CAPÍTULO VI
Filosofía francesa contemporánea.

PÁRRAFO 1°
EL SENSUALISMO.

Ya necesitamos aclarar este vocablo, que en su primera acepción Etimológica, es diferente a la representación filosófica que se le ha dado.

En filosofía en este caso, decir que uno es sensualista, quiere decir, que estudia o profesa los principios de esa escuela, que basa en los sentidos o sensaciones, el origen de las ideas.

Como la sensación es una impresión de las cosas que tocamos o poseemos, diríamos en perfecta representación en vez de sensualismo, Impresionismo.

Expuesta esta verdad Etimológica y filosófica, debemos también pesar y definir, si la impresión (sensación) es la fuente de las ideas.

El objeto que causa la impresión ya existe; luego, la idea de este objeto, la tuvo el que la moduló; y entonces, no puede ser fuente de la idea que el objeto absorbió y que vive en él viva y material, o científicamente; por lo que no es propio llamarlo Sensualismo, sino impresionismo; puesto que imprime en el que estudia la idea del actor, del objeto, como nos lo afirma el universo, (que nosotros no somos capaces de crear) la Idea del Creador.

Lo que sí puede un objeto y las sensaciones universales, sugerirnos las ideas sobre aquellas ideas que envuelve el objeto; lo que no nos da derecho a decir, que la sensación sea la base de la Idea; sino que, la sensación es una llave que abre el cofre que guarda la idea.

Hecha esta declaración necesaria a la verdad de las cosas, vamos a examinar el llamado Sensualismo.

Ya queda atrás examinada la escuela Sensualista: aquí, sólo haremos un estudio sobre los hombres del Sensualismo Contemporáneo, o moderno, dando a cada tendencia lo suyo en justicia y razón, como conviene a esta Filosofía Austera, que queremos que sea el patrón idealizable e inflexible del estudio filosófico unificado y habremos terminado con que los hombres pierdan el tiempo.

Del empirismo de Locke, se derivó una tendencia materialista que defendieron, Hume y Hartley y José Priestley, que se sucedieron.

Hartley, forma una teoría de "las vibraciones" con la que quiere explicarse los fenómenos nerviosos y los hechos fisiológicos; y otra teoría de las "Asociaciones", pretendiendo explicar el mecanismo del espíritu y todos los fenómenos Psíquicos, correlativos de las vibraciones nerviosas.

Si podemos transigir hasta un cierto punto con la primera, no podemos hacer lo mismo con la segunda teoría.

El espíritu es primero y causa de todas las vibraciones y fenómenos Psíquicos y fisiológicos; y sin conocer al espíritu en su procedencia, esencia y misión, es imposible encontrarlo por los mismos fenómenos, puesto que éstos, son criaturas del espíritu y no pueden ser padres del espíritu, como se deriva de la errónea Teoría expuesta por Hartley.

Los hombres quieren enmendarse de sus yerros y los admitimos: pero el mal causado queda imperecedero, y más cuando de ese yerro originan otros muchos en los que los siguen.

En efecto, José Priestley, adoptó las teorías de Hartley, llevándolas al extremo materialista y queda relegado el espíritu, dudado par Hartley.

Reunió las conclusiones de las dos anteriores, Ribot; y presenta una Psicología de un raquitismo singular, en la que hemos de ver nada más que una burla (¿Científica?) retratando la mímica bucal de las palabras y expresiones, que no logra Ferri, en su Psicología de las asociaciones, más que disimular, pero no corregir.

Es cierto que de las controversias entabladas por éstos y los nacientes Espiritistas, nació una nueva corriente de ideas Viejas, que ya domina al mundo; El Espiritismo; que entonces lo llamaron en son de desprecio Iluminismo.

Aunque Locke hubiera sentado un estudio un tanto moral sobre las dos tendencias que él creyó fundamentales del hombre, o sea, la inclinación al placer y la adversión al dolor, lo hizo, queriendo separar la moral y el dogma; pero esto, no lo libraría del nacimiento de nuevas teorías filosóficas, para tratar de terminar en un principio fundamental de las leyes morales. Lo que es desconocer el Empirismo de Locke.

