PARTE TERCERA



El derecho de los espíritus: Alta lección


I

Mayo 3 de 1912. Un espiritualista.



Dada lectura a las anteriores manifestaciones de María y Joaquín, uno de los asistentes a la reunión manifestó su disconformidad, con lo que se refiere a la separación de los espíritus perturbadores y por lo tanto con el juicio celebrado, apoyándose en que: “el espíritu tiene libre albedrío absoluto y así era coartar la libertad y contrario al amor del Padre”. No admite tampoco “la injerencia de los espíritus a legislar, porque es obra exclusiva de los hombres; y si los espíritus lo habían de hacer todo, los hombres no se elevarían“. Yo había manifestado al terminar la lectura que, si el discurso de María era una improvisación, por su profundidad y lógica, después del Espíritu de Verdad, era el espíritu más sabio en moral de nuestro plano. Al respecto el interpelante dijo: “Yo entiendo, que el espíritu elevado es sabiduría y verdad y todo está en él“. Hay reptiles que se elevan a la copa de los árboles y a las torres; así están elevados y son reptiles. ¿Pero su luz?, le repuse al hermano y seguí.

El espíritu tiene libre albedrío es cierto; pero la ley no consiente el daño a un segundo ni a un tercero. El espíritu perturbador, debe ser separado de la familia, si su libre albedrío causa daño.

No por esto se le quita el libre albedrío, sino que en buena ley, se le manda luchar con los de armas iguales; porque el espíritu de amor, por su amor, no quiere ni puede causar daño al perturbador; pero éste, en su malicia, entorpece la acción de progreso y se hace necesaria la acción de la justicia; por lo que, el Padre, los destina a las moradas de su afinidad, de sus deseos y allí, luchar con armas iguales; pero se anuncia mucho tiempo antes el día de la justicia, la nueva ley a que debe someterse (por que el libre albedrío absoluto no existe, desde que hay una ley ineludible) y debe someterse repito, por la unidad; y este acto fué anunciado para la tierra, 40 siglos antes por el testamento de Abraham, que usted mismo ha oído dictar aquí: 40 siglos, es mucho tiempo para que los perturbadores se hubieran acogido a la ley que ya habían aceptado las tres cuartas partes de los espíritus; y estando en mayoría los acatantes y negándose los otros a acatar, por honor de la justicia, se impone la separación de los disconformes (como usted), a los mundos de su afección: Para mayor justicia, se concedieron juicios particulares, en los que han formulado sus quejas; y casos han habido, que sólo el poder de la justicia del Padre, nos libró de ser molidos a golpes, por los que no quisieron acatar la ley de amor, de lo que usted es testigo, aunque no quiera.

Con referencia a la legislación de los espíritus, ellos son, en general, los que inspiran: Yo puedo decirle al hermano, que en mis visitas a mundos superiores, he visto y con testigos (y diré que en el sol, por estar en nuestra casa) he presenciado dos plebiscitos; y como allí ya los espíritus y los hombres marchan paralelos, se sancionan las leyes o acuerdos, por unos y por otros; y como por lo general, todos los encarnados tienen mediumnidades, ven a los espíritus y obran en común. Como la tierra (después del juicio) entró en esta categoría, no es extraño que legislen los espíritus y hablen los médiums para hacer leyes racionales, que la malicia del hombre terreno hasta ahora no ha hecho, estando avisados hace 40 siglos.

Sobre lo que dice "Que el espíritu elevado es sabiduría y verdad", así es. Pero estos tienen grados y cada uno tiene su archivo de sabiduría y no puede dar más que lo que tiene aprendido.

II



Aquí se posesionó el médium Portillo y dijo.

Por amor, uníos y amáos; esta es la ley general en todo el universo.

Los mundos son materia; y la materia es inconsciente, aunque viva. Vemos la materia convertida en múltiples formas y moverse y vemos todas esas especies que crecen y se multiplican; la materia es al parecer inerte: ¿Quién dirá que es obra de la materia? Pero el hombre es también de la materia; y el hombre sin embargo, es el único ser pensante en la tierra y en todos los mundos. ¿Por qué? Por que la anima el espíritu que es luz, fuerza o movimiento. Y sin esto, nada más que lo que hacen las demás formas y especies haría.

Mas el hombre es grande cuando proclamó una ley que concibió, porque en ella conoce que es efecto y causa a la vez: y se reconoce superior a los tres reinos que vegetan bajo su poder y dirección, después que la primera causa, le dio los primeros efectos, en las especies y las formas.

Luego si domina los tres reinos, debería el hombre no ignorar nada sobre ellos (aún cuando fuese en el conjunto) sabiendo la ley a que cada unidad de la variedad responde: pero eso aún no está en la tierra y es el por qué ha tenido que buscar los recursos en la emancipación del yo pensante, por que es él y no la materia el que tiene la dirección de ésta: y en tanto que no domina a ésta para bien servirle, el hombre es ignorante, por que es materia como los otros reinos, que tampoco servirían, si otros compañeros... (sí; diré compañeros por que aún no admitís con amor la palabra hermano) no fuesen sabios e hicieran servir a la materia y sus especies, a sus semejantes compañeros ignorantes.

En poco se diferencia el hombre del animal en este estado: pero el espíritu, en el sueño de la materia, percibe día a día la realidad de la sabiduría (muy lentamente es cierto) pero al fin, logra emanciparse de ese medio del sueño que significa tinieblas y va más allá, donde voces le llaman. Es el primer día del hombre, en su verdadero estado.

