PARTE IV



Mayo 5 de 1912. Por el médium Portillo.

Paz y amor

Sí, amor; porque este es el lazo indisoluble, eterno, que liga toda la cosmogonía, por el que todos los seres son grandes por respeto a la ley de las armonías; por amor a la ley única, que es amor.

¿Porqué venimos a saludar al misionero en la tierra? Eran estos los tiempos que estaban anunciados para el advenimiento del Espíritu de Verdad y se cumplió la profecía, para lo que el Padre, mandó sus meteoros por los que hablaría a los hombres como lenguas de fuego, para hacer justicia a los espíritus y los hombres, anunciando el nuevo día del amor.

He aquí porque vinimos a saludar al misionero: Porque obró la justicia del Padre y porque escribe el código de libertad y emancipación de la mujer esclavizada.

Un código de leyes de igualdad en las que se rigen las comunas de los mundos mayores; un código que da resumen de todas las leyes, en una sola ley: Amor.

Un código que se eleva del efecto a la causa en la más estricta justicia, asumiendo todas las especies, todas las formas y la infinita variedad, a la sustancia única, a la causa única, al dios Amor. Un código que analiza los efectos de la causa ley de los palacios; de esas leyes que se amasan, sólo estudiando la supremacía; sólo reconociendo los hechos tangibles de la materia; sólo defendiendo los intereses propios, sin tener en cuenta la justicia y equidad del pueblo, por lo que, el nuevo código, condena la causa error, pero quiere salvar a los efectos del error, porque su lema es, amor.

Habéis hecho leyes en los salones sin consultar al plebiscito y se han perpetuado largos siglos bajo los auspicios del hombre; pero se ha equivocado, porque no ha hecho justicia.

El hombre, en su agobio por la fuerza de la supremacía, se revolucionaba; pero vió que su potencia estaba en la verdad que negábais, en su espíritu y en la variedad de la creación que forma un solo pensamiento y en él acusa una causa.

Llegó el misionero y se eleva a rememorar sus instrucciones; recibe la visita de la variedad de los mundos y resume todas las leyes en una palabra definida, que se llama amor.

Venimos a la tierra, porque ya la ley de amor nos llama; habéis oído nuestra voz y muchos pueblos que oyeron la profecía, la comprenden en su cumplimiento; pero os apoyásteis en la supremacía y por la fuerza los destruísteis; pero ha llegado el plebeyo, de reflexión en reflexión por nuestro aviso, a encontrar el camino y llega al Padre, porque por los médiums han evocado a los espíritus del Dios Amor y obran en amor, aunque vosotros los arrastrásteis al hielo de la incredulidad y la ignorancia; pero nosotros les damos el fuego del amor y por él se vivifican y sólo esperan para mostrarse arrogantes, el día de la luz.

Nosotros que hemos vigilado en misión la tierra y caminamos por los mundos de la cosmogonía, estudiamos la unidad en la variedad y la armonía en el movimiento; libertos, llegamos a nuestros hermanos; nos comunicamos y les damos puntos para estudio de las leyes del universo: que si son más puras más allá del más allá donde llegamos, no por eso son otras, sino las mismas y substanciales leyes que se escriben en el código de amor para la tierra.

No se puede dar a las humanidades en su primer día de trabajo esta ley para la materia, porque ésta tiene sus leyes que necesariamente debe cumplir con la ayuda del espíritu. El espíritu trabaja en la materia, con el mandato de la ley; y solo después de grandes luchas, logra dominar los instintos animales y en ese momento empieza el amor. El amor, soplo del Padre creador: El amor, beso prudente de la Madre, en el fuego santo: El amor, que no reconoce superioridad más que en el mayor amor y la sabiduría: El amor, que no admite superioridad, porque en el hermano ve siempre a un hermano que si es mayor aprende de él y si es menor lo enseña a igualarse a él.

Esta santa chispa del amor por la que ni aun el dolor se siente, ha sido separada en la tierra por los opresores de la ley; por la supremacía de los hijos de la carne y han pasado los hombres en crueldad, a las mismas fieras, porque separan al infante del regazo de la madre, que aún quizás no le permitan dar el beso de amor y ya no la ven más.

Todos estos actos, han impregnado la atmósfera y los espacios y ya no cabía más tanta amargura. Se revolvía el mundo ya en su malestar y se levantó la caridad, iniciada a impulsos de un alma grande. En buen hora la recibimos, porque la vimos llegar hasta el hogar del indigente, a la cama del enfermo y al asilo de las víctimas de la concupiscencia; pero ni aun siquiera salió de la supremacía; salió del mismo indigente y en él representaba amor.

