IX



Junio 9 de 1912. Por el médium Portillo.

Heme aquí; yo también debo llegar y dar de lo que siento más bien dicho, depositar, de una humanidad el recuerdo y los amores, siempre en justificación de los hechos de la justicia y ley del creador y dar nuestra experiencia de hermanos mayores, lo que tenemos para la implantación de la verdad entre nuestros hermanos menores, en el primer momento del día de la comunidad.

La vida es un axioma para todos los hombres, porque viven, se mueven, se ven y trabajan; pero ésta está sujeta al gran regulador de la ley y aun... nadie se ha impuesto ni sustraído. Y ni el obrero ni el magnate se puede excusar, cuando le marca la hora ese inflexible regulador. Sólo algunos se adelantan en una existencia cuando se suicidan; pero por eso, no vivirán menos días, pues han de realizar la obra que tengan encomendada, que otros, por ellos, no pueden ejecutar.

Ese regulador, es el mismo que el movimiento produce a los mundos todos y que sujeta a la vida: y en el momento de su cumplimiento, el hombre se eleva y los mundos salen de sus órbitas, siempre sujetos al mismo regulador.

Todos esos mundos (que aún vosotros llamáis estrellas) giran vertiginosos en sus órbitas y arrastran a los moradores confundidos en la misma atmósfera que en sus movimientos agitan y renuevan; y es allí donde debemos dirigirnos para aprender la vida interminable, en la que somos los eternos colaboradores; porque el espíritu y sólo el espíritu es el creador de las formas (como ya os lo ha escrito el hombre en el código) después de la creación primera, en la que el Padre dió la ley; la divina ley que se resume en una sola palabra; la más sencilla palabra, que en el universo todo es, Amor.

Vosotros habéis llegado al día séptimo; al del usufructo; al que todas la humanidades llegan después del gran acto de la justicia. Pero todos los trabajadores de esta morada que llamáis tierra, no son conscientes aun después de haber pasado los seis días de trabajo y por esto venimos en nuestro amor, a depositar al hombre consciente que escribe el código, los conocimientos nuestros, que sólo hacemos afirmar lo que él ya sabe; lo que él ve en los mundos mayores. Pero venimos, porque la voluntad de la mayoría hace ley y somos un plebiscito de la cosmogonía, cuyos maestros traen el voto de sus humanidades.

Pero vosotros, en esos días de trabajo que conocéis sólo de palabra en la historia y hasta hoy no os fueron aclarados, habéis trabajado sólo sobre la materia y el espíritu sólo a grandes esfuerzos pueden hacerse oír y respetar en algunos, hasta que fueron suficientes sabios y pudieron llegar al centro de la luz, donde manifestaron su penoso trabajo por causa de la religión y las leyes civiles, hijas en un todo de esa misma religión porque los estados han sido formados por ésta siendo siempre sus tributarios, como claramente os lo demuestran los mismos estados civiles.

Las religiones, tantas y tan pequeñas, se han olvidado por la supremacía del santo principio de amor fraternal que en todas hay impreso y han creado leyes de opresión. Pero en la lucha tremenda del espíritu, la mayoría se elevó consciente y los opresores, son hoy una ínfima minoría y ellos mismos conocen (aunque no confiesan) que son una parte infinitesimal y en su lucha se contradicen en la obra con la teoría que enseñan en el catecismo, que les reprobamos, aunque en él tienen el principio, que no se puede encontrar, por lo absurdo de su composición e interpretación maliciosa.

En él, hablan de las almas y de los espíritus. ¡No pueden negarlos! Pero lo envuelven en la patraña inmunda y dan artículos de fe ciega reñidos con la razón, que por el dogma, nadie fué libre en discutirlo.