El hombre, en el estado dicho, es el hombre primitivo que hizo su código conforme a la percepción, conforme a los sueños y, es por lo tanto el código del ensueño y la fantasía, creada por esta percepción, que en su obtusa inteligencia, encuentra el goce de la materia y llega hasta la religión fantástica, a base de la fuerza bruta. Esta, originó terror; el terror, supremacía; la supremacía, ceguera; y la ceguera, ignorancia; que no le permitió pasar de la fantasía del sueño.

Pero de aquellos atemorizados surgía la razón y por la lucha, su espíritu no vio sueños de fantasía y hacía también religión, ya más en razón con la realidad, surgiendo por el conocimiento (aunque solo fuese por percepción) pero que dió la primera base de ciencia hacia la verdad. Y fué cada cosa de su tiempo, conforme a la mayor emancipación, hasta sobreponerse al código de los sueños; para lo que iban y venían de la tierra al espacio y cada vez volvían con mayores conocimientos para dominar a los tres reinos.

Pero hoy no le basta eso, por que las leyes metafísicas están bien cimentadas, por efecto de la perfección de la materia, en su evolución y desarrollo y, es otro problema que debe resolverse, por que la materia no puede ir más allá por su ley, sin el factor principal: el yo pensante que la ha elevado, para que le sirva de base firme. Pero ésta, la materia, no se aviene a servir cuando ella ha reinado y de ahí las luchas presentes; por que, la materia es fuerza ciega y el yo pensante, fuerza de luz y de amor.

Pero a pesar de esa fuerza ciega, con leyes que el espíritu le ha dado, por que la materia no es capaz de encontrarlas por que no le pertenecen ni las tiene en sí, la fuerza luz, vence: pero tiene el hombre que emanciparse por el desdoblamiento que adquirió en sus luchas y llega al centro donde reside la fuerza abrumadora de la luz y la verdad y es de ley de justicia, que la causa, se sobreponga al efecto: para lo cual, el espíritu en su luz (aunque encarnado) se eleva del efecto a la causa, matando el código de los sueños con el código de la verdad y del amor, que une en dulce consorcio, pero sirviendo la materia, al espíritu su dominador.

Que todas estas evoluciones metafísicas se han operado ¿No os lo demuestra el museo arqueológico? ¿No véis allí la diferencia del hombre actual con el más antiguo fósil que poseéis? Y esta demostración de las leyes metafísicas de la materia. ¿No demuestran también la evolución metafísica del espíritu? Por esto, el hombre de hoy, no necesita dormir para ver fantasías ni realidades; sino que por la evolución metafísica del espíritu, se eleva en voluntario desdoblamiento y vive en común con los maestros de la sabiduría y trae real, no la percepción, si no la verdad de la realidad y está en su ley, por que aspira a más eternamente.

Pero el hombre, no se reconoce en su ser real y étnico y por esto ha eliminado de sus funciones (en equivocación de su fuerza) a la mitad de la humanidad y ha saciado sin embargo su necesidad (que es ley ineludible) en esa mitad, mayor en percepción por que ama, pero menor en fuerza material, bruta, por lo mismo que ama, y no puede sacrificar a los hijos de su amor.

El hombre, en su orgullo de fuerza bruta, trató de dominar por ella y ¿quién era su enemigo o su contrario, si era superior a los otros reinos? El fué egoísta, ignorante y perjuro y no quiso reconocer en su madre al ser superior a él; la mujer por que ama, llora su esclavitud; pero en su amor, en su agobio, estudia, penetra, pulsa el sentimiento de generación en generación y la ley de justicia e igualdad, viene a redimir esa media humanidad, por la que los espíritus se han elevado, más cuantas más veces fueron madres. Hoy las véis en toda la tierra, en ese movimiento levantisco reclamando sus derechos de intervención en las cosas comunales porque esas valientes, vinieron a ese cumplimiento en el día de la justicia y de la luz. Los hombres de la supremacía y de la materia las rechazan, porque serán descubiertos en sus libertinajes e inmoralidades. Pero el hombre civilizado sale a su defensa y las instruye y las anima, porque el espíritu vivificado en la justicia y el amor, dicta la ley de igualdad para su regulador, porque es inspirado por el espíritu en verdad y es hora de dar asiento a la verdadera sabiduría y matar al código de los sueños.

Pero el hombre se aferra en su fuerza; y en su supremacía inmoral, quiere tener esclavas y no compañeras, que no le darían lugar al libertinaje, porque, sólo el amor puede unir dos seres iguales en derechos y que los dos constituyen la misma cosa, porque de la misma causa proceden. Esto es lucha noble y de principios y se abre una nueva era de evolución metafísica, del espíritu y la razón.

A esto llega el espiritismo; dicta de escrito y de palabra y confirma la evolución metafísica del ser pensante. Y es el hombre y la mujer, ese total metafísico, porque, bien escrito está. El espíritu no tiene sexo. Procede del mismo principio en el hombre y la mujer; camina al mismo fin y la ley le da los mismos derechos

Venimos los espíritus, por esta evolución preparada por la inexorable ley de los afines y, retamos a la ciencia, a los codificadores del código de los sueños, para que nos estudien; para que nos observen; para que comparen nuestras leyes y nuestras palabras; y no vacilamos, aún sabiendo que es una sociedad que se llama civilizada, pero que yo, espíritu en verdad, la llamo aún sociedad de los durmientes; porque aún defienden el código de los sueños; porque es una civilización que se desmiente a cada momento en sus hechos y costumbres, inmorales y de opresión.