El conde de Shaftesbury, sostiene en contra "El hombre no adopta la moralidad por egoísmo, ni tampoco guiado por la razón, sino en virtud del sentido Moral, constituido del conjunto de nuestros actos reflexivos; lo que quiere decir, del discernimiento". Esto quiere decir que, no sólo por la razón, sino por la convicción que dio la razón, porque el sentido moral, es fruto de la razón, de los fenómenos y las afecciones reflexivas que descansan en nuestra alma, formando la clara conciencia de las cosas; a lo que sólo se puede llegar, por el razonamiento; y sólo entonces, puédese tener el sentido moral.

Francisco Hutcheson, admitió también la existencia del "sentido moral", pero lo entiende como un criterio, para juzgar de la moralidad de las acciones y como impulso fundamental de las mismas acciones; papel que atribuye al sentimiento altruista, al de la benevolencia o amor al prójimo. Cuya doctrina remacha más lo que anoté, de que, el sentido moral es fruto de la razón.

Pero Hume, dejó rastros que Adán Smith recoge y no reconoce a la razón más poder, que el de elegir los medios; pero que la simpatía generaba nuestros impulsos morales; con lo que Smith, nos abre las puertas del sentimentalismo, que no debemos confundir con el sentimiento.

Veamos lo que sienta Smith:

1° "Los principios fundamentales de la moral, son independientes de la religión y de las leyes positivas".

2° "El instinto de la "Simpatía" señala el carácter moral de las acciones, tocando a la razón indicar los medios de realizarlas".

3° "El fin moral consiste, en la felicidad de nuestros semejantes, armonizado con nuestra propia felicidad".

Nosotros diremos en cuanto al punto primero que, si en la religión, como en las leyes positivas falta la moral, ni son leyes ni hay religión; y que no habiendo tenido la religión una moral eficiente, los hombres han hecho leyes de letra sin espíritu que matan el sentimiento moral, porque no alcanzan sus artículos ni los dogmas religiosos, al sentido común, que es lo menos que puede tener, todo aquello que puede vivir.

Sobre el segundo punto; la simpatía no es un instinto, sino un sentimiento, en cualquier forma y grado que se manifiesta y nace de la afinidad que nos enlaza: es decir, la simpatía es efecto, de instintos afines, causa.

La moral representada en el punto tercero, no llena los destinos de la moral, puesto que, la felicidad será un resultado, de la moral total, en todas las cosas de la vida; cuya moral, debe preceder a todo lo que intentamos hacer.

Sobre los tres puntos de Smith, Jeremías Bentham, ideó una Aritmética moral, de la que lo que más sensacional es; "Las leyes y las instituciones no se justifican, sino cuando son útiles". Lo que en medio de su materialismo, es una condenación de todo lo que no se justifica en la razón.

Como ya hemos tocado a Condillac (1) en el párrafo VII, del capítulo cuarto como fundador de la escuela Sensualista Francesa, aquí y para cerrar éste, sólo tomaremos el caso de su estatua.

Condillac, aunque partidario de Bacon y Locke, les substituye la "Tabla rasa" e imaginó una estatua humana (acaso por llevarle la contra también al filósofo griego que tenía una estatua de mármol); pero el caso es que, Condillac imagina una "Estatua humana", la que con el exclusivo auxilio de los sentidos, llegaba a ser animada por dos facultades: la inteligencia (representaciones), y la efectividad (sentimientos y voliciones). Y, ¿para qué había gritado majestuoso ante el foro el gran Cicerón: "¿Non Figuran; Non Estatuam?". Es que los espíritus contradictores son muy opacos, y Condillac, por contradecir, se contradice él mismo.

No, no somos simple figura, ni la estática estatua: el hombre es hombre y lo es sólo por el espíritu, del cual es la inteligencia, la voluntad, la atención, la memoria, la imaginación, los juicios y la razón.

De la materia, sólo son los instintos; del alma el deseo; que todo en conjunto, es el todo de todas las cosas inteligentes, que sólo el hombre puede y ejecuta.

