CAPÍTULO VII
Filosofía italiana moderna

PÁRRAFO 1°
LA CORRUPCIÓN Y SUS CAUSAS

No podemos señalar obras filosóficas en Italia en los tiempos modernos; es más bien allí donde han recibido el golpe mortal toda las filosofías racionales, puesto que allí se han corrompido todos los principios desde el siglo de Cicerón, hasta el feliz año de 1870 de la era vulgar, mal llamada cristiana.

Desde la alta moral política ciceroniana, hasta el péndulo de Galileo, todo se ha corrompido, desfigurado y amalgamado en Roma: y aunque Roma no es la Italia está en Italia y esa familia, durante el imperio papal, fue tan corrompida como su emperador en lo moral y fanático en sus concupiscencias; que aunque después del golpe feliz de Garibaldi, el estado civil haya trabajado como ningún otro estado de la tierra en civilizar al pueblo, los prejuicios echan tan hondas raíces, que se necesitan varias generaciones para hacerlos morir; pero ha de ser a condición de arrancar la raíz e Italia no la arrancó por amor al tesoro que el papa lleva al Vaticano; lo que quiere decir a Roma, a Italia; por lo que no es de extrañar que la justicia de la ley inexorable, caiga con todo su rigor sobre la Italia que consiente en la vida de la raíz del mal mundial.

En todas las lecciones que quedan atrás, hemos visto ya las entrañas de la iglesia católica y los frutos que ha dado y la historia nos describe sus falsificaciones en los archivos y los incendios de lo que no le era fácil mixtificar, por lo que basta decir que, la religión es la causa de la corrupción total.

PÁRRAFO 2°
GIORDANO BRUNO

También hemos tocado a este hombre más atrás; pero es de necesidad darle su párrafo especial aquí, para probar que el creador mandó a Italia sus más preclaros y fuertes obreros, para que no pueda aquel pueblo acusar a la ley ni él excusarse de que enfrente de sus concupiscencias no se le haya predicado la verdad, aun a costa de la vida de esos misioneros, como queda probado por la condena de Galileo, la muerte de Juanucho y la de Giordano Bruno en la hoguera.

Valiente, audaz, luminoso y sin rodeos, se mostró Giordano en su destierro y en el claustro, no consiguiendo hacerlo callar ni entre las llamas de la hoguera que lo consumió.

¿Sus principios? Copiemos este trozo de un diálogo habido entre Giordano y su compañero, también Fraile, el padre Bonifacio que antes que Giordano también fue quemado, porque abrazó las ideas de su colega:

P. Bonifacio. - ¿Habéis retirado las Imágenes?

Giordano. - ¡Ah! Sí.

P. Bonif. - Os habéis perdido.

Giord. - Será el Padre Palermo quien trata de perderme; no los Santos.

P. Bonif. - ¿Lo decís con esa sangre fría?

Giord. - No quiero imágenes en mi celda que son objeto de idolatría. Que la purifiquen cuando quieran, pero que dejen en paz a los santos; que los dejen morir en un rincón el sueño de la materia.

P. Bonif. - ¡Jesús! ¡Dios mío! ¿Qué daño os hacen?

Giord. - Fuera de mi vista; no quiero ninguno.

P. Bonif. - Los santos constituyen la corte celestial.

Giord. - Mi corte celestial es otra...; ponga las miradas arriba, en el firmamento, no en las paredes de ninguna celda. Fíjese en aquellos puntitos luminosos. Son esferas brillantes... Son... Astros... Son Mundos... Allí reverbera el espíritu de Dios. Aquella es mi corte celestial.

P. Bonif. - Rendid culto a esa idea, pero que no tome expresión en vuestros labios. Haceos cuenta de que en cada santo contempláis un Astro, aunque así no sea.

Giord. - La verdad debe adorarse en su forma propia, que ha de ser también verdadera. Si ellos, los padres, no están conformes con mi corte celestial, que imiten mi conducta; que descuelguen las Estrellas y las retiren del firmamento. ¿Podrán?... y basta Padre Bonifacio. Aquí sólo hay un hecho meritorio y es el cariño que me profesáis, nacido de un corazón sinceramente piadoso. Adiós.

P. Bonif. - No hay forma de convencerlo... parece que su voluntad gira sobre un eje de Diamante... ¿Quién le da esa convicción? Si son errores los que alimenta, ¿cómo no se estrellan ante la verdad que nosotros sostenemos? Dice bien que los astros que brillan en... ese... Cielo... no pueden descolgarse... Basta... Basta... el padre Giordano acabaría por convertirme a sus ideas... y el padre Bonifacio aceptó las ideas de Giordano y muere quemado.

La condesa Fiorina ampara a Giordano, pero por la fuerza del inquisidor, ésta es arrollada y aparece como entregando a Giordano. Sigámosle en su último apóstrofe.

Giordano. - La condesa Fiorina vivirá eternamente en ni memoria, mientras haya un latido en mi corazón... Regocijaos. Inquisidor: Ya tenéis carne viva para darle alimento al fuego de vuestras hogueras...

P. Palau. - ¡Calle el Apóstata!

P. Dionisio. - Habrá que ponerle una mordaza.

P. Roca, inquisidor. - Al contrario... Ahora ya está en nuestro poder... déjenle que hable. Cada palabra que sale de sus labios, es un documento de herejía.

Giordano pronuncia su última palabra -Amordazaréis mi boca, mas ya no podréis impedir que se hable en todo el mundo de mi Doctrina: haréis que la muerte selle mis labios, pero no podréis borrar la verdad ya impresa en mis libros. Abrasaréis mi cuerpo, pero mi espíritu flotará sobre las cenizas. Escuchad mi profecía. Rodarán los siglos; los cadalsos que ahora levantáis, se convertirán en monumentos de Gloria... y los cuerpos que ahora devoráis por medio de las llamas, resurgirán por arte del genio, en mármoles y bronces... Rodarán los siglos y caeréis vosotros... el pensamiento será libre... Y la bestia del fanatismo, será expulsada para siempre de la conciencia humana... Vamos... y es puesto sobre la pira...