Estos gérmenes de verdad, cubiertos con la malicia, el convencionalismo y la plutocracia, fueron traídos por los hermanos mayores, que los confirmaron con su sangre; pero que con el dogma, la opresión y las hogueras, han coartado la acción de los misioneros y los derechos sociales e individuales, por el derecho de la fuerza que los estados feudos de los supremáticos les han prestado, llegando con esto a la división de clases y de naciones además de las naturales y geográficas y de los colores de los hombres que, lejos éstos de ser un contraste, son la belleza y la armonía en la variedad.

Pero el hombre se encontraba coartado y oprimido y no podía llegar a la unidad; pero aún así llegó al principio colectivo en la vida de sociedad, de la que forzosamente nace la comuna.

Si vivís en la comuna de sociedad, ¿por qué afligísteis al obrero que os ha mantenido?

Ya comprendéis y lo sabéis porque hoy se os dice en el código, porque forzáis a los pobres que hicistéis feudos vuestros. Pero poseéis y disfrutáis algunas de las muchas maravillas que el hombre debe sólo en comunidad disfrutar, en el día del usufructo. Pero esto que pensáis en retener como vuestro, (a pesar de haberlo negado y perseguido), pero que por la fuerza del progreso se ha impuesto esa luz a vuestra ceguera y que al gustarlo os place y tratáis de dogmatizarlo; pero estáis equivocados y sois acusados de malversores y expulsados.

El hombre se dejó imponer, aun siendo mayoría los trabajadores, porque aún no conocía la ley de atracción, la ley del espíritu que hoy ya comprende y se la recordamos.

Vosotros teníais escrita esta ley, que con ser divina, la habéis envuelto en vuestro lodo y habéis sostenido su contra y querido sujetar a este centro microscópico todo lo grande del universo, por no considerar la ley de atracción; la ley de los afines; la ley de igualdad; la ley de amor.

Habéis proclamado la comunidad: ¿Pero habéis llevádola a la práctica? Vivís en el pueblo y la ciudad, en comunidad de edificios; pero habéis tenido rayas donde dos hombres se ven y al otro lado son extranjeros. ¿Dónde está la comunidad? ¿No véis que la ley de atracción a todos por igual los lleva por la misma órbita? Y aun dentro de estas rayas, ¿vivís acaso en comunidad ni aun dentro de la ciudad y del pueblo y ni aun dentro de una familia?...No podéis contestar; os véis acusados por vuestra obra de supremacía. ¡Todo lo habéis sujetado a vuestro provecho! Y si un hombre os dijo vuestro error, lo sacrificásteis. ¿Dónde está la comunidad? ¿Dónde la civilización? ¿Dónde el amor?

Se anunció el juicio y éste sufrió sentencia y se os señaló un lapso de tiempo. Pero este lapso es muy breve y mucho me temo que si en los seis días de trabajo no hicísteis y aún estorbásteis la comunidad, no la acataréis ahora en tan corto espacio. Pero nada estorbará su implantación, como no habéis podido estorbar la llegada a la primera hora del séptimo día. ¿Porqué si pudísteis por el crimen (dando el martirio a los misioneros), retardar un momento los hechos, no habéis podido estorbar el día del juicio? Es que son decretos infalibles. Es que en vuestra insensatez, no entendéis los avisos del espíritu y os llegó el juez cuando no podíais recibirlo porque estábais desprevenidos y de orden suprema, pero en amor, os sentenció y concedió este pequeño lapso del paso de tres generaciones.

El mal, lo tiene el mundo tierra, en las leyes políticas y religiosas hechas puramente humanas y separadas antagónicamente de las leyes divinas y uno es feudo del otro; el estado civil, del estado religioso. Pero los dos sois culpables y los dos estáis sentenciados en la justicia del creador y, juntos caeréis como institución contraria a la ley del Padre, si antes, el estado civil, no se separa del religioso el cual es el único culpable.

Con todo vuestro terror y martirios, no habéis podido acallar al espíritu de los sacrificados que desde el patíbulo miraron al infinito y lloraron, no sus sufrimientos que poco sentían, sino vuestra ceguera. Ellos, luego aun más libres y con la potencia del universo solidarizado y con más amor, preparaban el gran día de la justicia, que no pudísteis esquivar.

