CAPÍTULO SEGUNDO
EL ESPIRITUALISMO

Tomemos la definición académica sobre « Espiritualismo» y «Espiritismo», por si los hombres quieren creer mejor a los académicos de la lengua buenos filólogos, que a nosotros austeros filósofos. Aquellos han definido:

« Espiritualismo», es cualquiera de las doctrinas religiosas y filosóficas que admiten la existencia de seres inmortales y la inmortalidad del alma; por lo cual el espiritualismo es, el conjunto de todas esas religiones».

« Espiritualista, el partidario del «espiritualismo».

« Espiritismo. Doctrina basada en la teoría de la inmortalidad del espíritu y en la posibilidad que el espíritu tiene de acudir a evocaciones y llamamientos cuando no está encarnado».

« Espiritista: que profesa el « espiritismo»».

Nosotros confirmamos esas definiciones, agregando todo lo demás de este libro, por una palabra que falta en la definición del espiritismo; pues dice: « Cuando no está encarnado», que debe suprimirse o agregar y aunque esté encarnado, por desdoblamiento.

La diferencia es tan grande, que hay un abismo insalvable entre «Espiritualismo» y « Espiritismo», como entre « Espiritualista» y «Espiritista».

En nuestra « Filosofía Austera Racional», en < El Espiritismo en su Asiento» y « El Primer Rayo de Luz», hemos presentado esta misma cuestión como axioma indestructible.

En el año 1912, en réplica, aunque en forma de pregunta a un conferenciante en una antigua sociedad, expusimos esa misma definición, sacando y sentando en consecuencia que: «Siendo todas las religiones falsas, error y mentira, y componiéndose el espiritualismo del conjunto de todas las religiones, el espiritualismo es falso, error y mentira, como entre todas las religiones; y por lo tanto, los espiritualistas, son (porque participan) falsos, errados y mentirosos, como entre todos los religiosos».

No creáis que nos hayan perdonado esa contundente declaración, hecha ante unos doscientos oyentes. No. No pueden perdonar, como buenos religiosos; y como tales, han calumniado (única arma que saben blandir), han calumniado, digo, a la Escuela que los desmiente y al hombre que la fundara; el que, para ser del agrado de ellos, debería ser insensible, no ser hombre y vivir metido en un fanal, como ángel inactivo, o como Dios y los fetiches santos, que, ni andan, ni piensan, ni oyen, ni se ofenden, y así, no les pueden decir estáis equivocados, sois malvados y malversores.

Mas es necesario en este capítulo ser todo lo riguroso que merece esta materia, en el concepto verdadero que se desprende de la definición académica, en el que hemos de tener a los espiritualistas.

Acaso sea nuestro rigor de justicia, el salvavidas, el ancla salvadora de muchos millones de hombres y mujeres que, buscando de buena fe el camino del espiritismo, entraron en los centros que ostentan con traición el sagrado nombre del espiritismo y se practica el espiritualismo, o sea las doctrinas religiosas, con un manto hipócrita que envuelve los principios austeros del espiritismo y pelechan sólo, regidos por un continuo tira y afloja entre los dos extremos: el uno, el religioso, al que tratarían de combatir, y el otro, el espiritismo, al que tratan de buscar, efecto de la tremenda lucha que se establece en esos espíritus que, escarmentados de la religión, huyen y reniegan de ella y no logran encontrar el principio que presienten del espiritismo racional y se retraen al comprender la farsa del espiritualismo y, ya no buscan nada, por no ser nuevamente engañados y acaso será ése un misionero que ha perdido su camino entre la falacia religiosa y la amalgama espiritualista.

Son éstos muchos y en general hombres ilustrados en letras, o de alguna posición social que, escarmentados de la religión, serían unos bueno» espiritistas; pero los perdió el espiritualismo y se están en su casa en estado neutro, o atacarán a la religión y al espiritismo, que creyeron era el espiritualismo donde militaron, tratando de encontrar el principio racional que presentían y no pudieron comprender que el espiritualismo no es el espiritismo.

Huyeron esos hombres de la religión y entraron en el conjunto de las religiones.

En la religión le hablaron de cielo, de santos, de caridad, de perdones y de gracias, que sólo eran de un Dios, del de aquella religión; y en el espiritualismo encontraron las mismas cosas bajo otras formas y de todas las religiones, con la agravante de que « El espiritismo no se cuida ni le importan las cosas de la materia», y esto es algo peor que aquello de que « Los enemigos del alma son tres: Mundo, Demonio y Carne», del credo católico.

Eso, con su eterno « Domine non sum dignum» y las milagrerías, curaciones extraciencia, adivinanzas, gatuperios basándose en oraciones, misticismos que anulan y fanatismos que denigran; su descuido absoluto en el reconocimiento de las ciencias como ramas cada una del Espiritismo Luz y Verdad, no sólo señala al espiritualismo como detractor, sino que fundamentalmente son prevaricadores y malversores del principio y cartilla de Kardec, y. sobre todo de los austeros fundamentos de Shet, manifestados en la recopilación del decálogo de Moisés, aclarados en parte conforme a su tiempo por el maestro misionero Jesús, que no es el más, ni el único, ni el último, sino el intermediario entre las tinieblas que acaban y la luz que se anuncia para el último período del reinado de la materia, por lo cual empieza el reinado del espíritu.

De todo el error que hoy tienen los hombres sobre el espiritismo, son culpables el espiritualismo y sus pontífices, y queremos que esto acabe; para lo cual hacemos este esfuerzo, que dedicamos a esos hermanos atacantes o neutrales del espiritismo; y estamos seguros que han de oír este clarín penetrante de sus conciencias.

