CAPÍTULO SEXTO
LA MIXTIFICACIÓN

Expuestos ya los mayores detractores del espiritismo, tocan ahora otros menores; pero que, además de detractores, son mixtificadores. Pero si hay mixtificadores, es porque hay detractores que les prestan su materia, consciente o inconscientemente, pero siempre culpables y responsables.

El mixtificador no lo sería, si no hubiera seres fanáticos y místicos, que les sirven en todos los órdenes de lo moral, material y espiritual.

Pero nos acordamos que «Mixtificación» no es palabra castellana, aunque esté castellanizada: es francesa, y en el vulgo y también la generalidad de los que se llaman espiritistas, la oyen, pero no saben lo que es mixtificación.

Mixtificación es una burla, una mascarada, un abuso de la credulidad de algunos para burlarse y reírse de ellos.

Muchos, la mayor parte de los que oyen comunicaciones, no saben lo que es una mixtificación y la temen con pánico, sin pensar que «sólo la teme el que la hace», y también porque sólo mixtificación han tenido siempre y son de ello culpables todos los denunciados de detractores y lo vamos a probar.

Piensan que están a su disposición y a cualquier momento los espíritus y esto está en contradicción con su tarantela hipócrita: «Señor, no soy digno»: pero no ha de tomar un espíritu que los fustigue, porque entonces, lo tratarán por un demonio; pues ellos ¡cuitaditos! «ni pinchan ni cortan»... Pero muerden como áspides al espiritismo: es decir, a los espíritus de luz, que no pueden llegar a los que «no son dignos».

Mas como los espíritus buenos ( que no importa que estén en luz, semiluz, o en tinieblas, para ser buenos) obedecen a la ley de justicia ordenada por el espiritismo. Pero resulta que los llaman; y como están ocupados en el trabajo de estudiar su propio progreso, no les permiten acudir siempre y ahí acude, porque está siempre pronto el detractor mixtificador y quedan tan contentos y satisfechos, engañados y burlados.

Sé que aquí me va a caer una tremenda tempestad de odios y hasta de maldiciones, insultos y calumnias, de esos que pensáis que «ni pinchan, ni cortan», pero ya he dicho que muerden, y lo digo con la más dura y cruel experiencia. Pero vamos a explicar el punto anterior, no porque queramos justificarnos ni eludir la tempestad de los mixtificadores, a los que jamás hemos temido y siempre hemos descubierto, en cualquier forma y vestimenta que se hayan querido disfrazar; y lo probamos en que hemos escrito para ellos un «Libro Rojo».

Pues bien: la organización espiritual, es rigurosamente en el espacio, como las aulas de una universidad.

Los instructores guías inspiran y enseñan todo lo que ellos saben y reciben de los profesores espíritus misioneros, las instrucciones mayores y órdenes del gobierno del espiritismo, que es para cada plano, el consejo superior regida por el llamado Espíritu de Verdad, que tiene en sí mismo, toda la luz y sabiduría de todos los mundos y hombres del plano a su cargo y él solo penetra y está en los secretos del designio supremo.

Pues bien; la organización política es un engranaje tan ajustado, que no se puede mover la más ínfima pieza de ese inmenso mecanismo, sin que quede impreso en el Éter, en cuya placa lo han de ver los ministros de ese gobierno, que son todos los que por su progreso se han podido convertir en guías de otros menos sabios que aun no pueden valerse por sí propios, a los que se les ilustra para formar su juicio-destino, teniendo por consiguiente, una parte de responsabilidad por sus guiados.

Esto mismo indica ya, que no han de ser tan libres los espíritus para acudir a los caprichosos llamamientos de « Los indignos cuitaditos», que parece que «Ni pinchan, ni cortan », pero es porque muerden.

El libre albedrío lo tienen todos los espíritus; pero no lo usan más que los detractores, los juguetones y malvados, que no se amoldan al rigor de la ley de amor y optan por el libertinaje, desobedeciendo a guías, misioneros y consejeros, porque sus pasiones y maldad los domina y en su concupiscencia insaciable, acometen a todos los que, por mi aplicación al estudio y por el cumplimiento de sus deberes como hombres y como espíritus es forzosamente que los avergüenzen; y en su rabia, los persiguen y les tuercen su derrotero, poniéndoles mil obstáculos en engañosas apariencias y mixtificando los principios o lecciones que los instructores ( guías ) y los profesores ( consejeros ) enseñan.

El estudio eterno consiste en examinar cada espíritu su archivo: y tras de cada desencarnación, es riguroso hacerse su propio juicio de sus obras de hombre o mujer, para ver cuánto ganó, cuánto pagó, o qué deudas contrajo: durante cuyo estudio o examen, es inútil que nadie sea llamado, porque no acudirá, sino en casos muy especiales que los consejeros concederán, atendiendo siempre a la ley de justicia.

Esto es en todo rigor y es así necesario para la armonía y buen gobierno; y nadie se pasa desde que haya entrado en la ley del gobierno del espiritismo. Luego que ha hecho su examen y es autorizado a estudiar para cumplir nuevos deberes; entonces sí, puede venir con facilidad a los llamamientos, pero siempre mirando a un superior, que no quebrará por nada la justicia.

