CAPÍTULO OCTAVO
LOS FALSOS MAGOS, AGOREROS Y ADIVINAS

Aunque tan doloroso es este tumor como el anterior, es algo más divertido, porque es un avispero; y aunque despreciable es su comercio, tienen en su favor la valentía de ponerse ellos mismos su castigo, como las mujeres de vida alegre, que al vender su cuerpo en la calle, se condenan ellas mismas al juicio público; son menos hipócritas que las que se encierran bajo los techos del prostíbulo, que después saben presentarse como si no hubieran roto un plato; pero aun estas mujeres son más respetables y dignas de la sociedad que los supercheros.

Magos, los ha habido verdaderos, pero son misioneros, profundamente sabios y potentísimos, por causa de su entero conocimiento del espiritismo y por estar en relación directa y aun por ser miembros del gobierno del espiritismo, o consejos del Espíritu de Verdad, entre los que se cuentan, Moisés, Zoroastro, Elías, Jesús y otros muchos de esa talla.

Conocían hasta su raíz las fuerzas naturales y la alquimia, para extraer el principio vital de los productos naturales y hasta del Éter, para obrar fenómenos los más sorprendentes, como para figurar la ascensión de Jesús, en castigo de los sacerdotes sus asesinos.

No queremos decir que hoy no los pudiera haber; pues los hay y más ocultos para las gentes que antes y están empeñados en contrarrestar y contrarrestan y hacen sucumbir las religiones, que usan todas las artes mágicas inferiores y brutales, llamadas infernales.

Pero, esos... Cacharreros... más pobres de espíritu que un esquimal y aun más pobres en lo material, pobrezas con las cuales la magia, hasta la llamada infernal está reñida, porque necesita grandes laboratorios y hombres fuertes y sabios, esos... Cacharreros, digo, que se titulan magos y hablan de magia con menos fundamento que un alcornoque, no son más que unos grandes detractores de esas elevadas artes y a la vez del espiritismo, maestro de esas artes.

Se sirven de libros y eschiridiones falsificados y, desgraciadamente, obran el mal, cosa que ha conseguido la religión, al publicar esas bibliotecas de magia, poniéndolos en manos de aviesos e ignorantes, pero hijos del mal y religiosos, los que, viendo esos eschiridiones consagrados por oraciones cargadas de cruces y nombres divinos, se entregan a sus prácticas para todas las más grandes bajezas y venganzas, pero incapaces del más pequeño bien; pudiendo asegurar que hoy, más de media humanidad, se encuentra magiada, desorientada, caída, torcida y en discordia, por virtud de los falsos magos.

No los hemos tocado aquí para un estudio a los falsos magos, sino para que no les falte el soberbio título de detractores del espiritismo, por virtud exclusiva de la religión y del espiritualismo.

Entran también en esa categoría todos los magnetizadores artistas, con los hipnotizadores, sugestionadores y prestidigitadores, que son una calamidad, y los señalamos nada más para que los verdaderos espiritistas los puedan estudiar y distinguirlos como detractores y supercheros muy peligrosos para el espiritismo, porque lo llevan como juego vergonzoso a las tablas del teatro inmoral y a las reuniones impúdicas.

Los agoreros o adivinadores por mil objetos pasivos y no pasivos que se jactan en predecir cosas futuras, podrían ser considerados como divertidos bufones de la humanidad, a lo Bertoldo y Cacaseno; y serían dignos de risa, si no tuvieran la mala intención de bufonearse de lo más sagrado que existe en el universo: el espiritismo. Son de mis bajas miras todavía que los falsos magos; pues aquellos pueden invocar la profesión de un arte que, acaso ni conocieran las verdaderas leyes de la alta magia, obraran cosas buenas en alguna ocasión; pero los agoreros no están en esa condición, a excepción de algunos que, con buena intención, parecen consagrarse al estudio de la Astrología; pero que, por encontrar textos mixtificados, al igual que los falsos magos, son unos, negadores del espiritismo, y otros, detractores; pues los que algo honran a la astrología, aunque sólo sea por buena voluntad, o ya lo son, o están en camino de ser espiritistas. Los demás son detractores.

Adivinación. Esta es la mayor calamidad que puede sufrir, no sólo el espiritismo, sino hasta la sociedad contraria al espiritismo. ¡ Qué embustes, qué petulancia y qué baja moral se observa en esa pléyade de desvergonzados hombres y mujeres, dedicados a ese comercio indigno, en el que se reúne toda la canallería de estas tres familias de la misma especie, que estudiamos en este capitulo!... Una gran virtud, sin embargo, les atribuimos y es la sagacidad astuta con que saben burlar las leyes morales y las órdenes policiales. No tienen nada de tontos (en general, son mujeres) y toman una variadísima serie de posiciones, comparables en lo Zoológico, desde la inofensiva lombriz de tierra, hasta la saña del áspid.

Sin embargo, pelechan y pasan esas especies a través de los siglos. ¿ En qué consiste? En dos cosas esenciales, entre muchas otras; primera, en que, entre cien vaticinios formulados, alguno sale medio cierto: y como los que acuden a esos consultorios son poco más o menos como las... pitonisas... ese agraciado desgraciado ( ) se convierte en una gran campana de esa... gran profesora que tiene... polvos... para todas las conquistas; talismanes para librarse de todo; piedras para toda fortuna y... segunda, porque habla directamente de... te a te... con los grandes espíritus que tiene a sus órdenes y servicio, como monopolizados, puestos en baño en un vaso de agua, y tan poco escrupulosos, que están siempre dispuestos a entregarle al Libertino a la muchacha que quiere corromper, o a la adúltera viciosa el marido de otra mujer, a la que odia y quiere arruinar el hogar y... mucho de esto lo consiguen con facilidad por la compra de los víctimas, de la que se encarga la... Celestina...

