CAPITULO III



No se puede ir más allá del espiritismo



PÁRRAFO I



No os escandalice esta afirmación; estudiad las razones que voy a exponer, quedaréis convencidos y daréis al traste con todos los credos religiosos y aún políticos.

El espiritismo (diré para los principiantes), es la religión universal, sin ser religión positiva. Pero tiene de religión lo bastante para adorar al creador como nos está impuesto en la ley eterna, en espíritu y verdad; y como religión universal, en ella comulgan los espíritus y los hombres de todos los mundos y de todos los espacios; y por tanto, no se puede ir más allá del espiritismo.

El espiritismo no es cosa(1): y como no es cosa, no puede transformarse: pueden progresar los hombres; pero el espiritismo será el mismo hoy, que fué hace 10, 20 o 100 millones de siglos y lo mismo será dentro de mil millones de siglos y en la eternidad: y dispensadme esta comparación de siglos, por hablar de tiempo; porque el espíritu, no tiene tiempo pasado ni futuro, sino que vive siempre en el presente eterno.

Ved el diamante recién sacado de la cantera, ¿qué véis? una piedra rústica se presenta a vuestra vista, y como sois profanos en el conocimiento de esa piedra preciosa en ese estado, la abandonáis.

Pero llega un inteligente, un perito, y os sorprende verlo escamar esa piedra y con aquellas mismas escamas pulimentar y dar brillo al corazón de ella y os presenta un hermoso brillante que admiráis y deseáis. ¿Cambió el brillante de naturaleza? Ciertamente que no: diamante era y diamante es y ahora apreciáis y dáis valor y antes lo arrojábais como cosa inútil, porque estaba oscurecido por su contacto con la tierra y el agua; y así hubiera permanecido siempre si el arte y la ciencia no lo hubieran pulimentado para mostrarlo a la ignorancia de los profanos, en toda su belleza.

Pues bien. El espiritismo, es la comunidad de espíritus. El espíritu, es un hálito o chispa de la divinidad del creador y es, por lo tanto, Co-Eterno, en el creador. El Padre lo lanza al trabajo con el germen de progreso, pero en estado ignorante del mal y sencillo en su ser: Toma materia, en la que se obscurece, pero como el diamante, sigue su progreso envuelto en la materia y ganando en valor, hasta que el espíritu, ya bastante fuerte en las luchas de la materia y cansado de su obscuridad, empieza (como buen perito), a tirar las primeras escamas de su alma y se pulimenta con ellas mismas, para mostrarse en su propia luz y rico en valor de sabiduría al creador, triunfante de su lucha.

Pero el espíritu, por su sencillez, no podía salir de su atolladero sin la ayuda de otros más experimentados (como el diamante no sería pulido sin la ayuda del artista); y al espíritu le ayudan otros espíritus, tanto en el espacio donde es su verdadera patria, como en el mundo donde sufre sus pruebas envuelto en la materia de un cuerpo. Mientras es ignorante, aprende en las obras que otros más sabios dejaron en el mundo. Cuando es sabio, aprende en la naturaleza del mundo al que por un período pertenece. Cuando ha estudiado y comprende la naturaleza donde vive, estudia en la cosmogonía por los grados ascendentes y correlativos y así progresará hasta el infinito, porque infinitos son los mundos de la infinita creación.

Pero el espíritu, en su ignorancia, recibe la intuición de otros espíritus y obedece (sin darse cuenta) a las ideas sugeridas, ni más ni menos que un niño hace lo que le es sugerido por sus mayores, hasta que tiene discernimiento y obra por su idea y por su razón: sin embargo, es el hombre el niño que obedecía: y el espíritu que estudia la cosmogonía, el mismo que estaba envuelto en la materia y obraba por las obras de otros.

Lo que hay es, que el niño se hizo hombre de conciencia y voluntad propia y el espíritu, a fin de pruebas, se hizo sabio; no se ha transformado; como el diamante, se ha enriquecido; y su sabiduría (que es su riqueza) le da su alegría, su satisfacción, su... gloria si queréis. Y mientras no llega a ese grado en su progreso, sufre por su ceguera, por su falta de conocimientos y sus continuas caídas, le obligan a luchar; esto constituye sus penas... Llamadle si os place, infierno.

Pero el diamante, hasta que el artista empieza a quitarle las escamas, está obscurecido y por lo tanto, no puede recibir los destellos del sol; y cada escama que el artista le saca, refléjase una infinidad de cambiantes de luz, lo que no haría por sí solo si no fuese ayudado por el artista.

