CAPÍTULO SÉPTIMO

CUANDO
EL HOMBRE PUEDE COMPRENDER EL ESPIRITISMO

En realidad de verdad, el hombre no puede comprender el espiritismo hasta que se encuentra en las condiciones de Moisés.

Pero puede presentir el espiritismo, cuando conoce las tres entidades de que se compone el hombre, o sea, cuerpo, alma y es espíritu.

Pero puede y es el hombre espiritista, cuando se ciñe en todos sus actos a la razón y por ésta estudia en todo, investiga en todo y nada niega de lo que aun no comprende, pero trata de estudiarlo.

Se nos va a decir que, entonces, pocos o ninguno comprende el espiritismo. Sí, realmente, son muy poco hasta hoy; pero todos lo han de comprender hasta su raíz, que para esto escribimos este libro, a la hora justa marcada; y si no lo podrán penetrar, porque eso es sólo cuando ya se es maestro de la creación, con la comprensión de lo que es el espiritismo, lo llegan a presentir en su grandeza y están en la certeza de que todo lo sabe el hombre por el espiritismo, que es lo primero que se debe saber y puede entonces llamarse espiritista. Espiritista quiere decir, en buena traducción, « que estudia el espiritismo», lo cual está conforme porque, el espiritismo no es credo, dogma, ni religión, sino estudio del Universo aunque en su primera acepción es, unión de los espíritus o gobierno del Creador.

El hombre comprende el espiritismo sólo cuando sabe lo que son sus tres entidades de cuerpo, alma y espíritu: y lo más fácil de comprender es precisamente lo más grande: lo que es su todo; lo que sin ello no se puede ser hombre, porque no puede razonar por lo que, la razón, es sólo del Espíritu.

Sé que en este punto, el materialismo sostiene sofismas tan sin razón, que no merecen dedicarles aquí un punto de crítica, puesto que en la «Filosofía Austera Racional» tienen el reto que merecen y aun no hay ningún valiente que haya recogido nuestro guante.

Sí, es lo más sencillo de comprender, lo más grande que tiene el hombre, su espíritu, como lo hemos expuesto en el capítulo «La Paternidad Única de los Espíritus». Penetrar su acción va es un tanto más difícil y sólo se consigue en el estudio continuado de los hechos de los hombres y los fenómenos de la naturaleza, de cualquier índole, con más los fenómenos inteligentes de los fantasmas, como han llamado los miedosos a las apariciones de los espíritus, que se dejan ver materializados, o producen otros miles de fenómenos, diferentes siempre, aunque parezcan similares.

De aquí que el Espiritismo pida siempre a todo hombre que estudie, investigue y compruebe, porque el Espiritismo es estudio, siempre estudio y jamás acaba su trabajo el espíritu y jamás termina de aprender, causa ésta de que el progreso sea infinito por lo cual es representado en Cábala, en el triángulo, con las palabras KETHER. BINACH. CHAMACH., que significan: Poder equilibrador. Inteligencia empujando siempre hacia adelante y sabiduría, que registe, pero cede al que la estudia; es decir, a la inteligencia.

Esas tres palabras, llevadas a las matemáticas por el gran ignorante Moisés en su cábala, se han dado como base en la geometría matemática, en las palabras, de espacio, medida y tiempo ( centímetro, gramo, segundo), base infinita algebraica en C.G.S.( ) por lo que las matemáticas son inacabables. ¿Saben esto los Sofistas Monos?; ¡Y aun dicen que «el Espiritismo es patrimonio de tontos, ilusos e ignorantes!»...¿Qué hay pocos que penetren esto, me decís? Es Verdad: pero cualesquiera que sean eso pocos, son espiritistas y basta para afirmar que, espiritista quiere decir hombre de estudio, estudioso que, presiente, que comprende y está cerca de penetrar, porque el espiritista vire siempre. El materialista vive también, aunque no quiera, pero duerme y se aletarga.

Como ya sabéis lo que es el espíritu, un hálito, una partícula de su propio Padre, ya podéis comprender con estos puntos el Espiritismo, en cuanto al espíritu, y vamos a extractar el Alma y el cuerpo, que es la parte animal y material; pero habéis de completar vuestra ilustración en los libros atrás citados; y su anatomía, aprenderla en las obras de esa ciencia y saber que el Espiritista tiene el deber de saberlo todo. Entendedme bien, tiene el deber de estudiarlo todo.

Aquí no tiene más objeto, el extractar el alma y el cuerpo, que dejar comprendido en un solo capítulo, el todo del hombre para que el espiritista lo tenga a la vista, siempre por entero y al propio tiempo borrar muchos nombres teosóficos, que causan confusión, como el doble yo, el doble Etéreo, Periespíritu, etc., que pueden ser muy elegantes; pero que no hacen más que lo que hace un Frac en un cochero. El espiritista, desde hoy, ha de comprender que, al decir alma, dice todos esos nombres de dobletes y peries, etc., porque son X, incógnitas, etcéteras ininteligibles, sino a costa de mucho tiempo perdido, que mil veces retira del estudio engorroso a los más, y por eso, ni los mismos teosofistas, inventores de todo eso ininteligible, ni se lo explican, ni saben al final distinguir el alma y el espíritu ni si son dos cosas, una o ninguna.