Nos dirigimos igualmente y con mas amor y benevolencia si cabe, a la otra gran pléyade de hombres y mujeres que buscan en el espiritismo su descanso y consuelo, agobiados en su conciencia por el engaño religioso; pero que menos ilustrados que los que acabamos de describir, por un agradecimiento tacaño (aunque bien intencionado), se quedan en esos centros de amalgama, donde los detractores saben amoldarse a los temperamentos malos y buenos, místicos y fanáticos, calumniadores y críticos, charlatanes y conferencistas, hipnotos y truhanes, puras y pudibundas, castas y adúlteras, virtuosos y criminales, todos, todos son admitidos al banquete de la gracia y el perdón de Dios. ¡ Infames! ¿Dónde estaría la justicia de la ley en esos perdones y gracias? ¿ Cómo se justificaría ese Dios parcial, injusto y ruin, ante mí y cualquier otro ofendido y perjudicado que no hubiéramos sido resarcidos? ¿ Qué Dios hace todo cuanto quiere? Ese será el Dios religioso el Dios de los espiritualistas; pero el Creador, padre de los espíritus, Rector y Maestro sumo del espiritismo, ése que es el autor de las leyes inflexibles, ése... No. No hace cuanto quiere. Hace cuanto debe y ab-eterno y sempiterno se marcó él mismo en esas( )leyes lo que haría: lo que hace.

Deberíamos terminar este capítulo en el contundente punto anterior. Pero hemos subrayado curaciones extraciencias y agradecimiento tacaño, y queremos dejar claro esos dos dichos: el primero irracionalmente defendido y sostenido por la gran pléyade de curanderos, charlatanes y manosantas, más ignorantes de lo que dicen, que el asno contador; y el segundo, hijo de la ignorancia beatífica, de almas sencillas y buenas, pero prejuiciadas de la religión.

En cuanto a curaciones extraciencia, además de cuanto hemos expuesto en el capítulo « Las ciencias ante el espiritismo» y en muchos otros casos, agregamos aquí que: nada en ninguna cosa de la vida y de los hombres hay que esté exento, ni carente de una u otra ciencia y menos en las curaciones de la materia. Como también es imposible que cualquiera ciencia no esté regida por su propio espíritu del operador; y como éste no puede prescindir de los espíritus afines, familiares o guías, es imposible también separar ni aun la ciencia más materialista del espiritismo, que creó y trajo las ciencias. Es, pues, una maldad del espiritualismo y las religiones ese sostenido de curaciones extraciencia, y así lo sienta y lo sentencia el Espiritismo Luz y Verdad, padre de las ciencias; y declara detractores, malversores y prevaricadores a los curanderos y cuantos sostengan esa falacia.

Sobre « agradecimiento tacaño» ya hemos dicho en su descargo, que son almas buenas y sencillas, pero de ignorancia beatífica que, reconocidas al consuelo que recibieron en su agobio, profesan luego, no la creencia del principio espiritista, sino la veneración al que les diera el consuelo, sin discurrir que, unas cuantas gotas de arsénico, purifican la sangre; pero que continuando tomando gotas, acaban por envenenarse y mueren o se asimilan al arsénico, que en este caso, es al médium o director del centro de amalgama el arsénico, al que se asimilan y caen en un fanatismo deplorable y en un misticismo que mata la razón y no disciernen ya entre la verdad y la mentira, llegando a ser sistemáticos, de los que no se puede esperar una evolución pacífica hacia el verdadero progreso, sino que será necesario una revolución completa en su biología, en una caída segura que han de experimentar en su moral, o en su materia, o en sus intereses, o seres más queridos, vomitando entonces toda la dosis de arsénico intoxicante.

¡ No, hermanitos! Entended que la veneración es sólo al Creador al que la debéis. El consuelo que podéis recibir de un médium o de un director, es deber de ellos darlo y nada suyo dan. No os decimos que el agradecimiento sea malo, ni que no seáis agradecidos; si no que, antes y después del agradecimiento, está el reconocimiento de la justicia del espiritismo, sin cuyo conocimiento, vuestro agradecimiento, es una tacañería.

Agradeced, sí, el consuelo y aun más si hay sacrificio personal; pero no pospongáis la causa al sujeto, ni tampoco califiquéis la causa por los vicios, faltas o virtudes del sujeto.

Hoy no podéis ya equivocaros, ni confundir el espiritismo luz y verdad, con el espiritualismo, amalgama de espiritismo y religión. Y si no podéis retener en vuestra memoria todas las diferencias que hay entre los dos antagónicos irreconciliables, os bastará tener presente que, el espiritismo es absolutamente antirreligiosa y que no admite más fe que la de las obras; y el espiritualismo, es todas las religiones conjuntas con todos sus errores, vicios y pasiones y os pide creer, tener fe ciega, lo cual es irracional.

Repetimos, que no tenemos la pretensión, ni siquiera la idea do convencer a nadie, porque sabemos que sólo puede convencerse cada uno a sí mismo.

Nosotros tenemos un deber y lo cumplimos, señalando la verdad y la mentira; con lo que dejamos el camino abierto, limpio e iluminado, que, al que quiera caminar de propia voluntad, le será benemérito. Pero advertimos que, todo el ancho del camino, lo abarca un terrible( ) rodillo, que es la ley del progreso, y marcha siempre empujando y haciendo caminar a los que no quieren dejarse pisar; pero aplasta sin compasión a los que no quieren marchar y aun, al aplastarles, les dice inflexible: ¡ Volveré! Y siempre vuelve hasta que todo esté igualado y todo haya entrado en sus engranajes.