El espíritu, no podría sacudir la materia que se le adipó; pero el creador en su sabiduría, estableció su ley de amor y por ella, los espíritus libertos y sabios, guían a los ignorantes en el espacio y encarnados, les intuyen, les inspiran y les hablan. Sólo que todo esto sucede por grados, como la operación del diamante; y este trabajo, esta unión, esta manifestación de los espíritus, no puede llamarse más que espiritismo, que el espíritu, ya encarnado, ya errante, sólo lo comprende cuando es suficientemente sabio, o cuando presta oídos a la voz de sus guías, espíritus de luz y de amor; éstos han trabajado sobre aquel ignorante del mal desde el primer momento y sin embargo, la obcecación suele ser tan grande, las deudas contraídas tan importantes, que les asustan y suelen pasar cientos de siglos y miles de siglos, sin querer ver la luz. Cuando la ven, entonces sí, creen en la ayuda y en la comunión de los espíritus. En un momento parecen diferentes; y, ¿ qué ha cambiado? La unión de los espíritus impuesta por la ley de amor, es la misma; por lo tanto, el espiritismo es el mismo. Lo que ha cambiado es, la vista del espíritu que se abrillantó por el trabajo y depuró sus vicios, quedando como el diamante pulido y da entrada a la luz; y ésta, que es fuerza, le lleva a estudiar lo que no sabía (mejor dicho, había olvidado) y entonces se eleva en aras del deseo de descubrir más y más; y todo lo ve más grande, más bello, más armónico. Pero el espiritismo no se ha transformado: lo que se ha transformado es el hombre, de ignorante en sabio.

PÁRRAFO II



Definición del hombre



Voy a dar una breve definición del hombre, pero firme y asentada para tener fundamento de saber ¿de dónde viene?... Razonemos.

Sostiene el materialismo "que el hombre es un conjunto de átomos que se reúnen en virtud de la ley de atracción (yo digo de afinidad), para dispersarse después de la muerte y constituir otros organismos”(1) . Por más que las religiones positivas proclamen en el hombre "un alma imperecedera y un cuerpo mortal". Aunque el panteísmo diga que "es un destello de la gran luz, una parte del todo que vuelve a él, cuando deja de existir en este mundo” , y haya tantas divisiones de esto, cuántas escuelas hay y no llegan a un acuerdo racional los sistemáticos, malgastando el tiempo en la discusión de “si el hombre es materia o espíritu, o conjuntamente las dos cosas"; y todos se apoyen o busquen razones en que apoyarse, yo, apoyo y confirmo (porque ya lo he dicho) a Williams Krokes. "Sólo una substancia existe en absoluto", llámesele Pantógeno. Eter o Cósmica, esto no importa: en los idiomas hay muchas palabras.

En la antigüedad, se creía diferente el hielo, el agua y la nieve y es la misma cosa en diferentes estados; veían en todo una diversidad absoluta, porque los sentidos engañan y el estado rudimentario de los hombres en su escaso desarrollo intelectual, les hacía apreciar las cosas por sus aparentes formas.

En el orden político-religioso, hemos pasado del individuo aislado, a la familia, a la tribu, al pueblo, a la ciudad, a la nación y de aquí, hasta el derecho común entre naciones, para llegar un día muy cercano a la familia universal: Pasamos del ídolo bárbaro y despótico por una inmensa variedad de dioses particulares y hoy llegamos al conocimiento del Dios único, verdadero, Padre universal, al que llamaremos Dios de Amor(2) .

En el orden físico y por grados, hemos visto desprenderse (metafísicamente), grandezas aún inapreciables (por los prejuicios), pero palpamos la conversión del calor en luz y la luz, en movimiento; el movimiento en fuerza, la electricidad en magnetismo, el armónico canto, en estrepitoso y horrísimo trueno. Y visto en la ciencia fría todas estas manifestaciones mágicas, en tan variadas formas y sonidos, ¿qué son?. Una sola cosa; una vibración; una partícula del infinito lago del éter.

Inútil es ya pensar el error de las religiones positivas, admitiendo dos principios absolutos en la creación, puesto que la ciencia nos demuestra ( y si aún no lo demostrara habría que enseñárselo con el sentimiento de la razón) que "Dos principios absolutos, se excluyen mutuamente". Lo mismo sucede con dos substancias absolutas.

En este punto os digo como Jesús dijo: "Si os entendéis, hablad como queráis". Llamad espíritu, fluído universal, éter, sustancia cósmica, y si queréis materia. Una es la sustancia , viva por esencia y activa por naturaleza, de cuya actividad proviene el movimiento; del movimiento las infinitas combinaciones, y de éstas, por consiguiente, las infinitas formas. El átomo, unido a otros átomos, forman la molécula: las moléculas afines se atraen, se unen y forman los cuerpos. De este principio (ley física), con sus leyes de atracción y afinidad, se formó el insecto, la flor, la piedra, la montaña, los mares, los continentes, el planeta entero y el hombre. De aquí también, el sistema donde gira nuestro mundo; así los espacios interplanetarios y los infinitos soles con sus legiones de sistemas, mundos y humanidades que bullen en ese inmenso torbellino, girando con la rapidez del pensamiento en todas direcciones y sin estorbarse el uno al otro, bajo la dirección de una sola ley impuesta por el Dios de Amor, que está presente en todas partes, visible en la sublime hermosura de tan grande armonía!!!!

