CAPÍTULO SÉPTIMO

EL FENÓMENO DE APORTE Y MATERIALIZACIÓN

Tenemos en esta Escuela 19 aportes debidamente documentados, con sus actas firmadas por los que se encontraron presentes habiendo acta con 22 firmas, y producídose algunos en sesiones públicas que había 120 personas.

Del estudio del primero hicimos la ley de aportes que insertamos en nuestro libro « El Espiritismo en su Asiento”, lo cual prueba que hemos recibido el fenómeno y no lo hemos tirado al canasto del desprecio, sino que lo hemos recogido para estudiarlo en su forma de producirse y la causa de producirlo.

Vimos que, a pesar de verlos caer, algunos que se encontraban presentes, científicos y profesores, y lo más triste es que, entro estos, había un profesor de Filosofía y letras, y sobre no estudiar nada sobre el fenómeno, les han dado una importancia igual a la cosa más indiferente y vulgar, que no se aprecia en nada. Pero siguen pidiendo fenómenos. ¿ Para qué los quieren si no les entienden y si los entienden no los aprecian? Tan orgullosos son los hombres de la tierra, que esas manifestaciones de amor, recuerdo y cariño que nos dan nuestros hermanos espirituales, creen ( sobre todo esos pseudo-científicos) que han de dárnoslas porque sí porque las pide el hombre, muy hombre, sin ser hombre; y la prueba de que esos muy hombres no son hombres, está en que no razonan.

Comprendemos que los hermanos espirituales se retraigan y no hagan muchos aportes ni materializaciones, ya que, siendo la prueba más concluyente del poder y existencia del espíritu y de espiritismo y del amor de los espíritus de luz, los hombres no los agradecen como merecen, porque piensan que es por obligación para convencerlos de lo que maliciosamente niegan.

No. Saben los espíritus y lo afirmamos nosotros, que el fenómeno no convence a nadie.

Pero saben los espíritus y es ley del espiritismo, producir todos los fenómenos que demuestran la existencia del espíritu « Post Morte”, y los aportes es una prueba de cariño, como la materialización es la concluyente, de que el espíritu se mueve y vive, dejándose fotografiar, dejándose ver y aun dejándose palpar, y hasta pegar bofetadas, tocar instrumentos, provocar peleas gritos, ruidos, risas y lloros y... todo ilusión, fantasía, extravío de la razón, aunque todo un pueblo vea como se pasea una figura descabezada en el centro de Buenos Aires, en la conocida quinta de Léxica, y alguna vez haya acudido para restablecer el orden, una dotación del cuerpo de Bomberos de la Capital.

Los gritos y ruidos de hace tres años en la laguna del Parque de los Patricios, aunque todo un pueblo los oyese; aunque acudiera un fraile de Nueva Pompeya a exorcizar y no consiguiera hacer callar a aquellos gritones; aunque los bomberos rastreasen toda la laguna con sus ganchos y rastrillos y nada encontrasen, siguiendo igual los ruidos y los gritos... era una ilusión, una fantasía de un pueblo de 1 millón 800 mil habitantes.

