CAPITULO CUARTO
LOS MÉDIUMS MÉDICOS

Aquí vamos a oír dos cosas extremas: aplausos de las ciencias y maldiciones de los curanderos.

Ni los unos nos van a ufanar, ni los otros nos han de arredrar.

En el capítulo «La Medicina ante el Espiritismo» les hemos dicho a los médicos algo de lo mucho que merecen que se les diga; aquí ya no podremos ser tan considerados con los curanderos, adivinas y supercheros: éstos son, a sabiendas, aunque ignorantes, detractores del espiritismo, causa de que aquellos sean, por equivocados, enemigos del espiritismo.

Los aplausos de los médicos y las imprecaciones de los curanderos, las motivarán estas cinco palabras: El Espiritismo no cura nada.

Pero, esperad: no aplaudáis los unas, ni maldigáis los otros, porque los dos estáis en un círculo vicioso y grave.

Sí: los médicos están en un círculo vicioso por todo cuanto dijimos en el capítulo «La Medicina ante el Espiritismo»; pero los curanderos, están en un círculo vicioso, viciado y puesto en un plano inclinado que, por la ley de la gravedad, van rodando a un abismo: al abismo del desprecio, por el desengaño de sus engañados y por el empujón que les da el espiritismo, en defensa de sus hijas las ciencias.

Ya hemos dejado sentado también en el capítulo precitado el por qué, cómo y cuándo el hombre es médico: por la experiencia de sus dolores y remedios usados en sus miles y millones de existencias: y no olvidéis que « el espíritu aprende siempre y no olvida nunca ».

Suele haber memoria retardada; pero su causa leerla en la «Filosofía Austera Racional ». Más entended que el tener muy honda en su archivo una cosa el espíritu, no es tenerla olvidada. Los errores escritos con maldad y puestos en los textos de la facultad, tienen para el científico mecánico, mucho más valor que la razón, por el dogma impuesto a la ciencia, para que sea éncia; y oreen mejor lo que les diga un aparato mecánico que lo que diga la razón. Es decir, si yo escribo por razón de economía aritmética, para designar el número de objetos o unidades, el número 4, y porque no vea otro, más que una cifra que no la entiende, porque necesita ver cuatro unos en columna, o bien contar cuatro palitos uno por uno, sólo entonces se cercioran de que la cifra 4 es más económica que cuatro unos.

Aquí la razón es el 4. El aparato experimental los cuatro unos. En todas formas es cuatro: para llegar a cuatro, por cifras de 1, es preciso gastar cuatro veces más de todo. ¿ Y si en vez de cuatro, son cuatro millones ? Ved ahí, hombres de la ciencia, la gran diferencia que existe entre el valor económico de la razón y el trabajo mecánico-científico de la experimentación.

Sin embargo, el Espiritismo Luz y Verdad, no tiene prisa en que lo confeséis, porque al fin, nada obráis fuera del espiritismo, aunque sea la misma negación; pero sí os pide el estudio y la comprobación, y no fe ciega; lo cual es autorizar la experimentación, pero con razón, para diferenciarse el experimentador, del fonógrafo. del loro y del asno contador. ¿ No es esto lógico y ético ? Si a pesar de esto que os toca el amor propio seguís ahora aplaudiendo las cinco palabras « El Espiritismo no cura nada», ya empezáis a hacer razón y entonces podéis ver que, el espiritismo cura al espíritu únicamente de la aberración que no es enfermedad patológica, pero que puede ocasionar los desequilibrios de la «Psicastenia » enfermedades morales, que la medicina nada puede hacer por ellas, pero sí las cura el magnetismo espiritual, al alma, cuya es la medicina.

Parece una contradicción, ¿ verdad? Había sentado que si espiritismo no cura nada y he dicho que el espiritismo cura al espíritu y que el magnetismo espiritual cura las seis enfermedades morales de la Psicastenia.