Al proclamar al hombre “rey de la naturaleza”... se comete un grave error y se le saca de su verdadero ser .

El hombre en la naturaleza y dicho propiamente en el universo, es un complemento del todo universal.

Sin el hombre el universo no existiría. Ni existiría el universo, si faltara la laboriosa hormiga; y cuando dijo Víctor Hugo: "Si llegara a extinguirse la pobre esencia de un animalillo microscópico, se extinguiría el universo". Dijo cuanto se puede decir.

Lo que hay es que, el hombre tiene las funciones de ordenador, de administrador si queréis de la creación y es su trabajo ordenar; poner cada cosa en su lugar, pero sin poder salirse de la ley impuesta a las cosas y para esto, el creador le ha dado su luz inteligente, que no tiene otro ser y como el creador es todo armonía, no podía privar al cuerpo humano (que debía servir de máquina al intelecto) de lo más sublime de la esencia de lo que llamamos tierra o materia que palpamos, pero que no deja por esto de ser materia viva; que aunque obedece a la disposición inteligente del hombre, ella tiene su ley invariable, de la que el hombre no la puede apartar por capricho. Parece que el espíritu y la materia, por razón de sus funciones, hagan cosa diferente; pero en el fondo y por distinto camino, hacen la misma cosa, el progreso.

El hombre, en el intelecto, es la esencia de la vibración de la creación. En el cuerpo, es la esencia de los efectos de la misma vibración, que por una ley de afinidad (muy poco profundizada por las ciencias), se reúnen en la esencia del movimiento o vibración (espíritu), todas las esencias de los efectos, o sea la esencia de cada cosa que hemos llegado a catalogar, desde la rústica cal, al diamante; desde el insecto, al más perfecto animal; desde la simple hierba hasta el árbol de la quina. En una palabra: el hombre, en espíritu y materia, en su todo intelectual y animal, es la esencia viva de las cosas vivas. Y ya he dicho, que todo tiene vida.

El trueno, la música, el dolor, el resoplido de la fiera, el mugido de los mares, el terremoto horrible, el movimiento de los astros y nuestro aliento suave, todo, todo es la misma cosa; una vibración del éter; una manifestación del creador en la eterna creación; un hálito de la entera y eterna vida, del autor de la vida, de todas las cosas.

¡Cómo se agranda así el concepto del universo, el del creador universal y el de nuestro ser y destino! ¡Cómo se aclara y se comprende de una ojeada la unidad en la infinita variedad!... Nada hay sin objeto y todo está donde le corresponde; todo depende del todo y nada esclavo de otro; todas las cosas se son necesarias las unas a las otras y ninguna existiría, si no concurrieran las demás.

En la igualdad, vemos las jerarquías dentro de su ley, en el sometimiento, está marcada la libertad; en la renovación continuada, la vida imperecedera; en la diversidad de funciones, la justicia; en la variedad, la armonía; en el movimiento, el orden y, la divinidad y grandeza del Padre, en todas sus criaturas.

Parece ser diferente el espíritu de la materia, por la diferencia de sus funciones; pero en realidad es la misma cosa; sólo que las apariencias y la educación falseada, nos hace concebir diferencias, para no ver la verdad; pero es necesario que así sea, mientras el hombre es ignorante. Porque ¿quién osaría llevar a su olfato la bella flor que nace en un estercolero, si sus sentidos se persuadieran que habían de oler aquellas sustancias hediondas, que dieron belleza y aromas a la flor?. Recibimos fragancia y aroma agradable y sin embargo, es el hedor del estiércol, pero transformado por las funciones de la naturaleza; pero es la realidad, que la flor y el estiércol son la misma cosa y así es en todo lo que el universo tiene.

El espíritu, tiene a su cargo la dirección de los actos y el cuerpo, la ejecución de éstos y uno a otro se complementan y el uno sin el otro, no pueden existir como hombre. Pero luego de cumplidas las funciones de la ley; desempeñada la parte del trabajo que el espíritu se propuso para su progreso, se separan y cada una vuelve a su centro (a esperar órdenes diremos), para entrar nuevamente en funciones; la parte material (cuerpo), será transformada en todos sus átomos, a propósito para ocupar un puesto en otro cuerpo de los que componen la infinita variedad: el espíritu, ocupará otro cuerpo, correspondiente a las funciones que debe desempeñar en otra nueva prueba de progreso y así se eternizará, siempre agrandándose; siempre ascendiendo; siempre con el deseo de la perfección que jamás alcanzará, porque lleva en sí impreso el más eterno.