Aun llega a más Condillac, pues dice que: "En cuanto a la realidad del mundo objetivo, no es sino el resultado de un juicio habitual" lo que sería sencillamente, todo una Quimera; como veremos que solo este fruto dio, después de haber admitido (no vemos con qué fin), la existencia de Dios y la Inmortalidad del Alma, aunque sí sabemos que lo hizo queriendo apagar la luz, con las tinieblas; pues quiso conciliar la filosofía con la religión, lo que, ni el Creador si fuese hombre podría hacerlo, sin destruir sus leyes. ¿ La prueba? Que cuanto la ciencia avanza, la religión retrocede, y que ningún filósofo es religioso, porque se sale del dogma. Todos los que como Condillac discurren, no podemos tenerlos por filósofos, sino como Filosofastros.

PÁRRAFO 2°
EL MATERIALISMO.

Del resultado de los principios de Condillac y Hartley, La Mettrie encontró cimientos para sostener conclusiones extremas del materialismo; y en su "historia natural del alma" y su "Hombre Máquina", afirma que: "Los fenómenos Psíquicos, lo mismo que los fisiológicos, se deben exclusivamente al organismo, siendo funciones naturales del Cerebro; y que la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, son ilusiones forjadas, para que el espanto de la muerte no perturbe los goces de la vida"; con lo que luego, Diderot, con los autores de la "Enciclopedia", pusieron de moda en Francia el materialismo.

El materialismo arraigó fácilmente, por que los hombres estaban cansados de servir al dios religioso tan irracional y vengativo y, si de él eran las almas, los hombres aceptan primero la muerte eterna siendo sólo materia antes que estar a merced de la injusticia de un infierno inconcebible y de un cielo de holgazanes; y razonaban bien. Pero extremaron las cosas por la guerra que les llevaba la implacable religión y su dios y, el materialismo se hizo ateo no sólo de la religión, sino del sentimiento fraternal y hasta político y, el mundo todo se vio envuelto en el caos, que dio por resultado la guerra mundial, después del latrocinio legislado que usurpó el poder al trabajador, hasta no tener ni pan, ni techo, ni derechos sociales, ni de vida.

Y no es que el materialismo trajera esas calamidades; las había creado la religión con todos sus errados filósofos detractores: lo que hizo el materialismo fue, descubrir esas terribles lepras que ya había que soportarlas y adelantó el grado de fiebre para que la humanidad toda se contagiara y cayera quien no pudiera resistirlas y se curara el que fuera capaz de soportarlas; mas entonces, terminaría también el materialismo, pero los hombres serían hombres y hermanos.

En esa fiebre se originó la revolución francesa, cuyos frutos fueron malogrados y a la luz de aquel fuego, Carlos Bonnet (ginebrés) , estudiando en aquellos fenómenos, tuvo el valor de decir: "Si bien es cierto que los fenómenos del alma derivan de las corrientes nerviosas, ellas se originan fuera del sistema nervioso", y no vaciló en aceptar la inmortalidad del alma y la existencia de Dios, desde que no hay nada que demuestre lo contrario y sí lo afirman las leyes universales y hasta las mismas revoluciones.

Pero ya, la revolución que cada hombre tenía en su conciencia; la desesperación que reinaba en todos lo mismo; aunque fuese todo lo lógico que se quiera el axioma de Bonnet, se le puso en contra el famoso Pablo Enrique Thiry, apodado con razón el "Marat de la filosofía", publicando su libro "Sistema de la naturaleza", que en su Ultra-Materialismo es como la cartilla del ateísmo teórico, puesto que el ateísmo práctico no existe.

Tiene sí el valor de desconocer a toda religión, pero para eso no es necesario la blasfemia; que tal sería cuando el mismo Voltaire le refutó su "Sistema de la naturaleza", que no ha resistido a la crítica.

Volveré a decir que, el materialismo racional es necesario y de gran provecho: nosotros lo ponemos como base de todo estudio científico, por cuyo materialismo llegamos al conocimiento de las leyes Físico-Químicas, para por éstas, llegar a la comprensión parcial de todos los Elementos que componen los cuerpos y de éstos a la fisiología individual y universal.

PÁRRAFO 3°
POLÍTICA Y MORAL.

Tenemos como buen ejemplo la política moral de Platón, que al fin es la base de la moral cívica que hemos alcanzado y que ahora tratamos de limpiar el lodo que le han tirado los desesperados.

