CAPITULO SEGUNDO
FENÓMENO DE LA POSESIÓN PARLANTE

La posesión parlante es la facultad que representa el todo de la economía del espíritu.

La palabra es la característica de la especie humana, y su belleza literaria, la representación de su cultura intelectual.

Es entonces la mediumnidad parlante, el medio claro, definido y definitivo, de la inteligencia del espiritismo.

Es por esto también que los médiums parlantes sean mucho más abundantes que los de las otras facultades; y es porque, por la palabra, es como nos entendemos más precisa y económicamente.

Esto es el Pro de la mediumnidad parlante. ¿Cuál es el Contra? El contra es, precisamente, su facilidad.

En el médium parlante, pues, es donde se necesita imponer todas las cualidades del artículo 10 y todas las de la ley de mediumnidades, para tener la absoluta confianza en la veracidad de la comunicación.

La mediumnidad parlante es lo mismo que un plato de miel, al que cuantas moscas llegan, se arriman y se pegan; si os habéis descuidado en cubrirlo con una fina y espesa malla, lo habréis perdido, salvo que tengáis estómago para comeros la miel y las moscas que han quedado pegadas; indudablemente que disfrutaréis de la dulzura de la miel, pero corréis el peligro de ingerir los microbios de todas las enfermedades, de que son portadoras las moscas; y sabéis que propagan hasta el cáncer y la peste bubónica.

Sí; es la real comparación la que acabamos de hacer y todos nos comprenderán, dispensándonos la vulgaridad del ejemplo.

Pues bien: siendo el médium el plato de miel, nosotros, en nuestro estudio con muchos médiums y en una constante observación, hemos preparado esa malla insuperable de la ley de mediumnidades, que deben observar en todo su rigor.

Pero le enseñamos al médium una imponderable trampa para ahuyentar esas moscas o para dejarlas presas, según sea justicia. Esa trampa es la marcha a tiempo de su dínamo, que son sus fuerzas psíquico-magnéticas, las que desarrollan las líneas de fuerza atractivas o repulsivas, y da gusto ver un médium que rechaza los enjambres de espíritus moscones, ligeros, juguetones, simples mixtificadores o temibles detractores.

Cuando hay un médium de estas condiciones, la mixtificación no cabe; porque el médium ve siempre al que recibo o rechaza, y tanto él como su guía y familiares, descubre al mixtificador, al que entregan a los hermanos destinados a ejercer la justicia.

Aquí se nos ofrece una declaración que nos pesa mucho hacerla, porque va a acusar a los espiritualistas y fenomenistas. Pero nosotros, que somos como la ley y no nos ufanan los aplausos, ni nos detienen las amenazas, ni entendemos de paños tibios, decimos que: No puede haber hermanos espirituales encargados de la justicia del espiritismo, donde no se practica y se tiene por norma de conducta esa misma justicia. Y no se puede tenor esa norma de conducta, en ningún centro o reunión donde se practica el espiritualismo, con toda su cohorte de enemigos y detractores del Espiritismo Luz y Verdad que hemos proclamado en esta Escuela, que, como lo dijo su fundador al retirarse de una sociedad a la cuarta sesión que asistió: «La Escuela que voy a fundar, dijo, empieza donde terminó Jesús». Y lo ha cumplido.

Os oímos, comodines y convenientistas espiritualistas (al igual que cualquier religión). ¿ Que echamos abajo y despreciamos a Kardec ? Mentís, calumniáis vilmente. El mismo Kardec se justificó por el médium que más lo amó, hasta el punto de recitar sus obras de memoria, el médium P. P.; lo cual no podréis menos de reconocer la veracidad de la justificación, puesto que este médium, como tal y como hombre, fue su más gran defensor, y aun lo admiró y amó mas, después de que se hubo justificado en la forma que lo encontráis en nuestro libro « El Espiritismo en su Asiento ». Allí Kardec dice que: « Mi obra es el Prólogo de ésta». Y nosotros decimos que: « La obra de Kardec es la cartilla para aprender a leer espiritismo. ». ¿ Qué más queréis que lo justifiquemos ? Podréis desconocer que teniendo Kardec que hacer su obra con lo que recogía de todas partes, habría de haber forzosamente mucha mixtificación, de lo que él no es culpable, y que además su obra no es más que la voz de ¡ alerta, humanidad! que llega el espiritismo ? Os conviene ateneros a lo que Kardec dice en aquellas justificaciones y obrar en consecuencia.

El médium parlante es el instrumento más importante, como importante es el habla para entender a los hombres; y es de absoluta necesidad que sea lo más ilustrado posible en letras y buena dicción y aun que posea los rudimentos de muchos idiomas, como expusimos al hablar del poliglotismo, y tendréis las gratísimos sorpresas de escuchar saludos en idiomas propios del espíritu de cualquier otro mundo.

El desarrollo del médium parlante es también más dulce y fácil que las otras mediumnidades; pero hay un período muy delicado y peligroso de viciarse: el animismo, en el que el mixtificador y el detractor tratan de hacer su fuerte y encastillarse.

Este periodo es el que media entre el sopor medianímico primero, en que se anuncia la mediumnidad, y el tercer período de la franca posesión.

Cuando ha de pasar el desarrollante, del sopor a la emancipación del espíritu, todo su organismo se conmueve y se estremece, porque no fácilmente se convence del deber de sumisión que la materia tiene a su señor espíritu.

Si aquí el espíritu del médium se compadece de esa demostración celular de sus organismos y no sabe vencer esa especie de cariño, no se puede retirar del todo y se queda fuera, sí, poro demasiado cerca, no dejando lugar a la posesión de otro espíritu, y entonces ocurre el fenómeno del animismo.

