CAPÍTULO IV



Consecuencias del mal uso del espiritismo



No voy a catalogar las consecuencias del mal uso del espiritismo. No se escribe ya para prevenir, sino para corregir a los que están en la transición y porque esto es (a modo de memoria) para que rememoren todos en la vida feliz del Séptimo día, hasta donde llegó la insidia y la hidrofobia en los detractores de la causa única y puedan así los espíritus (en sus desdoblamientos cuando encarnados), llevar la medicina a los mundos donde van los detractores, para corregirlos allí al llegar este único credo del universo; porque nos compete a nosotros hijos de la tierra llegar a ellos como mayores, como a nosotros llegaron nuestros mayores; pues todo en el universo es armonía y reciprocidad por mandato de la ley suprema y única de amor.

Voy pues, a señalar algunas consecuencias, las más grandes que ocasiona el mal uso del espiritismo, las que servirán de ejemplo para apreciar todas las demás.

La más grave y funesta consecuencia del mal uso del espiritismo es, el engaño de sí mismo: la generalidad de los hombres aceptan en principio el espiritismo por su verdad de la inmortalidad y la no condenación, desde que es un axioma la reencarnación.

Un alma abrumada por los remordimientos de su prejuicio religioso-social, oye, la saludable doctrina y se siente renacer: esto no es más que la operación que el médico se ve precisado a hacer a muerte o vida, pero que sale bien de su expuesto trabajo; mas luego descuida las consecuencias el enfermo, porque se le dijo que la operación fué feliz; que aquel mal ya no lo mata; y como siente el alivio, olvida o descuida que cada molécula sacada de su organismo y que baja a la tierra, tienen afines en el cuerpo. El enfermo, no sabe este pormenor esencial y por lo tanto ignora el resultado físico–psicológico que puede operarse entre las moléculas disgregadas, afines de las que están en el cuerpo y vienen la defección, después de haber recibido el médico y el enfermo la alegría, el alivio y la felicitación de sus allegados y amigos.

Si el doctor no sabe esta psico-fisiología, comete imprudencia; pero la puede salvar tomando lección de un superior y generalmente la toman; mas el enfermo, sintiéndose aliviado y oyendo que ya aquel mal no lo matará, descuida la pauta del doctor, a lo que le ayudan los amigos y allegados, que porque ya no oyen los ayes de antes, piensan que ya no hay cuidado o peligro que temer por darle un rato más de conversación inútil y aún algunos excesos; y cuando menos piensan, muere el operado por causa del abuso.

Este es un ejemplo vivo y material de lo que pasa con el espiritismo en su mal uso y voy a individualisarlo para la buena comprensión de todos. El médico, representa al Espíritu guía, protector o afín que siempre tenemos con nosotros sobre todo en la aflicción que sin saberlo los evocamos y atraemos ya que por su ley y deber nos acompañan en todo instante uno u otro y en los casos de aflicción, todos.

En este ejemplo, el enfermo representa un alma dolorida por los remordimientos, por sus hechos, por sus dudas, por sus prejuicios y está abrumada por un terrible sufrimiento, que no puede echar de sí.

Este sufrimiento puede ser por infinitas causas; pero el hecho verdad es, que el espíritu encerrado en el alma, no está conforme ya con su conciencia y tira continuamente de los hilos de sus instintos y llama a su conciencia al reconocimiento del encerrado espíritu; pero tiene que tirar de su alma el tremendo caparazón creado y esto ha de dolerle, y porque le duele, se resiste; pero el espíritu tiene ya necesidad de salir de su encierro y continúa aumentando los dolores hasta que por fin, esa alma se decide a la operación; a la amputación de su cáscara en la que están los mismos instintos y derechos del cuerpo animal, que nunca se decidiría a la operación; pero como los sufrimientos del alma se reflejan en el organismo y el cuerpo sufre, cede éste y se deja conducir por el alma, allá donde su espíritu escucha la voz del médico, que aquí son su guía, su protector o su afín. Y se hace la operación, en una comunicación, en una conferencia, o en una lectura que le abre su cáscara y ve la causa de sus sufrimientos y recibe el consuelo, quedando en la beatitud.