Pero vamos a registrar algunos puntos modernos de interés, para que la historia sea testigo acusador de los vicios conquistados por los sin espíritu. Los llamados filósofos franceses aceptaron y desecharon el Empirismo para pasarse al sensualismo y de este al materialismo ateo sólo en materia de religión y sentimiento; por lo que en materia de lo moral, era inevitable que cayeran en el más culminante egoísmo.

No han sido del dominio público (en escrito) las máximas egoístas de La Rochefoucauld y de La Bruyère, por que sólo se daban en las reuniones secretas o logias escondidas, pero que no dejaban de trascender algo, con gran escándalo; y tal habían de ser cuando Adrián Ellvecio, interpretando aquellas máximas, publicó su libro "El espíritu", que para disimular, dijo en él: "El bienestar general consiste en obtener el bien propio, sin perjuicio de los demás".

Aquí no se ve maldad, pero el egoísmo está bien marcado; pues la moral verdadera de la máxima sería: El bienestar general consiste en obtener el mayor bien para todos Su libro sin embargo, fue quemado por el verdugo; pero los libros no mueren aunque desaparezcan como volumen, porque no mueren los espíritus que siendo hombres los escriben y en archivo quedan y lo repiten y lo inspiran, y así se levantó Voltaire, que su buen consejo era: "Calumnia que algo queda", al que siguieron Lecondat y Juan Jacobo Rousseau, los que ya dejaban preparada la hoguera que se encendería para templar las cuchillas de la guillotina.

Voltaire, sin embargo, sentó un buen principio, y es que "La libertad consiste en no depender sino de las leyes"; pero Voltaire debería saber que, para que las leyes sean capaces de dar la libertad al hombre, éste debe ser moral, para que la moralidad de las leyes estén en cada hombre. Porque no es que el hombre esté en la ley, la buena moral; sino que la ley esté en el hombre: sólo entonces puede haber una moral política y una política moral.

Para Montesquieu, las leyes son, "Relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas", y entonces, si allí hay malas leyes, carecen de moral los hombres que las hacen.

Pero tuvo un final bueno al sentar; "La ley suprema de la humanidad, es la Razón humana a la que deben subordinarse las leyes primitivas, teniendo en cuenta para estas últimas la influencia del medio; pero es necesario la separación de poderes para su mutuo equilibrio político"; téngase presente que he calificado bueno ese final, humanamente; pero no así espiritualmente, porque la moral del espíritu, que es la unidad, está desconocida; por lo que, es sólo una medicina violenta que puede evitar la catástrofe momentáneamente, pero que no mata la enfermedad y, al primer motivo, resurgirá y matará al organismo.

El ejemplo lo tuvo Francia en su República, que no la dejó expandirse a sus vecinas llamadas hermanas Italia y España; sino que, aun quiso que esas naciones tuvieran reyes de derecho divino, como hemos visto por su compromiso de "La Santa alianza"; y como no se ha secado la raíz del egoísmo, ha retoñado frondoso y vemos sus resultados en la paz de París, que en vez de Paz, por los dos egoísmos extremados, ocasionan guerras, revueltas y descontentos, que aun no podemos predecir su alcance más que en el conjunto, que será el triunfo de lo desconocido precisamente en ese egoísmo, o sea La Comuna Universal sin fronteras y sin parcelas, en la que la ley estará en los hombres y no los hombres en la ley.

PÁRRAFO 4°
CONTRATO SOCIAL.

El contrato social, en cuanto establece una diferencia de unos a otros individuos, es una tiranía legislada por la brutalidad, por el amaño y el cohecho y por la nula moral de los impositores.

Si la libertad humana fuera una realidad, el contrato social no existiría, porque el contrato social, declara derechos de supremacía que no pueden ser sino irracionales.

Si se viera en la más ínfima ley de la creación una singularidad para un solo ser, la supremacía tendría cabida y el derecho diferente tendría confirmación.

Mas no existiendo esa singularidad ni aun para un mundo con respecto a otro, las leyes del derecho son una imposición absurda del egoísmo más refinado de la Plutocracia y parasitismo, lo que ya no cabe en el progreso descubierto.

