La justicia humana.

Su ineficacia por falta de amor.

Agosto 21 de 1942.

No es buen médico el que prescribe por el efecto aparente.

No es buen maestro el padre que castiga a su hijo sin estudiar el motivo que originó la falta cometida.

No es buen juez el que condena al criminal sin estudiar la causa por la que cometió el crimen.

¿Por qué no estudiar las causas de un síntoma aparente; por qué, si la naturaleza es tan sabia que demuestra exteriormente lo que pasa en el interior?

Suponed que os viene una irritación de la piel; el mal médico os dará una pomada, os dará un polvo secante, pero el buen médico que analiza, que escudriña, que estudia, comprende que hay una causa interna y es la que ataca, curando así la enfermedad aparente.

Así el padre, en lugar de castigar al hijo que comete una falta, debe estudiar por qué la cometió.

Si a ese niño se le analiza y se ve que no se le rodeaba de lo que necesita para su desarrollo físico, intelectual y espiritual ¿cómo queréis que de un fruto sano?

Si el ejemplo que tiene en la edad de la inconsciencia, en que el niño imita, no es bueno, si el medio en que vive y en que se desarrolla es perjudicial ¿cómo queréis que el niño obre con cordura y que no cometa esas pequeñas faltas que la mayoría de las veces se castigan con golpes, con malas palabras, con provocaciones que pueden dañarlo en su salud física y en su salud espiritual?

¡Qué gran injusticia la que cometen vuestras leyes!

Un hombre asesina a otro. Se ve que el hombre es, muchas veces, un espíritu atrasado que salió del hampa -flor del odio, flor del fango- ¿qué fruto puede dar si no es el crimen, el asesinato?... y el juez no estudia las causas y lo condena cometiendo mayor falta que la del reo.

Y estos hombres que manejan una materia y que, por lo mismo, son susceptibles a obrar erróneamente, mal dirigidos, mal aconsejados y viviendo en medios pervertidos, si no tienen la fuerza necesaria, si el espíritu es poco progresado ¿cómo queréis que obren, cómo queréis que se porten como aquel que desde la cuna ha tenido ventajas y facilidades? Aunque haya sido un espíritu atrasado, ha tenido oportunidad de mejorarse, de progresar: el ejemplo de los padres, los consejos sanos, la educación de la escuela, todo lo conduce a un buen fin; pero el otro, el que nace abajo, el de la clase ínfima ¿cómo exigirle, en tal desigualdad, que de el mismo fruto que el que ha tenido cuando menos algunas ventajas? ¡Carne de hospital y presidio!

Y esos presidios, ¿qué son? La justicia ciega de los hombres ¿qué logra hacer de los hermanos que sepulta en esos antros de corrupción que son las cárceles?

¿Acaso uno de esos hombres metidos allí por una falta muchas veces leve, sale mejorado? ¿Comprende su error? ¿Tiene disposición para salir regenerado, con deseos de trabajar y de luchar y de mejorarse a sí mismo y de beneficiar a los demás? No, porque en el presidio todo está inspirado por el odio y el rencor; lo ahoga la fiebre de venganza y el día que logra su libertad, quiere saciarse y ejecutar las acciones más viles y más negras, porque su corazón está lleno de rencor. El maltrato, al mal ejemplo de aquellos que en lugar de regenerarse se envilecen allí.. ¿es ésta la justicia de los hombres? ¡Qué ciega es la justicia humana!...

No hay efecto sin causa, todos la tienen. ¿Por qué no buscar la causa en los efectos más pequeños?

Buscadla vosotros y, sobre todo, buscadla en las acciones de vuestros hijos. Tenéis responsabilidades muy grandes sobre ellos. Se os han confiado, ellos os han escogido para protectores y guías.

Vosotros, sus progenitores, observadlos, estudiadlos y rodeadlos de lo que les falta. No los orilléis a cometer esas pequeñas faltas que dejan huellas en sus almas, faltas pequeñas pero que, de grandes, pueden asumir también grandes proporciones, de enorme trascendencia.

Enseñadles siempre a estudiar y a ver que, desde pequeños, ellos mismos pueden evitar las causas que producen los malos efectos. Aconsejadlos sobre esto, pero, más que a ellos, os pido a vosotros que estudiéis este punto trascendental para el futuro de vuestros hijos, para que esos niños sean bien dirigidos. Esos niños, a los que nunca se debe tratar con dureza, sino, al contrario, con dulzura; el amor todo lo puede, la ternura todo lo vence. La madre logra más del hijo que el padre, porque la madre, por su femineidad, es siempre tierna, es siempre dulce; es la que logra la confidencia, es la que tiene siempre la confianza del hijo, aun cuando éste se haga hombre. Por eso, con amor, con dulzura, lograréis educar y preparar a esos hermanitos, grandes en espíritu, pequeños en materia.

Me diréis: ¿cómo la juventud actual parece que viene ávida de placeres? Es que las madres actuales se han olvidado de su misión, ellas son las que les permiten que se sacien de lo que traen en deseo; pero esos juramentados que forman la vanguardia de los millones de hermanos que están viniendo a la tierra a regenerarla, a deshacer lo hecho, a conducirla a la luz, esos hombres, cuando ven que no pueden cumplir la promesa hecha en el espacio, ellos mismos piden su desencarnación y por eso mueren ahora tantos jóvenes, porque sus espíritus reconocen su fracaso y quieren irse para volver en mejores condiciones.

Las futuras generaciones serán muy hermosas, muy valientes y fuertes. Con mayor preparación, vendrán a depurar a la humanidad de la Tierra; por eso, no contribuyáis vosotros a que vuestros hijos se vayan pronto, porque ellos, al no cumplir la misión que se han impuesto, pedirán su desencarnación. Por eso, preparadles el camino, dadles las armas, las armas legales, con que deben triunfar.

Son los niños los que preparan el porvenir de vuestro mundo y vosotros, aquellos que sois padres, no olvidéis que tenéis una gran responsabilidad y siempre, estudiad las causas para que produzcan buenos efectos.

José de Arimatea.