¿Qué hace el hombre emancipado en su misión de verdadera civilización? Busca la causa por el efecto; encuentra en su camino el espíritu; se satura en la sabiduría de las causas y escribe el código del amor.

El espíritu, no le traza la línea de conducta; pero le hace un llamamiento para el cumplimiento de su misión, sin coartarle en lo más mínimo su libre albedrío; pero le pone delante la luz y la verdad.

Así aleccionado el hombre que ya vió la luz y la verdad, en realidad y no en sueños, busca los dos principios: Primero el de la materia y luego el del espíritu, para llegar a formar la ley única de la metafísica de los dos principios, porque los dos proceden de la misma causa.

Estos han sido dichos, (como poco ha lo decíais y lo he oído) hace muchos siglos. ¿Pero qué se ha hecho? Sólo se ha buscado la ley metafísica de la materia, de la que es la fuerza bruta y ciega en perjuicio de sus compañeros más ignorantes, por no ser su tiempo de evolución, o por encontrarse en la evolución de amor, pero en minoría aparente, porque sabiduría es amor; el amor, humildad; y la soberbia de lo material, por la fuerza, llegó (y la sigue sosteniendo) a formar una ley de opresión, de esclavitud hasta para su misma madre, olvidando el beso de la infancia; el arrullo de su regazo; el coloquio de la pubertad; la confidencia al elegir compañera; la consulta y el consejo en el apuro de la vida; sus desvelos en la enfermedad y su consejo y sonrisa en todos los momentos de la vida.

Todos estos amores, el hombre los olvida, tan pronto toca los halagos de la materia, por el libertinaje en el que hace otra esclava de su fuerza bruta y fantasía de superioridad y crea leyes cada vez más deprimentes, pero que ya no son respetadas las anteriores, porque el espíritu sabe que es llegada la hora de sacudir la esclavitud, para formar la unidad en amor y no en tiranía.

Muchos han cumplido ya, como buenos obreros; pero muchos aun se obstinan en conservar la supremacía por la materia, despreciando los besos de su madre, de su esposa y de sus hijas; porque si los educa; si les permite legislar, el libertinaje no tiene cabida.

¿Puede el espíritu en verdad, ver impasible la lucha del espíritu y la materia, cuando a la materia, el espíritu la hizo progresar para servirle a su sabiduría? No puede el espíritu, ser impasible, porque es él la causa del efecto materia, como él es efecto de la causa única y primera, que por su origen, le obliga a sobreponerse a su efecto. He aquí porque, el espíritu ha preparado estos meteoros, (que llamáis médiums) para dictar las leyes del espíritu, porque las de la materia están en la materia misma. Sin la comunicación por la palabra o el escrito, no las podríamos dictar. Para esto, el espíritu se ha emancipado con desdoblamientos voluntarios y se eleva, registra, ve y se satura en la verdad de lo que se le comunica y lleva la videncia para asesorarse de la realidad; y cuanto el médium da, es porque ha alcanzado el grado de luz y sabiduría que le pone en condición de servir de fe pública de la verdad.

También nosotros los espíritus de verdad tenemos que tomar cuerpo en los mundos, cuando éstos llegan al grado de progreso que en nuestra última existencia les anunciamos, porque somos perfectibles. Y como hemos de tomar cuerpo (como antes lo tuvimos) he ahí la razón de que queramos el progreso (cuanto mayor mejor) de la sociedad en que hemos de vivir y así, trabajamos para nosotros mismos, a la par que para nuestros hermanos. ¿ No es esto lógico? Si ésta en la ley. ¿Quién no nos quiere recibir más que nuestro contrario?

Pero así y todo, venimos y retamos, porque queremos que nos estudien los mismos contrarios. En esto, nada más desinteresado que el espíritu en verdad, porque nada necesita de los menores: El, se alimenta en la fuente generatriz; pero esto mismo le obliga en su amor a elevar a los pequeños; porque cuanto más grandes son las humanidades, mayor es la armonía.

Temen los ofuscados al Código de Amor: No ven en su ceguera, la desunión horrible en que vegetan; y el espíritu en la luz redobla sus esfuerzos, porque vuestro error, aun no ha permitido hacer familia; sí, aún no hay familia en la tierra y hay una civilización que se desmiente; y no me lo negaréis, porque vuestras compañeras no tienen derechos y sí son esclavas, porque dependen de la fuerza bruta y así, la familia, no es familia; es, señor y esclavos.

Ahora bien; nosotros vemos vuestras debilidades; venimos y os damos la luz para no equivocaros, pero no os trazamos rumbos, porque esto es del libre albedrío; no os obligamos al trabajo, porque esto entra en la voluntad; pero estamos en la ley. ¿Quién nos prohibirá hablar, hoy como espíritus y mañana como hombres? ¿Por qué no es justo separar al que estorba la obra en su marcha, o aun trata de matar la planta alimento del espíritu? Yo lo dije y lo repitió muchas veces Jesús, mi compañero en misión y sacrificio; "no sólo de pan vive el hombre; mas el espíritu, se alimenta de la verdad del padre" ¿Cómo entendéis esta verdad? Pondré un ejemplo.

Si un padre de familia tiene su jardín y pone al abrigo las plantas que deban cuidarse de las heladas, recomendándolas al jardinero; y cuando llega el tiempo de multiplicarse, el jardinero indolente las descuida. ¿Qué hará en justicia este padre de familia, que le priva a él y a sus hijos, de la belleza y aroma de las flores en que se embelesaba? Lo separará y lo mandará a trabajos más burdos, porque su indolencia no le permite ocuparse en la belleza y hace justicia.