Pero en toda esta grandeza, siempre será la misma substancia, aunque bella y hermosa cada vez más (como la flor y el diamante), aunque ésta haya salido del estiércol y aquél del fango de la mina, pero que a uno y a otro, el trabajo los hizo hermosa y bello; y el trabajo continuado, hace hermosos los cuerpos y bellos y luminosos a los espíritus; esta es la ley, y digo:

No hay más que una substancia; y el espíritu y la materia, es una misma substancia, en diferente grado y función, en la eterna vida de evolución y progreso; se sirven mutuamente y se complementan uno a otro, cumpliendo la eterna ley del progreso indefinido e infinito y su vida es eterna, por que la sustancia es eterna. El espíritu es el ser racional y eterno ocupante de los mundos, en tanto que el cuerpo humano es transitorio en todos los mundos, pero eternamente transformado y destinado a la vida animal progresiva y perfecta, relativamente.

Recordaré resumiendo en una sola palabra lo dicho sobre el cuerpo del hombre. Es la esencia de las cosas, como producto o efectos del movimiento de la única sustancia, como el espíritu es la esencia de la inteligencia de la misma sustancia, por lo que, sólo una sustancia existe.

Acotaciones:
1) “Me remito a la historia” ha dicho este hermano: Tenemos en archivo los datos precisos dados por él, de tres existencias suyas, que se darán a su tiempo.

1) Por esto, los materialistas se han estrellado siempre y se estrellarán, buscando en las cosas materiales, los hechos del espíritu, aunque éste, en su amor, ha dado pruebas en la materia, por los efectos físicos, aportes, etc., etc.

1) Con su misma afirmación, destruyen su obra.

2) Cuando hacía este estudio en mayo de 1910, aún no se me había descubierto el nombre de Eloí, en el que todo el Universo reconoce, al Creador.

PÁRRAFO III



¿De dónde viene?



Ya queda contestada esta pregunta arriba. De la substancia única. Pero hay que razonar para desvirtuar conceptos y aclarar errores que están arraigados en el pueblo.

Hay dos hipótesis muy dignas de estudiar: la del Adán bíblico, que supone al hombre formado directamente por Dios, de un poco de barro y animado por su divino soplo, está desechada por la razón y la ciencia; y ya dije y señalé lo que hay de verdad sobre Adán; pero hay que razonar algunos puntos aún sobre esta hipótesis, que son de este caso.

Decir que el hombre está formado de tierra; y decirlo en aquel tiempo en el que se creía que este mundo era centro y objeto y fin de la creación, aparte del error, da origen al hombre en la substancia universal, pero individualizando el principio que lo anima: El soplo divino.

En la biblia, Adán, es un símbolo; los símbolos, se prestan fácilmente al error; y como éste ha sido traído y llevado tanto, se ha hecho una cosa incomprensible, hasta ponerlo la ciencia, como caso perdido(1) ... Virtud de las religiones... que todo lo desfiguran.

Pero en este símbolo, encontramos algo que prevalece como dogma en la expirante iglesia católica, y es que "La carne es enemiga del espíritu”. Y la católica religión castiga a la carne y la condena al suicidio por las penitencias y maceraciones, contrario a la ley amorosa y armónica del creador, que destina la carne (entiéndase cuerpo humano), a ser la base del progreso del espíritu; a vivir juntos para su ayuda mutua y progresar bajo la misma ley.

No haré más observaciones a este gran error, porque al desaparecer la iglesia causa del error, desaparece el error efecto de aquella causa.

Estudiemos la otra hipótesis que parecería más racional: la de la evolución; para llegar a una afirmación de acuerdo con la causa única.

Si pudiéramos hacer un supremo esfuerzo de abstracción para imaginarnos ver por un momento el universo en reposo, sin tiempo, ni formas, siendo una substancia única, veríamos que todo estaba muerto. No se puede concebir vida sin movimiento; y sin éste tampoco pueden existir las formas. Es decir, la transformación de esa materia única, en la diversidad de las que llamamos cosas. Pero existen estas formas variadas. Luego existe el movimiento que las modula; el espíritu que les dá ser. Esto nos asegura que hay vida, y esta vida que palpamos, nos asegura que hay el universo, con todas las cosas que componen el universo, vivas; que bullen y revolotean, sin estorbarse la una a la otra; esto es orden y, el orden es ley. La ley no puede hacerse sola; necesita un legislador. ¿La ha hecho algún hombre?... ¿No?... Luego, el legislador es el creador. Y como todas las cosas son regidas y se sirven unas a otras bajo la misma ley y con el mismo amor, desinteresado (pero no gratuito, pues todas a todas se sirven), hay la reciprocidad y hermandad, de la que nos elevamos por necesidad, al reconocimiento de la causa ley y encontramos el todo que asume el amor y reconocimiento de nuestra vida, de nuestro ser y lo llamamos ¡Padre!, por la fraternidad en que la ley nos obliga a vivir a todos, sirviéndonos unos a otros.