Pero los detractores de las leyes divinas, ven en ese acto natural la unión de los seres y el principio del amor y la hacen suya y no para acrecentarla, sino para emponzoñarla con el dogma y caridad se oyó por todas partes; caridad dijo el sacerdote; caridad invocó el pastor; caridad el supremático y hasta el verdugo invocó caridad y la caridad llegó a ser el manto de la hipocresía; es en el momento la caridad, el rebajamiento del que recibe la limosna y el envilecimiento del que la dá.

En la tierra hay miserias y en la tierra sobran medios de vida. Unos están hartos sin producir y al productor le falta lo que produce y tiene que pedirlo por caridad, rebajándose al supremático que se la arrebató y le impondrá su voluntad para darle un desperdicio de lo mismo que produjo. Un pueblo sufrirá por la pérdida de sus cosechas y el vecino, solo en nombre de la caridad y con condiciones le dará: La joven será corrompida por la caridad (que hasta esto llega) y en su abandono, tiene que implorar caridad al mismo verdugo de su honor y su virtud. Los dispensadores de caridad se coronan unos a otros de laureles, que para su espíritu serán espinas punzantes: Y la caridad en fin, es como se dice en el código: un baldón.

¡Pobres mis hermanos! Estáis enlodados y es muy difícil que os podáis lavar. Olvidáis que no habéis producido y dais con imposición onerosa lo que no os pertenece. Pero sois impotentes y no podéis ya contener las corrientes de amor, porque no podéis ya contener las corrientes de amor, porque no podéis oponeros a nuestra venida. Solo podríais evitar vuestro mal, lavándoos esa lepra que paraliza vuestras almas, abrazando el código de amor y pidiendo y dando amor.

La acción del amor, es común a los hijos del Padre y es el lazo de unión de todas las humanidades. En la tierra, no hay pueblo ni hay familia, porque no hay amor: solo hay forma de familia por el amor de la carne, que es también una ley y sabia. Pero hasta ésta la habéis envenenado y ni aun en la familia hay amor, porque el amor es acción de voluntad de todos para todos y del mayor para el menor. El amor es comunal en la familia, en el pueblo, en la nación y en el mundo todo y no hay acción comunal ni en la familia, pues ni en la familia hay amor.

Pero ha llegado el hombre que el Padre preparó y escribe el código de amor máximo de la ley del Padre y este código, será el meteoro que se impondrá al monarca, al emperador y al supremático y el amor reinará en toda la tierra.

Nosotros, espíritus de luz, de progreso y amor, venimos cumpliendo la ley del Padre. Le damos al misionero nuestro pobre conocimiento cada uno, pero grande porque representa la verdad y porque es amor de todos juntos y es la potencia del Padre en su decreto final y el hombre llega al punto decretado. ¿Por qué te opondrás supremático? ¿Por qué no desecharás la caridad que rebaja al que la da y al que la recibe? ¿No ves que nosotros la rebatimos? No desechas la caridad, porque no has sentido el escalofrío de recibirla tú, a pesar de no haber producido nada más que el deshonor de la joven, el odio de pueblos, el desprecio de razas y la guerra fratricida, creando rayas que aprisionan en lo que llamáis naciones donde sois extranjeros dentro de la misma morada.

¿No véis que la rebato yo, que en muchas partes veneráis una imagen en la que no estoy y que para extender mis alas conque me habéis figurado no es suficiente la tierra y vosotros (que no sois menos que yo si el amor os inspira) os encerráis entre esas rayas que vuestros ingenieros han tendido, profusas y confusas por la tierra?...

Deshonráis a la mujer, esclavizáis a la mujer, porque no sentís el amor; porque no sentís el dolor que expuso a la muerte a vuestra madre a la que luego esclavizáis. ¡Pobres! ¡ Os escandalizáis si veis al pueblo pedir los derechos que le pertenecen! ¡Os escandalizáis del reflejo de la luz, porque pone al descubierto vuestras manchas! Pero entender que está decretado, no la reflexión de la luz, sino la luz misma y ésta llega a la tierra y quien no la pueda resistir, se expulsa él mismo. Y os lo advertimos para que no aleguéis ignorancia.

Condenamos la caridad hipócrita y encubridora de crímenes y proclamamos el amor, la justicia y la unidad en la comuna. El camino es amplio y lleno de luz. Es, el axioma espiritismo.

Condenamos las leyes de opresión y proclamamos la ley de amor. Y no olvidéis que somos los espíritus por derecho propio (porque hemos trabajado en la tierra) el complemento del cómputo y que en la justicia del Padre lo reclamamos y no abdicamos. Aún lo pedimos por-que llegó la hora de la luz, para lo cual descendió al hombre el Espíritu de Verdad.

Nosotros os decimos que, la ley es el trabajo; pero un trabajo no deprimente y forzado de pocos para muchos, sino de todos para todos; nada propio; todo comunal. ¿No es esto justicia? ¿Os podéis quejar, supremáticos, cuando vosotros habéis oprimido? ¿No véis en esto amor?