¿ Dónde está la contradicción ? No la hay por en cuanto todo eso no es más que hacer un juicio de razón a quien por aberración no razona. No aplica medicina material y entonces no cura nada de cuanto sea enfermedad de la materia. La materia cura la materia; es decir, que si la aberración produjo en el alma alguna de las seis enfermedades de la Psicastenia, cualquiera que sea, llega a enfermar la materia por la neurastenia, la epilepsia o cualquier otra clase de enfermedades patológicas, aun la tisis con mucha frecuencia y no pocas la tuberculosis. Pues aquí, aunque apliquéis todas las medicinas y farmacopeas habidas y por haber, si no aplicáis el magnetismo para cortar la raíz, es decir, para( ) curar el alma, inútil será toda la medicina. Pero inútil también será el magnetismo, porque no logrará curar la materia, si no es que lo acompañáis con las medicinas adecuadas.

Pero como el magnetismo es sólo del espíritu, aunque lo vemos manifestarse en la materia, llegamos a esta conclusión racional:

El espiritismo, que es luz, fuerza, sabiduría y amor, es el que dirige al hombre, iluminándolo, para buscar la raíz del mal y por la ciencia magnética y médica, llega a la curación de la materia.

En este caso, el espiritismo no hace más que el papel real del médico, que por el estudio y la experiencia, logra localizar el mal, al que, por su inteligencia y la ciencia, ataca.

Pero vamos al punto esencial de este capítulo, que son los médiums médicos que no han cursado una carrera en 1a universidad, en la existencia en que los consideramos.

Hablemos primero de los verdaderos médiums médicos. Los hay videntes, que ven al través del cuerpo opaco la enfermedad, y en general también indican el remedio y son casi siempre buenos magnéticos, que paralizan la enfermedad para dar tiempo a la medicina; en general, recomiendan también la visita del doctor: es que ellos ya fueron doctores.

Pero la facultad médica de los médiums médicos ( que llaman médiums curativos y de recetas) son por posesión de otro espíritu que habrá sido médico facultado, o de esos grandes botánicos y físicos, que conservan su amor y afición al arte de curar; pero si el médium también, no lo habría sido, teniendo en sí mismo innata la remanencia de su práctica y conocimientos experimentales, no podrá desarrollar su acción el espíritu médico, aunque fuera el de Paracelso, puesto que, no encontrando en el instrumento médium los moldes donde vaciar su sabiduría, no podría demostrarla.

Cuando el médium tiene una buena remanencia de la medicina y lo toma un espíritu de un sabio médico, producen esas maravillosas curaciones que asombran en sujetos desahuciados por uno o varios médicos. Es que entonces obra el espiritismo, que logra lucidar al espíritu del enfermo, embotado por cualquier causa y le presentan su destino incumplido, o rompen a su vista por la fuerza Psíquico-Magnética, las trabas y ligaduras puestas a su materia, que hacen sufrir al alma, sin serle posible asimilar nuevas moléculas renovadoras, y ahora puede hacerlo y lo hace, ayudado por el espiritismo que impone la justicia y la materia del médium, que suministra primero su propia fuerza magnética, con la que lleva nuevas moléculas del alma universal al alma del operado y le da recetas botánicas, farmacéuticas y naturales.

Es así corrió han obrado y hecho curaciones al parecer inexplicables y llamadas milagros, esos grandes magos, fakires, Elías y muchos otros profetas; Salomón; Gamaliel; Juan y Jesús, Simón, Cipriano y Paracelso y miles de médicos hoy mismo, pero inconscientes, por culpa de estudios insuficientes y más que insuficientes equívocos, del dogma y del sistema, y todo ello, por maravilloso que aparezca, no es sino un efecto natural, de una causa natural también, obrada por el espíritu en nombre del espiritismo y utilizando todos los medios naturales del espiritismo, del magnetismo su espada y bisturí y de la medicina, panacea natural y universal.

Hay millones de casos en que el mismo espíritu médico trae la medicina y la administra directamente en forma de fluidos perfectamente visibles y por la tanto materiales, y es un caso de aporte y trabajo sublime, de lo que hacen fe esas curaciones instantáneas, a las que han bautizado con ese mandato: « Levántate y anda», aun tratándose de enfermos paralíticos, de años de inmovilidad y postración. Pero ni esto es milagro ni sobrenatural: se trata de lo siguiente: o so quiere hacer un llamamiento al estudio de los hombres de la ciencia y al mundo en general, o el enfermo es pobre y no podría adquirir la costosa medicina, o la receta, por su complicación o substancias no sería despachada, o porque no se haya aún llegado a obtener esa substancia en nuestra farmacopea. Entonces, el espíritu médico, en desdoblamiento del de su médium, acuden al punto donde se encuentre el mineral, vegetal o animal (afín medicinal), y extraen en cantidad justa la esencia, que llevan al cuerpo enfermo, y aun muchas veces; piden agua que fluidifican, cargándola de aquella medicina vital, para que el enfermo la vaya absorbiendo metódicamente. Lo que( ) nadie en razón podrá negar, que esto es necesariamente, Psíquico­-Magnético-Científico-Espiritual.