La condesa llega aún para tratar de salvarlo: ve que ya es tarde y en un arranque de justa ira, dice: Padre Roca... Lobo del hombre... ¡muere!, y le clavó su puñal gritando: "Justicia... Giordano... Justicia..." y rueda la condesa, al propio tiempo que Giordano expira.

¿A qué filosofar? Sabed sólo que, Giordano, fue antes el autor de los Átomos, Demócrito, que había sido también la mártir Lucía; y que hace poco fue don Juan Álvarez de Mendizábal, que confiscó y expulsó de España a las órdenes monásticas. En cuanto a la condesa Fiorina, era (su espíritu) el mismo de la hermana de Demócrito, Demetria.

Filosofar mucho en estos puntos y pensar, que es posible que todos esos protagonistas estén de nuevo en la acción y que se cumple la última profecía de Giordano: "Y rodarán los siglos y caeréis vosotros y el pensamiento será libre". Y la bestia del fanatismo será expulsada para siempre de la conciencia humana".

¿Habéis podido daros cuenta de la causa de la corrupción y fanatismo de Italia? ¿ Puede borrarse del suelo italiano ni la mancha ni la corrupción? Y si no puede, porque se infiltró en las capas de su Humus ¿qué tendrá que hacer la ley de las Armonías? Dos son los elementos purificadores: El fuego y el agua que la justicia divina utiliza sin odio y no como castigo al hombre, sino para ayudar al hombre en su progreso, cuando como ahora se hace conciencia de su error.

PÁRRAFO 3°
VICO

Italia fue una continuada revolución; desde el nacimiento de Roma hasta el desastre presente, todas las catástrofes de las naciones o universales han tenido su germen en Roma, bien lo veamos en la historia de los Reyes, Césares y Emperadores, lo mismo que estudiemos la historia del papado.

Durante esos siglos, también Italia tuvo revoluciones internas del papado contra las repúblicas y de estas contra el Imperio papal, nunca reconocido por entero por el pueblo; por cuya causa, más de cien veces fue Italia invadida por el extranjero llamado por el papado, o porque iban a castigarlo.

El pueblo italiano siempre ha protestado de la esclavitud a que lo han querido someter por la religión: pero ésta, en su astucia, corrompía siempre la sociedad plutócrata y aristócrata, que por leyes irracionales ha dominado bajo el terror material y espiritual, para cuyo fin se prejuiciaba al pueblo, al que se le imponían obligaciones y no se le daban derechos.

El clamor ha sido continuo y la ley divina oyó siempre esos clamores del espíritu por lo cual hizo siempre encarnar allí espíritus de acción, sabios y rebeldes, por cuya acción, ha podido llegar Italia hasta aquí, en continuada lucha de cuerpos y principios.

El italiano, no tiene términos medios; en su fanatismo es extremo y en su odio también.

Las causas son muchas; pero la apuntada arriba de la presión religiosa, es la mayor.

La lista de sus sabios, es mayor que la de los demás pueblos; la de sus crímenes, se iguala a la suma de las de todos los pueblos; pero del balance frío, resulta; que los males ocasionados nos da mil males grandes, por cada bien pequeño.

Mas no es el pueblo responsable, desde que siempre protestó y cuando le ofrecieron la ocasión de reivindicar sus derechos prestó sus cuerpos y, Garibaldi dio el golpe mortal al tirano común, desde cuyo momento entró en la agonía (1).

La doctrina y leyes de Servio Tulio, han perdurado, aun en medio de la bacanal de largos siglos, porque todos los misioneros y apóstoles de la libertad; del derecho y la moral, han vivido en Italia.

Pero de todos modos; comparada tanta abundancia de bondad de la ley suprema sobre aquel pueblo, con el adelanto moral realizado, tenemos la tremenda proporción de uno a un millón, quedando deudor de novecientos noventa y nueve mil, lo que forzosamente había de causar la quiebra.

La fortaleza del pueblo es legendaria y digna de tenerse en cuenta; pero habrá que matar su fanatismo singular y vivirá en la unión de los pueblos, todo aquel que mate el fanatismo y el prejuicio tan hondamente arraigado; lo que empezó a hacer el filósofo Jurista Napolitano Juan B. Vico en el siglo XVIII, buscando el derecho Civil.

Vico se inspiró en los principios de Giordano Bruno, del que extrajo los puntos de su metafísica.

Ahondó en la historia, procurando buscar un método para un escuela histórica moderna, de cuyo estudio consideró que, "Ciertos personajes tenidos por históricos, cuando no eran Mitológicos, eran a lo más Colectividades o alegorías, como Rómulo".

En la iniciación del estudio de la filosofía del derecho, sentó boyas para iniciar la filosofía positivista, que mucho le sirvieron a Comte.

Es todo lo que podemos decir de Italia, referente a filosofía; pero téngase presente que, una chispa que diera Italia, equivale a una hoguera que dieran Inglaterra o Alemania, porque en éstos había libertad.

(1) Es hora y éste el punto donde descubrir un secreto de la justicia suprema. Iñigo de Recalde (Ignacio de Loyola) en espíritu, es Giuseppe Garibaldi. Por la fundación de Loyola, el Vaticano, apoderándose de ella, se hizo más fuerte, con su fuerza en contra de lo que Loyola perseguía. Vuelve, pues, mandado por la misma ley de justicia, siendo Garibaldi y lo derrota y el papado deja de ser y la religión agoniza y muere.