Pero hagamos otro esfuerzo y veamos ya todo lleno de cosas y supongámoslas paradas. ¿Viven? Aunque pudieran estar en ese estado de creación, no vivirían; porque la vida es movimiento eterno; transformación eterna; y sólo así hemos llegado donde estamos y así será siempre necesariamente, por que la vida es eterna en la sustancia única, siempre la misma, pero en eternas y variadas manifestaciones progresivas por la evolución misma de las cosas: y tenemos así probada la vida, ascendiendo de la unidad a la variedad y descendiendo de la variedad a la unidad, sin que nada, ni nadie, pueda desmentirla, en ninguno de los dos términos de la ley.

La ciencia y la experiencia nos enseñan. "Que todo ser, se adapta al medio en que vive”. Pero ya hemos demostrado que la paralización sería la muerte y ésta no puede existir y sí la transformación; y según esa afirmación de la ciencia y la irrebatible ley del movimiento y transformación para la demostración de la vida, llegamos a esta sublime afirmación: Que el primer acto de vida, modeló un segundo; éste un tercero; el tercero un cuarto y así hasta perderse al conocimiento humano en el infinito. Pero no se pierde para el espíritu que es la inteligencia de la substancia única y no tiene ayer, ni mañana, sino hoy; ahora; el presente; ese es su tiempo.

Este principio (que afirmo ser así) nos asegura también, que el hombre llegó a serlo por la evolución y cuando las circunstancias se reunieron en su punto (como nos lo afirma una ley físico-química) llegó a serlo, por innumerables evoluciones en su germen(1) .

Y como la ley de evolución, tiene por necesidad que ir de la mano de la ley de conservación, que es un capítulo de la ley de justicia, tenemos: evolución progresiva del ser, sin salir de su ambiente, pero siempre con miras al más, por que, el espíritu sabe que la vida es la eterna ascensión.

Si el universo tuviera por fin manifestar las explosiones de su grandeza en crear y destruir, sería una grandeza monstruosa como las leyes de la mitología.

La naturaleza, no puede crear y comerse sus hijos; los crea, para que eternamente vivan en una eterna transformación; y por esto, el espíritu trabaja sin cesar, porque trabaja en la unidad y con provecho propio. Verdad racional irrebatible e innegable, que debe saberla todo hombre.

Pero... para llegar al grado de inteligencia en que está hoy el hombre. ¡Qué serie tan portentosa de evoluciones, ha desempeñado!... ¡Que trabajo tan enorme! ¡Qué actividad! ¡Qué luchas tan incesantes por el infinito, hasta reunir en un punto los elementos necesarios al ser!... ¡Al dar una mirada retrospectiva a toda esa serie de evoluciones!... Tan grande se hace mi espíritu... que no cabe en la tierra, ni en los espacios de la tierra y... Se va... se va... se va lejos, muy lejos... visita remotos y grandes anuncios: tan grandes que la tierra es un grano de arena en su comparación y ni aun allí cabe... necesita todo, todo el universo para vivir y desarrollar sus facultades, su poder, por que es el poder de la substancia única, en todas sus manifestaciones, y... esto es cada hombre...; esto es cada espíritu y... de ahí, de ese inmenso... de ese infinito lagar de néctar, que emborracha su grandeza, de ahí... de ahí vienes hombre... desagradecido... y... ¿Quieres hacerte tan miserable, tan insensato, tan... pequeñito?

Yo, que aún estoy en el primer grado de civilización, te digo ¡hombre que te llamas civilizado!... que sólo tienes un poco de ilustración... Pero hoy se señala la verdad de la verdad y puedes verla, siendo llevado como yo soy llevado de la mano, al estudio de la verdad; por el Espíritu de Verdad prometido a la tierra, si como yo lo oí lo oyes tú ante cuyo estudio, te digo hombre hermano, que eres grande; tan grande como el universo. Estúdiate en tí mismo y verás dentro de tí, todos los gérmenes de todas las cosas del universo y te harás tan grande, como de donde procedes. Pero ten en cuenta que necesitas limpiarte de prejuicios, sin lo cual no puedes ni estudiarte a tí mismo, ni elevarte a aquel estudio. Desecha esos prejuicios y no creas más que a ti mismo cuando te estudies sin miedo. El camino para llegar a esto, lo tienes en el espiritismo y no existe otro fuera de su principio que te enseña la igualdad verdadera, por las sucesivas evoluciones o existencias.