Pero he aquí a los amigos imprudentes; el cuerpo del hombre, que viéndose libre de dolores, de angustias y aun de prejuicios, se ensancha en la beatitud de su alma y ésta cree que ya no corre el peligro de muerte, porque ha visto que es inmortal; que renacerá de nuevo; y no precave que todos aquellos pensamientos de "soy inmortal, renaceré y enmendaré mis pasos porque elegiré mejor ambiente y prepararé las cosas al cumplimiento de mi deber", no precave, repito, que aquellos pensamientos son errores nuevos porque lo primero que debe pensar es, en la justicia; y ésta por tener un deber ineludible, sigue abrumando al alma, porque aquellas moléculas que dejó en la operación de rasgar la cáscara, son instintos no dominados y reclaman su derecho de satisfacerse y han quedado en el cuerpo y muchas veces pueden más en los hechos que los propósitos del alma en la beatitud, con los que cae en la inacción y son autómatas de voluntad ajena, o no admiten el trato de otros hombres y esto es al fin la muerte moral, que les hará sufrir mucho más que antes de romper la cáscara. La culpa es de su inexperiencia y acaba por no matar el prejuicio del que suena en su alma "San Fulano“, "el divino Jesús" y mil otras bisoñerías que hacen sufrir mucho más que el primer error en que vivieron y que era necesario arrancar de raíz y solo hicieron desmochar y así no arrancaron el prejuicio. De ese modo, la raíz tomó más fuerza, porque la abonaron con la beatitud, que es virtud falsa si no razona; y ninguno con prejuicios, puede razonar. Por esto, la falta de energía los abate, los enmudece y se anonadan ante la magnitud sublime del espiritismo y es una muerte moral, con la agravante de no quererse defender por prejuicio: no le aprovechó la operación.

Aquí hay una nueva víctima: el espiritismo mal comprendido. Pero sabe el espiritismo todo esto y lo sufre, porque ha de llegar a desengañar al operado. La causa del sufrimiento del espiritismo, es por la ley que para todos es igual; pero el detractor se finge un espíritu de luz y aun el de Verdad y le habla al recién operado y le enaltece la caridad; le habla del divino maestro, de los santos, de los ángeles, en fin, de lo inimitable y consigue de ese pobre... mucho más que consigue de los fanáticos de su religión o credo, porque ese... pobre autómata... y sin razón, es un lunar, una mancha en la gran luz del espiritismo y dicen enfáticamente los detractores: ¡he aquí un modelo de lo que son los espiritistas!...

Este es un extremo en el que caen muchos por el mal uso del espiritismo. El otro extremo es el fanatismo que suele ser y lo es, mucho más dañino aún que los sin voluntad y los imbéciles beatos, porque el fanático, aún razona menos que el otro; pero habla mucho y discute más sin observación y éste es mas víctima que el inepto beato, porque está siempre impresionado de la hidrofobia de los furibundos detractores y es continuamente el contradictor, el turbulento en las reuniones y hace de un centro, un manicomio. Unos y otros entienden mal la libertad; unos y otros son instrumentos del detractor y la mayor parte de los adeptos del espiritismo, pasan por uno de los dos caminos, que entre los dos conducen a todas las tontunas, gazmoñerías y desaciertos; en mi examen "Buscando a Dios en su asiento", encontré que el espiritismo es el único asiento del Dios Amor, al que tuve que confesarle que el espiritismo estaba tísico de tanto sufrimiento y así es.

El espiritismo no es religión, no es fanatismo, no es ignorancia.