Puede ser y ocurre muchas veces que, la planta, animal, o mineral, no se encuentren en la tierra, o es rudimentaria, o ignora el espíritu que opera, el punto dónde se encuentra: y como todo es común y solidario en el universo, ese espíritu arrastra al del médium hasta un mundo donde sabe que está y cargan su fluido, derramándolo sobre el enfermo, lo que han visto y comprobado muchos videntes y simples asistentes, que han probado el gusto especial adquirido en el agua, y aun se ha visto estallar una botella por la expansión de los fluidos gasificados. En estos casos, las curaciones han sido francas, rápidas y constantes. Eran espíritus de luz, médicos y misioneros el médium y el espíritu.

Ahora viene el contra de los detractores que hacen la superchería.

Sentamos primero, que todas las religiones vienen sosteniendo esos hechos por milagros de sus dioses y sus santos y que los mismos sacerdotes han ejercido y aun ejercen el curanderismo, disfrazándolo con aguas benditas (que no es más que magnetizada con sus propios fluidos ) y reliquias que son un objeto autosugestivo, que aplaudiríamos si no lo hicieran con tan estrechos y ruines fines de dominio y altas; miras comerciales condenables y desprestigio de la ciencia, de la verdad y del Espiritismo Luz y Verdad, que es racionalista y libre para examinar, juzgar y condenar los actos religiosos y sus dioses, en la más recta y rigurosa justicia sin venganza.

Pues bien; de esa misma religión y enseñados por los mismos sacerdotes, han salido esas gavillas de curanderos y manos-santas que, amparados en el espiritualismo con sus adivinas, poderes dados y mil travesuras de falsa magia dada al público: por la misma iglesia Católica, puesto que ella la ejerce, como se puede probar con todos sus eschiridiones, bulas, amuletos, untos y fórmulas peligrosísimas, que sin sentimiento moral ni humano han impreso y puesto en las manos del vulgo ignorante, que como ve todas esas fórmulas, (canallescas y criminales) envueltas y protegidas con la infamante cruz y evoca a Jesucristo y a todos los Santos, Ángeles y Demonios, los más impuros, malos, libertinos: los falsos médiums, curanderos, vividores y, explotadores de otros más ignorantes, pero más buenos, utilizan esas prácticas macabras y peligrosas, para sus más bajas pasiones y delitos monstruosos en todos los tonos del libertinaje, la inmoralidad y el crimen.

Pero aquí lo que nos importa es presentar al médium curandero de hipócrita bondad, místico, fanático, imagen de la ignorancia, pero déspota supremático, como buen religioso, espiritualista.

De éstos hay por estos pagos una mujer que bate el record: parece que a propósito esta mañana (19 de diciembre de 1921), en ocasión de ir a una visita al Sanatorio Asilo Español de Temperley, me han pasado por la puerta de esta ignorante mixtificadora y embustera, que se hace llamar « Madre María », y que con su hipocresía ha destrozado fortunas y hecho grandes bandas de fanáticos incorregibles. Da poderes, quita poderes, hace una mojiganga de magnetismo y les endilga discursos (sui generis), en los que hace nacer el espíritu, después que todo: pero reparte los dones y poderes, a cambio de grandes bolsillos llenos de papel moneda y moneda, que le meten su engañado rebaño. Es claro que la circundan otros aprovechadores que viven de ella y con los engañados la cantan como santa y aun han dicho « que es la encarnación de la Virgen María »; y lo extraño es que la religión católica no la molesta, ni la amonesta, por el hecho de quitarles la Virgen, su mina inagotable. Es que la religión es tan falaz en este punto como esa Madre María. Y como entre bueyes no hay cornadas... «Dios es sumamente poderoso y tolerante» del libertinaje.

Esa mujer, es la verdadera figura de la mixtificación de la charlatanería y de la embaucación.

