CAPÍTULO II



El juicio final y universal



¡Cuántos cuentos fantásticos e irracionales se han hecho del juicio final! ¡Qué escandaloso comercio hizo la iglesia católica y cristiana de ese acto que ha pasado desapercibido para sus materias!... Hasta parece que lo han tomado por una broma las religiones cuando tanto lo charlatanean en busca del dinero de los horrorizados creyentes prejuiciados, que están temiendo la caída de los montes que los aplasten; los huesos bailando, buscando sus compañeros para armarse en cuerpos y salir de las tumbas para oír el "Id malditos de mi Padre, al fuego eterno, que os está preparado"... ¡Farsantes!... ¿Temeríais por esto quizá al espiritismo, que os desmentiría? Pues nunca la tierra disfrutó de mejor fondo azul que el 5 de abril de 1912, día en que se cerró el Juicio y se firmó la Sentencia. Y ved la ironía de la justicia divina: Se pesaban todas las conciencias, durante las tres horas en que rememorábais la agonía de Jesús (pues fué Viernes Santo ese día), y mientras levantábais (en la intención), el patíbulo del Gólgota, el Juez del Padre, el anunciado por el mismo Jesús; el hijo del hombre que había de venir y el mundo lo recibiría, derribaba y enterraba para siempre en la tierra, la cruz y el Cristo; se justificaba a Jesús por toda la cosmogonía y el Espíritu de Verdad, posando su ancla salvadora sobre el acta que firmaba el Juez, era investido Jesús con la palma del vencedor y, el universo lo saludó................................. ................................................................................................................ Todo está escrito y lo leeréis en su día; pero no se puede menos de recopilar aquí un algo del acto más tremendo, más trágico y majestuoso que los mundos tienen y no se repite. Voy a dejar a la pluma decir la esencia, dando la primer palabra a Eloí en el testamento de Abraham.

"Y los siglos serán 36, desde que escribiré mi ley, hasta que la tierra la sabrá; y de este siglo mis hijos serán de luz, porque verán la luz de su Padre que les darán mis espíritus".

Isaías y todos los profetas y más tarde el apocalipsis, nos señalan diciendo que sería el juicio, "cumplido el tiempo, los tiempos y la mitad del tiempo" y nadie comprendió la fecha.

Mas fué dicho “Y los siglos serán 36, desde que escribiré mi ley, hasta que la tierra la sabrá". De Abraham a Moisés, son próximos 4 siglos; de Moisés (que escribió la ley) a Jesús, 18 siglos incompletos; y de Jesús al advenimiento del Espíritu de Verdad que él anunciaba, 18 siglos completos, que son 40; menos 4 de Moisés a Abraham, son los 36 siglos marcados por Helli a Abraham. Son éstos, "el tiempo, los tiempos y la mitad del tiempo".

Todos los profetas y Jesús dijeron: "Estad preparados porque la hora está cerca y no os tome como ladrón de sorpresa”. Y, efectivamente; (como han pasado todos esos siglos, que en el tiempo eterno no son un minuto...) a todos los cogió entretenidos y con las luces apagadas; no lo esperaban ya y mayor fué su sorpresa.

Mas las trompetas espirituales sonaron en las conciencias muchas veces, desde el 28 de Enero de 1912, en que se llamó a juicio por el Espíritu de Verdad, desde el tribunal de la tierra; porque desde ese día, se celebraron juicios particulares para oír las justificaciones de todas las religiones, en solidaridad cada una; a los estados civiles; a los libertinos y a los jefes de estado, quedando así todos preparados para el día de la sentencia.

Mas, si en todos los juicios no perdió la serenidad el Juez, le fué doloroso tener que recibir a justificarse al precursor Kardec porque sobre el espiritismo pesaba la amalgama espiritualismo. Las lágrimas de Kardec, no podrían menos de doler al hombre; pero la justicia es inexorable y el mismo Jesús fué el primero que dió el ejemplo justificándose ante el hombre, aun antes de ser formado el tribunal, con lo que quedaba Jesús, como intermediario entre los que se habrían de justificar y el juez que los habría de oír por el Padre y dió a cada uno lo suyo.

El acto de la sentencia duró 5 horas, que fueron como 5 millones de siglos para los que no esperaban prevenidos. Pero todo fué, según estaba ordenado por el Espíritu de Verdad, juez del juez.

A las doce meridiano en punto, se había constituído el tribunal, presenciando el acto 30 testigos más, muchos de los cuales, habían presenciado y oído los juicios particulares. Al dar las 12, se dió en la tierra la voz de "Juicio" a los cuatro vientos, en cuyo momento rompían el silencio de los espacios, las trompetas espirituales que herían las conciencias de todos los hombres de la tierra, cuyos espíritus eran sacados de sus cuerpos por la fuerza de la justicia, para comparecer ante los tribunales que eran tres: el de derecho, compuesto en la tierra por un juez y dos asesores; el tribunal permanente de la humanidad desde la venida de Adán y Eva y los misioneros, compuesto por los espíritus conocidos de Miguel, Rafael y Gabriel: y el tribunal Supremo de Justicia, por el Espíritu de Verdad y sus consejos.

Tan pronto se hubieron dado las voces en la tierra, el Juez, con sus asesores, en desdoblamiento, arrastró a toda la mayoría de la tierra hasta Sión, punto del tribunal de justicia, el que ya esperaba preparado con el tribunal permanente a la cabeza; y al llegar la mayoría de la tierra, espíritus libres y encarnados, guiados por Abraham, María y Jesús y todos los misioneros... todos a una voz dijeron ¡Justicia!...