El Padre, es padre universal y tiene plantas de todos temples en su infinito jardín; manda sus obreros con órdenes de hacer germinar la semilla que él les entrega, al propio tiempo que deben expulsar las plantas parásitas donde deben florecer aquellas semillas. Muchos las siembran bien; pero otros, no cuidan de las plantas y las dejan morir ahogadas por las malas plantas y viene esto en perjuicio de los otros obreros. Llega el jardinero encargado; ve la labor de unos y otros y separa en justicia los indolentes, mandándolos a trabajar tierras más duras y aun pedregosas, hasta que el trabajo les haga ser previsores y avisados y trabajan y se hacen aptos para el jardín de las flores aromáticas.

¿Quién puede criticar esta acción toda justicia y amor? ¿No es sabia ley? Pero el día es uno y las horas varias; en todas ellas separa a unos y confía en otros las más delicadas flores; pero como vé sus aptitudes y el jardín es tan grande... a cada uno, después de su primera prueba en que manifiesta su aptitud, lo remite a la región o morada de sus afectos. ¿Hizo mal el jardinero? ¿Faltó al amor? No los despidió; los mandó a donde están las plantas de su afecto; donde no puede causar daño su indolencia, su ignorancia o su maldad, a los cultivadores de las bellas flores que no pueden ser distraídos, ni molestados por importunos. ¿Quién puede censurar esto?

Pero el día es uno y las horas varias y se reciben obreros en todas ellas; y en una hora, hay una necesidad; en otra, una obligación; y en cada hora, es diferente el trabajo, pero todo ello ha de formar un solo conjunto en la hora máxima, desde la flor al fruto. Es cuando más hay que vigilar, porque la imprudencia, la indolencia, la ignorancia y la maldad, puede ocasionar la pérdida de aquel fruto y el obrero de esa hora, tiene que ser el más experimentado jardinero de todo el inmenso jardín, en toda su variedad.

Si no se separaran los peligrosos, los indolentes. ¿Respondería el encargado, del fruto? ¿No es justicia, que en esa hora suprema en que todo el trabajo está pronto a sazonarse, se separe al que distrae, al que lucha con la fuerza bruta, al que atropella, al que escandaliza? Pues esto ha hecho el Padre en el Día del juicio. Y... ¿es esto lo que vituperan los hombres?

Los hombres, lo sabían hace muchos siglos.

Llegó la hora del fruto y resonó en los espacios la trompeta de juicio; se expuso la nueva ley y se mandaron a los obreros de mala voluntad al mundo de sus afecciones. El hombre encargado de custodiar el fruto, viene y escribe el código para el disfrute de ese fruto en común y vienen las lenguas de fuego a dictar y grabar los artículos en letra imborrable, que el hombre escribe para conocimiento de los obreros de la hora suprema, en la que hay obreros de todas horas y se someten a su justicia, porque ella significa amor y comunidad. Los trabajadores de voluntad se alegran, porque les alienta al trabajo el disfrute de sus desvelos y serán todos iguales en el derecho y en el trabajo, porque la vanidad no cabe en ninguno; porque todos al igual, comprenden la ley en el trabajo; en éste, el progreso; y de éste el amor, bajo un solo credo: el espiritismo.

Muchos sois los hombres sobre la tierra y dos, no hay iguales; pero la belleza está, en la armonía de la variedad; todos son iguales en derecho, mas no en sabiduría; pero bajo la ley de amor, todo late al unísono y el espíritu y la materia (aún siendo la misma substancia pero en grado diferente) viven unidos en su mismo ser y esto hace la unidad, aunque sirva la materia al espíritu, porque éste la moduló, porque es luz, sabiduría y amor.

Podréis decir, que en esto hay una imposición del espíritu, sobre la materia; pero yo os digo, que solo hay avenencia y reciprocidad, porque primero, el espíritu trabajó sobre la materia; éste se eleva sobre ella y ésta espera luego otro mayor progreso y el espíritu le debe dar esta esperanza, que es conciencia. Y si los convencionalistas; los hijos espurios de la amalgama niegan mis afirmaciones que son la unidad del espíritu; si ven injusticia en la separación de los perturbadores ellos serán separados por malos obreros y lo afirmo yo, Juan.

¿Cómo podría explicarse en otra forma la justicia y la perfección relativa a cada uno de los mundos, sino tuviese el Padre esas sapientísimas leyes? ¿No sería el libre albedrío, la confirmación del libertinaje? ¿Cómo se explicaría "Que no solo de pan vive el hombre"?

No es ya el tiempo de los dormidos; no es ya el tiempo de los códigos del sueño, porque yo fuí segado en mi cabeza y porque Jesús fué sacrificado por los códigos del sueño y de la concupiscencia.

El código que hoy se da, no es de los dormidos; es de los descendidos de Sión, que en sus desdoblamientos ven y se saturan en los mundos de luz y, cuando estudian no se duermen para soñar; se desdoblan, para ver y tomar lo que necesitan para cumplir su deber sagrado de sacar de la esclavitud a la ¡pobre mujer! que gime, bajo el poderío del libertinaje, al que llamáis libre albedrío. Es la mujer esclavizada después de darle la sangre y el beso, a su hijo verdugo, lo que el espiritismo ha de salvar en primer punto, para hacer sociedad de amor, y no sociedad de señores y esclavos como es aún vuestra sociedad.

