yo, lo hace para disfrutarlo; y entonces el alma ni el espíritu no mueren y así es justicia que sea: lo que probaremos materialmente, cuando hablemos del alma humana, en su capítulo correspondiente.

Kant, estudiando los motivos imponentes que llama "Imperativos categóricos", ve que importa decir Deber y en ello se manifiesta estoico, puesto que él se obligó en voluntad racional.

Luego estudia el derecho y dice: "Si yo tengo el deber de ejecutar el bien, cualquiera que me ponga obstáculo, hace una injusticia, me usurpa el derecho y si esto lo hace a sabiendas, obra el mal por odio al bien y me asiste el derecho de pedir a la comunidad, que haga justicia al que usurpa el derecho de obrar libremente mi deber, que es el bien para la comunidad; y como estoy autorizado a obrar el mal, poniendo obstáculos a mis semejantes, obro mal, porque no los dejó cumplir su deber; esta es mi idea de Justicia".

Recopilemos a este benefactor de la humanidad para que las máximas sean el reconocimiento de los hombres: y se desprende de sus obras:

1° Tu modo de obrar, quiere que sirva de ley universal.

2° Tus obras, tus máximas y tus prácticas, deben constituir la ley universal de las acciones humanas.

3° Tus acciones, deben encerrar el bien común de la humanidad, por todo fin.

No merece menos Manuel Kant, que pediros a los estudiantes, que esas máximas las recordéis en su nombre, pues desde él, empezó el progreso abierto y descubierto.

(1) Manuel Kant, de Koenisberg (1722-1804), fundador del "Criticismo". Sus obras son: "Crítica de la razón pura", "Crítica de la razón práctica", "Crítica del juicio y fundamentos metafísicos de la moral y el derecho".