Mas tan pronto llaméis en verdadera necesidad, no os quepa duda, recibiréis la visita de ayuda y consuelo de quien corresponda, que deberá en este caso, ser superior a vosotros en luz, sabiduría y amor.

¿ Qué os parece del consejo que os puede dar uno de aquellos que llamáis, si fue como vosotros o peores?... Vuestra ignorancia, en este caso, la pagáis bien cara; porque, estad seguros que recibiréis a un detractor mixtificador, que os promete lo que no es justo y quedáis lastimosamente engañados y burlados por vuestra culpa temeraria y creencias quiméricas.

Lo que sí os aseguramos es que, mientras el espíritu recién desencarnado, no ha salido del letargo natural que le ocasiona la ruptura de los lazos de la materia, nada puede oír, ni manifestarse, con alguna que otra excepción en los dos extremos del espíritu de entera luz, o de la más alta maldad. En el primer caso, porque no ha sufrido letargo, porque vivió siempre desdoblado y no le puede impresionar lo que sabe que es su progreso; y el segundo, porque su odio, o sus pasiones, lo retienen para vengarse de aquel o aquellos a quienes quiere arruinar, y se ciega en su persecución y trastorna toda su vida; pero en este caso, éste obra en contra de la ley y se le han retirado guías y protectores, que no pueden ser, ni cómplices, ni responsables de sus crímenes, y éstos son los grandes mixtificadores: porque tampoco pueden hacer todo eso sin ser sabios, aunque sean aberrados por sus pasiones.

Creemos que con estos puntos de justicia, sabréis comprender la conducta que os pide el Espiritismo Luz y Verdad, para evocar con justicia y anular la mixtificación, porque habréis descubierto al mixtificador.

Un punto muy interesante queremos aún exponer sobre esta materia, y es sobre una palabra que mixtificadores y detractores han casi consagrado en dogma entre los espiritualistas. «Antes de aceptar una mentira, es preferible rechazar cien verdades», se les oye decir a muchos sistemáticos, fanáticos y místicos, que podríamos citar por sus nombres.

Nosotros les preguntamos: ¿Cuándo habéis distinguido la verdad de la mentira? ¿Acaso habéis visto siquiera el error y mentira del espiritualismo, a pesar de ser el conjunto de religiones, que cada una es un cúmulo de mentiras? ¿Habéis distinguido la máxima mentira de la gracia y el perdón de Dios? ¿No seguís vilipendiando a Jesús, llamándolo divino, hijo único de Dios y Dios, pero que no le concedéis el derecho que cualquier malandrín tiene de comunicarse.

¿ Habéis definido el alma y el espíritu, para colocarlos a cada uno en su justo puesto? Y sobre todo, ¿quién os obliga a aceptar nada sin investigar, cuando el espiritismo pide sólo fe de obras? Lo que perseguís los espiritualistas con esa recomendación tan injusta, es poner el máximum de obstáculos a la creencia. Y ¡tan cuitaditos que parecen!... Al fin, religiosos.

No: las verdades axiomáticas nadie las puede rechazar, aunque muchas veces sean dichas (porque lo son) por los mismos detractores, para ganarse mejor a los incautos. Pero la mentira, jamás puede sostenerse, por muy encubierta que se presente, sin enseñar algún borde o hilacha de su tejido, y sólo los incautos los afines de la mentira, la pueden aceptar.

No es en rigor una mixtificación la manifestación de un espíritu con un nombre o apariencia que no le pertenece, porque puede obedecer a que vosotros sois la causa, desde que queréis oír a un santo, cuya idolatría tenéis arraigada hasta la médula, porque sois espiritualistas. Y estamos seguros que aceptáis mejor a san Pedro Arbúes, aquel terrible desalmado inquisidor, que al grande y luminoso Giordano Bruno, quemado por los frailes, vistiendo él de fraile. Preferís que os hable san José deshonrado, y no el Patriarca, padre de 12 fuertes hijos. Y dais preferencia al mixtificado Jesús Dios, al Jesús revolucionario por doctrinas y... por las armas. Leed aquí «Jesús de Nazaret» en la «Filosofía Austera Racional» a este respecto y el «Discurso del Obispo Strossmayer». No. La mixtificación habéis de comprenderla en el engaño, el fraude y sobre todo en la tolerancia que os tiene en vuestros defectos y las promesas de cosas, que los hombres pueden y deben conseguir y en las profecías a plazo fijo, porque todo eso es una burla a vuestro fanatismo, misticismo e ignorancia, por vuestros prejuicios religiosos. Y tened por todo presente que, los mixtificadores, sólo pueden mixtificar con médiums que no reúnen las cualidades de la ley que hemos transcripto; porque sin aquellas cualidades, ellos misinos son los mixtificadores y los supercheros. El espiritismo es para valientes y sabios, que son siempre antirreligiosos . Para éstos, no viene la mentira del mixtificador.