Esto, que nosotros lo hemos observado en muchísimos médiums que empezaron su desarrollo, hemos podido comprobar que éste es el camino seguro de la superchería degradante.

Esos espíritus indecisos y cobardes desde que no se emancipan, no pueden dejar inconsciente a su materia. Y como se arriman los espíritus ligeros y traviesos, al encontrar al médium sensible por la no entera emancipación del espíritu propietario, esos inspiran y hacen hablar al médium, que si no sois expertos y bien avisados, pasáis porque hubo una posesión, donde sólo fue animismo.

El amor propio del espíritu cobarde impone silencio a su materia y nada sabéis de lo que ha pasado.

En otra ocasión sucede igual; pero esos espíritus ligeros, burlones y malos, servidores de los grandes detractores, ya les han preparado el camino y el detractor suple a los burlones en la inspiración del animismo del médium, mientras que los burlones, como enjambre de chiquillos, se burlan del espíritu cobarde, al que sus mismos guías abandonan, para no hacerse cómplices y habréis recibido una mixtificación.

Pero llegamos al tremendo caso de que ya el médium está enviciado en su animismo y los ladinos detractores y sus serviles juguetones lo rodean, pero no le inspiran, ni dejan que el espíritu propio entre en su materia; poro hacen renacer en la materia del mal médium el amor propio; y como está consciente, ve que lo esperáis y cree que se desprestigia, porque no hay posesión, y ¡ oh desgraciado ! finge posesión y ya tenéis la superchería, que no la dejará nunca, siendo ésta la falta imperdonable, porque es la vergüenza mayor que puede sufrir el espiritismo.

En este punto hemos sido tan inexorables que, varios médiums tomados en la superchería, hemos buscado el momento de que observaban nuestra actitud y los hemos sorprendido, fulminándolos magnéticamente, quedando desde ya acusados a la justicia del espiritismo; y con su sentencia y nuestra fulminación, han sido anuladas sus facultades. Si tienen valor esos espíritus, pueden justificar lo que exponemos y serla su rehabilitación. De algunos ya hemos recibido su confesión pública, aconsejando a los médiums: « Antes la muerte que dejaros caer en la superchería».

De la mixtificación, puede ser en algún caso responsable el( ) médium; pero de la superchería, es siempre culpable.

En la mixtificación, puede el médium tener todas las atenuantes; pero en la superchería, es siempre miserablemente culpable.

En los médiums que empiezan su desarrollo, hay que infundirles valor y conocimiento de su deber y alta misión y la justicia que vela por ellos, no pudiendo sucederles nada malo, si ellos mismos no lo provocan con su cobardía, o también con su demasiada confianza, que los haga imprevistos; pues debe siempre el médium estar en el término medio de esos dos graves extremos, aun en los casos de observar una buena influencia de ambiente. Pero la mayor confianza del médium será la psiquis y conocimiento del director y educador del médium, en el conocimiento inmediato de las posesiones y la prontitud con que sabrá acudir en los casos de lucha del médium, cuando está en su desarrollo.

Cuando el espíritu del médium ha visto la defensa que le hicisteis y vuestra justicia y pureza de intención para la práctica del verdadero espiritismo, entonces se aleja tranquilo y no hay lugar a mixtificaciones y jamás la superchería tendrá entrada.

El comienzo de las sesiones, jamás debe de ser de un modo ritual, ni místico, ni licencioso, ni lúgubre, ni de modo alguno que no sea la naturalidad, como si se trata de entrar en una clase de estudio.

Ninguna idolatría en absoluto debe verse en la sala a personajes de ninguna especie, porque aunque como es justo se rememore a un hermano ejemplar, no lo tendréis con vosotros si lo sometéis a idolatría, porque entonces no lo honráis.

Las oraciones y evocaciones es hora de abolirlas y desecharlas. La sesión se empieza con un punto de lectura de la doctrina, de la filosofía, en sus infinitos puntos, y mientras esa lectura (que ha de ser bien leída, con unción y arte y pronunciación conveniente, u de estudio y observación), mientras la lectura, digo, en que el público está atento, como naturalmente magnetizado (que así es verdad), el médium habrá tomado posesión tranquila y dulcemente y es debido a que lo habéis protegido de las miradas curiosas y muchas veces mal curiosas y mal intencionadas, porque los habréis concentrado en vosotros por la lectura.

Para todo lo demás, cumplir la ley de mediumnidades y os aseguramos que con su práctica habréis cambiado toda la triste e irracional costumbre religiosa que los espiritualistas impusieron, guiados por los espíritus detractores, en general tenidos por santos.

En una palabra: comprended que una sesión de espiritismo es una lección de la cátedra de nuestro Padre y que en esa cátedra se dictan todas las ciencias y todos los conocimientos de la vida, desde lo más material hasta lo más espiritual de la sabiduría, pero que no puede ser nada de ello religioso, sino racional.

Como final, debemos recordar que, por temporadas, se siga un orden de estudio pedagógico. Es decir, que se elija un tema filosófico escalonado y ascendente, empezando la sesión con un punto de lectura del asunto y en esa forma obtendréis uno o varios espíritus conferenciantes, maestros de la materia; para lo cual hemos dispuesto los libros de esta Escuela, siendo interminables de estudio el « Origen del Magnetismo» y la «Filosofía Austera Racional», estos libros que abarcan la doctrina espirita completa y todas las ciencias con la vida y la creación, de lo que los médiums parlantes son los intérpretes.