CAPITULO OCTAVO

CÓMO ES IMPOSIBLE SALIRSE DEL ESPIRITISMO

Tampoco este capítulo será muy del agrado de «los muy hombres que aun no son hombres», pues vamos a confirmar que, aun en ese grado poco envidiable, humana y moralmente, nada obra ni piensa ( ni aun su querer de anularse) fuera del Espiritismo.

Que se obre como «Demonios o Ángeles» usando las palabras de Abrahán, no quiere decir que obren los demonios fuera del Espiritismo; pues hemos visto que Hellí en el mismo testamento dice «Que son mis hijos». Y como ya hemos probado que solo existe una Paternidad, existe solo una familia. Y como también hemos probado que el gobierno del Universo es solo del Espiritismo, no necesitamos otros estudios para firmar y sentar como axioma que es imposible a nadie salirse del espiritismo.

La prohibición misma del uso del espiritismo a los inconscientes e ignorantes y malvados, hecha por Moisés, confirma esta nuestra tesis, puesto que tiende a purificar la doctrina y matar las costumbres viciadas por la maldad de los prevaricadores. Pero más especialmente es declarar con esa prohibición, que el espiritismo luz y verdad no quiere ser cómplice del espiritismo negro que ideó todas las artes de la magia negra y roja que tantos desastres ha causado.

Si el Creador no hubiera dado a sus hijos los espíritus y en ellos al hombre, su libre albedrío no hubiera sido posible hacer el mal. ¿Pero, no hubiera sido una tiranía que estaría en contradicción con la libertad?... Además, la vida sería tan monótona, tan rutinaria, que no le daría ganas a nadie de vivirla, ni tendría ningún aliciente, porque no habría ocasión de las heroicidades que registramos en los que han sabido vencer las pasiones, dominando los instintos.

La armonía consiste, en formar el homogéneo con todo lo heterogéneo que existe, y para esto ha sido necesario que exista en el hombre el infinito variado de instintos, de todos los seres de la naturaleza, del hombre abajo.

Como luego en cada mundo en particular y en el universo en general debe haber un resumen de todo cuanto existe, incluso el Creador, ese resumen es el hombre; concebido y confesado por todos los hombres de razón, como la representación verdadera o imagen del Creador.

Que es así, 1o confirma la voluntad Universal y por sobre ésta, el hecho mismo de que el hombre lo domina todo... ¿Todo?... Todo, hasta los elementos y la misma naturaleza cuando el hombre es la ley y no tiene que buscar la ley para ampararse.

Sí: cuando el hombre es la ley hemos dicho y los murmullos ensordecedores que me llegan, manifiestan que tienen el valor máximo esas seis palabras cuando el hombre es la ley domina los elementos y hasta la misma naturaleza.

¿Pero es posible que algún momento deje el hombre de ser la ley? No, no es posible que el hombre no sea lo que fué hecho. El resumen de la creación por lo cual es la. Ley de la creación. Entonces ¿por qué he escrito cuando el hombre es la ley lo domina todo hasta los elementos y la Naturaleza si siempre es la Ley? Porque no basta ser; hay que saber que se es, y no sabiendo que se es, es el resaltado como no ser; puesto que nos dejamos conducir por quien sabe que es.

Vamos a un ejemplo de sobra sencillo y vulgar, pero absoluto.

El pueblo, en todo momento, es el estado soberano; sin embargo, muy contadas veces ha sabido que lo es, siéndolo aun no sabiéndolo.

Las causas que originan este fenómeno, son múltiples; pero una sola es la que todo lo envuelve, la ignorancia de lo que cada hombre es y representa, en el conjunto social y nacional.

Como no lo sabe, porque no ha hecho conciencia de su ser, de que él es el estado soberano y por ende la ley, necesita que se le hagan leyes, para que viva dentro de la ley, en vez de ser él la ley; es decir, en vez de que la ley viva en él.

La diferencia es máxima en volumen, peso y número; pues siendo el hombre que sabe que es y que la ley está en él es el verdadero señor de sí mismo. Cuando el hombre tiene que vivir dentro de la ley, es esclavo de todos, pero no es el esclavo de su deber, que le daría la verdadera libertad, sin ser esclavo de nadie.

Cuando el hombre tiene la ley dentro de sí mismo, usa en verdad el libre albedrío, porque es libre; mas cuando ha de vivir dentro de la ley, pierde el libre albedrío y es libertino.

El que sabe que es, no sufre en el cumplimiento de sus deberes, porque los hace en voluntad.

El que no sabe que es, sufre la imposición haciéndose esclavo, puesto que lo que obra, lo obra obligado, sin voluntad.

El hombre que sabe que es, tiene el valor de oponerse a los gobernantes inmorales y procura por todos los medios morales y de justicia, derrocarlos y llevar al poder a los más morales, que son siempre sin excepción los que saben que son.

Para esos, la Constitución es una traba y tratarán desde arriba o desde el llano renovarla; o en caso extremo, apelará a la rebelión para empezar de nuevo, con una constitución o con un nuevo régimen. Y no importa que parezca que está solo, le responderán siempre todos los que saben que son, o empiezan a saberlo por medio de la protesta del que sabe que es el hombre que dentro de sí tiene la ley.

Sin embargo, ¿podremos decir que los que no saben que son los que tienen que vivir dentro de la ley a gusto o disgusto, por voluntad o por fuerza, no son pueblo? En todas formas que lo miremos son el pueblo; inconsciente sí, pero pueblo, Argentino, Español, Francés, Inglés o Chino; que aunque quiera renegar, aunque tome, carta ciudadana de otra Nación jamás podrá quitarse ni con la muerte las moléculas que se adipó en la gestación y nacimiento, del suelo en el que nació. Será un renegado, pero será Argentino o de la Nación que naciera, sin que lo pueda evitar.

Pero es que la Argentina, España, Rusia o la China, como todas las llamadas naciones, parten de un mismo epicentro y no se pueden aislar en ninguna forma y en todas formas son del mundo tierra, que pertenece a la especie humana. Y aunque cada hombre riña y se mate con el de otra nación no puede evitar que pertenezca a la especie humana; y no sirve no quererlo, porque lo mismo lo seguirá siendo y quiera y no quiera, se llamará y será hombre de la tierra.

Pues también como esto es absoluto, es absoluto el otro que, por más, negar y renegar del espiritismo, es imposible al hombre y al espíritu desencarnado, salirse del espiritismo, ni obrar nada que no pertenezca al espiritismo en cualquiera de los dos bandos de los negadores, o de los militantes convencidos porque saben que son y no pueden dejar de ser. Los negadores no son y no pueden dejar de ser. Todo esto encierra gran sabiduría y os incitamos a estudiar.

Debo cortar este capítulo aquí para no restar nada a la elocuente contundencia expuesta.

Solo digo a los negadores: Para obrar y salirse fuera del espiritismo buscar sitio donde quepa otro infinito universo; crearlo a vuestro gusto y vivir allí. ¿Podréis? Espero que lo hagáis y correré a aplaudiros.