Ya, aun en el medio del sube y baja de su balanza que no pudo hacer fiel, Rousseau entiende que, "La norma de las acciones humanas en el sentimiento llamado Conciencia Moral, (o sea satisfacción o arrepentimiento) contiene la libertad del hombre, lleno de facilidades por su estado en la ley natural, que desaparece tan pronto el hombre entra en el contrato social".

Es así en verdad, puesto que el hombre pierde su libre acción natural, desde que se obliga, por cualquier cláusula pagada o gratuita, a vivir bajo la acción comunicativa de una obligación de respeto, de pago, de producción, de política y aun de moralidad; todo lo cual (por suave que ello sea) siempre es una tiranía, contra sus instintos de libertad .

Aun la misma Constitución Nacional, que es un contrato social obligado por la fuerza más brutal creada (mírese como se mire), es el contrato más irracional creado porque rebaja al hombre por muy bajo de la Zoología y de los reinos más bajos que ésta, porque aquellos no pierden jamás la acción y derechos mundiales y universales naturales, ya que vemos que hasta el animal doméstico, si lo enajenamos a otro país extranjero, no se encuentra extraño y se lame con los que allí encuentra de su familia, como si nunca hubiera estado separado; y eso que aún le hemos infiltrado en su instinto, nuestra influencia que en la ley de Psiquiatría podréis comprender que, hasta en el animal, caballo, toro, etc, hemos infundido nuestra idiosincracia perniciosa del contrato social.

El contrato social, pues, tácito o descubierto, sea este de nacionalidad, social y aun del matrimonio, son antinaturales y contraproducentes al destino de los seres, porque los priva de la libertad como hombres y hasta del libre albedrío como espíritus.

"Mas ésta es una causa necesaria, por causa de que en un día los hombres se dejaron imponer un yugo que se llama religioso, pero que envolvía la férrea cadena de la esclavitud, que aunque muy tarde (por causa de la astucia de los vividores de la religión), aunque tarde digo, el hombre ha visto su cadena y la quiere romper a costa de su sangre, y lo va consiguiendo volviendo a su libertad y rompiendo las fórmulas del contrato social, a pesar de las persecuciones que la tiranía legaliza impunemente.

Como la experiencia es en verdad el sapientísimo maestro del hombre, y éste ha visto ya, que casi todas las infinitas formas de gobierno y fórmulas religiosas y contratos sociales le fueron una extorsión y un verdugo, sacó la suficiente moral para hacerse el hombre-ley y matar la ley-hombre; es decir, que la ley resida en el hombre y no el hombre en la ley; lo que quiere decir, que: siendo cada hombre la ley, por la misma experiencia de la que cada uno tomó la moral eficiente, se hace cada hombre el deber por sentimiento y amor, renaciendo en él la verdadera soberanía individual, que por la inflexible ley de la procreación (razón de la existencia de la familia y por tanto de la fraternidad), ese amor y sentimiento que en todos hay, hace que, esa Soberanía individual sea común y se establezca por sí misma la vida y deberes comunes, sin leyes que esclavicen, porque nacen del amor de familia, ley universal.

PÁRRAFO 5°
SOBERANÍA UNIVERSAL - COMUNISMO.

Que la soberanía individual en la forma que hemos expuesto en el párrafo anterior es la seguridad del derecho igual y por lo tanto de buen régimen por sí mismo, nos lo va a probar el mismo Rousseau, sosteniendo ese principio primero y destruyéndolo después.

Rousseau llegó a sostener y sentar que "La ciencia social debe procurar el descubrimiento de una asociación que defienda la persona y bienes de cada asociado, dejando al individuo soberano en el seno de la sociedad; cuyo principio era la ley social en la antigua consagración española de sus reyes, al que manifestaban que, cada individuo es tanto como el rey; pero que todos juntos eran más que el rey.

Esta doctrina que conducía infaliblemente al comunismo, se mostró en su verdad con los comuneros de Castilla, que a no ser por la intriga y traición eterna de la supremacía religiosa, que no puede existir más que con la diferencia de clases, aquellos tres Mártires de su santo ideal, habrían triunfado en justicia y ley.

Rousseau, acaso fue también víctima de la misma influencia religiosa, pues destruyó por sí mismo su doctrina, pues al final sostuvo que, "Los derechos de los asociados debían ser sacrificados a la salvación del Estado". Pero el pueblo contestó con la revolución de 1793, destruyendo el Estado mal entendido, ya que aquel otro enfático rey había dicho "El Estado soy yo".

