CAPÍTULO IV

La comuna es el régimen único del espiritismo

Fuí lacónico en el capítulo anterior, para dejar más patente la majestad de la eterna verdad descubierta; pero en otro gran capítulo veremos, que no se puede ir más allá del espiritismo.v Mas de esa verdad del reinado del espíritu y por tanto del espiritismo, surge necesariamente, un cambio de régimen económico-social, como sucede en un cambio de forma de gobierno en cualquier nación; solo que ahora se cambia de forma en toda la tierra, bajo la sola constitución de la ley de amor, borrándose las fronteras y estableciéndose la comuna de amor y Ley.

No se asuste nadie de esto. Es decreto del creador para todos los mundos desde su juicio de mayoría y su justicia se encarga de allanar todos los caminos quitando todo lo que estorbe, como lo promete por Isaías, cuando llama a Jacob para entregarle las nuevas tierras, los nuevos cielos y el nuevo sol; y nadie perderá, más que aquel que se oponga al decreto absoluto.

Más los pueblos todos (con sus gobiernos a la cabeza) van a la comuna sin darse cuenta (aun sin el acto de justicia) que aunque fuese más paulatinamente, llegarían, porque la ley empuja. Por esto hicieron contratos máximos de 99 años; luego de 50; después de 25 y todos vienen a terminarse en un mismo tiempo, pasando (sin pensarlo) todo, ferrocarriles, tranvías, telégrafos, usinas de luz, obras hidráulicas, etc., etc., al fondo común ¿Y para qué pasa esa riqueza producto de la unión de las fuerzas, al poder del pueblo? ¿Pasaría para mantener parásitos, supremáticos, improductores, o servirles de tren a los autócratas? No dudan los jefes de estado de que están en los tronos porque el pueblo lo quiere, porque solo él es soberano. Y con tiempo, el pueblo, el verdadero pueblo, se ha retirado de las religiones, porque sabe que éstas los anestesió y ha hecho feudos suyos a los estados, para lo que habían prejuiciado las conciencias y levantado la caridad para acallar un momento más el hambre del trabajador, al que no le han reconocido derechos, hasta que se emancipó de las religiones.

Pero es porque llegaba la hora de la liquidación de cuentas y comenzaron a manifestarse con tiempo los espíritus fuertes, para la hora de la justicia y se rieron del dogma en la misma cara de los pontífices, los que quisieron entonces (viéndose perdidos) reformar los vetustos edificios, pero era ya tarde. Ya se oía el rugido del simoun; y ellos reformando y el pueblo diciéndoles: "Te conozco aunque te disfraces; no caeré en tus redes otra vez; sabemos a lo que venimos y ya, no solo pensamos, sino que razonamos, mientras esperamos la consigna".

Pués bien. La consigna la dará el mismo Eloí por el Espíritu de Verdad y la naturaleza toda hará la renovación de la tierra en su faz y caerá todo el que estorbe para el cumplimiento del decreto absoluto. Y se sabe el tiempo máximo en que ha de suceder. ¿Queréis adelantarlo y que sea más terrible? Continuar en la oposición y habréis acortado la transición los que no estáis dentro de la ley; pero pueden estarlo todos los que viven en la tierra; basta acatar la ley de amor; basta comulgar en el espiritismo, que no es religión, ni tiene ritos, ni dogmas, ni cultos grotescos, ni sacramentos pudibundos, ni gracias, ni perdones; pero tiene justicia en equidad, que es por lo que el pueblo lucha, trabaja y espera la consigna que en sus espíritus saben.

No quiere el pueblo guerras. No quiere el pueblo parásitos, porque la ley del creador es paz; es trabajo obligatorio pero trabajo productivo y anula toda supremacía, porque el espiritismo quita todo error.

Esto es lo que asusta al parásito, al autócrata y al plutócrata. Pero oíd bien: no hay que asustarse porque, "ángeles y, demonios" son hijos de Eloí y a todos los llamó en el juicio; pero que por la armonía, por la justicia de su ley, señaló a cada uno la morada correspondiente conforme a sus afecciones. ¿Quién se quejará si al fin el que se sale de la tierra (que ya es bello jardín en el que su propietario Eloí quiere pasear entre sus trabajadores ya mayores de edad), quién se quejará digo, si sale por voluntad propia?

La ley que se da, es de derechos y obligaciones iguales, para cada uno según su grado, pero en común, porque solo tiene el universo un tesorero y ese es el Padre, que declaró mayores de edad a los hijos de la tierra, porque acataron y observaron su ley de amor en el trabajo y la procreación. Y la tierra pertenece a los trabajadores en usufructo común por todo el Séptimo día y el Padre se las entrega, quitando los lunares que afean el jardín. ¿Quién se resistiría a su mandato?

