CAPITULO SÉPTIMO
LOS MÉDIUMS DE EFECTOS FÍSICOS

De éstos hay abundancia, pero, en general, son inútiles para algo de provecho; y por su poca seriedad, se han dejado en mil casos suplantar por la trampa y el engaño de supercheros y prestidigitadores, que es el colmo de la audacia y el colmo también de la ignorancia y el desdén de los llamados espiritistas, pero que eran y son espiritualistas.

Estas facultades son demasiado materiales; y sin embargo, los experimentadores no han hecho gran luz sobre ellas, acaso por las muchas supercherías que se han cometido por médiums demasiado ligeros, o de mucho amor propio; que ignoran que el médium es sólo el instrumento y que, además, en esos trabajos se ocupan espíritus no muy luminosos y sí bastante materializados.

Los fenómenos de efectos físicos son casi innumerables y cada uno es diferente, aunque parezca similar, por causa de que no podemos encontrar dos veces las mismas justas circunstancias, ni el médium está tampoco dos veces en igual grado de voluntad ni de potencia. ,

Si Crokes supiera esta verdad, no fabricara instrumentos que rígidamente demostraran segunda vez el fenómeno observado por el cual se inspirara para construirlo. Pero si con las reglas de la ciencia experimental, es acompañada la razón, una deducción nos dará la igualdad relativa de los fenómenos similares.

Si fuéramos amantes de la observación racional, tendríamos en cada minuto un estudio de un fenómeno físico; que aun más a menudo que los minutos, los producimos todos los hombres.

( )Los que ya se señalan como fenómenos, son verdaderamente hechos culminantes de fuerzas espirituales y materiales combinadas, por médiums poderosos, acaso inconscientes.

Las levitaciones y golpes, los traslados de objetos sin desmaterializar, son los mejor estudiados, y en verdad, los que deberían haber convencido a los hombres.

Pero es que, repetimos, « los fenómenos no convencen a nadie», salvo que el convencimiento esté en la conciencia del individuo; lo cual no es convencerlo, sino descubrir su convencimiento, que puede estar ocultado por los presentes prejuicios, una errada educación o por el medio ambiente.

Todo el que busca el fenómeno, es por que en su conciencia( )existe la convicción y lo conoce; pero tiene demasiado lastre encima de esa página de su historia y su propio espíritu busca el motivo que a su materia le dé más fuerzas para tirar el lastre y descubrir la indeleble prueba que hay en él mismo.

Todos los médiums, de todas las facultades, obran en el uso de su mediumidad los efectos físicos, porque es imposible que en toda manifestación de cualquier clase, no sea necesario y se obre, el efecto físico.

Como estos capítulos no son más que como especie de código doctrinal, no nos podemos entretener más, ya que el modo de obrar los fenómenos, lo veremos en la cuarta parte; y para el objeto que perseguimos, hemos dicho bastante. Sólo tenemos que advertir a los experimentadores y los directores y educadores de esta clase de médiums, que para ellos, es de más rigor la observancia de las cualidades del médium, exigidas en la ley de mediumnidades; y entonces, la trampa, la prestidigitación y la superchería, no tiene cabida.

A la luz del espiritismo que traemos y practicamos, no puede ocultarse nada que provenga de la superchería, y hemos dado prueba de nuestro austero rigor, lo que nos autoriza a exponer y exigir reconocimiento de las doctrinas racionales del gobierno del espiritismo, para que nadie lo denigre por prácticas equívocas y vicios de religión que pusieron tísico al espiritismo.

Nosotros sólo sacrificio hemos tenido, porque la razón nos convenció de la grandeza de los principios, que mucho nos costó desenlodar; pero encontramos sus moldes indelebles y lo presentamos hoy al espiritismo, inmaculado; y ya, no temido, ni despreciado por nadie, aun cuando le dan sus dentelladas los hidrófobos religiosos y espiritualistas, que por no molestarse en estudiar los fenómenos, les fue más fácil mantener el milagro; y cuando los espíritus, aun los de poca luz, oyeron la voz de, justicia y negaron su cooperación a producir los fenómenos, entonces habéis hecho la superchería.

Esta Escuela no buscó los fenómenos; pero estudió los que se presentaron y mantuvo desde su fundación la puerta abierta: prueba inequívoca de que sabíamos que teníamos principios irrebatibles; que estábamos convictos y que no temíamos a la vil calumnia que nos han gratificado los supremáticos y los espiritualistas, de los que conservamos pruebas escritas.

¿ Hemos buscado el lucro? Nuestra estrecha posición da la mejor contestación. ¿ Hemos sido inmorales? Los millones de adherentes en todo el mundo que tiene la Escuela, las misivas y documentos de hombres de alto valor social y el reconocimiento de federaciones, sociedades y gobiernos, dirán nuestra inmoralidad; pero aun sobre todos ellos, están nuestras obras, que hacen nuestra fe.

¿Os parece pequeño este fenómeno psico-físico? Buscad en la historia otro más extenso y más intenso y no os lo ofrecerá. ¿ Es nuestro? Sí, la acción y la voluntad y lo material necesario. Lo espiritual es de la solidaridad, con la que fuimos dignos de firmar como hombres mayores, en nombre de la mayoría de los espíritus de los trabajadores de la tierra, y es entonces que se nos entregó « La espada reluciente», que blandimos sin miramiento en justicia, y sin venganza. He aquí el más grande fenómeno y efecto físico que exponemos al estudio, porque es obrado por los grandes maestros, ministros de gobierno del espiritismo. ¿ Cómo no les ocurrió a los... experimentadores fenomenistas, estudiar primero ese fenómeno que es verdadero y fenómeno de majestuosa grandeza? ¡Ah!... «Domine non sum Dignum », dijeron; y como ellos no son dignos, el Espiritismo Luz y Verdad no fue digno de ellos. Pero, si lo quieren... acátenlo: se les presenta estudiado para que no lo confundan otra vez.