La sangre que brotaba de un cuadro, en 1910 en la calle Pichincha de esta Capital de los zánganos, de los libertinos, de los científicos y de los espiritualistas, aunque varios químicos entre ellos Arata recogieron el líquido, lo analizaron y certificaron que era sangre, y el cuadro fuese una simple cartulina, sobre la que había sido impresa allá en Francia, Alemania o Italia, una imagen de Jesús, a pesar, digo, del análisis químico, era ilusión y fantasía de este pueblo negador del espiritismo, por lo mismo que el espiritismo se ha mostrado con más contundencia, porque no se dejará vencer de los detractores, con toda su ciencia y éncia ni de la indolencia de los espiritualistas, que a nada se atreven por no ponerse a mal con la religión y los negadores con quienes viven « Judaizando”; mas ya saben los zánganos de las colmenas religiosas que el espiritismo, en esos hecho?, lo ha desmentido en su poder exorcitante y demás falacias sacramentales. ¿ Qué importa, pues, la negación de los críticos, de lo que nada saben, la indolencia de los espiritualistas y las condenas de la religión si los fenómenos existen y se repiten? Esa misma negación y condenación es precisamente el artículo de fe de que los fenómenos fueron una realidad. ¿ Su comprensión? ¿ Su estudio? No son para la ciencia, porque proceden de la esciencia, de la sabiduría del espiritismo, en una palabra. Pero no han quedado sin estudiar y hemos tomado parte directa en su explicación en muchos miles de fenómenos. Y vamos a extractar el estudio de esos tres enumerados, que nos vinieron a la punta de la pluma, brotados de la abundancia de nuestro aljibe, que rebosa de lleno.

Permítasenos no citar nombres, que no hacen al caso para los hechos, puesto que no hacemos biografías.

El caso de la quinta de Lezica se repitió muchos años y coincidía con el día de un crimen alevoso.

Una mujer hermosa y joven, planchadora, defiende su honor de mujer; un apasionado libertino, que no consigue los favores de la virtuosa obrera, la ha decapitado. Es en tiempos de la más refinada tiranía del desgraciado Rozas.

La brusquedad y rapidez del hecho, ejecutado en breves segundos, no hizo en el espíritu de la trabajadora mayor sufrimiento, quedando sólo en un semiletargo, siguiendo bajo la impresión del trabajo, que ejecutaba por hábito y deber, y así se dejo ver por muchos años. ¿ Cómo podía realizar estas materializaciones completas, pues se la veía cruzar los bosques tupidos de la quinta, oyendo el ruido de sus pisadas y viéndose el doblar de las hierbas por donde pasaba? ¿ Por qué no era todos los días y sólo era días antes y días después del crimen? ¿ Por qué dejó de realizar el fenómeno hace algunos años?

El primer interrogante se contesta así: Podía y realizaba el fenómeno a plena materialización, porque ella misma había sido médium y por lo tanto tenía esa facultad, y porque en la quinta había otra médium inconsciente, y de ella tomaba la materia.

La segunda interrogación tiene esta explicación: Ha decaído con los años el espíritu en la cuenta de su estado y se aletargó;

pero al llegar los días de su muerte, sus, deudos, por ley natural, recuerdan y el recuerdo es una evocación, que la liada venir y repetir el fenómeno, que si una vez era visto por un transeúnte, lo comunicaba y la aglomeración incitaba al espíritu y aun sus guías también lo animaban para repetirlo, a fin de la divulgación, para prueba del espiritismo; y la tercera interrogación se deshace así:

El que debía la vida, había encarnado por el mandato de «Si matas, con tus besos resucitarás al muerto”; llamó al espíritu acreedor y le dio vida. No ha sido muy afortunada la decapitada en Buenos Aires, pues su padre ha muerto en la guerra en los campos de Bremen, quedando huerfanita a la edad de cuatro años. Por eso no se produjo más el fenómeno.

Esto último es confesión del mismo espíritu y queda en nuestro archivo.

Los gritos de la laguna del Parque de los Patricios, al que concurrieron media ciudad y los periódicos (como siempre, ignorantes en las cosas grandes y serias) comentaron con chocarrerías insensatas, pero hacen fe del suceso.

Las gentes presenciaron pláticas de un fraile, al que los gritones no le llevaron el apunte ( como dicen los criollos), para mengua de la religión comerciante de los muertos. Y en presencia también de las gentes, el comisario de policía de la sección correspondiente, con una dotación de bomberos, rastrearon la laguna y nada encontraron; pero los gritos siguieron, siempre que se arrimaban gentes y entre ellas hubieran médiums de quien tomar materia; sin este requisito, ningún fenómeno es factible y no se produce.