Yo os digo, hombres, que es su decreto absoluto y lo dió a la tierra, por Abraham, padre de los misioneros, hace 40 siglos ya, para que los hombres estuvieran preparados y llega, porque decretó para todos los mundos la comuna, después de su mayoría de edad; después del juicio final; y este se celebró, dando una transición a las tres generaciones existentes en la tierra, en cuyo tiempo todo se habrá renovado. ¿Pero será hoy? ¿Mañana? El juez vino a presenciarlo: pero día y hora, está solo en el secreto del absoluto designio, en el que nadie penetra. Pero renovará la faz de la tierra; borrará todas las líneas que hacen al hombre extranjero al otro lado; aparecerán nuevas tierras; nuevos cielos y nuevo sol. Y él mismo establecerá la comuna. ¿Cuándo? Sabed solo que estamos en el día del hecho y El es el propietario y llega sin pedir permiso. Mas el juez que él mandó, ya le ha entregado el libro de la vida. En él están inscritos los redimidos y el Espíritu de Verdad todo lo confirmó en su nombre. Estad, pues, siempre preparados para recibir a vuestro Padre Eloí y que no os sorprenda con las luces apagadas.

La comuna, no hace bajar a nadie: a todos los eleva en justicia, por su grado: Pero no puede consentir sufrimientos morales, ni menos materiales, ni odios, ni injusticias, ni desigualdades y para todos, la ley es el trabajo. Pero llega una nueva fuerza que sustituye a todas las fuerzas y esa no se agotará jamás. Llegan muchas semillas y ya, la vida no será a costa de otras vidas, ni los brazos del hombre han de ser la máquina, sino el director de las máquinas. La fluidez de la tierra dará mil por uno que hoy nos da, porque ya, su atmósfera será oxígeno puro, desde que no la envolverán los malos pensamientos y deseos de destrucción y todas las virtudes, serán una sola virtud: el amor de hermanos.

¿Pensáis, acaso que hay algo prohibido de las artes, ni de las ciencias, ni de nada necesario a la vida y al asueto? No tal; todo es del derecho del hombre; y cuanto más progresa, más bienestar se crea; pero el labrador y el ingeniero, el artista y el astrónomo; y desde el último que acató la ley hasta el maestro Nato, todos tienen los mismos derechos y obligaciones en armónica libertad, dentro de la ley única, en la más justa equidad.

Los que sí acaban son, los señores; los supremáticos; los parásitos; el orgullo y el odio; esto no cabe ya en la tierra; es de los seis días pasados; pero ni aun a ellos les quita la ley su afección; sólo les dice: "En la tierra se establece la comuna bajo la ley de amor, con solo el credo universal espiritismo; no hay más ley de progreso que el trabajo; si no queréis esta ley, el Padre os preparó otra morada conforme a vuestros gustos; allí id y hartaros; y cuando llaméis, os contestará esta misma ley". ¿Quién puede quejarse de la injusticia? Pero hay otro temor en los supremáticos, parásitos y detractores y es la represalia del pueblo, porque saben que lo han agobiado, que lo han ahogado y transido de miserias.

Oidme bien: el pueblo es noble y por su nobleza lo habéis asfixiado y exprimídole el sudor para vuestras bacanales y os aguantó. Sabéis que a su fuerza no lo podríais resistir, porque él es la potencia popular y suyas las armas y esto os lo advirtió Napoleón. Pero los trabajadores de hoy, no vinieron a vengarse y os aguantaron aunque les negáistes el pan que él creaba y se lo acaparábais con el oro (que tampoco vosotros sacábais de la mina) y todo os lo aguantó, porque esperaban y sabían en su espíritu que llegaba su Padre a igualar a todos sin represalias y acataron la ley sin pensar en castigaros, porque en su corazón está la bondad; en su alma el sentimiento; en su conciencia la tranquilidad y en su espíritu el amor de hermanos única Ley de Eloí su Padre que esperaba y que ya llegó.

El pueblo no quiere represalias, no quiere venganzas y hasta protesta de la guerra; y van a ella, solo porque los prejuiciásteis con otro engaño, no tan miserable como la religión, pero sí tan pequeño como es el de la Patria, que nació de las religiones y es la misma cadena de hierro; pero ésta se oxidó y se ha roto y ya no hay fuego que pueda fundir otra, porque salió el sol de la santa libertad del pensamiento y el pueblo se ha hecho libre, teniendo y cumpliendo las constituciones que en preparación de una constitución universal el pueblo se creó a costa de sus luchas y sangrientas epopeyas a que los dos errores de religión y de patria los llevó; pero el espíritu trabajaba para llegar a este final risueño de la familia universal de la comuna en el reinado del espiritismo, que no habéis podido ahogar (como se ha pretendido) en su nacimiento y es porque era el decreto absoluto del Padre universal Eloí que, por ser su credo, es inmortal y nunca pasa.

