Los Juramentados.

Vanguardia de la Comuna. Razón de su rebeldía inicial.

Febrero 25 de 1944

La vida que lleváis es tan activa, es tan intensa, tan violenta, que poco tiempo os queda para pensar, para meditar, para estudiar.

Vosotros, tenéis ya el hábito del estudio, pero pocas veces vuestra mente está ocupada en analizar los hechos que os toca presenciar, los momentos que os toca vivir y en extraer de ellos una enseñanza y hacer que brote la luz y entonces comprender la razón de esos hechos que a los demás inquietan. Pero la mayoría de los hombres está anestesiada, la mayoría de los hombres de hoy no piensan más que en el negocio y en la materia. ¡Saciar los instintos de su materia!... Para ellos no hay un momento de reposo, no hay descanso... en su cerebro no hay más brega que la producida por la ambición de ganar más y vivir cada día mejor... pero como no puede lograrlo, trata de embotarse y de allí vienen los vicios y de allí viene el desenfreno y el desequilibrio de su organismo... Pero si en los hombres maduros puede observarse esto, con cuánto dolor se observa, en mayor escala, en los juramentados.

Los juramentados son los vanguardistas de hoy; son los valientes que han venido primero a formar el nuevo ejercito de la libertad; son los que en existencias pasadas vivieron en el claustro, vivieron aprisionados por los prejuicios, víctimas de las malas costumbres y del atraso de muchos siglos pasados. Esos espíritus, encadenados entonces, ahora vienen ávidos de placeres, ávidos de lujuria, ansiosos del saciamiento de todas sus pasiones que en encarnaciones anteriores tuvieron contenidas.

Por eso veis ahora esa ola de vicios entre la gente joven, como la llamáis; pero ya sabéis que esa gente joven de ahora son los vanguardistas, son los juramentados valientes que vienen a enarbolar la bandera, que vienen a subir la cuesta para que los demás, que vienen a limpiar el camino, que vienen a fijar las nuevas bases, las nuevas metas, las nuevas costumbres, pero en la vorágine de la vida actual esos juramentados no hacen más que embotarse. Sus espíritus ansían el cumplimiento de las promesas hechas, pero sus materias no están saciadas y sólo buscan placeres y se embotan en ellos... hay un desenfreno en los vicios, sobre todo en los países que se dicen más civilizados, que a los ojos de aquellos que no conocen la verdad, para los que esto constituye un gran misterio, significa el desquiciamiento del mundo, el derrumbamiento de las buenas costumbres... Le llaman "buenas costumbres" a las inculcadas por las religiones, por la falsa educación y por las filosofías mistificadas y esos juramentados vienen a romper todas las cadenas, esos juramentados vienen a cruzar todas las fronteras, vienen a sembrar la simiente de la fraternidad; pero éstos que han venido por delante son aquellos que tenían más ansia de venir a saciar lo que en otras encarnaciones no pudieron; son aquellos que amancebados y viviendo dentro de sus religiones, vivieron dentro del celibato; son aquellos que estuvieron postergados por los grandes señores feudales, por los grandes supremáticos. Y aquellos pobres hermanos que estuvieron así, humillados siempre, muchas veces encadenados en materia, porque ya sabéis que en tiempos de la colonia, en vuestro país y en toda la Tierra, los hombres fueron muy perseguidos y castigados como bestias, ya podéis comprender por qué esos espíritus vienen ahora haciendo derroche de sus posibilidades, haciendo gala de su fuerza física, haciendo derroche de sus libertades, que se convierten en libertinaje.

Esos juramentados de hoy son los vanguardistas, pero acaban pronto; el espíritu los reclama, pero ellos en materia no le hacen caso y procuran ofuscarse, procuran vivir en una constante embriaguez de placeres y las materias no responden y entonces los espíritus se deshacen pronto de ellas para volver a encarnar y entonces sí, ya saciados sus instintos, están conscientes de su deber y, sobre todo, dispuestos a dispuestos a cumplir la promesa empeñada.

Esta es la razón del desenfreno de los juramentados de hoy, hermanos míos. Tened paciencia para ellos, educad a vuestros hijos para que, cuando llegue el momento en que sus materias cobren la cuenta a que tienen derecho, no se desenfrenen, no se enfanguen, no caigan en el vicio y sus espíritus se emboten.

Procurad educarlos en cierta libertad, pero, sobre todo, dentro de la verdad y la razón, para que no sigan el ejemplo de sus hermanos que, educados dentro de las religiones y dentro de los prejuicios ancestrales, caen en los vicios y pierden sus materias prematuramente. Ya veis cuántos miles, millones de ellos, están desencarnados en los frentes de batalla, pero es que las materias no los dejan cumplir y el espíritu pide su desencarnación. Pero los pequeños, los que están llegando ahora a cada instante, vienen ya conscientes, ya vienen hartos, ya están ahitos, ya satisficieron todos los deseos y vienen en conciencia a desempeñar su misión, y estas generaciones futuras, los niños de hoy, serán mañana los paladines del progreso porque son ellos los indicados para venir a hacer la verdadera fraternidad en la Tierra, son ellos los que la conducirán al progreso en muy poco tiempo; vendrán entre ellos grandes inventores, grandes líderes y grandes filósofos.

Estad preparados para recibirlos, y a aquellos que estén ya encarnados, dadles vuestra ayuda, dadles vuestro amor. Paciencia y amor para ellos y buena voluntad para vosotros.

José de Arimatea.