CAPITULO QUINTO
LA MEDICINA ANTE EL ESPIRITISMO

No vamos a hacer cuestión de si la medicina es ciencia o arte y si es arte y ciencia a la vez; puesto que se debe tener por ciencia exclusivamente aquellos estudios que rigurosamente( ) se sujetan a la matemática; y la medicina, en parte está sujeta y en parte no.

Nosotros, a la medicina en conjunto la vamos a titular ciencia y esciencia. De modo es que, el médico, para nosotros, no puede ser científico, sino escientífico; pero mejor todavía si alcanza a ser el sabio, cuyos modelos serian: Miguel Servet y Paracelso: de ahí para adelante.

Y tenemos nuestra( )razón insuperable para ello: pues no puede ser un buen médico, sino cuando es un buen Médium; porque no concebimos racional que, siendo( ) la medicina el medio y remedio entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte, el médico, que es el artista que actúa entre esos dos extremos, no sea también el medio, que hemos de entender Médium, aunque ya, científicamente, se le llama facultativo, de facultad. Y facultad es la Mediumidad. ¿Que buscaréis otras formas filológicas? Encontraréis sólo conveniencias que desfiguran la raíz.

Esto lo exigirá el espiritismo en su reinado y régimen y ya lo tiene legislado para los cuerpos de higiene y salud pública e individual.

El médico que no posea grandes conocimientos de la Psiquiatría moderna y más profundos aun de la antigua, en que se combinaba mejor que hoy, las fuerzas mentales con el magnetismo personal y la botánica, no podrá hacer ninguna de aquellas curaciones maravillosas que los profanos llamaron milagros.

No dudéis que, valido de esas tres cosas (dos Psiquiatras y la tercera medicina botánica), Jesús hizo grandes y ruidosas curaciones . Pero no creáis en cuanto os relatan, más que aquellas que se amoldan a esos tres conocimientos y quitarles todo cuanto les han añadido las falacias religiosas y el fanatismo; y estad seguros que el médico de hoy, puedo hacer (si no media el interés exagerado ) mejores maravillas en los enfermos, que aquéllos porque tenéis más medios botánicos reducidos ya a esencias que pueden obrar mas fácil y rápidamente que las aplicadas en infusiones; y el magnetismo está hoy también mucho mejor estudiado (pero mucho peor comprendido), por causa de que hoy, los médicos se hacen: entonces nacían.

Antes había médicos facultativos, sin haber facultades de medicina; pero había facultades espirituales y eran verdaderamente facultativos.

¿Creéis que cuanto se atribuye a Simón el Mago, Cipriano, Zoroastro y Paracelso, entre miles más, sea una fantasía ? No tal. Hechos son que pueden repetirse mucho más adelantados; y estad seguros que, en el régimen del espiritismo, se repetirán, y aseguramos que el hombre desencarnará por senectud y no por causa de enfermedad.

Y no crean los médicos que los ataquemos por su casi nulidad, respecto al conocimiento de los remedios y de su aplicación. Sabemos de dónde dimana su poquedad, que, en una palabra bien dicha, dimana del acaparamiento inmoral de todo, en lo material y científico.

Ese acaparamiento obliga a los hombres a buscar los medios de vida más fáciles y lucrativos y no habrían de ser los médicos una excepción: y por esa causa, en vez de facultativos, se han convertido en comerciantes de las enfermedades. Acaso por esto también ha crecido tanto el número de las enfermedades, que su índice ininteligible se hace interminable, como el catálogo de un almacén, y «inda mais».

Por otra parte, son muy cortos los estudios, y en autores verdaderamente nulos de facultades medianímicas, que no sólo no hablan del espiritismo, sino qué no entienden nada del alma, aunque han destrozado como panteras miles de cadáveres. Y ¿ qué van a encontrar en las escombros que dejó el espíritu, llevándose ( ) el alma como vestido forzado y forzoso, en la que está escrita, indudable, toda su historia, su fuerza, su ciencia y su vida ?

Muy bien hecho que se haya querido ver prácticamente nuestra arquitectura e ingeniería, que constituye nuestro armazón y sistema, que es todo cuanto os puede ofrecer un cadáver; pero después de tenerlo, ¿para qué más destrozos ? ¡ Basta de serruchos y cuchillos para eso! Sólo aplicarlos para las desecciones y operaciones necesarias de la cirugía; pero antes, tenéis la electricidad, que con sus rayos excrutadores, os puede localizar, sin equívocos, el punto donde pondréis el bisturí.