Llegó el día de la luz con la justicia y los espíritus acatan la ley de amor. Se da la transición de las tres generaciones y, el hombre en autos de juez del Padre, con sus secretarios regidos por el Espíritu de Verdad y ayudados por los maestros de los mundos de la cosmogonía; acompañados y con poderes de la inmensa mayoría de los mártires y oprimidos, se elevan y se atraen la palabra de aquellos espíritus de amor que anotan en el código de ley el amor, para que podáis acatarlo en la transición.

Por el trabajo del espíritu, llegó la materia a un alto grado; y por la supremacía (que sembró la ignorancia) y se llenó de concupiscencias, no da al espíritu lo que es suyo; nada le dáis de lo que éste ha trabajado para la elevación de la materia y para ser base sólida de su más fácil ascensión y, el espíritu, sufre hasta el día de la justicia inexorable, en el que son separados los negadores y los prevaricadores de la ley.

Vino el día deseado; es limpiada la atmósfera de la negra bruma que la empañaba y desciende el Espíritu de Verdad en toda su majestad y, el hombre ante toda la cosmogonía firma la sentencia final del destino de los hombres y los espíritus de la tierra.

Pero ese día fué uno como todos, de sol, o de lluvias y el hombre sigue en sus errores y en su maldad, sin pensar ni presentir sus materias que se le está sentenciando y hoy, los que llegan al tribunal y ven sus despachos listos y sus guías y ejecutores de la ley prontos para conducirlos al mundo de la justicia, es el rechinar de dientes. ¡No piensa el hombre de la supremacía, el plutócrata y el libertino, que sus cuentas están ajustadas; que su balance lo acusa de malversor; que se cegó en la materia y no quiso ver que era dos potencias y que la que no ha sido conocida, era la primera y la responsable; el espíritu. Nada valen ahora las protestas; nada vale, yo no sabía. Porque, "vigilad y orad" os dijo a tiempo Jesús.

Véis que la tierra tiene sólo una órbita y que una sola ley la sujeta. ¿Por qué habéis hecho vosotros diferentes leyes, para diferentes clases? El sol, (del cual la tierra nació) da su luz por igual para todos. ¿Por qué habéis hecho clases de clases, naciones y razas, si el astro central que os arrastra a nadie hace excepción, ni acepción? ¿Con qué derecho habéis anatematizado el progreso del espíritu, por el cual hemos podido llegar hasta nuestros hermanos menores por medio de los médiums vuestros hermanos mayores y conquistadores de la sabiduría sólo por el progreso espiritual?

¡Hombres! Ya es la hora de pensar un momento por vuestro espíritu; el plazo es breve; la sola presente existencia para cada uno os marca la ley; temblad por vosotros mismos; no habréis satisfecho la concupiscencia y perderéis en justicia la tierra, para ir a moradas más terribles que por el amor se os han descripto y mostrado.

El Padre quiere vuestro bien: pero quiere que os sujetéis a la ley; quiere que no causéis daño a vuestros hermanos y quiere que acatéis "la comuna sin parcelas y sin fronteras” Por eso han sucedido los tiempos; han pasado los seis días de trabajo y ha empezado el séptimo del usufructo, en el que no cabe la desigualdad, el odio y la injusticia, porque la ley que se implanta es de amor.

Han pasado la edad de hierro, la edad media y la de luchas de principios y ha llegado la Era de la Verdad, con el triunfo del espíritu; con la proclamación del Espiritismo Luz y Verdad, como verdad suprema. Después de esas luchas, el espíritu aprende hablando con los espíritus sus hermanos mayores y aunque están encarnados, el cuerpo material les sirve conscientemente para realizar el trabajo en la tierra y el espíritu, en moradas donde la ley es amor, porque el nuevo código unió las dos potencias. No debe ya prejuiciaros el error de religión, de patria, ni de sociedad, porque del espíritu, su patria es el universo; su sociedad, todas las humanidades; su religión, el amor universal; y su credo, el espiritismo luz y verdad.

