CAPÍTULO OCTAVO
LA INFLUENCIA DE LOS ESPÍRITUS

La mejor prueba de la influencia de los espíritus, en todas las obras del hombre y los fenómenos espiritistas, son el amor, el odio y el deber.

Por el primero se produce todo lo bueno, por el segundo todo lo malo y por el tercero todo lo justo. El amor y el deber, casi siem­pre obran juntos.

El odio siempre obra solo y a traición. Pero en cualquiera de los casos, es la influencia de unos u otros espíritus los que pro­mueven todos los hechos que en la vida registramos.

Hablar del otro mundo para referirse a los espíritus, es una gran ignorancia de lo que es el universo y del destino del espíritu; pero es fruto de la explotación y maldad religiosa que hoy debía descubrir y probar el espiritismo, porque ha llegado el tiempo de su reinado.

Como las pruebas mejores son exponer los fenómenos que se han operado, y estos capítulos sólo son capítulos por división dia­léctica, pero que son cada uno continuación de su anterior, vamos a enumerar aquí algunos de los más notables realizados y que son tenidos y explotados por grandes milagros y será la mejor prueba de la influencia de los espíritus en todos los fenómenos, y mas que en ningunas otras facultades, en la materialización y aportes.

Muchos dejamos expuestos, como los de Moisés, los de Juan apóstol y tantos otros; pero debemos abundar y tomaremos algu­nos muy salientes.

La religión católica, nacida de otra religión que moría, tenía que vivir muriendo, y cada 50 años decae hasta temer sus Pontífices, cada uno, verla desaparecer, y se ven precisados a las continuas evocaciones, no sólo diarias, sino en todos Ios instantes a Ios suyos en espíritu, que conjurados, obran los fenómenos para dar vida a su mortal enferma religión, mientras puedan. Pero visto esto, también los espíritus de luz se encararon para hacer otros fenómenos que en su día desmintieran el milagro.

Ildefonso, arzobispo de Toledo, es el espíritu del abuelo de Jesús. Espíritus de los más grandes de la Tierra y en misión de pacificar la España de su nieto Santiago y de su hija María.....

Se hace hombre; y como entonces, siendo todo bondad, la mejor posición sería ser jefe de la religión, a su tiempo es arzobispo en su ciudad natal.

Las guerras continuadas de los moros, hacen de España un caos de ignorancia y de miseria.

Los espíritus detractores saben que allí se había sembrado la doctrina de justicia y libertad y quieren arrancarla y la invaden con la morisma y su religión de fanatismo.

Dejemos de historiar lo civil y religioso.

Ildefonso ha vendido y dado cuanto tiene, propio y de la cate­dral y no le queda ni una casulla.

La reina de Castilla, ante un castigo que se ve precisado el rey su esposo a imponerle por haberle quebrado un juramento o convenio celebrado con los moros, acude por consejo al bueno de Ildefonso y llega la reina en el momento en que va a celebrar misa, sin casulla, lo que agobia a Ildefonso y se ve vestido con una rica casulla.

La Religión dice que «fue traída por la Virgen aquella casulla». Lo cierto es que la casulla no la tenía Ildefonso y en su ( )gran deseo se vió vestido de ese ornamento y está confirmado por la Iglesia católica al decir que «fue traída por la Virgen del Sagrario>, que así llamaban a la imagen, y desde entonces, porque Ildefonso supo encontrar solución al conflicto, aquella imagen la llaman de la Paz.

El hecho esta confirmado. La casulla está en Toledo, pero faltó en los cajones de la ropería del Pilar de Zaragoza. Esto no lo ha dicho la iglesia católica, pero lo dice el espiritismo y lo confiesa el espíritu de Ildefonso y lo confirma el de su hija María madre de 7 hijos, por obra y gracia del fuerte José.

¿ Cómo se ha realizado el hecho ? Recordad el caso de mi pañuelo. Ildefonso tuvo entero deseo y completa voluntad, y no es más importante ese aporte de la casulla que el de mi pañuelo y estoy segurísimo que han actuado los mismos espíritus en los dos casos...

La médium y monja M. M. de Alacoque, mística, esclavi­zada e ignorante, como el 95 % de la especie monjil, es viden­te y médium de materializaciones.