Allí verás, que todos y cada uno a su tiempo, sufrimos la deformidad, la miseria y la ignorancia: Que a si mismo y a su tiempo gozamos la hermosura, el placer y el triunfo. Verás que en el curso de la vida inacabable, todos gastamos la misma fortuna. Que en determinados momentos parecemos más pobres o más ricos, por que la justicia es inflexible y es de necesidad, que al despilfarro siga el hambre, hasta que aprendemos a nivelar nuestras acciones.

Entonces afirmarás, como yo te afirmo, que todos procedemos del mismo origen; que luchamos con iguales armas y somos regidos por las mismas leyes; que las desigualdades naturales y sociales, son una ficción del tiempo; que todos caminamos a la felicidad, que hemos de conquistar con nuestro esfuerzo; que la prontitud y la tardanza, sólo de nosotros depende; pero te señalo el camino recto: trabaja, ama.

PÁRRAFO IV



¿ Para qué estamos aquí?



Ni la tierra ni los mundos que compone el sistema solar; ni todos los de las constelaciones que registra el telescopio; ni todos los de la vía láctea, son la patria definitiva o mansión de los espíritus, ni en todos ellos está el límite de la felicidad que presiente el espíritu. "Los mundos son infinitos, pero la creación sigue y no se acaba”. Dice el testamento de Abraham que se nos ha entregado. Estamos en la tierra, por que es una de las ciudades del universo: hemos venido aquí, como eternos viajeros que somos y como turistas deseosos de aprender: estamos aquí, por que nos seguimos en familia y necesitamos estrechar lazos de amor, o hacer las paces con enemigos que nos hemos creado en mundos inferiores, donde la gnorancia es mayor: estamos aquí, en fin, para luchar con nuestras inclinaciones y por que "luchar es vivir”.

Pero venimos a luchar las luchas del alma que quiere descubrir la verdad. El alma, en ese estado, opone la ciencia a la ignorancia; la verdad, a la mentira; la fuerza de la razón, contra la razón de la fuerza; la hermandad y el amor, al despotismo y la tiranía. Habrá momentos de duda, pero al fin triunfará el espíritu.

Las ciencias sin espíritu y las religiones, todas han querido tener razón y por siglos se han destrozado. Mas la ciencia, por la misma ciencia se hizo luz y llegó la separación, porque no pueden hermanarse, y la justicia se impone y da el triunfo a la ciencia, que (aunque pobre), va por el camino de la grandeza del espíritu.

Pero por ley suprema, en las luchas de la sabiduría no puede haber vencidos ni vencedores y se prueba en la lucha de la razón, que sólo puede haber al fin, vencedores de su error. En la lucha de la materia, todos tiranos y vencidos.

Mas en la tierra, (hoy mundo de 5º grado que ya está al fin de su sexto día)(1) hemos venido a enderezar nuestros pasos; a llorar nuestros errores; a sacudir la ignorancia; a tomar el primer grado de ciencia, de civilización y de sabiduría, y de la tierra no puede salir la humanidad, hasta que su progreso y civilización sea igual al valor del mundo. Entonces esta humanidad pasará a un mundo inmediato superior, donde la lucha sólo es la ciencia, pero con un solo principio que ahora se proclama para la tierra: el amor.

Para esto la humanidad terrestre, ha pasado por los grados necesarios y han descendido a ella (por períodos seculares) espíritus de luz y mesías del Padre, que cada uno dijo a la humanidad una palabra de aliento para el porvenir, después de proclamar el principio que traían.

Después de los tiempos embrionarios (demasiado largos por cierto) vino Adán con toda una inmigración de sabios y declaró al dios único. Más tarde Abraham y manifestó, que el espíritu no es de la tierra y anunció la comunión de los espíritus con los espíritus del universo, el que es su patria verdadera. Llegó Moisés y escribió la ley conforme al principio eterno. Vino Jesús y anunció el amor, proclamando la libertad. Y cumplidos los tiempos anunciados, viene el prometido a los hombres, el Espíritu de Verdad, el que anunciaba la iglesia universal en el credo espiritismo y proclama la comuna, en la ley de amor.