Si fuerais facultativos en la inspiración, la intuición y la videncia, ni aun la electricidad necesitaríais más que como medicina y no como herramienta; y vuestras recetas serían seguramente sin equívoco, porque vosotros sólo seríais el instrumento; y más de cuatro veces, bastaría también vuestra propia medicina mental o Psíquica; porqué más de cuatro veces, y más de cuarenta de cada cien, está enferma el alma o el espíritu, para los que, la materia, no tiene medicina.

¿ Creéis que vamos, a apoyar a los supercheros, manos-santas ignorantes y charlatanes curanderos ?

Estamos de eso mucho más lejos que vosotros, que los perseguís : nosotros, los anulamos.

Nosotros declaramos que el espiritismo no cura nada. Pero es luz que orienta las facultades para curarlo todo, con los medios y remedios que él ha traído en formas de ciencias y botánica.

El espiritismo cura al espíritu.( ) El magnetismo cura el alma. La materia cura a la materia.

El primero necesita sabiduría. El segundo requiere potencia y la tercera exige ciencia.

No lo podemos simplificar más, ni manifestarnos con más verdad.

El médico que tal tenga y, comprenda, es un facultativo. El que no tenga eso, es un mata sanos.

De los primeros hoy hay muy pocos; forman la excepción. De los segundos son la generalidad.

¿ Cuántas veces no podéis observar en vuestras visitas, que en muchos casos basta vuestra presencia y palabra para que el ( )enfermo mejore, recobrando enseguida ánimos y vida ? ¿ Pero creéis que eso sea debido a vuestra educación y porte, o a vuestra ciencia ? No; en muchos caso es una influencia benéfica que os envuelve, de alguien que vela sobre el enfermo y aprovecha vuestra facultad medianímica, sin importar que vosotros la desconozcáis. Pero siempre, en esos casos, es la afinidad de vuestro propio espíritu y el del enfermo, que se buscan y al encontrarse, el que sufre alguna de las tantas tribulaciones de su conciencia, de su moral, o también las furias del enemigo que lo agobian, y al encontrarse, repito, con el afín, el enemigo huye.

Todos estos puntos, que debería conocer el médico, antes que las fórmulas médicas, le darían más triunfos aun que sus conocimientos anatómicos y fisiológicos.

Por otra parte, sale el médico con un título académico y ¡ ya se llama doctor! No. A mí se me ha dicho con alta sabiduría: « No llega a doctor el niño por los cursos que hizo en la universidad. Cuando la experiencia en el curso de su carrera lo habrán experimentado, entonces será el Doctor».

Hay; sin embargo, un proverbio, que no podemos aprobar: « El boticario viejo y el medico nuevo », dicen. Lo primero lo aceptamos; lo segundo lo rechazamos, salvo que el boticario viejo sea el médico nuevo. .

Nosotros, en nuestro «Código de Amor Universal» para el régimen comunal, en la escala de estudios, establecemos: Los médicos, en estudio y ayudantía, hasta los 35 años ». Claro está que entonces puede ser, ( ) porque «la única moneda de valor es el hombre».

Después de lo expuesto, y como no tratamos aquí de un curso de. medicina, sino de presentar a la medicina ante e1 espiritismo, para desfacer mil entuertos, como diría Cervantes, vamos a discurrir un poco sobre la palabra que hemos escrito: « Los médicos no se hacen; los médicos nacen» como igualmente lo hemos sentido para los médiums.

Si nosotros afirmamos esto, no es refiriéndonos a si lo dijo fulano, o zutano, o no lo ha dicho nadie. Nosotros lo afirmamos porque conocemos las leyes inflexibles de la sabiduría (que son las de la creación y la vida ), y sabemos por ellas que sin la reencarnación continuada, el progreso del espíritu no podría ser; y no pudiendo ser ése progreso, el progreso humano no sería mayor que el que diera la naturaleza, representado en el reino animal irracional. «La ley en una y la substancia una », hemos sentado en nuestra proclama.

Pues bien. El espíritu aprende y no olvida. Cada facultad que el hombre puede mostrar, ya estaba en su espíritu, en germen, desde que es lanzado a continuar la Creación; y el germen de médico, es lo primero que empieza a desarrollarse hasta en los irracionales, en los que no puede pasar de lo que es: el instinto de conservación.

