El ser pobre indica progreso espiritual.

Enero 31 de 1943

Felices vosotros que sois pobres: Felices vosotros que por vuestra condición humilde servís a otros. La Ley os obliga a hacerlo para adquirir los medios de vida, pero vuestra labor es grande, significativa, porque ayudáis al que está más arriba en materia, pero no en espíritu.

Felices vosotros que conocéis el llanto. Felices vosotros que habéis tenido grandes sufrimientos que han depurado vuestro espíritu, porque la molicie, la abundancia, la satisfacción de todos los apetitos materiales embota al espíritu y es durante las enfermedades graves, durante las épocas de miseria, de hambre, de vicisitudes, de tortura, cuando el espíritu se demuestra, cuando el espíritu se eleva, cuando llega a Eloí.

Los grandes misioneros han venido a la Tierra eligiendo padres humildes. Desde pequeños han conocido el acicate de la necesidad, desde pequeños han tenido que esforzarse para conseguir el pedazo de pan indispensable para la subsistencia.

El niño rico todo lo tiene; no necesita hacer esfuerzo ninguno para conseguir ni sus alimentos ni la satisfacción de sus deseos; rodeado de comodidades, su cerebro no tiene que inventar nada, no tiene más que expresar sus deseos para tenerlo todo.

El niño pobre, desde pequeño tiene que buscar la manera de conseguir aquello que le pide su materia, tiene que ingeniarse y, naturalmente, es más inteligente y capaz.

Esto mismo podéis verlo también con vuestros animales domésticos; el perro que tiene la comida a sus horas, que tiene su cama y todo lo que necesita su materia, pierde la pureza de sus instintos; no es como el perro salvaje que tiene que oler, a muchas leguas de distancia, dónde hay una presa que devorar cuando el hambre lo acosa, y su oído tiene que percibir, a gran distancia también, los diferentes ruidos que le dicen si hay peligro o provecho para él.

Si estudiáis la historia de vuestra humanidad, veréis cómo los grandes inventores, los grandes filósofos, los grandes maestros, los grandes artistas han salido de las más bajas clases sociales -puesto que así las llamáis y en vuestro mundo todavía existen- y veréis que en los momentos de mayor peligro es cuando surge el invento, cuando viene el descubrimiento, "obra de la casualidad" soléis decir; pero no, es que el espíritu necesita aquel momento de desprendimiento de su materia para recibir la intuición, para recibir la llamarada de genio que le brinda el espacio.

El rico no tiene tiempo de pensar; todas sus necesidades están cubiertas. Los compromisos de su clase elevada le ocupan todo su tiempo y cuando va a descansar, su materia, satisfecha, harta de placeres, lo precipita en un sueño pesado que ata su espíritu, lo encadena en un sueño fisiológico que no permite siquiera que su espíritu se aleje, y si se aleja, aquella materia es tan gruesa que amanece embotada con la pesada digestión, con los humos alcohólicos, y no puede recordar siquiera lo que en sueños vio.

Y... ¡que diré de las mujeres ricas!... entregadas a la molicie, a la vagancia y a los vicios... ni siquiera las estimula el acto de dar a luz.

Nace el niño y queda en manos de enfermeras y bajo cuidado de médicos que dictan las dietas y reglamentos para hacer prosperar aquella tierna materia; pero... ¿acaso piensan esas madres en el progreso espiritual, en la responsabilidad inmensa que tienen al recibir esos espíritus a los que han dado esos pequeños cuerpecitos? No las dejan sus compromisos sociales.

Va creciendo el niño en manos mercenarias, atendido por criadas muy bien pagadas, pero que no pueden dirigir la educación espiritual de aquel tierno ser.

Más grande, lo internan en un Colegio, y sigue el niño en manos ajenas, con mentores pagados.

¿Qué debe ese tierno ser a la madre que le dio a luz?

¿Qué debe el padre que lo engendró en un momento de placer?... y cuantas veces se quejan todavía de las molestias que trae consigo la paternidad... pero qué bien saben quitar esa responsabilidad y se quedan tan satisfechos creyendo que su dinero ha cumplido su deber; y ese hijo crece, pero no tiene afinidad con sus padres, la afinidad que tiene el niño pobre que crece al lado de su madre que se esfuerza y da su vida muchas veces por conseguir para su hijo el pan y el vestido.

