CAPÍTULO QUINTO
EL MISTICISMO

Este es una calamidad del Espiritismo. Pero el misticismo no es del espiritismo, sino del espiritualismo amalgama. Veamos la «Mística»: es una parte de la Teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus.

«Misticismo», es la contemplación religiosa y la abstracción personal, sin provecho de nadie, crean los misterios, puesto que ve y no entiende. «Místico» es aquel que por la abstención, se elimina en todo o en parte de la vida social común, atraído por un misterio o razón oculta.

A éstos los voy a comparar bien: recuerdo que en mis mocedades, un amigo mío, tenía un perro de aguas, que lo llamaba «Granuja», muy lindo y el ejemplo de la obediencia ciega a su amo, aunque fuese en perjuicio de «Granuja». Lo había enseñado a su gusto la guarda de su persona y tratándose de servir a su amo, «Granuja» era capaz de aguantar los más grandes sacrificios.

Un día ha ido a trabajar a un campo una hora retirado del pueblo, y al hombre le ocurre acordarse que en el pueblo vecino hay fiestas; y allá se va, dejando la ropa de trabajo y el azadón, diciéndole, como lo había enseñado a «Granuja», al oído: « Hasta que yo vuelva, quieto aquí ».

M., el amo de «Granuja», no es que no se acuerde del pobre perro; pero en la fiesta se encontró amigos y, accediendo a sus instancias, se queda un día más; pero en ese día, han reñido unos mozos, cuya pelea ha presenciado M. y quiera que no, es retenido para declarar, volviendo al quinto día: encontrando al pobre «Granuja» moribundo y lacrimoso de hambre y de sed y herido, pero con un pedazo de pantalón de alguien que quiso robarle y le robó el azadón, y aun recibe reproches del culpable amo, y «Granuja» muere víctima de su misticismo, sin provecho de él ni de su amo.

Para «Granuja», fuera de su amo desalmado y desagradecido, no había otro amo, hombre, señor, ni otro amor.

Para el místico, fuera del misterio que contempla, no hay otra razón de vida, ni existencia. Lo mismo que aprovechó el inútil sacrificio de «Granuja», aprovecha la contemplación y suicidio moral y aun material y corporal del místico irracional.

El misterio o el dios M., le dice al místico: «Hasta que me descubras y me comprendas, mírame, contémplame y entonces te premiaré». Y claro está, la inacción lo inhabilita y cada vez ve mas misterio y más reproches escucha su conciencia pusilánime del festivo dios, y al fin, como «Granuja», mueren llorando su ciega obediencia al misterio.

Ya lo ha dicho el proverbio: «El que no se renueva, es árbol muerto», y el místico no se renueva y muere... su esperanza de descubrir el misterio, porque el misterio no existe; pero sí existe la sinrazón y la razón del vago en el místico obediente y ciego, hasta suicidarse él por hambre, sed y anulación de facultades, en la contemplación de... nada... ¡ Y poco sabios y más que sabios ladinos que son los detractores del espiritismo, para mantener en esa inacción a tantos pobres «Granujas»! ¡Granujas !... ¡ Pero hombre ! Miren Uds. cómo se impone la verdad; ¡ tantos pobres Granujas místicos, obedecen a los detractores del Espiritismo !...

Sí. Esos místicos, bajo la razón del vago contemplativo, pierden hasta la noción de la dignidad; la vergüenza no, porque no la tuvieron y oyen muy complacidos las inspiraciones del... ¡Señor!, redomado detractor, que bajo misterios (mixtificaciones) los dirigen y abren consultorios y gabinetes o santuarios, con altares, cristos, imágenes y tantas otras cosas que el espiritismo condena, donde los ignorantes llevan su pesito al «Granuja» vago-místico enervado en materia y espíritu; y allí se adivina al incauto que descubre un agujerito de su conciencia en una palabra, que «Granuja» pesca y su guía detractor le inspira; y cura donde no hay enfermedad, y arregla lo que no se ha desarreglado; y os promete fortunas que él desprecia, pero os saca el pesito. ¿Cuánto más os tomaría la fortuna que os promete? A él le basta la «divina providencia» de vuestra dádiva: y de vuestra tontuna se hace el trono de santo que otros místicos le consagrarán y así denigran al espiritismo esos inútiles a la sociedad y al progreso, lo mismo que cualquier otro fraile.

Hemos hablado del místico aleccionado, hábil y sirviente del misterio, que no entiende, ni nunca puede entender, por que no existo; y viene muy bien esa historieta del perro «Granuja», sólo que no son tan leales como aquél de llegar al sacrificio de su persona por el bien del prójimo, del que reciben beneficio sin tener oficio, sobrepasando el significado del nombre «Granuja», llegando a la truhanería y a veces llegan a desalojar de su pedestal al detractor guía, que suele tener más vergüenza que ellos; y ya podéis, espiritistas, comprender, que sombras tupidas y manchas negras ponen al sol del espiritismo, bastante más peligrosas que las que les ponen algunos astrónomos al astro rey de nuestro sistema.

Pero hay otros místicos que los han calificado mal, diciendo que «Ni pinchan ni cortan», «Que son inofensivos», porque no se meten con nadie. Grave equívoco de los biólogos y psicólogos que tal los consideran, porque es una masa siempre dispuesta a llenar el horno de las concupiscencias de los detractores.

Es una masa grande, con la que cuentan todas las sectas y partidos; pero entre todos, los que más tienen de esa especie degenerada son, el catolicismo y el. espiritualismo.

Esa masa, que son los eternos «Domine non sun dignum», siempre esperan la gracia y el perdón y siempre están dispuestos a obedecer sin preguntar ni inquirir, por qué hacen, ni por qué no hacen, y no saben si hacen mal, ni si hacen bien: en todos los rasos de mérito y delito, el místico político os dirá: me lo manda mi credo; el religioso, me lo manda mi religión; y el espiritualista, me lo manda mi guía. Es decir, al místico le mandan todos, menos su conciencia, y no hace experiencia.

Los místicos espiritualistas (no los hay espiritistas), en su exterior son hasta desidiosos; y en su todo, pusilánimes, inútiles a toda obra de provecho; conservadores rutinarios y jamás darán un paso por propia voluntad. No hablan, balbucean; miran desconfiados, taimados, recelosos, y jamás de frente y con franqueza, pues hasta en la palabra son egoístas.

Mas las dos especies de místicos descriptos, son en general los que forman el número en los centros espiritualistas y con ellos se hace bulto, haciendo el oficio de señuelos para atraer y retener algún tiempo a los que van buscando luz, consuelo, o el camino que presienten, y ante esos cuadros, de los que pronto se da cuenta, huye sin ganas de buscar mas, pues se ha engañado ahí, como se engañó en la religión.

He ahí como esos «inofensivos», que parece que ni pinchan ni cortan, hacen bastante más daño que un puñal envenenado, y queda así demostrado que, esos insospechados «malandrines» son unos grandes detractores del Espiritismo Luz y Verdad.

Tratando de este asunto, hemos dicho en otros libros que: «Nosotros queremos demonios activos, antes que ángeles inofensivos».