Mientras Rousseau sostuvo su primera doctrina de que "La ciencia social debe procurar el descubrimiento de una sociedad que defienda la persona y bienes de cada asociado, dejando al individuo "Soberano" en el seno de la sociedad", el pueblo se mantuvo en la paz y el trabajo, esperando el nacimiento de esa sociedad común. Pero en cuanto se le ha negado la esperanza de esa comuna natural que reside en cada ser moral, o trabajador, estos han ido a la revolución entonces y van ahora en todo el mundo; porque cada individuo aspira a su verdadera libertad, declinando todo su haber material particular a la Sociedad Comunal, en la que cada individuo es soberano propietario de todo el mundo, en cualquier parte del universo, sin que nadie le dé ni le venda, siendo así todo suyo y de todos, con lo que en la más alta equidad, todos son iguales. Entonces, cada uno produce lo que puede que va al depósito común, sin tenerse que cuidar de si su hermano consume más o menos que él, desde que cada cual tiene todas sus necesidades satisfechas.

Desde que no existe en ese régimen de compra-venta, porque la única moneda es el hombre, no puede existir la tiranía, ya que la desigualdad no cabe, ni la supremacía encuentra asiento ni ambiente por causa de que, "Es la asociación la que defiende el interés de cada asociado, siendo el individuo el soberano en el cuerpo de la comuna".

¿Que ha de haber un maestro?; es de necesidad. ¿Qué habrá consejos?; es de necesidad. Mas, ¿cuándo se opuso jamás el hombre a ser bien dirigido? Pero siempre protestó y se opuso a la tiranía, al despotismo, a las supremacías y de aquí, las negras páginas que nos avergüenzan; lo que no cabe en la comuna, porque cada individuo es el soberano con la sola obligación del trabajo, a la que jamás se amoldó el supremático que, en una palabra, encarna solamente en la religión a la que deshecha por justicia y moral, la Comuna que esta Escuela trae y proclama por mandato del Creador nuestro padre, y nos la imponen ya nuestros hermanos mayores de los mundos de luz y progreso, que con ellos formamos los hijos de la tierra la universal familia, para la que hay un solo mandato: "Ama a tu hermano". Y una sola ley: "El Amor". ¡Ay de los pueblos y los hombres prevaricadores! ¿Podéis justificaros ante la justicia divina?.

A pesar de todo, la Comuna se proclama, y el terror que los hombres llevan, no es por culpa del trabajador: de alguien nació el odio que lo ocasiona y eso retrasa la implantación de la Comuna de Fraternidad y Amor, igual, digo más; mejor que el mejor régimen de la familia más organizada; y sabed, que no se necesita más ciencia para arreglar y regir todo un mundo que la que necesita una familia aunque sí mayor capacidad, la que toma el maestro, de la soberanía de cada individuo.

¿Sois capaces de concebir desigualdad en una familia bien organizada, aun cuando veáis que al menor se le prestan cuidados, como al anciano, por su estado de desvalidez? Pues eso es lo que hay que hacer de todo el mundo y es hora de empezar, y para ello sed soberanos en moralidad, es decir, Amar. Eso es todo lo necesario.

NOTA: Ya habrá concebido el estudiante que hemos hecho a un lado el "comunismo" que preconcibe Rousseau y nos hemos fijado en la Comuna. Esta nace en la familia y se extiende a la ciudad y a la nación que debe vivir la vida de familia, tantas veces mayor, cuantas familias la componen y en la misma fraternidad del hogar.

Cuando cada nación esté en ese estado y se confederen con ese mismo fin, entonces sí será "comunismo" que es el superlativo de "comuna".

Tengan bien presente esta definición nuestros estudiantes y díganse "comunales" y no "comunistas", hasta que las comunas de todas las naciones se confederen bajo un solo Código Común. Es así ley y justicia.

(1) Esteban Baunot de Condillac, Grenoble (1715-1780), preceptor del duque de Parma, sus obras son: "Tratado de las sensaciones", "Lógica", "Gramática general" y "Curso de estudio".