El Sentido de Responsabilidad.

Su influencia en la vida material.

Marzo 17 de 1939.

Padres y madres que me escucháis, quiero haceros ver la necesidad que tenéis de inculcar en vuestros hijos el sentido de responsabilidad.

Generalmente es exceso de amor a vuestros hijos os hace rodearlos de tanto cariño, de una ternura tan extremada, que les quitáis todas las posibilidades de hacer un esfuerzo por sí mismos, de ir poniendo en acción su pensamiento, hasta donde sus pequeñas facultades les permitan.

Rodeáis al niño de todo lo que necesita y no tiene más que alargar la mano para conseguirlo. En esas condiciones el niño se siente un tirano, se considera superior, se hace despótico y se vuelve caprichoso porque vosotros, por exceso de amor, os convertís en sus súbditos, en sus criados, y así no se cumple con la Ley, mis queridos hermanos.

Desde pequeño hay que enseñar al niño a que haga un esfuerzo para conseguir todo.

Por esa falta de ejercicio intelectual llega a veces hasta a embotarse su inteligencia, como sucede con las religiones.

El niño debe comenzar, desde muy pequeño, a pensar cómo ingeniarse para conseguir lo que quiere.

No debe facilitársele todo en la forma que se hace, porque de esa manera el niño llega a creer que tiene todos los derechos; debéis hacerle ver que todo lo que le proporcionáis es adquirido con vuestro esfuerzo, quizá con sacrificio. Es vuestro amor hacia él lo que os hace obrar así, pero debe ser hasta cierto límite.

No anuléis su personalidad, al contrario, cultivadla siempre inteligentemente.

Así como cuidáis sus primeros pasos y lo animáis a caminar dejando ya la mano que lo guiaba, al entrar de lleno en la senda de la vida, observadlo, sí, pero a distancia, dejando que haga un esfuerzo para lograr lo que se proponga.

Estimuladlo en sus esfuerzos; pero que el niño se sienta responsable ya de lo que va aprendiendo.

Es cierto que, en la primera edad, es inconsciente; pero hay espíritus adelantados, como lo estáis viendo entre los juramentados de hoy, que desde pequeños saben ya demasiado para considerárseles irresponsables.

Estimulad al niño; hacedle pequeños encargos que él debe ejecutar; mandadlo a cortos recados, y si no cumple, que sienta que ha faltado a su responsabilidad. Una falta que se comete muy a menudo en la educación actual es dar al niño demasiada atención, excesiva importancia. Todo en la casa se sacrifica por él. El niño pide lo que quiere, seguro de que le será concedido; pero debe de tomar en cuenta que desde pequeño debe medirse, debe aprender a dominarse.

Así pues, estimuladle siempre en sus propios esfuerzos; hacedle ver el papel que desempeña en vuestro hogar; que forma ya parte de la familia, pero que no es él quien manda y gobierna a todos, que no es el pequeño déspota que hace doblegarse a todos con sus caprichos; no, porque ese papel que el niño asume en su familia es el que desempeña después en la gran familia universal; por eso es tan importante hacer que, desde pequeño, asuma responsabilidad, que sienta la satisfacción de que puede hacer ciertas tareas, que se de cuenta de que ya es importante, que tiene un lugar en su casa; pero, también, que tiene que responder de lo que se le confía.

Enseñadlo a guardad, que no tire, que no despilfarre. Muchas veces el niño deja los juguetes tirados y la madre, cariñosa los recoge. Debe saber que tiene que ser ordenado, porque el niño que aprende a ser ordenado, después sabrá ascender, elevarse. El sentido de responsabilidad es muy importante en la vida. Habréis visto cuántos hombres son irresponsables, porque no se les inculcó, de pequeños, ese sentimiento. No disculpéis todo a vuestros hijos sólo por su corta edad; hacedles ver, hasta donde puedan comprenderlo, que tienen responsabilidad en sus actos. Dulcemente, delicadamente, inculcad en ellos la idea de que, más tarde, tendrán que dar cuenta de todos sus actos, tan insignificantes al parecer. Hacedles ver que esos actos quedan grabados en sus almas y que hay que evitar que queden esas cicatrices que, después, es tan doloroso borrar.

José de Arimatea.