¿ Qué hay en la laguna? ¿ Por qué se han manifestado después de tantos años? Contestaremos los dos interrogantes en una sola oración.

En los tiempos del tirano Rozas, unos cuantos soldados del partido unitario que luchaba contra al tirano. Viéndose este corto número de unitarios acorralados, trata de pasar el estuario del Plata y ponerse en salvo en la vecina república del Uruguay, para llegar a Paysandú a unirse con Lavalle. El barquero contratado es traidor y da aviso u uno de los secuaces de Rozas: al terrible mazorquero Cuitiño, y al embarcar, les corta el paso y los hace presos. Uno de ellos, el comandante unitario D. Juan José Riglos, trata de defenderse y es asesinado de cinco puñaladas feroces y ya no ve. más a sus infortunados compañeros, aunque muertos o heridos, con él son llevados al cuartel de la mazorca. situado en el terreno que hoy ocupa la laguna, lo que. esta comprobado en planos antiguos y por personas que aun viven y lo conocieron.

Pues bien; ha llegado a esta Escuela la médium M. biznieta de aquel comandante asesinado por Cuitiño.

Nadie se atreverá a poner en duda que la afinidad y la consanguinidad atrae, a los suyos y el espíritu más afín de la médium se comunica y recibe luz, dedicándose entonces a buscar lo primero que suena en su conciencia y afinidad consanguíneas, sobre todo, aquellos que más duelen por haber sido víctimas de cualquier accidente o catástrofe.

Por los méritos y derechos del espíritu dentro del Espiritismo, pronto pudo encontrar el espíritu de su asesinado abuelo, envuelto en su letargo bajo la impresión del feroz asesinato. Lo trae a la posesión, recibe luz y se le lleva a descansar un poco, de la agonía terrible sufrida más de 76 años.

Cuando ya ha pasado su impresión, es su deber buscar a sus compañeros y, ayudado, los encuentra asidos a sus huesos o al salitre de su sangre, enterrados o derramada últimamente en el cuartel de la mazorca, sobre, cuyo solar se ha levantado un parque tocando al patio donde fueran ejecutados los compañeros de Juan José, lo que hoy es la laguna que mencionamos.

Juan José los ha despertado; podría traerlos directamente! pero era justicia aprovechar el caso para la. historia del espiritismo. y Juan José, ya con luz y por deber, va cuidando unas médiums que acuden a la Escuela, y al retirarse tienen que pasar por allí, puesto que viven (aun viven hoy) varias cuadras más allá del parque citado, y es de éstas médiums que toman materia por primera vez aquellos pobres espíritus, que al despertar, se creen aún bajo el terrible martirio y gritan y blasfeman y maldicen.

Ya está producido el fenómeno: ya se acerca el vigilante y otras gentes y ya la curiosidad llevará gentes, entre los que forzosamente habrá médiums, que inconscientemente prestarán sus materias y ellos seguirán gritando, hasta que el espiritismo conseguirá su objeto.

Acude un fraile y no consigue hacerlos callar con su falacia. La policía y los bomberos no encuentran nada; pero siguen los ayes, los gritos y las imprecaciones, por fin se ha hecho el silencio. ¿ Qué ha pasado? Que conseguido el objeto del gobierno del espiritismo de dar fe de su existencia y de la impotencia religiosa, el hermano Juan José los trajo a nosotros; varios se comunicaron, justificando el hecho y dando nombres, que en nuestro archivo quedan.

« Un cuadro que, mana sangre» fue por largo tiempo el epígrafe de chocantes crónicas de varios periódicos de esta capital, por julio, agosto. y septiembre de 1910. No recuerdo si tendré los datos en archivo, porque los mandé a un periódico de Pehaujó. Pero no importa, desde que la policía y la justicia tiene participación. porque hasta hubo atropellos y heridos.