Decís, (cuando habéis hecho una caridad) que estáis satisfechos del deber cumplido. Habéis dado un uno por millón de lo que usurpásteis, porque lo que no habéis trabajado no os pertenece y aun hay que trabajar para el menor y vosotros acaparáis por leyes egoístas, hasta lo que produce el menor.

Nosotros, os traemos la ley de nuestro Padre Eloí, que es nombre universal y por la que todo el infinito, vive en comuna solidaria.

¿No véis que esto os acusa en vuestro error, puesto que vivís bajo el mismo sol al que rigen las mismas leyes de la gran comuna? No sois vosotros más sabios que los espíritus que ya hemos pasado muchas veces por las pruebas de la materia y por el amor nos hemos depurado y hoy, hablo al mundo, (que aunque yo soy pequeño) no es el bastante para dar cabida a mis alas, en cuyo traje me conocéis porque así me mostré desde un principio, para demostrar, que el espíritu debe volar en el éter y no envolverse en la materia, de donde no sabe salir si no ama.

Y si yo, que aún soy en luz, sabiduría y grandeza, mediocre, no puedo extender mis alas en la tierra porque no caben. ¿Por qué os aprisionáis tantos entre esas rayas tan pequeñas? ¿Por qué no habéis de respetar a los mayores, que son los primeros, que hasta en vuestra lengua es mayor el que es primero?

Mas pensad y obrad a vuestra voluntad, porque nada se impone por la fuerza; se os muestra la luz y la verdad; se os dirá por el misionero, que habéis sido juzgados; y como lo veréis humilde no le creeréis, porque vuestra soberbia y supremacía está cifrada en una capa bordada de oro. Pero os arrepentiréis, tan pronto pasáreis la atmósfera y ya no habrá lugar. Allí, el tribunal del Espíritu de Verdad os dirá: "Os dieron el código de amor; allí debísteis lavaros; aquí, no hay más que justicia; y si los que os dieron el código eran humildes, el Padre los confirmó por sus jueces y el Espíritu de Verdad, con ellos cumple la voluntad del Padre; ellos eran humildes y nada de ellos daban, porque es la doctrina común de todo el universo; pero eran los traductores del pensamiento universal. No los quisísteis oír y el Padre os destina a la morada donde su voz será más estridente, dentro del mismo amor: Id: y cuando acatéis la ley, llamar y os oirá el Padre y os mandará el mismo Juez". Esto se os dirá en el tribunal del Espíritu de Verdad.

Desde allí, os encaminaréis al mundo de vuestras afecciones; al mundo que está en las condiciones de vuestras teorías y allí lucharéis con armas iguales y, ¡Ay de vosotros si tampoco allí oyeréis la voz del Padre! bajaréis aún más y siempre aumentando vuestro sufrir; allí será el crujir de dientes.

El espíritu liberto al venir a vosotros no puede engañaros, porque nada os viene a pedir para su provecho propio. El pulsa la tierra como los demás mundos y quiere dar a sus afines de la tierra, lo bueno de los buenos mundos que por su trabajo son dichosos.

Habíais tergiversado las escrituras en las que tenéis dichas estas verdades; pero os atribuísteis la supremacía manteniendo la ignorancia y prohibísteis el examen a los hombres libres; y si negáis que estas verdades no están contenidas allí, negáis a Dios; como negando el derecho a vuestra madre, os negáis a vosotros mismos.

El código que en amor os damos es claro, conciso y terminante y no admite interpretación: es el fruto del gran trabajo y de la experiencia y su dictado es del Espíritu de Verdad.

La comuna es el fin de todos los mundos desde el día de su luz y la tierra entró en esta categoría, por esfuerzo de sus hijos abnegados y trabajadores y les pertenece el usufructo por el séptimo día y nada habrá que los estorbe porque para eso se ha llamado a juicio y habéis sido sentenciados; para los ofuscados, se ha hecho “juicio sin misericordia, porque no usaron de misericordia"; se proclamó axioma el espiritismo por el hombre que fué designado y lo canta la cosmogonía porque él es consejero del Padre, en los consejos de Sión y lo afirmo yo.

Rafael llamado Arcángel.



La paz sea con vosotros.



Acotaciones:
1) En todo este párrafo se dirigía a un punto donde la videncia comprobó que estaban reunidos en espíritu en desdoblamiento, muchos miles de supremáticos religiosos y civiles, muchos de ellos, bien conocidos por sus cargos eclesiásticos y otros, reyes y emperadores que en estas fechas, Junio de 1919 que se imprime este terrible apóstrofe, han rodado de sus tronos y tres de ellos están insostenibles. Téngase presente que Juan Bautista es el mismo espíritu del Profeta Elías, más agrandado, con más potencia y sabiduría ahora que entonces, por sus luchas y progreso de hombre y de Espíritu: y además en la familia Misionera, siempre fué su brazo fuerte.