El Odio.

EL Heraldo del Espiritismo 390315t17

Enero 27 de 1939.
Médium Margarita.

Quiero dictar unas palabras para los pequeños juramentados que asisten a esta Escuela:

Hermanitos míos:

Con que facilidad, en vuestros hogares, en vuestros juegos, en la escuela, pronunciáis las palabras: "te odio, odio a la escuela, odio a mi hermano, odio a mi amigo"; no, hermanitos míos; no comprendéis el significado de esas palabras. Jamás debéis decir "e odio". Los oís de los grandes y lo imitáis los pequeños, pero es que vosotros no podéis comprender que, nada mas con pronunciar esas palabras, no solo se manchan vuestros labios, sino que se mancha vuestra alma, se ennegrece vuestro espíritu.

Debéis amar; debéis ser enseñados a amar todo lo que os rodea, porque todo, todo, es hecho por el Padre, todo es obra de ese Padre amoroso que aquí se os enseña a conocer.

Odiad, sí, odiad la pereza, la mentira; odiad todo lo que pueda detener vuestro progreso.

No pronunciéis esa palabra, pero sí sentid verdadero odio por esas malas pasiones de que os acabo de hablar. Nunca, ni aun en vuestros juegos, pronunciéis esa palabra, que no debe existir en vuestro vocabulario.

Y a vosotros, padres que me escucháis, madres que estáis presentes, tened siempre ese cuidado, prevenidles, no les permitáis que digan nunca "te odio" porque, sólo con decirlo, se preparan para odiar y esos espíritus juramentados deben amar, amar a sus padres, amar a sus hermanitos, amar a todos los niños que, como sabéis, son hermanos todos esos juramentados que vienen ya con altas misiones que cumplir, conscientes, y que han jurado destruir la mentira, que han jurado tirar esa cruz, que es el baldón de la humanidad presente.

Vosotros, enseñarles a amar todo lo que les rodea y hacedles ver que es la obra del Padre, que en todo está su sabiduría, que en todo está su poder, que en todo está su amor.

Que tengáis tino para dirigirlos; que tengáis cordura para manejarlos; que seáis complacientes y, a la vez, exigentes.

Que sepáis dirigirlos porque debéis responder de estos tesoros que se os han confiado. Pensad profundamente en lo que son vuestros hijos y responded al Padre en el momento en que os pida cuentas.

José de Arimatea