PARTE V



Mayo 10 de 1912. Por el médium Portillo



Amor, Paz, confianza os una.

El día de luz, es el signo del porvenir en la afinidad: el pasado no es conocido, si no se escribe; del pasado, confusa es la verdad escrita y esto es lo que venimos a evitar los espíritus de progreso luchando en la luz contra las tinieblas, sin coartar a los que solo de las tinieblas quieren vivir; pero les prevenimos a la vista su error y les damos la luz para el camino.

No es prohibido el uso y goce de la materia; aún es obligación su progreso y su disfrute pero no en desmedida y con perjuicio de un segundo y damos la instrucción para que seáis metódicos y fuertes para el progreso de la materia, pero sirviendo de base para el espíritu, en amor.

¡Amor!...Palabra conocida ha mucho tiempo, pero aún no estudiada y menos comprendida en su valor, ni aún en la materia misma; porque si en la materia se hubiera practicado el amor, de él hubiera participado el espíritu, porque también es su obra. Por eso os llamamos al amor entre vosotros mismos.

El amor en los seres, se demuestra primero en la carne, porque en su ignorancia, es el atrayente supremo de la naturaleza, hasta que la conciencia puede comprender el amor espiritual y entonces es el hombre en su verdad del nombre, de la unidad total.

¿Y qué es unidad? ¿No es una reunión de seres donde no hay discordia? Pues esta unidad es, amor; y en el hombre, la unidad de sí mismo, es amor del Padre.

No puede haber amor, donde no hay unidad de sentimientos: Los hombres no sienten amor para ellos mismos, porque no hay unidad dentro de sí mismos, porque cada uno sois dúo y aun trino. Y si el cuerpo no es concorde con el alma, no podéis tener amor para vosotros, ni para la que comparte con vosotros la vida; pero cuando esto lográis, el amor toma asiento y entra el espíritu en fruición y este amor es luz, verdad y justicia para los otros y entonces, el hombre está en su plenitud. Es hombre hijo digno del Padre, que es amor.

El amor, ha mucho que se conoce en la palabra (y en obra por algunos puesto en práctica hasta el sacrificio) . Pero había una planta parásita que vive de la muerte de las plantas fructíferas y acogió los frutos para no hacerlos germinar, sino que enarboló un estandarte alrededor del cual se ceñirían los que no tienen valor para el amor y dijeron "caridad": La caridad, es una hija imperfecta del amor, que bajo el dogma de la planta parásita y en nombre de la caridad, han dogmatizado todo lo que pudiera dar libertad, ciencia, progreso y amor.

Y como estos frutos son esencia de sacrificio por el que la unidad sería hecha y de la unidad nacería el amor, bajo el estandarte de la caridad, para el bien de sus corifeos esclavizados y dando algún mendrugo a los ajenos, deshonraron al amor y a todas las puertas llamaron diciendo "caridad". En toda ocasión recolectaron grandes sumas y yo lo vi, que solo una ínfima parte disfruta el indigente, a nombre del cual invocan caridad y ellos se quedaron con el botín.

Solo diré, que no sé donde se ha hecho un establecimiento digno, ni una torre de estudio y solaz para el hijo del pueblo. Y si esta ha existido, es bajo la propiedad y dirección de los mismos directores de la farsa, a cuyos centros donde no hay libertad, ni la moralidad que el pueblo concibe, no van los hijos del trabajo, porque el ambiente les asfixia.

Muchas y grandes cantidades se han recolectado en nombre de la caridad y ni siquiera han hecho un barrio obrero, donde higiénicamente pueda el trabajador descansar de sus tareas respirando el oxígeno puro; donde el niño desarrolle sanos y robustos sus miembros y la inmoralidad no le dañe.

En cambio, véis muchas catedrales que consumen millones; templos múltiples de más baja categoría y basílicas que les superan en emolumentos y dignidades; y todos estos edificios, por la caridad invocada y a cambio de vergonzosas vidas y horribles crímenes se han levantado. Y no acaba en eso porque luego son el centro de corrupción de la juventud, donde se matan las ideas del progreso; donde se corrompe a la joven, se deshonra a la esposa y aún se hará pagar el corruptor por el esposo deshonrado y todo el pueblo, a quien rebajan y vilipendian.

Esta es la bandera de una religión que hasta el nombre es apócrifo y es religión de momias; porque solo momias exhibe y por las cuales el hombre es libertino y la mujer esclavizada, anestesiada y deshonrada y todos son explotados, dejándolos en la más degradante ignorancia que los inutiliza para el progreso y el amor. Y...a esto se le llama religión: y...a esto se le llama caridad... Y, esos directores de estas vergüenzas, se llaman ministros de dios...pero no tienen el amor de dios..., por lo que su dios, es otro dios; es el código de los sueños, como lo ha dicho el hermano Juan.