El alma, pues, es materia, Quintiesencial, sí, pero eso no quita que sea materia, esencia de la materia, extraída por la alquimia de la eterna metamorfosis, que sólo el espíritu sabe manejar.

Cuando hemos expuesto en nuestra « Filosofía Austera Racional» la «Creación del alma humana», algo hemos dicho, lo suficiente para los espiritistas que ya se puedan llamar tales; pero en nuestro «Conócete a ti mismo» allí está atomizarlo este estudio y el del cuerpo humano, en cuyo estudio llamamos a los médicos, geólogos y biólogos, a profundizar y con los químicos, afirmar puntos y leyes para nuevas ciencias.

Sí. El alma humana es materia: y cada alma está compuesta de un par de instintos, macho y hembra, de todo lo que compone las almas individuales de todo el reino animal, lo cual le da la sensibilidad, única facultad del alma.

El alma no tiene el uso de la razón, por cuanto quieran decir las que razonan mal.

El alma humana (procediendo del alma de todo el reino animal) es sólo un alma Universal y nadie podrá permitirse creer que haya en todo el Universo más que una Ley.

Si hubiera dos leyes, sería anulada la una por la otra y la confusión sería el Caos.

No pudiendo, pues haber y no habiendo más que una Ley, el alma humana razonara, no podría esa Ley evitar que los otros animales abajo del hombre razonaran también.

Por más que muchos quieran ver un principio de inteligencia en ciertos animales, es un absoluto y culpable error.

No debe confundirse la instintividad con la inteligencia. El instinto es lo que tienen todos los animales irracionales y, no tuvieron ni tienen, ni tendrán inteligencia, porque jamás ha encarnado ni encarnará un espíritu, en ningún animal, aunque como temor y castigo lo expongan ciertas filosofías hindúes, a las que llaman « Metempsicosis ».

La religión Cristiano-Católica condena las almas al infierno, para por el temor, conducirlas al tópico de la esclavitud y brutalidad que se propuso: pero absurdos son los dos y demuestran a la vez que es su maldad, la supina ceguera e ignorancia de las tales religiones.

En esas filosofías se han alimentado Teosofistas y Espiritualistas; por lo cual, puede ser que sean individualmente Anti-Católico, Anticristianos, o Antimahometanos, etc. Pero en doctrina y sentimentalismo, son religiosos, y como religiosos, no pueden razonar, porque no son libres; y no siendo libres, no pueden ser espiritistas; y sin embargo, no pueden obrar y no obran nada, fuera del espiritismo, en uno de sus dos bandos.

El alma humana, pues, compuesta de los instintos más purificados del alma animal, adquiere (por su contenido) la sensibilidad; lo que toca explicar científicamente a la Química.

El Espiritista, entiende esa sensibilidad del alma, por la gran ley, de la analogía y ello le basta para afirmar el axioma y entonces aplicar las leyes de la materia, para explicarse el «por qué».

Vemos por ejemplo, una rosa de olor y percibimos su aroma. Otra vez percibimos ese aroma en un frasco y comprendemos que es de rosa, aunque allí no está la rosa. La química, extrajo la esencia de la rosa y arrojó las escorias inservibles, o materia rústica.

La percepción del aroma de la rosa, nos hace ver la rosa imaginizada y tanto, que nos sería fácil pintar su figura y colores: pero es necesario para eso, que hayamos visto la rosa y estudiado pintura y la reproducimos en figura y colores, pintada, o artificial de tela o papel u otra materia y hasta nos es dada hacerla aromática, con la esencia de la rosa natural.

Esto es y así procede el estudio del espiritista, que si no es buen filósofo, será un mediano aprendiz o retrasado estudiante.

Pero lo grande del estudio éste está precisamente en las leyes de analogía y de los reflejos, que en momentos llegan a confundirse. ¿Creéis que si en nuestra alma y cuerpo no estuviera por entero el objeto rosa, la esencia de ella sería el motivo suficiente para percibirla aunque la tuviéramos delante? No es posible, porque no puede ser lo que no es. Como lo que una vez es, no puede dejar de ser.

Pues estad seguros, que si percibimos la frialdad del sapo con solo su vista, es porque en nuestro cuerpo y alma, están sus instintos de cuerpo y alma: como si nos sentimos león, toro, caballo, perro, águila, paloma, etc., etc., es porque en nuestra alma y nuestro cuerpo, viven en verdad de verdad formando entre todos, con sus instintos corporales (materia rústica) nuestro cuerpo; y con los instintos de sus almas, ( materia quintiesencial ) nuestra alma.