¿ Era realmente sangre humana lo que daba aquella cartulina?. La ciencia química aseguró que sí era sangre humana, aunque ignoraba su procedencia. Vi por mis ojos un certificado del doctor químico Arata, y por lo tanto científicamente está probado que era sangre. ¿ De dónde procede y cómo llega a aquella cartulina puesta en marco y colgada a dos metros y medio de altura, sobre la cabecera de una cama? Esto no era para la ciencia. Luego está sobre la ciencia.

No fue tampoco pura el espiritualismo: luego el espiritualismo no es el espiritismo. Y como este explica el fenómeno y el espiritualismo no, el espiritualismo, al cubrirse con el espiritismo, es su detractor y su contra.

Nosotros estábamos demasiado ocupadas en la fundación de nuestra Escuela y no participamos en el estudio del fenómeno

en los primeros momentos; pero seguíamos las incidencias que los periódicos publicaban y el fenómeno no me aclaraba, aunque tomaban parte algunas viejas sociedades tituladas espiritistas, entre ellas con 35 y 36 años de existencia, en aquel entonces.

Hemos tenido la ingrata sorpresa de que entraba en juego el clero católico, anunciando que se trataba de un «milagro del Corazón de Jesús”, al que la imagen impresa en la cartulina representaba. Era en los últimos días de agosto.

Esto ya nos incumbía, desde que teníamos el deber de probar que el milagro no existe, ni lo sobrenatural.

Entonces, por nuestro derecho, hemos pedido consejo e instrucciones al consejo mayor del gobierno del espiritismo. Se nos ha ilustrado quién es el espíritu que produce el aporte y el fin que se proponía de « hacer tomar parte a la ciencia” lo que ya estaba conseguido, y ahora era necesario salvar el fenómeno de la falacia milagro. «Para esto tomarás la parte que te corresponde y estás autorizado para producirlo una vez más, si así lo creyeras conveniente”, me dijo el mismo espíritu que operaba.

He ordenado que el domingo, primero de septiembre, acudiéramos a la calle Pichincha con la médium parlante y dos videntes, acompañándonos varios adeptos, entre los que van el viejo don 1. O. y un hijo suyo, estudiante de medicina.

Llegamos. Allí había ya un lleno de agentes de todas las clases sociales y comisiones de sociedades. Había mucho fervor religioso, y más que fervor, fanatismo; alrededor del cuadro había algunas damas y entre ellas un hombre que entusiasmado les hablaba del «Gran milagro», que no había más remedio que perpetuar la memoria, haciendo allí mismo una capilla de desagravio al hijo de Dios, pues aquella sangre significaba un gran aviso de los sufrimientos del Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, por la maldad de los hombres descreídos y sobre todo por el espiritismo, obra del Demonio, para lo cual había aparecido el anticristo». El que hablaba me informaron ser el sacristán de la iglesia de La Merced. Las comisiones espiritistas que allí había, oyeron impasibles la falsa acusación al espiritismo y la falacia milagro.

Todos los que allí habían hacían esfuerzos porque se produjera el fenómeno; pero yo quise cortar esa evocación fanática y la corté, llamando la atención al famoso sacristán, y encaminé a la discusión de lo que acababa de decir, pues quería probar que «Ni Jesús es Jesucristo, ni el milagro existe >. El sacristán salió por su tangente: « Yo no puedo discutir esos puntos, que son del dogma de nuestra santa religión” — Entonces usted confirma su esclavitud, y usted no es hombre más que para mentir, le dije.

Con esto había acabado el fervor de la evocación y me dice la médium: « Quieren que hagamos una sesión aquí». Lo anuncio, pido a las comisiones espiritistas que allí había que se nos unan y abrimos sesión en la misma sala de los fenómenos.

La médium entra en posesión y en ese momento llegan dos médiums supercheros, que según entran fingen posesión. Salgo a su encuentro y los agarro del brazo, echándolas al patio, llamándolas ¡ supercheras! ¡ Infames! Y asustadas salen corriendo a la calle.