Mas vosotros, en la supremacía y en la plutocracia, vivís de una sola potencia; la de la materia en la que tenéis vuestro dios, desde el magnate al alguacil y desde el pastor al sacristán y no podéis ver, ni aun la sentencia inapelable que pesa sobre vosotros. Tan ciegos sois.

Más si a vosotros llegó Jesús y os anunció el juicio y lo sacrificásteis, ¿cómo no habíais de sacrificar a los que lo procedían, si como él os acusaban?... ¡Y cantáis a la ignorancia que vuestro poder es de dios y obráis vosotros como dioses!... Por eso aniquilásteis a los que vinieron de orden del Padre a desmentiros en los siglos 15 y 16.

Jesús combatió la supremacía y por esto lo anulásteis, cargando a su espíritu de vuestra atrocidades. Más llegó el día del juicio que él anunciara y que vosotros confesáis y enseñáis pero con fines rastreros y no habéis podido anularlo, ni aun daros cuenta de la sentencia, porque sois ciegos y sordos de voluntad.

Al mismo tiempo que érais sentenciados, la supremacía se hacía creadora de dogmas de opresión, amparados por sus hermanos de la plutocracia.

Venid, vosotros los de las leyes civiles, feudos a la vez que amparadores de los supremáticos religiosos. ¿Por qué cantáis comunidad? ¿Por qué vivís en pueblos donde la mayoría trabaja y sucumbe de necesidad, mientras vosotros derrocháis en un festín de escándalo el trabajo de todos? Ya lo sabéis; pues os lo advertimos desde ahora: la ley se ha anunciado; el pueblo es mayoría y seréis juzgados por el pueblo que hasta hoy habéis oprimido; y si no os separáis a tiempo, caeréis con vuestro feudal si no acatáis esta ley del Padre, único modo como podéis libertaros de la ira que habéis provocado y de la salida de la tierra vuestros espíritus, en el día de vuestra desencarnación. Más temo, repito, que vuestra ceguera, hará que se vean los hechos de vuestra opresión al contacto de la santa libertad, que con la ley de amor se proclama por lo que os dijo Jesús, hay letras que matan. Vuestras leyes son veneno, porque están escritas del polvo más vil y mortífero de la materia, que es putrefacta cuando no sirve al espíritu.

Venid; oírnos y oír al hombre que os da el código, al que ni aun tenéis necesidad de ver, ya que él está bajo el traje del obrero. Pero a él venimos, porque está como nosotros en la cadena luminosa de la luz y por esto, en el amor solidario os lo da escrito en letra que vivifica, porque ella es la ley de la cosmogonía, que es la ley única y suma del Padre. Amor.

Os lo advierto como padre, cual es mi deber: Sois una parte infinitesimal y sólo ya estáis en la tierra, los que no queréis ver, porque vuestros instigadores fueron ya transplantados al vivero; al mundo que se os ha descripto que es un hospital del Padre, donde se curarán de su locura y donde podrán ser injertados en flor de aromas y donde vosotros iréis para el mismo fin. El espíritu de luz quedó en acción y con los hombres conscientes; con el obrero; con el hijo del trabajo que hoy protesta en todas partes y se hace ya respetar. Estamos en la lucha; lucha de principios en la que no podéis justificar, ni vuestros principios ni vuestros hechos; y no os atacarán como vosotros habéis hecho; pero...¡Ay de vosotros si provocárais la explosión!...No podemos responder de la justa ira popular y os quedó avisados.

Os llamamos, venid, curaros en salud; oíd al espíritu por el médium por quien hablamos; los médiums que son hombres o mujeres como vosotros, pero sabios en espíritu; vosotros, ayer fuísteis espíritus y mañana lo volveréis a ser, para volver luego a ser hombres o mujeres, de lo que no hay diferencia en la ley y todos somos hijos del Padre y no de otra forma se os trata en el código, que de hermanos, porque no hay más nombre en todo el universo.