¿Y son estos actos de amor y justicia, los que vituperas hombre reptil? ¿No ves que tus mordeduras hacen sobre tu madre, lo que el veneno de las víboras harían en tu cuerpo? ¿Dónde está tu civilización? ¿Dónde la cantada sabiduría? ¿Dónde está la libertad mentida? Sólo quieres el libre albedrío, para deshojar las rosas del jardín, haciéndolas inodoras(1) .

La obra de la justicia, ha sido decretada en Sión, ante mí, consejero del Padre y son testigos, todos esos brillantes de la cosmogonía, en los que se mueven humanidades que sufrieron o sufrirán la misma justicia y que sus maestros tienen asiento en los consejos de Sión, donde se decretó el código que hoy se escribe, mandando al juez y censor, con las partes necesarias; y el uno habla, lo que de Sión le ordenan; el otro, vé y asesora y el juez escribe y proclama la ley y el axioma.

Y si la humanidad sentenciada no lo acata... ya tiene su morada que le espera y será de tierra dura y pedregosa, conforme a sus aspiraciones, porque los jardineros, llegan con la práctica de buenos; y pasadas tres generaciones, el jardín ha de estar a su solo cuidado, sin estorbos de malos aprendices en la delicada tarea de conservar las flores y sacar fruto de amor.

Y si los que me oís vituperáis la justicia; si no acatáis el código, seréis separados con más razón, porque en medio del foco donde sale la luz, os quedáis en la tiniebla de la materia.

Sois los obreros llamados a primera hora y tenéis la obligación de haceros obreros de provecho por voluntad y sino demostraréis no tener aptitud más que para tierras más duras y seréis destinados al mundo correspondiente.

No tengo yo en mi ser, la palabra débil ni doblada; y de hombre y de espíritu, dentro de la justicia, así lo demostré.

Yo, Juan o Elías.



Mayo 5 de 1912. Por el médium Portillo.



Vuelvo; porque no es el día del sueño que animaba a los fantásticos, sin los cuales no podían hacer leyes; es el día de la luz; es el día de la realidad; es el día de la verdad, porque es el día del espíritu; y es el día que se escribe el código de la verdadera comuna, porque es el día de los derechos iguales de la humanidad, por el que la mujer es sacada de la miserable esclavitud y puesta en el lugar que le pertenece en la creación.

¡Hombres de la tierra! Venimos con la luz del Padre, que antes de ahora hemos predicado: pero como las religiones y como los legisladores prejuiciados por éstas, han hecho leyes de opresión que fundamentaron en los sueños haciendo el código de esclavitud, hacemos un código de igualdad y de amor, para el adelanto del espíritu, no rebajando la materia sinó dignificándola, pero debiendo servir al espíritu que la elevó al progreso. Sobre el código de los sueños, habéis hecho otro código, si bien más real, no como el espíritu lo inspiraba con el fin de quitar el de los sueños; pero que las religiones, en él tenían su filón y han, por la fuerza, aceptado el código de la materia, más real, porque es tangible; pero se empeñan en sostener el de los sueños que es impenetrable y de ahí sus dogmas y misterios, que tal será, cuando el de la materia le restó toda la ciencia, a pesar de estar llena de vacíos, porque no los puede llenar el hombre sin salir de la materia; y ya ha llegado el momento que el espíritu concibió al revelar este progreso del código y leyes de la materia.

Por este último, habéis sacado algo de provecho y habéis llegado al descubrimiento de vuestras comodidades; pero habéis cifrado en la materia el máximo de las cosas, hasta que algunas señales os han demostrado que, más allá; que fuera de la materia tangible y analizable, estaba la causa primera; y nos alegramos, porque ese era el fin ideado y en ello nos señalamos el momento de nuestra participación en las cosas del hombre.

Pero nosotros, os hemos presentado ejemplos para que dignificárais a la mujer y no queréis olvidar el código de los sueños y seguís esclavizándola y ha llegado la hora de hacer el código de igualdad y amor, por el que ha de concederle todo el derecho que le pertenece a vuestra madre, a vuestra esposa y a vuestra hija.

Sois orgullosos, hombres; os preciáis de poseer la mujer hermosa; la presentáis cual rica alhaja en los salones y la lleváis del brazo como un adorno, pero os engañáis en no ver en ella más que la hermosura de las flores.

La adornáis con las alhajas y el brazalete y le ponéis en las manos unas esposas y en los pies un grillete y, así os presentáis en la sociedad, orgullosos y triunfantes con vuestra esclava, que por que no le habéis dado la libertad y porque en ella, sólo habéis cifrado el deleite de la carne, la borrachera del aroma de la juventud, la embriaguez del néctar que la naturaleza en ella depositó, vuestro orgullo de su posesión y el haber hecho el código de la materia por el que os engañáis, en otros varones despiertan los deseos de poseerla, ya por la atracción; ya por el vicio; ya porque aún entre vosotros no cabe la palabra hermano; o porque en vuestro orgullo y supremacía, os queréis humillar el uno al otro. Entre los varones de esa reunión y de los del paseo, cae sobre vuestra compañera la mirada lasciva y venenosa algunas veces; otras la mirada de la afinidad y, aún la del simple deseo de la hermosura. Todo esto (que está en la ley de la carne) origina un duelo y ya sabéis los resultados. Cayó el esposo, queda la madre con sus hijos y no es dueña de sus actos, ni aun tiene autoridad sobre ellos, ni en este caso imprevisto, ni en el de la viudez por caso natural. Se nombra un tutor y a la mayoría de edad del primer hijo, la madre, queda doblegada al hijo.

Acotaciones:
1) En el texto queda la prueba de esa acusación del delito de deshojar una Rosa, el disconforme. Rosa se llamaba la joven.