En el hombre es igualmente el instinto de conservación el que lo lleva a buscar el remedio a un dolor, o indisposición. Pero como la mayor delicadeza de la materia y organismos del hombro y la infinidad de instintos que tiene más que un animal, acrecienta los dolores y los quebrantos de mi salud, y por una vez que el irracional tenga que buscar el antídoto de su dolor, el hombro tendrá mil casos. ,

Pero en el irracional no queda esa experiencia más que mientras vive, porque no tiene espíritu. En cambio, en el hombre, en cada observación el espíritu, anota los resultados en el alma indeleblemente.

Como este archivo lo lleva y lo trae para cada existencia, cuando ya tiene la mitad (por lo menos) de los conocimientos de los dolores y enfermedades ordinarias, es cuando empezará coma hombre su profesión de médico: y no antes se lo consentirá la ley de las armonías.

Tampoco va a ser el médico en la primer existencia que se inicie en esa ciencia, sino que será un ayudante experimentador y acaso, allá en su ancianidad, podrá dar algo de valor, pero a condición de que no haya sido el comerciante de las enfermedades.

Como nosotros conocemos estas disposiciones del gobierno del espiritismo, es por lo que hemos legislado la carrera de médico, hasta los 35 años de estudio y aprendizaje, con los ya verdaderos médicos, que a esa edad, lo licenciarán para aquella rama de la medicina en la que sea especialista.

Como ya lo comprenderéis, esto es velando por el valor del hombre, que nada hay que valga más: y nada hay tan, poco para el hombre que más te interese, que la vida y la salud, que hoy se le entrega a la inexperiencia de un joven que aun no ha hecho conciencia, aunque tenga ciencia, pero que no alcanzó la esciencia.

Hay hoy otras cosas que considerar muy delicadas en un gran porcentaje de los titulados en un papel, por la universidad.

Aun cuando hay muchísimas quejas del público, por amoralidad de muchos jóvenes médicos, cosa muy repudiable y que no puede ser consentido en el régimen del espiritismo, porque tampoco habrá médicos comerciantes de enfermedades, por lo cual serán médicos por vocación y destiño, hoy, en general, lo más grave es que no conocen la causa de la vida y por eso no les importa la vida de un hombre y se han hecho casi irresponsables, adquiriendo leyes que casi los inmuniza de sus crímenes por descuidos e ignorancia. No. Esto no puede ser y hay que recabar para el médico la responsabilidad más severa por las defecciones que su falta do conciencia y competencia ocasionan.

Conviene mejor ( )para licenciar a un estudiante de medicina para ejercer la profesión, un examen de moral y amor humano, que el mismo conocimiento mecánico de las materias, por las que se le autoriza a jugar con la vida de sus semejantes.

Nosotros (y mientras se impondrá el régimen del espiritismo) recomendaríamos que no se autorizase a ningún médico antes de los 35 años de edad, a ejercer la profesión libremente, sino bajo un consejo de médicos ancianos, los más experimentados; lo que no es nada difícil, porque se pueden colegiar bajo la subvención del estado y se aseguraría en esa forma la moral médica y la salud del pueblo.

En esa forma se obtendría también una uniformidad de vida y pensamiento y e1 médico, en el contacto y trato de sus colegas, sabría cada uno lo de todos y sería dificilísimo el equívoco.

Pero vengamos ya a decir algo sobre las ideas predominantes en el mundo médico, en todo el mundo, que son en general materialistas sistemáticos.

Que un veterinario fuera materialista absoluto (si pudiera caber esto), tendría, no explicación, pero si sus grandes puntos atenuantes de su brutología, ya que su contacto es sólo con brutos,

Pero que el médico sea materialista sistemático, siendo médico de hombres, es lo inexplicable y no hay atenuante posible en su responsabilidad, en sus forzosos equívocos.

Millones de veces está dolorida la materia y el enfermo es otro, al que el médico (por aberración a su idea sin razón) desconoce y, por lo tanto, le está vedado curarlo y acaba por matar la materia.

Si el médico fuese más doctor en espiritismo que en letras, sabría usar primero la medicina mental, que obra casi instantáneamente, y pronto sabría si era el enfermo el espíritu, su alma o el cuerpo y entonces a todo llegaría a tiempo.

Pero es tal la aberración, que a pesar de haberse impuesto el magnetismo hasta hacerse recibir como parte integrante e imprescindible en la medicina, lo han tomado por cosa y producto material.

No, el magnetismo es sólo del espíritu, por más que se manifieste en la materia; como la vida es el mismo espíritu y sin embargo la demuestra el cuerpo material.