Pero estáis equivocados; esto era del tiempo de la gruta, en que el hombre, sin más dios que su instinto, le apetecía su compañera y se la comía o la mordía como la fiera, hasta que la mujer lo pudo dominar por su atracción, por sus encantos, por sus hijos, por su amor, enseñándole lo que el hombre no sabía; la grandeza de su ser; y la mujer daba el ser al niño y con su amor educó al hombre fiera y lo hizo hombre de razón y ya vivió en la tribu y la madre fué respetada.

Peor habéis hecho vosotros, hombres desnaturalizados de la religión, porque habéis salpicado las grutas de vuestros templos con sangre y deshonor de la mujer, oprimiéndola hasta matar sus sentimientos y no dándole derechos iguales a vosotros, aunque mayores los tiene por naturaleza.

Habéis abusado de la fuerza y de la astucia, porque el pueblo es noble; porque los espíritus de los hijos del pueblo son espíritus de amor y por este han soportado hasta que los pongáis en largas filas para darles (como tiranos,) un mendrugo de lo que les habéis robado, dándoles a la par, con el látigo del desprecio Mas todo en la ley del Padre tiene su medida y esta rebosó de la maldad; los afligidos y los sacrificados han vuelto a la tierra, no en venganza, pero sí en justicia y afinidad, dejando en el espacio a los mayores, para que en espíritu vengan a recordarles la justicia y el amor. Estos han preparado las mediumnidades en sus afines, viniendo con un hermano mayor, que en Sión (Sirio que llamáis) tiene su asiento y sus afines y desde donde se le dicta el código de amor, que ha de demoler la mentira; que hundirá la caridad, levantando el edificio de la verdad, enarbolando en él por bandera, el amor.

Hasta este tiempo no podían venir los espíritus en verdad aunque vibraran dando lo que era capaz el médium no afín. Pero hoy, no hacen los maestros vibrar sus cuerdas; se entran en el cuerpo del afín y es su propia voz y su propia palabra la que suena y se escribe, y la conoce el que la escribe porque está en su afinidad y porque él, emancipado de su materia, se remonta al centro de la luz y allí comprueba la verdad de lo que escribe, con la realidad de lo que sabe y de lo que ve y palpa.

Este es el progreso, elaborado por el mismo espíritu que está en la tierra en un cuerpo material, vestido del obrero entre el obrero; pero su código es ley del Padre, con el que quitará al hombre supremático y libertino lo que se apropia sin pertenecerle y lo dará a la mujer que es mayoría, pero haciendo la unidad. Fin perseguido largos siglos y que ya llegó su hora.

Porque vuestro código es “Letra que mata el espíritu”, como dijo Jesús, se da el código que es letra y espíritu y por esta unidad, es código de amor, con el que la mujer recobra sus derechos sin menoscabo del hombre, en cuyo principio no hay vencidos.

Vuestro código, es letra que mata hasta la materia; y el código de amor, hasta a ésta la vivifica, porque tiene su ley que se enlaza con la ley divina.

Pero vosotros no habéis querido ver y fijaros en el titileo de esas estrellas brillantes y no habéis visto esa tan radiante que llamáis Sirio y los espíritus la conocemos Sión, donde los consejos del Padre tienen su tribunal y allí tiene asiento el afín de los maestros que está en la tierra. Aquel mundo, Luz y Sol del todo el plano primero, cuya luz admiráis por su belleza, es el centro de donde llega hoy a la tierra su luz, su progreso y de donde han partido con órdenes y fuerza los afines y los misioneros en todos los ramos del saber, no siendo ajeno el progreso material porque es de ley el trabajo y el usufructo, pero en igualdad y comunidad.

De aquel centro han venido vuestros descubrimientos por los que habéis llegado al estudio de las estrellas; pero su titileo nada os ha dicho y no os ha conmovido esos soles múltiples que véis con vuestros aparatos, porque sólo habéis querido ver sobre las puntas de vuestros pies donde habéis fijado vuestro aquilón con vuestro código del sueño, que habéis errado en principio y letras; pero ya es llegado el momento de la comunidad de la tierra con los mundos de luz y es ley dentro de la ley de la cosmogonía infinita del Padre.

Los mundos, son cuerpos de vida como los cuerpos de los hombres y en el mismo principio se apoyan y las mismas leyes los rigen. Viven en solidaridad; la atracción los une en el amor del Padre; los espíritus son los ejecutores del progreso universal y vienen por ley a sus afines. ¿Quién puede impedirlo? ¿Que traemos? Si sólo conocimientos y amor traemos, ¿por qué no se nos oye?