¿Es esto civilización? Esto es del código de los durmientes; esto es la esclavitud más onerosa. ¿Por qué presentas, hombre orgulloso, a la mujer atada? Rompe las esposas de sus manos y déjala pulsar la pluma y te convencerás, de que en realidad y conocimientos, es superior a tí. Suéltale los grilletes de sus pies desde niña y verás cómo ella se hace respetar, porque encontrará su verdadero afín que en la mayor libertad, no le faltará a la compañera, porque vive en su corazón; porque lo siente en su alma; y cuanto más ausentes estarán sus cuerpos, tanto más se respetarán. Si él trabaja, ella trabaja; si él se solaza, ella se solaza y se cuelga a su brazo, no como alhaja envidiable, sinó como uno en fusión, aunque sean dos en apariencia. Pero esto, es del día de la luz que hoy empieza.

Venir hombres libertinos, hijos de la materia, admiradores de las bellas formas. Decidme, ¿qué habéis hecho de la compañera? Si la presentábais con orgullo en la rambla o en los salones sirviéndoos de adorno y desafiando con su hermosura la vanidad de vuestros amigos o compañeros. ¿Por qué no la respetáis en todos los derechos? Pero es que la supremacía, el libertinaje, en cuanto asoma la primera arruga en la frente de aquel mueble... ya os cansa y buscáis a la joven, que en sus labios de rosa y ojos de vida, lleva la dicha para su afín; pero que vosotros marchitáis por vuestra supremacía, por vuestra materialidad bestial y deshojáis aquella fragante flor, envenenándola con vuestra lascivia y la pagáis con... mísero puñado de oro que tampoco habéis ganado, dejándola burlada y cuyas consecuencias, ya os ha descripto el hermano en el código de amor.

Venir, víboras ponzoñosas. ¿Con qué derecho, si no con el de la supremacía destrozáis el corazón de esa joven, que siempre pertenece a la clase del pueblo, o la clase humilde, que es producto de vuestro despilfarro, de vuestro orgullo, del veneno de vuestras leyes del código de los sueños?

Ella no se rendiría, si vuestra malicia e imposición no la forzara; pero ella, sólo os entrega su cuerpo, no su alma donde reside el corazón, pero queda amargada en su conciencia y se va, a las otras desgraciadas por el mismo procedimiento y en el pueblo plebeyo, se va almacenando la protesta que estallará imponente. Y si nosotros no contuviéramos a ese pueblo, seríais arrastrados como reptiles que sois; pero las animamos, las instruímos en el amor y la libertad y no podéis impedir su protesta y movimiento y sufriréis en justicia vuestra caída material, para nunca más surgir.

Por la ley de los afines; por la evolución metafísica de los espíritus; las víctimas de ayer, están de nuevo entre vosotros y se levantan y os dicen: Queremos la igualdad de la ley en los derechos, porque la ley de hoy es vuestra y es opresora; porque nunca habéis entrado en nuestro interior y nos habéis destrozado, siendo media humanidad y vuestras madres y esposas siempre buscáis en nosotras, sólo la satisfacción animal y nunca la satisfacción del alma. Justa protesta que ya no podéis reprimir y nosotros la animamos y ella, se hace doctor y se entra en la administración y quiere y entrará, en el palacio de las leyes. ¿Queréis atajarla? Pues legislar para ella; reconocerle derechos iguales; dignificar a vuestras madres; romper los grilletes que las aprisionan; no las hagáis más tiempo esclavas.

No queréis concederle el derecho de legislar, porque matará vuestro libertinaje; subyugará vuestro orgullo; descubrirá vuestra ignorancia; os enseñará a no derrochar y esto lo tiene probado la mujer (aun en su prejuicio) en las sociedades que ella administra, donde el altruismo es bien reconocido y la sensatez y justicia se revelan, aún dentro de las leyes opresoras y del código de los sueños que las rige.

Quitad las esposas de la mano ya que le quitásteis el grillete del pié; educadla, dejadla pulsar la pluma por la que exprese su pensamiento y veréis que tiene clara percepción del destino de los seres, porque ella es madre y crea la familia y os veréis transformados según el código de amor y la luz será hecha.

Comprended que en su mano está el poder, desde que es iluminada en su espíritu; porque cada madre, sólo con unos robustos hijos, formará la fuerza si la necesita: Y vosotros, libertinos, supremáticos, reptiles ponzoñosos, seréis acorralados y ni aún el amor de la carne podréis encontrar, porque la justicia será inexorable.

No tratéis de engañaros por más tiempo, porque vosotros no sois fecundos ni en el cuerpo ni en el espíritu, porque vivís la vida de fantasía del código de los sueños.

Estamos en la primera hora del día de la luz y ésta, ya no la podéis resistir y os tenéis que amparar en las toperas de las tinieblas. Pero viene el espíritu y le dicta al hombre el código de amor, en el que escribe los derechos iguales con la más justa equidad y por el cual la comuna se establecerá con el paso de tres generaciones y ya, no reinará la miseria, por la que vencéis a las hijas del pueblo; porque el amor, en su plena libertad, será entre los afines que habéis desequilibrado.

La supremacía, el orgullo, el parasitismo, os ha sugerido la ampulación de la ciudad y la mayoría, vive en estos centros, donde la miseria es forzosa por el despilfarro y el orgullo, que no tendría cabida si viviérais en proporción en la campiña.