La humanidad de la tierra, cumple el fin por el que se encuentra aquí, por que están ya en mayoría los espíritus sabios que conocen la verdad eterna y se hace necesaria una selección, para lo cual, el Espíritu de Verdad llama a juicio, primero a los espíritus y luego a los hombres y son separados los que no quieren acatar la justicia de la ley y son desterrados a mundos embrionarios, quedando en la tierra los amantes del progreso; los que saben a donde van enriqueciendo de sabiduría su archivo y disfrutando un momento de su trabajo y victoria, para llegar en comunidad, a su hora, a mundo superior.

Aquella será otra etapa que luego estudiaremos: Pero antes voy a decir que, la sabiduría no la alcanza nadie hasta que triunfa su espíritu y se reconoce dentro del espiritismo; pero entonces se pone de manifiesto, la locura de los que llaman locos a los primeros espiritistas.

Por esto os dice la doctrina del espiritismo. Las puertas de la sabiduría para todos están abiertas; todos los hombres son iguales en la ley eterna; en la casa del Padre, no hay réprobos ni privilegiados; si andáis desnudos o harapientos, saber que antes habéis vestido púrpura y derrochado la fortuna; si odias tendrás que amar; si matas con tus besos resucitarás al muerto; cuanto mal y bien hiciérais para vosotros los hacéis, porque el bien y el mal refluyen al alma, como las olas al profundo del mar; vuestro mal y vuestro bien; vuestra ignorancia y vuestra sabiduría, es el producto de vuestro trabajo; a la tierra venís a enriqueceros con más conocimientos y virtudes; a ganar afinidades; a olvidar odios y a agrandar la familia universal.

He aquí claro y conciso, porqué y para qué el hombre está en la tierra por que tiene que rehabilitarse y ganar morada mejor. Más si de la prueba repetida tantas veces sea necesaria y no cause perjuicio a un segundo ni a un tercero, el espíritu obcecado y aberrado a sus vicios no cumple sus compromisos hechos al Padre, la justicia lo separa sin coartar la libertad del espíritu; pero lo remite al lugar donde sus afecciones reinan y allí tendrá que luchar con los de armas iguales.

¿Quién puede rechazar estos santos principios, que son santos por que provienen del santo amor del Padre? Pues yo os digo en verdad, que los juicios han empezado por los espíritus del espacio y que se avecina el de la tierra, cuyas señales pronto veréis(1) los que comprenderéis aun en vuestras locas negaciones, por que los más, ya han sucedido (insensibles a vuestra alma, anestesiada), pero no pasaron desapercibidos para vuestros espíritus, ni para los hombres que formaron el tribunal.

PÁRRAFO V



¿A dónde va?



De lo expuesto está ya contestada esta pregunta. El espíritu va a su centro, con su archivo pobre o rico y con sus goces o sus penas. Pero hay tantas consideraciones y sublimes afirmaciones que hacer en este punto, que no me basta decir, lo que se concibe en los párrafos anteriores. Quiero probarlo todo y no dejar lugar a interpretaciones ni dudas, a la ciencia y a la ignorancia.

Desde luego, está sentado y admitido por todas las ciencias y las religiones, la supervivencia del alma; de lo que resulta esta afirmación: "Que la muerte no existe; sólo es una ficción”. Pero también, todas las escuelas discrepan en lo que se refiere al destino ulterior del espíritu. El espiritismo, en frente de todas las escuelas, sostiene y confirma. "Que las existencias de ultratumba, son una continuación de la presente: fases nuevas que con la actual se enlazan en el infinito, sin transiciones bruscas y sin absurdos rompimientos”.

El prejuicio y la gravitación de lo físico tienen tanto imperio sobre los hombres, que aún muchos de los que se llaman espiritistas, creen distanciados los dos mundos; el espiritual y el material. Es decir, el de los espíritus y el que habitamos. Conciben una distancia incalculable y nada más erróneo.

Yo os digo, apoyado en la argumentación de Jesús y en la ley de amor que traigo: "donde amas allí está tu corazón" lo que quiere decir: los espíritus (con sus almas) están donde tienen amor. Y no os asuste a los pusilánimes saber, que en vuestra propia cama, envueltos en vuestras sábanas y asidos a vosotros, están en todo momento los espíritus de vuestros muertos; si aman por amor y si odian por odio(1). Esto, os lo puede probar cualquier médium vidente de los muchos que han llegado al mundo en este tiempo para dar testimonio de los juicios, escudriñar los secretos del corazón de los hombres y leer sus pensamientos.

Al espíritu, no le rigen y gobiernan las leyes que a nuestros pesados cuerpos, sino las del pensamiento y el sentimiento. Para el hombre, hay límites naturales como las montañas y la atmósfera. Impedimentas, como la pesadez de los cuerpos que salva o contrasta, en virtud de otras leyes. Para el espíritu, el único límite y dificultad es, la ignorancia. Donde conoce, allí está; donde ama, allí vive. Podrá hallarse (metafóricamente) a gran altura sobre vosotros; más como el sol, vivifica con su esencia a los hermanos de la tierra. Por esto es impropio las palabras, muerte, este mundo, el otro mundo, si con esto se indica la transformación del ser, o se quiere significar distancia.