La iglesia católica ha recibido un golpe mortal con Garibaldi y el liberalismo hace escuela y el espiritismo se anuncia ya, como sol de justicia. Las fuentes de recursos de la iglesia se agotan y la fe la van conservando los hombres en el cajón del desprecio. ¿ Cómo salvarla si ya todo el filón de Jesús se ha explotado y hasta no queda por vender ni las bolas del Cirio Pascual ? ¿ Quedará alguna gota de sangre tras la herida del costado de Jesús? Sí que había. Entonces, aprovechando el misticismo y las facultades de M. M. de Alacoque, el más truhán de los espíritus mixtificadores, toma la figura de Jesús, le muestra el corazón en llamas (de pasión ) y le pide que celebre una fiesta al Corazón de Jesús, porque es la última prueba que tiene para salvar a los hombres. Si es un fenómeno del espiritismo, ¿ dónde está el milagro ?

Bernardetta, esa pastorcilla que en su buena fe y por sus facultades vé en sueños a María, materializada, en la cueva donde hay una fuente mineral, ni más buena ni más mala, que pueden ser las de Mondariz o Cacheuta. ¿ No es un fenómeno del espiri­tismo y no hay tal milagro ?

Lujan; ese Lourdes Americano; porque una mujer aporte una imagen que llevan en un carro o como sea. ¿No es lo mismo los aportes que tomamos nosotros, que el de la casulla de Ildefonso y cuantos existen, aunque sean las plagas de Moisés y por lo tanto no hay tal milagro ?

Sin embargo, cuando el espiritismo ha mostrado sus fenó­menos, ni más ni menos iguales y similares a los anteriores usur­pados y consagrados milagros, los materialistas, los pseudo-cien­tíficos, se atreven a ponerse frente a frente de estos fenómenos y no les ocurrió atreverse a pedir cuentas y pruebas a la religión. Es que parecen divorciados de la religión y son parias de sus pa­trañas, acaso inconscientes; pero eso no quita que lo sean y aun la sostienen.

Hay hechos de todas índoles que, siendo fenómenos del espiritismo operados siempre por médiums religiosos o no han sido usurpados y consagrados milagros. Por ejemplo: Isidro, un pobre labrador madrileño ( que fuese o no devoto no nos importa ), pasa por un momento en que la sed lo apura a él y sus bueyes: en un acto de entero deseo y completa voluntad ha evocado a quienes le han enseñado y sobre una piedra de una cantera en que muchas veces ha bebido agua de lluvia, pega tres golpes y agua aparece, que bebe él, sus bueyes y todo el que llegó mientras duró. ¿ Nació allí una fuente ? No; el agua fue aportada y le ayudaron otros espíritus, y no faltó el de Ildefonso, entre ellos. Sin embargo, se ha consagrado milagro.

Vicente Ferrer, es un fraile lego muy popular en Valencia. Es médium de muchas facultades y de un gran poder psíquico. Ha hecho tantas cosas vulgares y extraordinarias, que ya no te­nían mérito, y su superior le ha prohibido hacer más mi­lagros.

Un día pasa por delante de una obra, de cuyos andamios se caía un albañil, el que grita: ¡ Hermano Vicente, sálvame ! Y Vicente lo detiene en el aire y le dice: « Espera, que no tengo permiso para hacer milagros». Corre al convento a pedir per­miso, que le es dado cuando se ha explicado. Vuelve y le grita: — «¿ Arriba o abajo ?» — «Arriba »- - dice el áureo alba­ñil. Y arriba fue, al andamio del que caía.

Este fenómeno lo he negado yo; pero en Valencia no vale la negativa; allí todos lo saben y has de creerlo, porque viene de tradición. Pero si no fue, puede ser, porque hay en los fenómenos de efectos físicos y levitaciones cosas más grandes y pesadas que el cuerpo de un hombre.

Es la fuerza de los espíritus, en el deseo de una voluntad completa en el bien y en el mal, la que obra con el médium.

En suma: nada hay que no sea un fenómeno del espiritismo y todo es obrado por médiums, sin importarnos aquí que sean conscientes o inconscientes; y hasta los mismos negadores, médiums son; si no lo fueran, no podrían negar, porque tampoco podrían recibir influencia de los espíritus «Negros de Hollín», como los llamara Abrahán a los que hacían el mal. No importa la maldad para ser médium, lo que ya hemos demostrado atrás y sobre todo, hemos sentado que «La ley es una».