Sin embargo, los que viven en la campiña, los que trabajan la tierra y las minas, carecen hasta del pan necesario, porque vosotros habéis organizado leyes vergonzosas de acaparamiento y de opresión, que imposibilita la vida al productor. Este, para vuestro castigo, vive también en la ciudad, donde en unión de los otros oprimidos, os pone freno y lucha y se abre paso en los congresos y os derrocará estrepitosamente, porque el desequilibrio llegó al máximum; porque vuestra corrupción y concupiscencia, no respeta la hija del plebeyo; y porque vuestro orgullo y despilfarro, lleva el desconcierto y la miseria a los hogares.

¿Es esto sociedad? ¿Y nos queréis prohibir a los espíritus de Dios, que fuímos hombres y hombres seremos, que vengamos a dictar el código de unión, de libertad y de amor?

Si la materia es inerte para la creación de las leyes de civilización; si la luz dada en todos los tiempos por los mesías, ha sido cubierta por el negro crespón de la maldad del hombre, de la supremacía y la concupiscencia. ¿Cómo no hemos de venir, los que hemos predicado como hombres, a revivir nuestras prédicas, porque se impone el hombre del orgullo, al hombre de la humildad? ¿Cómo no hemos de venir a salvar a la media humanidad, que son madres vilipendiadas por sus propios hijos, por el error de la ley fantástica del sueño, oponiéndole en justicia el código de amor? ¿Cómo no hemos de venir nosotros, que hemos nacido de mujer y nos llega el clamor de esclavitud de esas vuestras compañeras y de sus compañeras del infortunio?

Faltaríamos a nuestro amor y no podemos faltar a tan sagrado deber, los que somos consejeros del Padre en Sión. No podemos ver impasibles las injusticias y hoy, que nos hemos abierto paso entre las tinieblas, venimos y llamamos a los humildes; les hablamos, les instruímos y se agitan... anunciándose la tempestad en toda la tierra, porque ya, en los espacios se libró la batalla y se han quitado los nubarrones negros de los perturbadores que inspiraban, incitaban y hacían el desconcierto.

¡Supremáticos hombres de leyes! Venir conmigo y decirme: ¿Qué se ha hecho de la sociedad hasta hoy? ¿Dónde está vuestra compañera manifestando su pensamiento? ¿A dónde habéis arrojado su dignidad de mujer y madre? ¿Para qué han servido las leyes de opresión, producto de un código de sueños y fantasías?

Sólo guerras enconadas se ven por todas partes; sólo clamores y bajezas que avergüenzan se oyen; sólo esclavitud se señala por libertad y, ¿no hemos de venir los espíritus de luz, que todo lo vemos y podemos saber?

Se ha levantado la bandera de protesta y rebelión en el pueblo, con principios muy buenos; pero a fuerza de sacrificios y luchas, consiguen; una migaja; es nuestro preparativo para el día de la luz (que ya ha llegado), pero estamos en su principio y ya la tiniebla tiembla y se encastilla; pero esa tiniebla es arrojada por la luz y esta luz, es el espiritismo, que ahora habéis de conocer, puro y limpio en su Luz y Verdad.

Sonó potente la palabra del hombre declarando axioma eterno el espiritismo y venimos los espíritus con los artículos del código de amor, representando las lenguas de fuego que hieren de muerte las carcomidas leyes del sueño y esta luz, que es fuerza, aparece sobre las humanidades, mostrándonos nosotros los espíritus, que nos ven y somos fuerza de su fuerza y luz de su luz y les damos valor en sus luchas y los defendemos de vuestra opresión.

No hemos usado del incógnito; hablamos en todas partes; nos dejamos ver de los que han ganado facultades; y aun para vosotros, sistemáticos y materialistas, han venido los médiums de efectos físicos, para que os déis cuenta de que el espíritu tiene acción y le rigen las mismas leyes que al hombre encarnado; pero vosotros lo queréis envolver en la materia y la materia no puede descubrir los secretos que no tiene y... nos llamáis fantasmas... Los fantasmas sois vosotros, porque vivís de leyes fantásticas, hijas del código de los ensueños.

Sabedlo hombres: El espíritu es luz, fuerza e inteligencia, y obra lo mismo libre que encarnado, cuando como el hombre que vino de Sión, son conscientes de su deber y aman a la humanidad en el amor del Padre; en su código, os desmentirá vuestro código y vuestras fantasías; hundirá vuestra supremacía y matará vuestra concupiscencia.

Aun retáis en vuestro orgullo las cuerdas fuertes de mi espíritu: Aun me obligáis con vuestra concupiscencia a volveros a llamar “Raza de víboras“. Y si por esta palabra, arrancásteis la cabeza de mi cuerpo, no conseguísteis acallar mi espíritu y os lo vuelve a repetir en el momento en que sois sentenciados por la justicia del Padre; corto es el tiempo que os queda y comprobaréis por vosotros mismos vuestra impotencia, pero entonces será tarde: entonces veréis, como el hombre hoy bajo el traje del obrero es vuestro juez y censor, porque el Padre, en él depositó su amor y justicia. Veréis vuestro equívoco, pero ya no podréis volver a la tierra, porque en ésta, el amor, la libertad y la luz la circundará.

¿Vosotros queréis sujetar la ley divina? ¿queréis prohibir la venida del espíritu? ¿Quién sois vosotros, hijos pigmeos de los sueños; hijos locos de vuestra falsía; hijos espúrios de una ley de mordaza, que aun esa os acusa porque aun ella no es tan mala en su letra como vuestros hechos?