Hay los otros, mucho peores aún que esa clase, representada por la ya famosa Madre María; están los supercheros, que son como áspides escondidos.

Estos trabajan en las sombras, encerrados entre Cristos, Vírgenes, Santos y velas encendidas, y fingen la posesión todo el día; primera e irrebatible prueba de la superchería; son verdaderos zotes, como adoquines de ignorantes; y, en cambio, no se empachan al decir que su espíritu es... Galeno... o semejante; y el que « baja » La Santísima Virgen María, San Juan Bautista o... el Espíritu Santo.., y lo dicen sin morirse de vergüenza, y ésa es la prueba elocuente de la superchería canallesca, religiosa, espiritualista.

En éstos, su mirada es torva, desconfiada, insegura y maliciosa; su risa, verdaderamente imbécil y sarcástica. Miserables en su aspecto e indumentaria, e insociables; pero de mala entraña, traidores y vengativos, cuanto cobardes.

Estos, como las adivinas, tienen consultorios que ni los gases asfixiantes podrían permanecer allí sin ser trasmutados por los flúidos de aquel ambiente, al que « bajan» hasta el Espíritu... Divino. Y lo extraño es que permanecen acaso largas horas mujeres que van a buscar medios y remedios para dominar a tal o cual mancebo, o padre de familia, o a buscar remedio a una ligereza y otras cosas aun peores, como también hombres libertinos a tratar de la mocita tal, de la viudita cual, que caballo ganará la carrera, qué número será premiado en la lotería, cómo reventará a su enemigo o rival, y para todo esto, allí «bajarán » los más grandes espíritus a servir de alcahuetes y campana, a inmorales libertinos, a vagos, místicos milagreros y a perversos supercheros.

Esos espiritualistas y espiriteros sirven a las mil maravillas a los detractores, que hacen hablar al marido recién desencarnado y le pedirá a la viuda (aunque no haya ido ella allí, pues se encar­garán de ello los ganchos del superchero o superchera), y le pedirá que ayude al centro, que le encienda velas, que le celebre misas, que comulgue y mil otras trapisondas vergonzosas, propias solamente de la religión.

Ante todo esto y mil otras tonterías indignas, como llamar por su nombre a un recién llegado y adivinarle cualquier cosa que todos nos vemos obligados a sufrir o hacer sufrir, ¿ cómo no había de sufrir el espiritismo el desprecio y la condenación de los hombres un tanto ilustrados o de media conciencia y de los científicos ?

No. No bajan, ni suben, ni entran en semejantes nidos de áspides ningún espíritu que no sea una serpiente o muy santo; pero los espíritus médicos, que tienen que ser sabios y el sabio (aunque pudiera ser malo) tiene luz y amor, aunque sea amor propio para no rebajarse al nivel de los despreciables arrastrados, no van a esas guaridas. ¿ Cuánto menos lo harán los de amor perfecto, aunque perfectible, y los sabios de la creación, que tanto tienen que hacer en el gobierno del espiritismo ? ( )

Estos, para acudir al cumplimiento de un deber de amor, tienen que pedir a sus afines que custodien el punto donde en justicia, la justicia del espiritismo los puso, por su misión. Y sin embargo, los supercheros, que no saben de los trabajos y ocupaciones de los espíritus, los tienen a su disposición u orden siempre: prueba definitiva de la superchería. En el «Código» hemos señalado la pena que como hombres merecen, que es «llevarlos en una jaula al jardín Zoológico, con su delito escrito».

Estos no son médiums médicos, ni médiums admisibles para nada: son los detractores encarnados a propósito para descrédito del espiritismo y son espíritus aberrados a la religión y al vicio (lo que no quita que sean médiums) y son los que desobedecieron el mandato de Moisés y son los mismos por quienes se vió precisado a prohibir el uso del espiritismo.

La posesión gasta mucho fósforo del cerebro del médium: estimamos inofensiva una posesión de media hora cada día, o una hora día por medio: más que esto debilitará al médium, aunque sean espíritus de luz. ¿Qué pasaría a un fantoche de esos que hacen que toman posesión a las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche? Humanamente no lo podrían resistir un mes. Resisten, sin embargo, años y decenas de años. ¿Por qué? Pues porque no toman posesión.