Pero el espíritu, sólo puede venir y entrar en la materia por la ley de afinidad y por esto vengo yo y en ayuda de mi afín.

Venimos, porque sois impotentes; porque os negáis a dar el derecho a la mujer que la ley no le niega; porque vuestra vida de error y de ignorancia es descubierta , como se ha probado en un país, que no nombro ahora(1), donde una mujer se sentó en el foro y viéronse pequeños los hombres ante la disposición de la mujer para gobernar y legislar. Pero ha venido el que escribe el código de igualdad y la mujer será doctor y maestro, sin dejar de ser esposa amorosa, la tierna madre y la consejera de la comuna, porque todo está en la ley. Y vosotros, como los espíritus que dentro de la ley están, sois igualmente sabios y poderosos dentro de la justicia; pero los orgullosos, los supremáticos, son sabios de fantasmagoría y llaman a los espíritus, ¡Fantasmas! Siendo así que, por la afinidad puede estar el espíritu en un cuerpo como yo ahora y emanciparse y hablar con más clarividencia, porque el cuerpo le estorba por muchas causas; y emancipando el espíritu, puede comunicarse por su afín el médium y dar sensatos sentimientos, que la materia, por su ley, no le permitiría.

¡Hombres! os empequeñecéis y venimos a deciros que sois grandes; que seáis grandes y no rebajéis a la mujer. Que el espíritu, aprende como espíritu y como encarnado; que el espíritu, estando como lo llamáis en el plano astral, vive como encarnado y le rigen las mismas leyes, con la diferencia, que para manifestarse, necesita un médium afín; que el médium, es por su progreso y no por dádiva y que lo debéis oír, porque es la voz del Padre la que por él os llega; que no habéis sabido estudiar las mediumnidades, por el orgullo y el prejuicio; que el espíritu en verdad, necesita del médium afín, preparado en progreso; que no envidiéis, que por un médium vengan los maestros, sino que toméis ejemplo, sabiendo que si progresáis, también los recibiréis, y que todos constituímos la unidad. Todo esto os venimos a decir.

Pero como vosotros no estudiáis las miríadas de mundos con cuyo titileo os llaman y no respondéis, no llegáis al mundo central en el que está el consejo del Padre, donde se otorgan las facultades en justicia y donde el Espíritu de Verdad tiene su asiento y cuyo delegado está en la tierra y por lo que hoy se escribe el código de amor, en el que os señalan el camino para llegar; pero allí, no se llega solo, sino acompañado de sabiduría.

Había llegado la hora y se había decretado la comunidad. Vino el delegado para hacer la unión forzosa... sí, forzosa; porque se impone la justicia. La justicia del Padre. Después de cumplido el plazo para acatar su ley de igualdad, aún se coarta la mujer de sus derechos y los hombres se toman toda libertad esclavizando a la mujer, a pesar de que todos nacemos y conocemos a la Madre.

El espíritu liberto y sabio, ya en estado de espíritu, ya encarnado como lo dijo Jesús, “vive donde Ama” va donde lo llaman si es justicia; está donde quiere según su progreso, según su amor, según sus afines, con la diferencia, que el espíritu no está sujeto al peso de la materia; y encarnado, aún que es liberto, tiene las leyes de la materia que no le dan tanta libertad; pero va donde está su afín y donde se le atrae; pero esto no sucede mientras el hombre no es trino, para que el cuerpo y el alma que es el hilo fluídico del espíritu, pueda el dúo, ejercer sus funciones y el espíritu es entonces liberto y acude a sus afines, por voluntad y dentro de la ley de amor.

Por que el espíritu del hombre emancipado y en la afinidad, son del mismo linaje que los libertos. Y si ausente el encarnado, el del espacio su afín viene a él y éste llega al espacio en su desdoblamiento sin estorbarse en sus funciones y lo mismo acude a comunicarse dentro de la ley del Padre y por eso vengo yo a mi afín.

Donde está el hombre de amor, acuden los espíritus de amor y le ayudan en el cumplimiento de su obra. Este recorre los mundos de sus visitantes y trae para el suyo su ley y su amor. Y si este hombre trabaja para toda la humanidad; si está en constante comunicación con los mundos del infinito... al terminar su trabajo de abnegación y sacrificio... ¿No habrá un mundo de esos felices que le dé hospedaje para su descanso merecido? ¿No habría de haber una comunidad que le abra su seno y lo presente como vencedor?