Dejad, dejad, que en una hora del día que ha empezado, todos estaréis en el período de la transplantación; en menos de un siglo, habréis comparecido en el tribunal que el Espíritu de Verdad tiene formado y allí rendiréis cuentas si no las queréis dar al plebiscito que se os ha formado. Allí no podréis formular excusas de ignorancia, porque siempre se os avisó y vuestros espíritus, desnudos y tiznados se avergonzarán de vuestros dioses terrenales, por los que habéis oprimido al pueblo. ¡Ay de vosotros jueces de la sociedad! ¡Ay de vosotros raza de víboras! ¿Por qué os escandalizáis de que nosotros, los hijos del Padre, los consejeros de las nebulosas con miríadas de mundos y humanidades cuyo centro está en Sión de donde venimos en amor y os traemos la luz para el camino y nos llamáis fantasmas?...¡Temblad de vuestra insensatez! No queréis comprender que dentro de un corto lapso de tiempo ocuparéis el lugar de espíritu, y... ¡ay de vosotros, si al fin no acatáis el código, que los hijos de Sión escriben! No importa su calidad humilde. Los ha reconocido toda la cosmogonía y son los hijos de Dios, mandados para hacer la unidad en la comuna. Vosotros, estáis engolfados en la materia y, en la decrepitud y aun en la robustez, no os podéis satisfacer ni con lo robado y os coméis entre vosotros en vuestra propia rabia(1) .

La justicia se hizo y no hay apelación. Pero se os da la ley a tiempo y comulgar en el día de la luz, dentro del espiritismo sin amalgamas ni componendas, porque sus doctrinas, todas se resumen en una sola palabra: Amor

En esta ley están, esos humildes que el Padre mandó. Con ellos vinieron y están en toda la tierra los médiums, porque el Padre los mandó y son sus meteoros, para que los utilicen sus hijos los espíritus y os dén la enseñanza y la luz para el camino. No los despreciéis, porque es la prueba del amor del Padre.

Venid, estudiar el código de amor y en él encontraréis la verdad eterna descubierta. No temáis las heridas que necesariamente os hará la fuerza de la verdad, porque en el mismo sitio tenéis la medicina que la cicatriza, que es, el reconocimiento de los hijos del Padre; la libertad de la mujer y la comuna para todos, porque así está decretado en los consejos del Padre, a los que habéis de culpar de los hechos: no a los hombres.

¡Pobres mis hermanos! ¡Me dais lástima en vuestra postrimería, por vuestra obcecación! Mas negad cuanto queráis; nada conseguís, porque descienden igual en su cumplimiento los hermanos mayores. Descienden los maestros de los grandes mundos; desciende Juan o Elías; desciende Jesús y desciende el Espíritu de Verdad.

En vuestro código del sueño, formuláis juramentos que los hacéis letra; decís que son revelados y no sabéis de dónde os vienen... ¡Hipócritas!... ¡Ignorantes!... Entrar un momento dentro de vosotros mismos y veréis vuestra alma anestesiada que no puede encontrar sosiego: piensa solo en la materia de la que es la esencia y quisiera, en solo ella encontrar satisfacción: mas no puede, porque dentro de ella está el espíritu que le da continuos avisos y es causa de su desasosiego y en su materialismo, se revuelca como bestia.

Pero el tiempo llega "como el ladrón de sorpresa": y llegamos los espíritus y os retamos y os llamamos por vuestro nombre; hipócritas, porque lo sois; y reptiles, porque os arrastráis en el vacío; y raza de víboras, porque en vuestro constante picar envenenáis la sangre del cuerpo humanidad.

Viene el hombre humilde pero con el cargo de Juez y es “aquel que había de venir y el mundo lo recibiría" y resume toda la doctrina de la verdad en una sola palabra, amor. Vosotros no la admitís; nosotros somos maestros hasta por vosotros confesados y espíritus consejeros del Padre y comulgamos con ese principio santo porque es el lema de toda la cosmogonía.

Vosotros aprovecháis los tres reinos de la naturaleza, y sólo vuestra compañera es esclava. Mas nosotros venimos a libertarla sin esclavizaros a vosotros, porque el lema es amor; porque la nueva ley es amor y os señala una vida de dulce paz; de melodiosa armonía; de franca libertad y de alta sabiduría.

Os queremos nuestros hermanos, pero no tiznados; porque en ese estado, no podéis vivir por más tiempo en esta morada y si no os laváis, seréis separados en breve: y sólo cuando sepáis llamarnos hermanos, os podremos oír.

Os llamamos ahora durante la transición; no nos oís; pero tomamos vuestro archivo con el que justificaremos vuestra expulsión. Entonces no habrá lugar a lloros ni excusas, porque el tribunal es inexorable y no quedará ninguno que perturbe la hora del fruto.

Podéis quedar en la morada de la tierra, pero hay que amar; para amar, hay que ser sabios; para ser sabios; hay que conocerse a sí mismos y hacer justicia, por la justicia misma.

La justicia, no habrá coartado vuestra libertad, porque los espíritus de luz no podemos ser injustos y no os obligamos; pero cumplimos con amor, en poneros delante la luz y la verdad.

Si otra cosa no podéis mirar, mirar siquiera las plantas y ver que en su libertad crecen y dan fruto; y pues vosotros sois plantas, ¿por qué no daréis fruto de amor, si en amor os creó el jardinero?

No dáis fruto de amor, porque gustáis de la supremacía y ésta, sólo puede estar en la materia. Mas yo os digo en verdad del Padre, que las horas os están contadas: que el código que se os da, es dictado desde Sión; que el espiritismo es axioma eterno, porque es luz y verdad del Padre: no comulgar en él, es condenarse a la tiniebla y lo digo yo.

JUAN y ELÍAS