Estos hechos los he comprobado yo mismo cuando escribía <El Código de Amor Universal», en el que no podía haber nada hipotético, y para ello, me valí de la amistad temporal con el amante de una de las más nombradas de esas grandes sábelo-todo. Para esto, aun tuve que aprender algo de cartomancia, como para hacerme más apreciable de la «Sacerdotisa», y como yo perseguía un fin necesario, me hice apreciar y aun llegó hasta no trabajar, si yo no había ido un día de cada semana a echarle a ella las cartas... ¡ yo que no conozco de los naipes más que los números! Pero en mi necesidad de apurar esa amarga copa, estudiaba para cada vez, una jugada diferente para la « Pitonisa», que no llegaba a adivinar mi juego, hasta que, poseedor de cuanto hacía ella, que es todo lo que hacen todos y todas las de esa especie, entonces fue el momento del desengaño, que se lo declaré, y no vi más a la pobre mujer, porque algo se había dignificado con muchas observaciones que le hiciera, y cerró su consultorio para marcharse con su música a otra parte donde no se la conociera, sin duda, porque al fin, "tenemos que vivir, señor", me había dicho. Y, sin embargo, allí había cristas, vírgenes y oraciones religiosas y confesaba y comulgaba, siendo todo lo que era, y... en sus avisos, «La primera espiritista»... ¡ Cuánto sufrí en esas visitas que me era forzoso hacer, para ver por mí mismo todas esas bajezas e indignidades, detracciones y prevaricaciones!... El único punto que no me admitía a conversación era tocarle la religión católica y el hijo de Dios, la Santísima Virgen y Sacramentos. ¿ Y los curas? ¡ Ah! los curas y frailes, podían cometer todas las indignidades que quisieran; para ella eran «Ángeles Ministros de Dios»... Y yo me preguntaba: ¿ Pero qué confesará esta tía malvada? ¿ No estará su confesor a la parte con ella? ¿ No será él mismo quien la dirija en toda esta malla de iniquidades? Es entonces que, so pretexto de un estudio, le pedí un libro que siempre la veía examinar después de cada visita de algún cliente, y pudo confirmar que todo ese inicuo comercio está implantado por la religión, puesto que ese libro, todo él son recetas, conjuros y grimonies, con signos y oraciones católicas y salmos del salterio.

¿Para qué mas comprobaciones? Y se llama « La primera espiritista»... Entre lo poco que tuve ocasión de observar ( pues sólo permanecía allí una hora cada semana durante seis meses) me cupo la suerte de oír detrás de las cortinas del gabinete contiguo al consultorio (donde me hacía esperar si alguien venía a consultas), cosas como éstas:

Un hombre de edad avanzada, con todas las características del libertino, va a pedir a la...

!Espiritista!... medios de vencer a una niña de 16 años que se le muestra incompatible y lo burla y «Quiero hacerle pagar caro su desprecio a esa... pobretona... que le estoy dando trabajo a su padre desde hace años, y ahora, esa chiquilla desgraciada, se quiere guardar para un ¡ miserable jornalero!... Yo le podría decir que su madre no se resistió tanto, y esa pícamela hace un año que se me resiste y esto no puedo dejarlo pasar más tiempo, porque temo que se entregue al mozalbete que la empieza a festejar». - Bien, señor, le prepararé unos polvos que Vd. la hará tomar o tocar y me avisará cuando los dio y entonces yo le citaré día y hora para que Uds., se encuentren aquí; pero esto, para empezar, se necesita... - ¿ Cuánto ? dice el lascivo corruptor. - 500, señor. - ¿ Cuándo estará eso preparado ? - Si Vd. me paga ahora, mañana. Saca su cartera y paga y se marcha.

Salgo yo espantado y una sonrisa y « Hay que vivir, señor, hay que vivir»- Pero...-Va, si no fuera de éste, será de otro con menos provecho. - ¿ Pero cómo es posible que unos polvos...? - Los polvos, señor, son los 500. Yo veré a la chica, la interesaré, porque cuando son jovencitas, se atraen siempre: se encontrarán aquí y... - Bueno, señora, no quiero saber más.

En otras ocasiones la decoración cambiaba: era una joven 1a pedigüeña y el pago sería después, con el producto de sus vicios.

Por este género es todo lo que se trabaja en esos laboratorios de maldad. ¡ Y se llaman espiritistas!...

¿Comprendéis, hermanos, si tendré razón para ser duro en mis acusaciones?

Además, esa « Madama » acudía a una sociedad espiritualista, y. a creerla, casi todas va» a una u otra, y las más son fanáticas católicas; de otras religiones, casi no hay ninguna.

¿ Qué menos puede hacer el Espiritismo Luz y Verdad, que eliminar esas calamidades, acudiendo a todos los medios más rigurosos y sobre todo al medio de descubrirlas ?

¡Ojalá que esta ilustración que doy aquí de los trabajos de esa gran calamidad de detractores, adivinas, agoreros y falsos magos os el coraje que yo tuve y pronto se vería el espiritismo libre de esa lepra !