Ya lo habéis visto; no esperan a que él vaya cumplida su hora; vienen ya ellos precedidos por el Espíritu de Verdad y le abren sus archivos y le ofrecen su ayuda, porque la obra es de todos. Sión derrama su luz a torrentes sobre este hijo del Padre, que tiene su asiento en el consejo allí reunido; le abre los brazos y cantan el hosanna porque vuelve después de la lucha y con él, los que con él, abnegados, de allí salieron para envolverse en el traje del obrero y dar la batalla decisiva al error.

Sabios fueron a Sión: más sabios volvieron a la tierra, donde la atracción del progreso que habían empezado les llamaba y vuelven a ser hombres, para terminar su obra y más sabios y con la palma del vencedor volverán.

Allí fué el delegado confirmado como todos los mesías para venir a la tierra, donde sienta las leyes que le ordenaron y se las dictan para desterrar de la tierra las leyes del sopor, de opresión y conveniencia, que han subsistido por largos tiempos por el engaño, por la hipocresía de la caridad, que con maldad opusísteis al amor.

En tan largo lapso de tiempo, no habéis hecho más que dormir las conciencias, con el anestesio del terror; pero hoy, no podréis negar la acción del hombre que os desenmascara, que os acusa, que os juzgó ante dios y os juzgará ante los hombres y vuestro dominio será dominado con la verdad del Padre.

El hombre oye al espíritu y tiende su pluma y escribe el código con la luz de Sión, y oye la palabra de ciencia, la sabiduría y amor de las lenguas de fuego de los hermanos sabios del mundo y de toda la cosmogonía, porque es su afín y vienen a decirle a lo que vino, porque como hombre, siente todo el peso de la materia y aún más que los demás hombres, porque comprende la imperfección de ésta y porque sobre él descarga toda la influencia de la maldad de vuestro despotismo, que se siente desalojado de su castillo de concupiscencia, pero ya no podréis resistir. Es el decreto absoluto.

Vuestros espíritus, saben esta verdad; pero vuestras materias se resienten por el vicio y la supremacía de la carne y no queréis atender las voces del Padre y no desarrolláis las facultades que en vosotros hay, por el prejuicio y por la concupiscencia, de lo que vuestro mismo espíritu os acusaría. Y si no dais oído a vuestro espíritu. ¿Cómo queréis que lleguemos a vosotros?

Pero entended, que en el archivo del padre queda todo anotado y luego veréis, que sólo oyéndoos a vosotros mismos en el conocimiento propio, podríais haber llegado a la causa y llenaros de grandezas por igual el hombre y la mujer, porque hombres y mujeres somos en el tiempo. Y bien escrito está, El espíritu no tiene sexo, ha sentado el hombre en el Código.

Más han llegado los espíritus de luz a los médiums, que aunque obreros en el traje, son los sabios del consejo de Sión y os los decimos por ellos. El representante os escribe el código, en el que nada se os quita; pero se os pide y aún se os manda, reconocer los derechos a vuestras madres. ¿Qué os traemos de malo los espíritus de luz, para que no nos recibáis?

No importa que el espíritu esté encarnado; Oídle, que él os dirá la verdad, porque al cuerpo le enlaza un lazo que también se afloja y le permite (sin dejar la materia) , emanciparse y hacerse a la luz clara y lo hace por el amor y en la ley; y puede vuestra misma madre, deciros lo que yo os digo. Hombres, sin rebajaros en nada, dad la libertad a la mujer y vosotros os engrandeceréis más; queremos que vosotros que la habéis oprimido y esclavizado, le reconozcáis sus derechos; pero si no lo hacéis, será la mujer la que tome su libertad porque es justicia y la animan los espíritus del Padre.

La mujer es santa porque es madre y es mártir de vuestra tiranía. Pero tiene conciencia de su deber como de sus derechos y no quiere consentir más tiempo su esclavitud y para ello se ha hecho la justicia y empezamos a llegar a la tierra los espíritus decididos, que bajo el Código de Amor serán madres, esposas amorosas y legisladoras de la comuna.

