El Orden.

Reflejo de la armonía universal.

Marzo 24 de 1939.

Padres y madres, hermanos míos:

Todo en el universo está sujeto al más estricto orden. Nada se realiza fuera de ritmo, fuera del más metódico ordenamiento.

La vida misma, en sus distintas fases, está basada en un principio de orden. La formación y crecimiento de los seres, el desarrollo de todas las empresas que realiza el hombre durante su encarnación, todo está sujeto a etapas y acontecimientos ordenados.

Podéis observar cómo las naciones más civilizadas son aquellas en las que sus hijos han sido educados dentro de ese factor tan importante para el progreso de la humanidad: el orden.

El hombre que aprende a ordenar su vida, que puede vivir dentro de un régimen ordenado, que sabe metodizar sus pensamientos y sus actos, es el hombre que triunfa material y espiritualmente.

Por eso he querido haceros ver que uno de los grandes defectos, quizá el mayor en la educación de vuestros hijos, es la falta de orden.

No sólo no los hacéis vivir dentro del orden que merecen sus materias primero y sus cerebros después, sino que no tratáis de inculcarles ciertas costumbres que, de grandes, son inconscientemente practicadas y los llevan al triunfo.

Es de suma importancia para todos los padres educar a sus hijos en una forma ordenada.

La materia necesita ritmo porque todo en ella se mueve a ritmo; si vosotros destruís ese ritmo por la vida desordenada que les dais, no contribuís a su desarrollo, sino a su destrucción y más tarde a su retroceso, a su estancamiento espiritual, mejor dicho.

El niño, desde que nace, necesita ser tratado dentro del más riguroso orden: para darle sus alimentos, para su aseo, etc. Toda la atención que requiere el pequeño debe ser ordenada.

Vienen luego los primeros años y, por lo general, os sujetáis a los caprichos del niño y no inculcáis en él esos hábitos que sólo la fuerza de la costumbre puede desarrollar; esos hábitos que se hacen después naturales en ellos porque se los supisteis infundir día a día, hora por hora, mediante vuestra perseverante atención. El niño debe ser sometido a un riguroso orden en sus alimentos, en su sueño, en sus costumbres, en su vida total.

El niño desordenado no sabe estudiar ni puede aprender; es un pobre ser que no sabe a donde va.

A esa falta de orden se debe que no podáis tener la posición que tanto anheláis y que trabajéis más de lo que debéis, porque no sabéis regularizar vuestra vida. Ya que vosotros fuisteis víctimas de la mala educación, de ese desconocimiento de los principios básicos para el progreso del hombre, inculcadlos en vuestros hijos; haced que vivan dentro de una vida ordenada, porque esa vida metódica les enseñará a pensar después.

Ninguna empresa se puede llevar a cabo desordenadamente; se iría al fracaso.

Acostumbrad al niño a que antes de empezar algún juego o una tarea escolar, piense lo que va a hacer, medite y observe por dónde debe empezar, porque en todo debe haber ordenamiento de ideas, de pensamientos, hasta de palabras.

Para decir un discurso, para dar una conferencia, el orador debe ordenar su pensamiento; así también, cuando se entra de lleno a la lucha por la vida, quien no ha sido educado con una base de orden, no podrá triunfar, será el eterno fracasado, como lo sois muchos de vosotros, por vuestra raza, por abolengo, por atavismo, porque de muchas generaciones atrás fuisteis mal educados. Se desconocía este punto importantísimo y se os educó, se os crió, se os trajo al mundo en una forma natural, pero sin fijarse en que no seguíais el ejemplo que os da la vida misma, en la que todo es ritmo y orden.

Así pues, inculcad este principio en vuestros hijos; sed enérgicos con ellos para que su vida entera se desarrolle dentro del más perfecto orden. Es la única manera de llegar a alcanzar el triunfo material y, después, el espiritual, porque el que sabe pensar, sabe concentrarse y quien sabe concentrarse puede recibir las intuiciones, consejos y enseñanzas de los hermanos del espacio que, a su vez, os ponen ejemplo de orden y disciplina.

Creo que el asunto tratado hoy no es nada más de interés para vuestros hijos, sino que también os conviene a vosotros todos.

Meditadlo y ponedlo en práctica con ellos, que son los que recibirán ese gran provecho de que a vosotros se os privó.

Sed ordenados en todo, hermanos míos, y procurad que vuestros hijos vivan en el más estricto orden para que puedan triunfar en esta vida, tan interesante para ellos y trascendental para el progreso de vuestra humanidad.

José de Arimatea.