Pero, ante tantos como habéis visto expirar, ¡ oh médicos ! por vuestra ignorancia o no, ¿No os ha ocurrido pensar en la causa de esa terrible mueca que, más o menos igual, todos hacen a su última respiración, con la que toda aquella maravillosa máquina se paró ?...

Pero, en cambio, están como cuervos, viendo y oliendo desde la altura de una peña, cómo despellejan la bestia en el muladar,

cuanto se retire el tachador, echarse sobre ella y devorarla.( )

Ya hemos dicho en nuestro «Código de Amor Universal», en su primera parte, al tratar de estas cuestiones, cuándo y en quiénes puede hacerse la autopsia y la anatomía; pero con el espiritismo no hacen falta esos destrozos y manipuleos irreverentes, cuando no son una verdadera profanación. ¿Pensáis que no siente el espíritu que animó aquel cuerpo, los tajos que hacéis a su materia y rilas aun las impúdicas manipulaciones, chocarronerías y atrevimientos punibles que se cometen en esos despojos de la vida demostrada ? El anfiteatro de una facultad de medicina, es algo así como el circo romano, donde el hombre indefenso habría de ser devorado por las fieras,

Una sola vez presencie el acto de una operación de esta naturaleza y no he querido horrorizarme más ante las iniquidades que vi, que se repiten en cada ocasión y lección.

¡Qué desesperación terrible sufren la mayoría de los espíritus cuyos cuerpos que. acaban de dejar son entregados en las de esos irreverentes estudiantes, no de médicos, sino de comerciantes de enfermedades... Pongamos un velo a las chanzas atrevidas, a las palabras innobles y de doble sentido y otras cosas que ellos saben que callo. Y, después, ¡entréguense enfermos, y sobre todo enfermas, a esa especie desconocida en la escala zoológica No creáis que esto es hablar o escribir nada más porque sí.. He podido comprobarlo en muchos casos de las pocas audiencia que( ) puedo conceder a mujeres desoladas por la desesperación que llevan en todo su ser, por caídas inconscientes, de las que no tienen responsabilidad, puesto que el médico preparó cuantos medios están en su mano (y no son pocos ), incluso el magnetismo, y sobre todo el hipnotismo.

Si fuera alguno que( )otro caso aislado, no los mentara; pero son muchos y con graves reincidencias y los advierto como prevención a la moral, para que los amantes de la dignidad médica pongan el remedio necesario, señalando a los detractores de la medicina.

Cuando el espiritismo estará en su reinado y el cuerpo médico estará acompañado de un buen cuerpo de médiums, como lo señala nuestra “Ley de Mediumnidades”, harán, por lo menos, las curas de Paracelso y Jesús.

He aquí, pues, lo que es la medicina ante el espiritismo. La Panacea de la naturaleza, aplicada con balanza justa por la luz y sabiduría del espiritismo, para anular las enfermedades. ¿ Qué más queréis que sea ? ¿ Y qué más pueden ser los médicos, que los facultados por esa misma luz y sabiduría, para hacer la vida sana y agradable ?

¡ Qué diferente es el pensamiento de la generalidad de los médicos de lo que quiere de ellos el espiritismo ! Pero, ¡Qué diferente es el espiritismo de lo que lo creen esos mismos médicos que buscan el alma a punta de cuchillo en... los cadáveres!...

No, hermanos médicos. El cadáver no es más que las escorias que arroja el maquinista que movía todo el complicado organismo de la máquina-hombre, cuando llega a su destino, o ha hecho explosión por cualquier causa, de asesinato, accidente o suicidio. Lo que buscáis estaba en el hombre; pero se fue en la última boqueada y no creáis que muy lejos en la generalidad. Casi siempre quedan, por un periodo más o menos laryo, con sus afines y consanguíneos, y es por esto que no se debe ultrajar ni destrozar su cadáver.

Eso que se salió del cuerpo en la postrer boqueada, es lo que daba el movimiento, porque es calor, que se convierte en fuerza, está en movimiento y el todo en luz, manifestándose en inteligencia, esta en pensamiento y éste en obras, ¿ Y queríais que esto bajara a la fosa ? Esto no es polvo ni procede del polvo y, por lo tanto, no vuelve al polvo.

Esto es lo que exigimos de los médicos; que comprendan esa verdad y con sólo eso serán mejores módicos y no entrarán en la acusación de un crítico cantor, al que le oí esta copla:

Médicos y cirujanos:

No vayáis a la oración,

Porque os dirán los muertos,

Este es el que me mató.