La comunicación versó sobre el fenómeno y en un párrafo repitió: «Te se dio autorización para producirlo una vez y tú harás lo que creas conveniente; pero el giro que han dado a este asunto es peligroso».

El médium vidente J. S., mi primer discípulo, me advierte: «En la casa está la médium que obra el fenómeno; está en la última pieza de la casa». Uno de los que están presentes es hijo de la casa y dice: — ¿ Entonces es mi madre?... — No sé le conteste; pero ordene al vidente y los demás que me ayuden, porque quiero magnetizarla desde aquí. Hubo un revuelo de estupefacción en aquellos viejos espiritistas y nos concentramos. Tres minutos más tarde el vidente me dice: — «Ya está dormida». Invité al hijo de la casa que me acompañe, con el vidente y un coronel del ejército, secretario de una de las sociedades allí representadas.

Abrimos la puerta y allí, sentada en una silla a la cabecera de la cama, está dormida magnéticamente la dueña de la casa, y delante de todos le pregunto: — «Tú has producido el aporte de sangre?». Me contesta: — «No entiendo eso; pero sí sé que algunas veces me han dejado dormida y el espíritu do una mujer anciana me extraía sangre, que llevaba al cuadro» — ¿ Siempre fue tu sangre? — « No: algunas veces la hemos tomado de los presentes”. - ¿ Tu materia tiene conciencia de lo que obra? —« No: sólo algún pequeño recuerdo como de un sueño le queda». El hijo, que está presente, se emociona y teme que su madre esté loca. Lo conformo con una pequeña explicación y le mando a la sonambulizada médium despertar, recordando este hecho.

Ha despertado, avergonzándose de su situación, y volvimos a la sala en el momento en que la médium vuelve a tomar posesión, reconociendo enseguida al espíritu posesionado, que dijo, entre otras cosas: — * Ya todo está aclarado; pero tú vela con diligencia, porque ya la voz de milagro la llevan de boca en boca”.

Nos hemos retirado, anunciando antes que: «Nadie volverá a producir aquel fenómeno por mucho que se empeñen; pero que. si las cosas cambian del rumbo que les han señalado bajo un mentido milagro, haremos que se produzca el fenómeno al domingo siguiente, estando nosotros presentes».

Dos días más tarde recibí una carta llena de conceptos fanáticos de un tal T., suplicándome que: «Escriba Vd., señor, eso gran fenómeno del Divino Maestro Jesús, pues hemos visto el grandísimo poder de Vd., y yo estoy seguro que sólo Vd. lo ha sabido estudiar, y mándelo a Pahuajó, que en aquel periódico, que lo dirige el gran hermano A., lo publicarán, etc., etc. ».

Empecé a puntualizar y escribir, cuando el viernes 6 de septiembre, estando escribiendo en mi despacho de mi negocio de electricidad, me sacan la pluma de la mano y oigo claro: «Corre a la calle Pichincha». No pierdo un instante, 15 minutos más tarde entro en la sala, y el sacristán de marras, con una sacerdote de cabellos blancos y una docena de damas adineradas, estaban delante del cuadro y el sacerdote estaba hablándoles con gran fervor del milagro y de la creación de una capilla para perpetuarlo.

Yo me he colocado de pie, con los brazos cruzados al pecho, al entrar en la sala, y en lo menos 8 minutos, no han vuelto la cabeza ni me han visto. Tal era el fervor religioso que los invadía en su evocación para que a su vista se produjera el fenómeno, que ¿ quién sabe si un espíritu detractor se hubiera apoderado d« la médium inconsciente y lo hubiera producido si yo no llegara a tiempo para oponerme ?

