Prólogo a la primera edición.

En estos momentos, como nunca, la humanidad entera se agita en una intensa lucha, en una evolución trascendental, que ha conmovido hasta lo más profundo la estructura social, moral y económica de los pueblos.

Entre los múltiples problemas que tiene que afrontar la presente generación, ninguno quizá de tan vital importancia como la educación de los niños, ya que ellos serán los hombres de mañana y de su correcta preparación depende que la humanidad terrestre de un paso firme en su progreso.

Es verdaderamente lamentable el perjuicio que se les ocasiona a los niños, con la más sana intención, con la mejor buena fe, que llega, a veces, hasta a nulificar su personalidad por completo, por exceso de cariño o porque los padres, en su inmensa mayoría, dan muy poca importancia al niño en los primeros años de su vida, considerando únicamente como un juguete o un muñeco al que uno se complace en exhibir, sin tomar en cuenta que es en esa edad cuando los padres deben extremar su atención, sus cuidados y sus ternuras para fundar en él un sólido cimiento -físico, moral y espiritual- donde se asiente firmemente su propia felicidad y su eficiente cooperación para el progreso y bienestar de la colectividad.

Mucho se ha logrado avanzar en este sentido gracias a la benemérita labor de misioneros tan grandes como Pestalozzi y Froebel, que orientaron la educación del niño por nuevos senderos al crear esos admirables centros infantiles llamados "Jardines de Niños", cuya benéfica influencia se extiende ya hasta las más altas esferas escolares.

Sin embargo, en donde verdaderamente radica la fuente de la felicidad o la desgracia del hombre: el hogar, ¡cuánta ignorancia! ¡Qué cúmulo de prejuicios, cuánta incomprensión...! ¡y es ahí donde se forjan los hombres del futuro, donde se labra la cera virgen -dúctil y pura- del intelecto y del corazón del niño, dejando en él huellas que perduran para toda la vida!

La Cátedra Regional Mexicana de la EME de la CU ha tenido la fortuna de que ese tema de apasionante interés y honda trascendencia haya sido magistralmente tratado por uno de los espíritus que más se destacan por la excelsa luz de su sabiduría y amor, el Maestro José de Arimatea, en una serie de diez conferencias medianímicas recibidas en el presente año de 1939, en el período del 27 de Enero al 28 de Abril. Esta última fecha ha sido consagrada en México como "Día del Niño", detalle sumamente interesante que demuestra cómo el Maestro desarrolló su plan de manera de dictar en esa fecha tan simpática y significativa su última conferencia dedicada a los pequeños juramentados, en la que se condensa los consejos y recomendaciones de las anteriores y, lo que es más importante aún, que lleva a la mente de los niños de nuestro Padre Creador en una forma accesible.

La vigorosa personalidad del Maestro José de Arimatea puede apreciarse recordando que él fue quien, fiel a su propósito de cooperar con toda su potencia al desarrollo de la gran revolución marcada por la Ley, encarnó en Palestina en la época en que iba a venir, como lo habían profetizado con mucha anticipación espíritus de luz llegados a la Tierra con ese fin, el Mesías del Amor, Jesús de Nazareth, a cumplir su duro y difícil pero sublime apostolado, para ser su maestro y guía y desde la tierna edad de 12 años en que su padre, José el Carpintero, lo puso en sus manos, seguro de que en el seno de la Escuela Esénica -selecto conglomerado de espíritus conscientes- de la que el Maestro José de Arimatea era uno de los miembros más conspicuos, podría desarrollar sus grandes facultades y conocer los secretos de la Cábala que lo pondrían en aptitud de desempeñar su alta y delicada misión.

Y ese amado Maestro, que bien pudiera hacer gala de la fraseología más elevada y florida, ha empleado un lenguaje sencillo, paternal, en la que resplandece la elocuencia arrolladora de la Verdad, para que todos los que han tenido la dicha de cumplir con la divina Ley de Procreación o estén próximos a hacerlo, puedan comprender y asimilar sus bellos consejos y grandes enseñanzas.

La Cátedra Regional Mexicana se complace en ofrecer, con íntima satisfacción, este fragante ramillete, este sazonado fruto de sus trabajos, a los padres y madres y maestros de toda la Tierra, sin distinción de nacionalidades o razas, estrechándolos en efusivo abrazo fraternal con el anhelo de ir juntos SIEMPRE MÁS ALLÁ.