En ese momento, llegaron a Sión todos los maestros de la cosmogonía y los tribunales del plano primero, encabezados por el del Sol, nuestro Padre en la materia. La columna se puso en marcha, viniendo a la cabeza el tribunal de la tierra, precediéndole las trompetas espirituales que resonaban estridentes en todo el universo y decían: "Un mundo va a ser juzgado"... Precedían al Tribunal, toda la mayoría de la tierra; detrás, el Tribunal permanente que traía las insignias de la justicia; detrás de éste, el Espíritu de Verdad con sus Consejos y les seguían todos los Tribunales y el universo infinito, cantando Hosannas.

Llegados a la atmósfera de la tierra, el sol, que alumbra más que nunca por la limpidez azul y luz que daban las interminables columnas de espíritus puros, apenas el sol era un crepúsculo ante tanta Majestad.

En ese instante, se formaron dos grandes anillos cruzados que envolvían la tierra, con los espíritus de la cosmogonía. De la encrucijada o vértice, el Espíritu de Verdad colgó su ancla, dejándola caer hasta la mesa del Tribunal en la tierra, sobre el acta (que ya se encontraba labrada sólo a falta de firmar), y quedaron constituidos arriba, los tres tribunales espirituales, el de derecho, el permanente y el de justicia, formando el triángulo. El Espíritu de Verdad dijo en toda su Potencia y Majestad..."¡Hijos de la tierra!...Venid a juicio, la hora es llegada"...

Cuadros terribles se veían en ese instante; todos los hechos de los hombres pasaban a la vista de todos. Querían cubrirse para no mirar y huir, pero en vano; había que verlo, leerlo, acusarse en verdad cada uno a sí mismo; y mayor era la estupefacción, conociéndose los hombres de esta existencia, en todas sus anteriores, viéndose antropófagos, verdugos o tiranos. Pero el momento más terrible fué al llegar el martirio del Gólgota, que era en la misma hora que los sacerdotes lo celebraban en sus iglesias: aquí querían no ser, mejor que verse acusados en sus conciencias y llegó el estupor al máximo, al ver que las cuentas de todos habían llegado al día presente ajustadas y se veían completamente desnudos, todos los que se creían supremáticos; querían romper lanzas con los que tan miserables creían; los trabajadores. Ellos, que en espíritu se veían desnudos y con sus cuentas sin pagar, estando sus cuerpos vestidos de púrpura y oro, o de un correcto frac, u otras vestimentas supremáticas, viviendo bajo torres y cúpulas que en aquel momento solo servían para acusarles y aun no se desengañaban de su impotencia.

Pasada su historia ante la vista de cada uno, el juez, rememoró, cómo en todos los tiempos se les había avisado y que al fin, les sorprende el juez desprevenidos. Pero que no teman; pues no van a oír la terrible voz de "Id malditos al fuego eterno", porque el Padre es todo amor y tiene sus moradas hospitales preparadas, las que se os muestran en este acto para que aun podáis asiros al ancla, acatando la ley única de amor, que nos da en el Código nuevo.

En ese instante, el gran Dante con otros muchos, arrastró a todos a los mundos primitivos y no a todos les horrorizó. Ahora se les concedió la defensa, haciéndolo uno por todos los que no acataron, que fueron separados a la izquierda. Hubo grandes incidentes, siendo de notar uno, que reaccionando en aquel acto, se destacó de la grey cristiana; y después de una arenga hermosísima y valiente (en posesión del médium) y ya asido al ancla, desafiaba él solo a toda la grey; y como no podían acometerle los jefes, esta impotencia, levantó el ánimo en la deprimida grey y se le sumaron al valiente 3.755.000, que dijeron: "Somos conformes en ser los últimos y acatamos la ley". María entonces, seguida por Jesús y los misioneros se cubrieron su desnudez con vestidos de luz y aun se concedió un momento de reflexión, mientras el Espíritu de Verdad, en posesión, hablaba en el tribunal de la tierra, aclarando puntos y declarando el juicio terminado. Eran las tres en punto cuando se firmaba el acta.

Este fue el terrible momento: el Espíritu de Verdad descubre toda su luz y parecía hincharse como si no cupiera en toda la cosmogonía y, de un soplo barrió todas las tinieblas de la atmósfera. La luz de la tierra empezó a verse en los espacios, y un... "¡Salve tierra bella, hija del sol, tus hermanos te saludan por Eloí; eres nuestra hermana menor, nuestro Benjamín; y nuestros amores más tiernos, son para tí. Loor al juez y su tribunal; loor a la madre de los misioneros y sus hijos; loor a todos los trabajadores; loor y alabanzas al maestro Espíritu de Verdad. Cantemos todos un hosanna al grande y único Eloí!"

El espíritu de Verdad, entre cantos y hosannas, vuelve a soplar y arrastró del espacio a todos los que no habían acatado la ley y estaban en espíritu, dando una transición de su presente existencia a los encarnados. Partió con su carga asida al ancla la humanidad redimida para presentarla al Padre y volvió para decir por boca del juez: "Consumatum est", y declaró la tierra en su Séptimo día, dejando a Jesús en posesión del médium para declarar el estado en que quedaba la tierra, terminándose el acto a las 5 de la tarde.

Ahora bien; lo expuesto no es más que a título de participarlo al mundo, pues todo está escrito para darlo luego con todos sus pormenores. Entre tanto, pensar, que todos estáis juzgados y sentenciados; y oyendo la voz de vuestro mismo espíritu, sabréis si estáis en la ley o fuera de ella y aprovechad la transición que cada uno tiene en su presente existencia. Si en la ley estáis, quedaréis a disfrutar de la unión de los dos mundos (el material y el espiritual) bajo el solo credo espiritismo; bajo la única ley de amor y con el solo Eloí para su adoración en espíritu y verdad, cumpliendo todo lo prometido y observando este solo mandato: "Ama a tu hermano".