De aquí nace el más hermoso estudio de las enfermedades y sus remedios, que el espiritismo puede apurar y lo apurará en su reinado y hará desaparecer las enfermedades; porque cada hombre, teniendo su espíritu en Luz, será su propio médico: pero usará las ciencias, porque para eso las ha traído.

Cuando el médico sepa lo que dejamos expuesto de la composición del cuerpo y alma, y por una profunda Psicología pueda precisar, a qué animal pertenece tal o cual parte del cuerpo humano y cuál animal o especie, es el germen de tal dolencia, habrá encontrado el remedio a toda enfermedad. Larga tarea ¿Verdad? Pues por larga que es, para el espiritismo en su régimen y reinado, es bien breve: la tiene estudiada ya. Pero... No la vende.. Y como no se vende, los médicos no la aprenden, ni estudian el cuerpo, ni el alma humana, ni conciben a su propio espíritu, que es buen médico, pero no puede vender su sabiduría y cierra su archivo a la aberración del médico materia aunque sea su mismo cuerpo. Esto es en ley general; que aunque haya honrosas excepciones, no quiebran la generalidad de la Ley.

Cuando el hombre ha cumplido lo que dejamos expuesto, es cuando puede comprender el espiritismo. ¿Que es demasiado grande ? Mejor: de grandes es aprender y entender en cosas grandes, y al fin todos, queramos que no, en pocos o en muchos millones de siglos, en breves o muchas existencias, tendremos que doblegarnos a esa sabiduría; y de prudentes es acortar el camino cuanto más se pueda y que no nos llamen retardados. Debemos aspirar a que el Espíritu Superior, diga al recibirnos: «Y consumió en poco tiempo, la obra de muchos siglos».

Aquí deberíamos hablar de la elasticidad del alma; pero lo haremos en el capítulo, Facultades del espiritismo.

Dejamos pues extractadas las tres entidades que componen el hombre. Pero sería incompleto este capítulo, si no mentásemos un gravísimo error de concepción que hay entre los hombres en todo donde dominó el Cristianismo y el Catolicismo y es que, habiendo solo enseñado que el hombre se compone de cuerpo y alma, han dado todo el valor al alma, haciendo de una cosa sin ley el todo de la Ley; han concedido todas las facultades al alma, no teniendo ninguna, y con esa enseñanza de errores, se ha llegado a desconocer el espíritu en el hombre; y si hablan hoy, aun los más de los que se titulan espiritistas, juegan el alma y el espíritu como una misma cosa; y en no pocos casos, es pospuesto el espíritu al alma, hasta por ya famosos conferencistas.

Como hemos hecho bien, la división de las tres entidades, ahora ya sabrán distinguir cada una y darle su puesto.

Pero es preciso decir aquí ( aunque tiemblen se espanten, o se anonaden los animistas) que el alma no tiene ley y como este argumento trascendental está bien comprobado con juicios filosóficos y aun diríamos con procesos jurídico-científicos, por lo cual lo hemos codificado, aquí no necesitamos más que sentar esta razón como ley.

Cuando una cosa puede ser arrastrada por uno u otro individuo, es porque el arrastrado no tiene una ley que le dé personalidad.

El Alma, que es el vestido eterno del Espiritismo, su aislador para poderse juntar por su resistencia al cuerpo humano, si encarnado el espíritu, la materia puede arrastrar al alma a sus vicios, pasiones o virtudes, como si el espíritu, por su fuerza, por el alma puede arrastrar al cuerpo a cumplir sus deberes, trabajo y misión, es porque el alma no tiene ley.

Repetiré aquí y será por centésima vez, que el alma no es más que el intermediario entre el cuerpo y el espíritu, para que uno y otro puedan cumplir su papel, de polo positivo, el espíritu y de polo negativo el cuerpo y demuestren su vida en los efectos, obras, buenas o malas, según el progreso mayor o menor del espíritu y la educación y aptitudes del cuerpo, que habrán de responder a su juicio destino el que estará forzosamente escrito en el alma, como lo está en la resistencia calculada en el filamento de la lámpara eléctrica, o en el enrollado del motor o del dínamo.

Elementos éstos traídos por el espiritismo, para poder por sus leyes explicar científicamente, todo cuanto se creía abstracto.

Con esto, y recordar que el alma es (desde que es individualizada por el espíritu) su eterno traje, libro y archivo, que jamás puede romper ese maridaje ni borrarse de ella los hechos del espíritu, ni las obras de los cuerpos y su estampa de todas las existencias como hombre o mujer, podréis ahora estudiaros en verdad y presentir primero, para luego comprender y después penetrar, la grandeza del Espiritismo y lo complicado de su gobierno y podréis luego haceros esta pregunta: ¿Cómo se puede ser espiritista ignorando toda esa sabiduría? Pues permitidme que os diga: podréis ignorar por cualquier fenómeno de errores sociales o maldad religiosa, hasta que tenéis espíritu (como muchos los hay de esa lamentable y acusadora ignorancia ) y sin embargo, es imposible que el hombre se salga del Espiritismo : y aunque quiera, no se sale.