PARTE TERCERA



CAPÍTULO I



El reinado del Espiritismo




"Y los siglos serán 36 desde que escribiré mi ley, hasta que la tierra la sabrá; y de este siglo mis hijos serán de luz, porque verán la luz de su Padre que les darán mis espíritus", le fué dicho a Abraham; y en otra cláusula, "Y tu hijo Isaac y los que después serán, hablarán con mis espíritus, que ángeles llamáis".

Todos en el mundo saben, que Abraham entregó un testamento secreto, el que sólo pasaba a los primogénitos. Este testamento, aquel precioso pergamino (piel de cordero) el original, fué enterrado por Moisés momentos antes de la batalla que sostuvo contra Aytekes cerca del mar Rojo y sobre él dejó la piedra ungida por Jacob, como señal. La piedra fué encontrada y recogida por los soldados de Faraón (que bien la conocían), y se la llevaron. Esa piedra existe y sabemos dónde está y es la misma en que Jacob reclinó su cabeza en Bhethel, cuando tuvo la visión de la escala. Mas los pergaminos seculares, perdida la señal, no fueron encontrados y la tierra de Egipto los consumió.

Pero el Espíritu de Verdad, que había hecho todas las promesas a Abraham en nombre de Eloí, no lo puede olvidar; ni Moisés, que era el mismo Jacob, podría olvidarlo y tampoco había de olvidarlo Abraham, a quien se lo dictara; y en el día de la Justicia cuando se cumplían los 36 siglos de la ley escrita en el Sinaí, fué dictado de nuevo aquel testamento, para probar que Eloí, nada deja de cumplir; y hoy, cumplidos los 36 siglos, la tierra toda sabe la ley de amor, en sus espíritus. Para las materias, se ha escrito en un "Código" y se cumple la promesa de que: "Y tu hijo Isaac y los que después serán, hablarán con mis espíritus, que ángeles llamáis".

Pero si se había prometido a Abraham en un testamento (que es el contrato de Eloí con la familia misionera que vino a salvar a la humanidad, ese testamento, era secreto, porque contenía las promesas que se cumplirían 40 siglos después) en la mitad de los tiempos, es mandado Jesús a recordar la misma ley; y lo justifica a sus perseguidores los sacerdotes, diciendo: "Yo no vine a invalidar la ley, sino a cumplirla"; y el Padre, renueva su promesa en Jesús, cuando dice: "Yo vengo en nombre de mi Padre, y no me recibís; más otro vendrá y a aquél sí lo recibiréis; más en aquel día serán pesadas todas las cosas y el Espíritu de Verdad descenderá al hijo del hombre y confirmará mis palabras". Todo queda cumplido; quedando sólo en este momento por cumplir, la renovación de la faz de la tierra, por la que han de aparecer nuevas tierras, nuevos cielos y nuevo sol, prometidos por Isaías. Pero si falta ese acto, en este momento, todo está preparado para el reinado del espíritu, el que se proclamó el día de la sentencia del juicio final; y esta renovación que llega, es mayor y alcanza a más que la transformación del globo terráqueo.

Ni fué hecho el juicio en secreto; porque aunque fueron sólo 32 los testigos presenciales y firmantes del acta del juicio, los espíritus todos libres y encarnados comparecieron y las materias prejuiciadas y materializadas de los hombres, no se han dado cuenta: y ni aún los centros espiritistas o espiritualistas han entendido a los espíritus, que les han dicho lo bastante; pero hecho queda y el juicio no se repetirá otra vez en la tierra.

He sentado los textos citados, no por la necesidad para justificar el reinado del Espíritu, que ya llegó, sino por los hombres que no lo sabían, porque los han olvidado; pues a mí, me bastaría decir los hechos como son, ya que los espíritus libres y encarnados lo saben. Pero tenía que demostrar que todo lo prometido con 40 siglos de antelación por Eloí, se ha cumplido y yo, cumplo mi deber diciéndolo, créanlo o no los hombres.

Más tampoco (a pesar de mi retiro) , he estado en silencio. Levanté la voz ante una bien concurrida conferencia y probé (en breves, pero contundentes palabras) "que la verdad espiritismo es eterna; y que cambian los hombres, pero no la verdad espiritismo"

"Que el espiritualismo es la amalgama y el antítesis del espiritismo; por lo que, siendo el espiritualismo el conjunto que admite todos los credos religiosos (y todas las religiones son un error), el espiritualismo por ende, es el error de todas las religiones y falsos principios".

"Que el espiritismo es bandera de guerra al error; y que ni Jesús, ni profeta alguno había levantado templos, ni hecho religiones y así, el espiritismo, venía a anularlos a todos: que el espiritismo era verdad hoy y mañana y lo será eternamente: que es el credo único en todo el universo y que el espiritualismo ha sido hecho sólo por las religiones y en él militan muchos engañados; pero sus directores son prevaricadores. Que el día de descubrirse la verdad ha llegado y el espiritismo se asienta en su reinado".

Esta declaración hecha tres meses después de celebrado el juicio final, sirvió sólo para ser más perseguido y calumniado por los espiritualistas. Y ¿qué importa, si al fin, los hechos hechos son? Sólo que les será más doloroso el momento de la evidencia material de los hechos y no valdrá decir ¡Ignoraba! porque, los cuerpos, ni aún el alma son responsables de nada en la tierra, ni fuera de ella. Sólo el espíritu responderá y él sólo es el llamado. Por esto, al espíritu se le habla y no ignora los hechos.