Oídme bien, los espíritus, no saben más que los hombres; pero tienen la clarividencia de la sabiduría y el hombre al asirse a los goces de la materia y engolfándose en ella, pierde la noción de la sabiduría de su espíritu y tenéis el prejuicio y el error, de que sólo los que leen las obras de texto en la universidad por lo que se les concede un título, son sabios; y eso no es más que ilustración retórica, en tanto que encontraréis al obrero y os da a menudo un lección de verdadera sabiduría y de civilización. Pero os hacéis orgullosos y no lo oís, porque vosotros tenéis palabras asonantes que aún esas no son vuestras, pero os sirven para desenredaros del argumento que a pesar de vuestro título, ni siquiera comprendéis; y sin embargo, vuestro espíritu es sabio; pero lo habéis sujetado a la materia y padece porque sabe que esa prueba, de nada más que de sufrimientos les servirá. No, hombres: en la universidad, se da un título de ilustrados (yo también lo recibí) pero no es el título de sabio; éste, lo gana el espíritu y le importa poco mostrarse en el obrero, como en el potentado; y tenéis ejemplos mil y más tendríais, si vuestro orgullo os dejara ser sabios.

El sexo no está en el espíritu, se os dice en el código del Padre; y la mujer y el hombre son sabios o ignorantes no por el sexo, sino por el espíritu; y por lo tanto, una y otro son aptos para la sabiduría por igual y en derechos es mayor la mujer, porque es madre. Pero si la habéis esclavizado hasta hoy, ha llegado el tiempo que el Padre señaló y si no hubiera quien la redimiera, se redimiría ella misma. Pero en la tiranía que habéis ejercido no ha podido la esclava sentir sino odio, antipatía a su tirano; y si quisiera redimirse, no podría menos según las leyes de la materia, que vengarse; pero esto sería contrario al amor del Padre y por eso mandó su delegado con la ley de amor.

Ya he dicho, que en un país donde poco ha mi espíritu animaba un cuerpo de mujer, dió ejemplo de sabiduría; pero el hombre se vió pequeño ante ella y puso trabas a la educación; pero allí y en países más adelantados, llega la mujer al foro y la tribuna y todas llegarán porque es justicia.

Nos oís a los espíritus y si nos oís, nos retáis y criticáis las faltas de literatura, que corresponde a la ilustración del médium; pero no os fijáis al fondo, porque la verdad que encierra es verdadera civilización y vuestro título de literatos, no os sirve más que para salir del atolladero con palabras huecas que nada dicen.

Por eso huís del espiritismo; porque os véis demasiado pequeños; pero al retiraros os hacéis pigmeos y os condenáis a la ignorancia. Si lo llegáis a aceptar, lo hacéis espiritualismo; una amalgama que creéis os pone a salvo; pero llegó el hombre de Sión y declaró perjuro al espiritualismo y axioma eterno el espiritismo y lo confirmó toda la cosmogonía.

El espiritualismo es tiniebla ciega; os acogéis a él, por el prejuicio, por la conveniencia social, por no ser acusados del fango de vuestros vicios; pero en él, seguís esclavizando a la mujer, despreciando al hombre humilde que es sabio; pero ha llegado el Espíritu de Verdad y habla al mundo, por el hombre sencillo y os escandalizáis, porque no vino a vosotros. ¿Cómo ha de entrar el espíritu donde se le rechaza? Puede entrar, pero no es de justicia; el espíritu de luz, no puede ser injusto y por eso viene a los sencillos, a los humildes, a los que llaman, a sus afines.

El espiritismo es luz, progreso, sabiduría y amor; no rechaza ni condena a la materia y aún la eleva al progreso para que le sirva de base y trabajar en la unidad; pero no puede en su justicia admitir la tiniebla, la tiranía y la esclavitud y por eso desenmascara el error, sin mirar que los errados sean monarcas o pontífices. ¿Quién os ha dicho que los espíritus son fantasmas? En poco tiempo os desengañaréis, porque dejaréis la tierra y sólo podréis volver a ella, si ahora acatáis la verdad del código, porque la justicia ya se celebró.

No. Los espíritus, no son fantasmas ni hablamos por un resorte mecánico. Movemos con nuestras vibraciones los órganos del médium y con su lengua pronunciamos las palabras, metidos dentro de su mismo cuerpo y aún el espíritu del médium se manifiesta en otra parte, mientras un espíritu obra por su materia. Y puede y lo hace algunas veces, comunicarse el espíritu propio del médium por sus mismos órganos,pero emancipado, lo que llamáis estado sonambúlico y entonces habla o escribe como espíritu liberto y se declara como es, quitando el prejuicio y las sombras de su materia.

Este es el fruto del trabajo del espíritu y por este progreso, llegan hasta el maestro los espíritus de dios y recoge sus artículos para su código, por lo que es de amor universal. Pero estos espíritus consejeros del Padre, vienen porque son sus afines, sus iguales en amor, aunque sean mayores en progreso, porque éste, va por grados; y por ese amor vengo yo más pequeñito, porque soy afín y está en la ley del Padre y digo que mi amor, es el amor universal.

Concepción de Arena(1).