Venimos como mayores y no a trazaros rumbos, porque éstos los habéis de trazar vosotros mismos; pero sí venimos a demostraros a los orgullosos, a los que se dicen ministros de dios; a los hipócritas, que estáis equivocados. Ver, como venimos al obrero, porque vosotros vivís equivocados y guiáis mal al pueblo que hasta hoy fué infante, pero encontró el camino de la luz, por lo que a él vino el hombre de la ley con los suyos y, el infante se hizo hombre y reclama los derechos del hombre y como hombres conscientes que viven en las dos potencias, os invitan en amor a acatar la ley. Pero habéis de llegar a la verdadera comuna, no sólo de un pueblo, de una nación y de un continente, sino de todas las razas en una sola familia en la tierra y agregada a la solidaridad universal, porque, todos comulgamos en el principio solidario, porque es ley del Padre y, este principio es espiritismo.

Vosotros tembláis ante este nombre; el pueblo tiembla también, porque vosotros lo amalgamásteis para vivir del engaño de religiones pequeñas y el pueblo ha visto que, su único mal fué esa religión pequeña y hoy aprende a adorar a su padre en espíritu y verdad, amando a su hermano: único mandato del espiritismo.

El gobierno de los pueblos, vuestro feudo, (hablo a las religiones) ha usado cadenas que la religión le entregó, que han oprimido al pueblo; pero el tiempo ha corroído esas cadenas formadas del lodo de las pasiones y han quedado rotas entre el pueblo y el gobierno y no podréis refundirlas, por que no tenéis materiales ni puede resistir a la cadena brillante de oro y luz que el pueblo se ha hecho con la solidaridad, que es un efecto del espíritu que ha trabajado sin cesar, aunque vosotros hayáis oprimido los cuerpos y por cuyo sufrimiento, los trabajadores se han elaborado la cadena de solidaridad que hoy los defiende.

Nos declarastéis fantasmas a los espíritus; nos acusastéis de patrañas y, esa es vuestra condenación, porque el espíritu ha venido a la tierra y trajo la ciencia, que aunque pobre hasta hoy, es suficiente a declarar que, esos puntos luminosos son, no estrellas, sino mundos y humanidades que ahora axiomatizó el hombre en el código, cual los ve él y muchos que con él vinieron a confirmar el axioma, para luego venir los espíritus de esos mundos con los de la tierra y Jesús y el Espíritu de Verdad, a dar confirmación a este axioma, y lo confirmamos.

Venimos, porque sentimos amor y no lo que vosotros llamáis caridad, que pudo ser (y para esto se trajo) una virtud del amor; pero que vosotros habéis hecho arma innoble, como todo lo que cae bajo el dogma.

Y os rebeláis... ¿Contra quién? ¿Contra el espíritu? ¿Con qué armas? Vuestras armas arrancaron vidas a la materia; pero al espíritu le dieron más vida y venimos contra nuestra protesta y, os arrojamos del mundo hasta que os améis; pero os decimos, que aun os queda a cada uno esta existencia a los comprendidos en tres generaciones; pero como nosotros, habréis de cantar al solo Eloí universal.

Nosotros no tenemos supremacía, pero tenemos amor; y más hoy los que están en la lucha han trabajado y son vuestros hermanos mayores que llegaron hasta Sión, de donde trajeron la luz que os dan para nuestra unión y os pedimos que, como ellos son hombres y vosotros sois hombres, los oigáis: porque ellos que estudian esos mundos, sus humanidades, os contarán hasta la intimidad familiar y en sus lecciones tomaréis fuerza y os elevaréis y estudiaréis vosotros todos, esas maravillas y nos bendeciréis en vez de revolveros contra nosotros, sin conocer la sabiduría del espíritu.