El pueblo no es vengativo y os llama con amor de hermanos, no negándoos lo que a él se le ha negado siendo todo suyo, pero os lo ofrece en común y nada para nadie en particular. No hay quien niegue que todo es del pueblo trabajador, porque él todo lo ha producido: hasta el oro con que se acapara su sudor para encarecerle la vida. Suyas son las máquinas que la supremacía y la autocracia convirtió en armas de destrucción de ese mismo pueblo y habéis sacrificado muchos millones de seres de los que tenéis que responder; pero que a pesar de tanta inmolación, el pueblo se multiplicó en número y fuerzas por la libertad del pensamiento y rompió las vallas de las fronteras, por la asociación, sin faltar a las constituciones y esto es sabiduría del espíritu. Si los hombres y los pueblos se sublevan, es por leyes sociales de opresión contrarias a las constituciones, que son de unión y libertad.

Mas si el pueblo en su nobleza, os llama y os admite en amor al trabajo común y al usufructo común, no lo provoquéis porque luchará la última vez y no será responsable, si no los que lo provocan, que serán arrollados y pisoteados como reptiles y sin odio; porque las cosas de justicia, no se manchan de venganza.

Ha sido ultrajado el pueblo por la religión y la supremacía: y de entre el pueblo ha salido alguna nota discordante; pero ellas son de dos clases y de las dos es responsable el orgullo y la maldad de los que se llaman religiosos, o supremáticos, autócratas, plutócratas y sangre noble, o señores, que nunca doblaron el lomo al trabajo.

Las dos clases de notas discordantes a que me refiero que de entre el pueblo han salido y que sirven de base a denigrarlo, no son del pueblo, sino provocadas por los mismos opresores: porque si la una es dada con escándalo por un verdadero hijo del pueblo, es un exaltado por el prejuicio, por la opresión que le ahoga y por la ignorancia. Y de esto, ¿quién si no la maldad y los poderes autócratas son responsables? Paga y sostiene el pueblo las universidades, ¿por qué no se le educa y se le hace justicia verdadera y esas notas discordantes no las dará jamás el hijo del trabajo porque no están en él? Solo la ociosidad es la madre de todos los vicios.

La otra clase es más triste. Son seres degenerados por el odio; pero son los mismos supremáticos, ciegos, que para vengarse de un plutócrata y de muchos que por ambiciones iguales en existencias anteriores le frustraron en algunos hechos, reencarnan entre el pueblo, para vengarse así de sus dos enemigos a la vez: de los supremáticos como él y del pueblo noble al que afrentan con sus hechos; pero no son hijos del pueblo trabajador, sino enemigos del pueblo en espíritu, aunque estén entre el obrero y son los comerciantes de mujeres, jugadores, etc., etc.

No hago aquí más que decir la verdad estrictamente, por que en el "Código" y en el "Conócete a ti mismo", está esto anatomizado y en esos libros lo veréis claro en toda su desnudez como la verdad, por lo que voy a cerrar este capítulo diciendo:

La comuna llega, porque es decreto absoluto del creador para todos los mundos después de su juicio de mayoría y nadie puede evitarlo, porque la ley de justicia está encargada de implantarla, con dulzura o con rigor, según sea provocada por los detractores del espiritismo. Que el espiritismo es la omnipotencia y es todo el universo solidarizado; por lo que, no es obra solo de los espíritus y hombres de la tierra, sino de todo el universo, de donde nace su omnipotencia. Y por fin; que esa omnipotencia es omnímoda, porque el único maestro del espiritismo universal, es el omnímodo creador nuestro Padre y manda inexorablemente, la implantación de la comuna, para lo que mandó un juez hombre, hijo del hombre y a él, su ministro secretario, maestro de los maestros en el plano primero: el Espíritu de Verdad, que ya rige la tierra como todos los mundos de luz y progreso de su plano, desde el día de la sentencia del juicio.

Ahora bien: ¿Será el mundo cuerdo para recibirla y en ella al Espíritu de Verdad y a Eloí, demostrado en la nueva luz directa de su centro vibratorio? Muéstrese el mundo como le plazca; pero lea a Isaías, por el que prometió Eloí a Jacob para este día, que quitaría de la tierra todo lo que estorbe .¿Quién estorba? Meditad.