Ahora bien: ¿qué quiere decir el reinado del espíritu? ¿Pensáis, acaso que se eliminan los cuerpos? El cuerpo es el instrumento con el que el espíritu opera la creación y el eterno progreso en los mundos y por tanto, el espíritu, no sólo no prescinde de los cuerpos en su reinado, sino que obra el cuerpo en conciencia de su alma, regido al descubierto por su primero, el espíritu, sin que les falte nada en sus derechos de ley sobre la materia, pero espiritualizado todo conforme a la ley del espíritu, que es la ley de amor, la que deriva de sí misma para los hechos, la más estricta justicia.

El reinado del espíritu quiere decir, régimen de la sabiduría; conocimiento de causas y efectos; para lo que impone el conocimiento de sí mismo en sus tres entidades de cuerpo, alma y espíritu, reinando en todo, la razón.

El reinado del espíritu, lleva consigo la demostración de la fe por las obras y mata la fe ciega "que es muerta como el cuerpo es muerto sin el espíritu", como lo dejó dicho en sus cartas de justicia, el apóstol Santiago.

El reinado del espíritu es, matar todos los prejuicios de religión, de ídolos, de dioses, de ciencias, supersticiones y agoreísmos: declara un sólo adorado en todo el universo, sin formulismos ni templos; sin dogmas, ni sacramentos; pero declara por única ley el amor y la justicia por la justicia misma.

El reinado del espíritu, pone término a todo error científico sobre las hipótesis; declara los axiomas; llena todos los vacíos; acepta la matemática condicional, pero la sujeta a la matemática pura; a la razón metafísica que eternamente abre camino a los números: y en fin, establece la verdad real y eterna de la vida continuada. Este es el reinado del espíritu en su esencia, por lo que, necesariamente habría de ser combatido por los enemigos del progreso y de la civilización, ya que todo esto obliga al trabajo productivo y éste es siempre duro porque arranca gotas de sudor de la frente del trabajador y los parásitos, los supremáticos y los vampiros, no se amoldaron nunca al trabajo. Pero llegaría el complemento del "tiempo, los tiempos y la mitad del tiempo"; la faz de la tierra sería renovada en el reinado del espiritismo, que aunque en este momento sea desconocido, él está ya en su asiento y rasgado el crepúsculo y solo falta la publicación; la celebración de las fiestas del establecimiento de su trono; mas sabed que está dicho: "que una estrella caerá y arrastrará la tercera parte de la tierra y las dos terceras partes de la humanidad". Y esto ya está preparado para el momento en que el Padre diga: "Fiat". Y hecho será.

¿Está este momento lejos? No os diré más, sino que las generaciones presentes sentenciadas lo han de presenciar y la vida de un cuerpo no es muy larga. Mas día y hora, no se sabrá, porque eso es el secreto de los designios impenetrables de Eloí. Mas si quiere el mundo adelantar los hechos provocando la justicia, desoiga, niegue, oponga su locura a la sentencia; pues el terrible acto puede ser más dulce o más amoroso, pero será.

Mas, también al que más le interesa que estas cosas no llegaran nunca, se le avisó antes del juicio; se le negó poderes de perdonar y derechos divinos, anunciándole que, "El reinado del espiritismo estaba en nuestros días". Y como a él, se le dice a todo el mundo y se rasga el crepúsculo y el espíritismo se asienta en su trono, que es la vida eterna y continuada, de la que es actor por mandato del autor de la vida universal que reina en el universo y establece en ley y justicia el reinado de sus hijos los espíritus de luz, que ha de empezar en los mundos de expiación regenerados por un juicio de mayoría y para ello, para este reinado de paz, justicia y amor, separa sus hijos "negros de hollín" a las moradas de su afinidad, donde se curarán de su ceguera; donde se hartarán de sus pasiones y el sufrimiento que ellos mismos se proporcionen a su voluntad, les hará pedir la justicia; porque hasta ésta somos nosotros mismos los que nos la hacemos, porque, el Padre es solo amor, hasta en este caso el más extremo que en los mundos ocurre una sola vez en su vida y es, cuando la esfera del designio del creador marca el momento del reinado del espíritu. Y... aún somos nosotros mismos los que movemos la aguja de esa esfera, pues se mueve solo por las obras que realizamos. Os lo quedo advertido.

"Mas vigilad y orad", os dijeron; lo que hoy se traduce, meditad y pedid, porque llegara sin aviso y como Jesús dijo "Como ladrón de sorpresa". Porque como todo el universo es su casa, no necesita anunciarse para visitar sus moradas. ¿Estáis prevenidos con las luces encendidas? ¿Seréis admitidos a la fiesta? ¿Os tomará de sorpresa? Habréis sido imprudentes y será entonces el "rechinar de dientes" en la impotencia.

El llega con su luz y la deja en la tierra para credencial de los que mandó; y él que firmó la sentencia ante el universo y bajo el ancla salvadora del Espíritu de Verdad, lo dice a vuestros espíritus dejando cumplido su deber: porque, los cuerpos, ni aun las almas, no son responsables de nada y sólo el espíritu es responsable y a él es el llamado: la mayoría contestó y por esto fué hecha la justicia, pesadas todas las cosas y el acta firmada; y desde aquel instante tan terrible como majestuoso, reina el espiritismo en su asiento, que es la vida eterna y continuada.