Este os invita al estudio y al amor, perdonando a los vampiros ¿Lo haríais vosotros? Pero si os invita a estudiar, os invita a la acción, a la armonía, a la igualdad, que se llama comuna en todos aquellos mundos que estudia y que ha traído para la tierra en su séptimo día, en el cual no puede ser estorbado el trabajo del amor, para las grandes conquistas que tiene el hombre de la tierra, hasta llegar a la sabiduría.

¿No véis que el mundo en que moráis, cumple su ley en la creación y en el movimiento? ¿No véis que el sol en su carrera, da a cada uno de sus hijos la luz, el calor y la vida a la materia? ¿No véis que la planta, sujeta a tantas metamorfosis desde semilla hasta dar fruto, cumple su ley?

¿No véis que todo es trabajo? ¿No véis la atracción de los seres? ¿No véis las mareas que guardan inexorablemente su ley? Lo comprendéis; pero vuestra soberbia no os deja confesar la maravilla y que esa ley es invariable para todos los seres y para todas las cosas, porque en su negación, eludís para vosotros la ley del trabajo; pero al Padre, nadie lo engaña. ¿No queréis trabajar en la tierra que ya es bello jardín? Al Padre no le inmuta vuestra actitud. Sabe que trabajaréis y os llevará a donde está vuestra afinidad; al abrupto bosque hasta que sepáis trabajar y hacer justicia. Elegid; está en vuestra voluntad; pero en la tierra no caben ya parásitos, ni ignorantes, porque la tierra es patrimonio de los que han trabajado; de los que estudian; y vosotros sois negadores de la verdad del Padre.

No os ofrecemos religiones, porque en nuestros mundos no se encuentran; ni santidades, porque el único santo es Eloí.

Buscar al hombre que escribe el código; al medium que se desdobla y al que por él hablamos y os dirán. "Nos hemos hecho potencia y sabiduría; en esos mundos hemos trabajado y sin saber vuestros dogmas y vuestras leyes, nos hemos encontrado en el centro de la luz, sin odio, sin imposición, sin miserias y sin conocer el pugilato y fuimos admitidos, admirados y animados por aquellas humanidades que viven en el amor".

"Vemos el plebiscito hacer sus leyes; vemos sus talleres; sus amores y sus dichas y ese plebiscito trabaja y estudia y antes ama al hermano, que así mismo". Esto os dirán los hombres vuestros hermanos mayores y convivientes. Pero yo os digo: que está el hermano mayor puesto por el Padre, para llevar el mundo tierra hasta la comuna, cual la ha visto en esos mundos. No pretendáis resistir, porque venimos en justificación de esta verdad y en justificación de Jesús, de María, de los misioneros y de los que les han sucedido y cantando al Padre, que llego la hora de la luz para la humanidad de la tierra, para lo que decretó que fuérais expulsados. Y os repito, que sólo falta el paso de tres generaciones, que si no acatáis la ley de la comuna, iréis al mundo primitivo.

La ley, no se la podéis negar al espíritu; llamadlo fantasma o como queráis, él viene porque está en la ley; no penséis en esgrimir los instrumentos de terror y las hogueras, porque hasta nosotros llegan vuestros pensamientos y éstos se volverían contra vosotros, porque, el espíritu es onda invisible o visible, como le acomoda y conviene al cumplimiento de la ley que traen los enviados y la acción es común e irresistible y ellos, sólo amor os dan, pero tienen también la justicia.

Os deseamos luz para que meditéis y para que estudiéis la luz del espíritu y comulguéis en el credo universal: pero estudiad, no por la letra que mata al espíritu, sino por la nueva ley que es letra que vivifica el espíritu y aún eleva a la materia. Sabed que las estrellas son mundos con humanidades y algunas, millones de veces mayor que vuestro mundo y vienen hasta vosotros para traeros amor y la ley que las rige y que escrita os queda para que con nosotros cantéis a Eloí.

Amor y aromas de vuestros hermanos del Sol que os da luz y el calor; y por ellos, el Maestro Juez del sistema.

Schuvi Schuvi.