El sacristán, que ha vuelto la cabeza, se ha contrariado al verme como un fantasma acusador y habló al oído al sacerdote. Este ha vuelto la cabeza y en un arranque de su voluntad, se encaramó sobre la cama y descuelga el cuadro, y yo le dije: «Vdes. han dicho que al que tocara el cuadro se le romperían los brazos. ¿No teme Vd. que se le rompan ?». No me contestó nada, sino que tan poseído estaba y tan seguro que iba a obtener el fenómeno, que se vino a la luz de la puerta y colocó el cuadro sobre una silla y redoblaba la evocación. El hombre ha llegado a creer que lo produce y suda a causa del esfuerzo psíquico para vencer mi resistencia. Pero saca su albo pañuelo y lo pasa por el cuadro, y nada.

—«Páselo por sus zapatos y recogerá algo», le dije. Se vuelve airado hacia mí y dice esta blasfemia contra su religión: —«¿ Y quién se opone a los milagros de nuestra Santa Madre la Religión y sus Santos ?» Yo, sereno, le contesto: — « Ya lo veis; y he de probar que nadie hizo milagros y esto no ha de pasar más que. por lo que es ». Más airado ahora, vuelve a pasar su pañuelo y nada. — «¿ Lo veis ?», le dije. Mi hombre ha perdido ya hasta la serenidad y, encarándose a mí, dice: —« Vd. cree que sangre o M... que recogiera no sabría lo que significa y cómo se podía producir ?» —« Si lo sabéis y lo llamáis milagro, confirmáis vuestra falacia», le contesté. Ha comprendido que si sigue mas, las va a perder todas, porque las... señoras... ya han empezado a ponerse en mi alrededor, aunque me ha tratado de Diablo, Anticristo y qué sé yo cuantos títulos más, que bien quisiera serlo antes que santo, pesebre de vagos.

— «Yo rogaré a Dios por Vd., para que lo ilumine, me decía. Vdes, los espiritistas, están condenados, y cuánto bien harían a sus almas servir con sus fuerzas a la Iglesia de Dios; yo rogaré para su salvación». Entonces le digo: « Ve Vd. que vine, porque fui avisado; le interrumpo en su trabajo psíquico y puedo yo solo más que todos Vdes., con sus santos y su propio Dios. ¿ Y pedirá a ese Dios vencido que me salve a mi, que lo derroté ? Esto es el colmo de la patraña y... » «Bueno, me interrumpió, se me hace tarde y, tomad, para que se encomienden... » Y repartió unas medallitas y a mí también, y como rata perseguida salió con el sacristán, quedándome yo con todas sus mujeres las que no hicieron la capilla, y muchas no han vuelto más a las tenebrosas naves de los templos religiosos.

Describí y aclaré el fenómeno y lo mandé a Pehuajó, al periódico «El Resplandor de la Verdad», dirigido en aquel tiempo por «el Gran hermano A. ». según T., pero que yo lo conocía bastante mejor que él, y de grande no tenía ni la talla y como

« Resplandor» se apaga cuando la luz plena llega: mi escrito apagó el resplandor y no imprimió la verdad.

Excusamos decir que ya no volvimos a la sala de la calle Pichincha: que no se produjo más el fenómeno y que no vinieron a mi Escuela ninguno de aquellos espiritistas comodines que estudiaban y nada comprendían, aunque pertenecían a las dos sociedades más antiguas de Sudamérica. ¡ Qué mala es la luz. para los ojos enfermos, débiles y miopes!...

Ahora bien. Hay por millones de millones los fenómenos de aporto y materialización que fueron consagrados milagros y son sólo igual o similares a los que hemos relatado de nuestra cosecha.

Si los hombres que notaron los primeros fenómenos desde el tiempo de Kardec, los hubieran estudiado sin prejuicio de religión, todo cuanto ha usurpado la religión al espiritismo, lo hubieran descubierto. ¿ Qué es más que una mixtificación obrada por un médium detractor y espíritus id., todas las apariciones ? Pero mejor es que. tratemos esto en el siguiente capítulo, pues éste ha sido largo y proficuo.