Cuánto mayor mérito tiene la madre mísera que alimenta al hijo con la escasa leche de sus pechos, porque ni ella misma puede alimentarse bien, y ese niño crece raquítico, enfermizo, y lleva a la vida el estigma de la miseria en que nació; pero este recuerdo va perfeccionando su espíritu que desde pequeño adquiere conciencia, y se da cuenta de lo escabroso de la vida material.

Felices los pobres que tenéis hijos cerca de vosotros. Los recursos con que contáis no os facilitan ponerlos de internos en Colegios o tener para ellos institutrices o amas que se hagan cargo de ellos; no, vosotros tenéis que estar siempre cerca de ellos y hacer todos los trabajos y quehaceres que tiene siempre una madre para sus hijos; pero esos hijos ¡Cuánto más cariño cobran a su madre que no sólo les dio materia, sino que les da, día a día, el sabio consejo, el buen ejemplo, el sacrificio para sostener sus materias y cultivar sus espíritus!

Pronto dará principio en la Tierra la época en que no haya más una clase social.

¡Qué diferencia, qué contraste con la situación actual en que unos están arriba y otros están muy abajo! ¡Qué desequilibrio!

Pero eso no puede seguir así; los momentos son llegados en que el trabajo del hombre sea la única moneda y en que nadie tenga más que otro, porque todos tendréis de todo para vuestra vida, según vuestras necesidades.

Cree la mayoría de los hombres que decir "igualdad" significa que todos ganéis lo mismo, que todos tengáis lo mismo; no, ya se os ha explicado muchas veces que esa igualdad no es de salarios, es igualdad de posibilidades, igualdad para que todos podáis conseguir lo que cada uno necesite, unos más, otros menos, según su grado de progreso, según sus necesidades materiales.

He ahí el primer error del llamado socialismo, del llamado comunismo que mal entienden en la Tierra. El gran rasero de la justicia lo igualará todo y entonces reiréis los pobres porque lleváis mucha ventaja sobre los que ahora son ricos; entonces vosotros seréis los ricos en bienes espirituales y ellos los mendigos paupérrimos en los bienes del espíritu.

Felices los pobres que habéis dado tanta lágrima para que vuestra Tierra se depure. Felices los pobres que traéis hijos en medio de vuestros dolores y de vuestras miserias y que, aún así, no os arredran las responsabilidades y trabajos, sino que vais por vuestro camino con vuestros hijos detrás, pobres también, pero ricos en conocimiento y en experiencia.

Acordaos de que Jesús de Nazareth vivió entre los pobres, que desechó las riquezas de su padre y las tentaciones que se le ofrecían a cada paso, y que fueron pobres pescadores y pobres artesanos los que escucharon sus doctrinas y se aprovecharon de ellas y, después, fueron ellos los evangelistas, los que divulgaron, los que difundieron aquellas hermosas doctrinas que significaron para vuestra humanidad el alborear de un nuevo día en el progreso universal.

Acordaos de tantos misioneros que han venido así, en la miseria; que han salido de los bajos fondos de vuestro pueblo y sentíos satisfechos porque el ser pobre indica progreso espiritual.

Habréis sido ricos en otras existencias, derrochasteis, fuisteis egoístas y después, al veros en el espacio, pedisteis con vehemencia venir ser pobres, a comenzar desde abajo, a levantar el edificio desde los cimientos.

Los cimientos los pusisteis vosotros para que vuestros hijos siguieran después, y ellos irán más arriba; ellos, preparados también con vuestras enseñanzas para la lucha espiritual, serán los triunfadores y vosotros, en vuestra vejez, sonreiréis satisfechos, radiantes, felices, al decir: fui pobre, soy pobre... pero ¡Padre mío, te devuelvo este tesoro encerrado en mis hijos, en esos que me confiaste!

Felices vosotros. No lloréis vuestra pobreza. Que el Padre os bendiga y os haga ricos en sus bienes.

José de Arimatea.