El ejemplo de una bola de nieve, os indica el modo cómo los espíritus progresan y llegan a la elevación y la fuerza; una gota de agua congelada, a fin de rodar por la superficie de la vertiente de una montaña y sobre una capa de su misma especie, aumentará poco a poco, hasta llegar a ser una esfera de colosales proporciones. Así el alma rudimentaria que se manifiesta solo con instintos, llega por el trabajo continuado a la fase inteligente, con la agregación de nuevas ideas y sentimientos. Esto no se verifica en una existencia breve como la que disfrutamos una vez en la tierra, sino en la sucesión de continuas existencias, en los infinitos mundos y en interminables siglos.

El cuerpo, es una forma de manifestación; un traje de los tantos que se amasa el espíritu para cada prueba.

De estos hechos verdad, nacen dos axiomas: la pluralidad de mundos habitados y la pluralidad de existencias que se suman en un solo hecho: la reencarnación, necesaria a la ley de igualdad y compensación de la justicia del creador, sin la cual, su amor, no sería la ley suprema.

No ignoro que la ciencia es recelosa con tan necesario principio como es el de la reencarnación, aun habiéndolo predicado abiertamente Jesús. Yo sé que es por el prejuicio en muchos y en los demás por que las doctrinas de Jesús fueron adulteradas por los sacerdotes y la humanidad ha caído en un escepticismo lamentable. Pero ha llegado el momento de renovar la faz de la tierra; y como a los otros mundos superiores se les dió el contrato de Dios y los hombres, a su hora, a la tierra se le manifiesta en el momento histórico de pasar a la luz, en el testamento de Abraham que se nos ha entregado, el que desde hoy, es el principio de la verdad suprema y la credencial del credo espiritismo que es, la comunión de los espíritus de luz, de todos los mundos de la cosmogonía y, ahí... es donde va el pequeñito hombre de la tierra.

Ya hemos llegado en grandes rasgos, al punto de partida del espiritismo, después de las grandes luchas del espíritu, caídas y revalidaciones y entra en su luz y es suyo todo el universo.¡No te apenes, ciego materialismo! Las almas no mueren. La materia no muere tampoco. Todo cumple su fin más pronto, o más tarde. Vosotros mismos, materialistas, llegaréis a ser grandes en espíritu, aunque os empeñéis en ser microscópicos: tardaréis uno, mil, cien mil millones de siglos... llegaréis y sólo vosotros habréis perdido, porque más habréis luchado por no querer tomar el camino que se os señala. Pero dejaréis esta existencia y a la tierra no volveréis, hasta que hayáis acatado la justicia de estas doctrinas de esta ley de amor. Se os deja juzgados para su día por la misma justicia de la materia, por que ha llegado su día y veréis que la faz de la tierra será renovada en testimonio, desapareciendo continentes viejos y apareciendo otros nuevos del fondo de los mares, en los que aún la malicia, no posó sus pies de fango.

En verdad os digo, que estas cosas están pasando y los hombres y los espíritus, serán testigos y justificarán la ley de amor y lo conocerán y amarán sus hijos todos, a su Padre Eloí, nombre universal.

Más vosotros, que insensatos habréis pasado largos siglos en lucha de armas iguales, en moradas que por vuestra voluntad elegís, a la tierra volveréis, cuando hayáis querido ver la luz y confesaréis lo que ahora negáis: que el espiritismo es la verdad y que no se puede ir más allá del espiritismo. De esto, seré extenso hasta atomizarlo en el "Código de Amor" y en el "Conócete a ti mismo" que luego os daré.

Llegado a este punto; quedando expuesto ya todo lo que el hombre debe saber para conocer "El espiritismo Luz y Verdad" que esta Escuela sostiene y proclama; con más, importantes leyes necesarias para el verdadero estudio, voy a dar cabida en los capítulos siguientes, a algunos hermanos espirituales; lo que servirá de confirmación de que, la tierra está solidarizada ya con los mundos del universo.

Sé que es demasiada luz para la generalidad de los hombres; pero no se puede ya tener miramientos con los que niegan el espiritismo por sistema y aún menos con los espiritualistas, antagonistas feroces del espiritismo, si se queman sus retinas, no es culpa de la luz, si no de su hipócrita vista que se ha disfrazado con anteojos ahumados y de otros colores, con los que amalgamaron la Electro-Luz del Espíritu. Y además ellos son causa de las acusaciones que les hacen en justicia y autoridad. Leédlos y meditad.