El espiritismo es reconocimiento en espíritu y verdad al Creador. Pero es necesario antes y primero amar al hermano, sin lo cual no se puede amar al Padre del que no amamos. El espiritismo no puede coyundarse con el error, porque él es la verdad eterna, porque es la vida; no puede amparar ni admitir la ignorancia, porque el espiritismo es la sabiduría; no puede adorar lo físico ni sentarse en ello, porque el espíritu es la eterna metafísica (que es la matemática pura) porque suya es la razón; por esto, no puede apadrinar y no apadrina a los que no razonan (beatos o fanáticos que son el microbio que causó su tisis), por lo que hoy se rasga sin miramientos el crepúsculo y con la luz omnipotente del espiritismo solidarizado, se mata el microbio por el fuego de las lenguas anunciadas; y sobre todo, por el fuego del amor al que nada ya puede resistir y, la tisis del espiritismo es curada con la muerte del microbio espiritualismo, engendrado como amalgama de todas las religiones, que ninguna pudo, ni jamás podrá probar su derecho divino, ni la verdad de sus credos: y como lo sabían, se agarraron en el último extremo, desesperados al espiritualismo, que nació y no llegó a ser hombre, porque la tisis del espiritismo se atajó en el primer grado en el que estaba cuando se hizo el juicio, siendo entonces condenado el espiritualismo, con más rigor que entre todas las religiones. Con ello la tisis del espiritismo, quedó curada para siempre.

El espiritismo llama a todos, porque es La Comuna Universal, pero para llamarse el hombre espiritista, ha de ser limpio de prejuicios: no ha de ver objeto de adoración más que en el creador y en los hombres todos, a su hermano; y en cuanto a los espíritus, reconocerá mayoría, cargo, sabiduría y progreso; pero aun sobre el Espíritu de Verdad, ha de ver sucesión de cargos y ha de tener la viva aspiración, el propósito firme de pasar de allí porque (además de que nos está mandado) esa emulación es justa y en ello se reconoce mejor la mayoría y el progreso infinito Pero en todo ha de primar la razón y de ella ha de nacer la fe en la solidaridad espiritual, con la que todo lo podéis, hasta lo que esté dentro de la justicia; pues fuera de ésta, nada conseguiréis, ni nada ni nadie, ni aun el Padre os lo puede dar; y así debéis primero conoceros anatómicamente a vosotros mismos en las tres entidades del cuerpo, alma y espíritu, sin cuya base, no podréis sentar vuestro edificio; todos los que levantéis caerán como si fueran de azúcar con agua al pie, porque solo el conocimiento de sí mismo es roca diamantina sobre la que todo se quiebra y el edificio queda impune.

Ved pues, que no hay necesidad de señalar mayores males causados por el mal uso del espiritismo, que la beatería o el fanatismo en que caen los más y de cuyos dos extremos nace el engaño que se hacen de sí mismos: por lo que yo os digo, que no toméis el espiritismo como calmante, sino como sinapismo revulsivo; el que no tenga valor para ello, vale más que no lo tome. La causa, nada gana con soldados cobardes ni locos. Las batallas sólo se ganan con soldados avisados, fuertes, cuerdos, estrategas y sabios; los que no reúnen una de estas condiciones, son microbios de muerte y hay que quemarlos rasgándoles el crepúsculo. Si ciegan, al hospital. También aquel es morada del Padre. Y cuando curaran... porque curarán, bendecirán la acción fuerte que les rasgó el crepúsculo.

Podría decirse por alguno después de lo expuesto: "Pues si tan peligroso es el espiritismo, bueno es no exponerse y militar donde me enseñaron de niño”, esto os lo han dicho las religiones y lo recomiendan así.

Voy a deshacer ese terrible error, preguntando: ¿quién es capaz de detener el progreso? Sabed, que para detenerlo; la cristianísima iglesia, levantó la inquisición; inventó los venenos; usó el puñal y los potros; la ponzoña y la calumnia y tiró por millones los hombres a las hogueras. ¿Y qué? ¿Paró el progreso? Lo mismo pasó triunfante, aplastando Tiaras y Coronas. ¿No ha de ser así si el progreso es espiritual? No vale negar ni renegar del espiritismo. El es el fin del progreso en los mundos de expiación y el Credo de todo el universo. Podréis resistir la ley todo el tiempo que queráis dentro del término del designio absoluto; pero cuando llega el momento de la justicia y ésta es concedida a la mayoría (que llegó a serlo desde el uno solitario, conquistando el terreno milímetro a milímetro y cayendo sacrificados por la cicuta, por la hoguera, el potro, la espada o la cruz...), concedida la justicia, se dice por ella: "El espiritismo es el credo y él se implanta porque es la ley universal del infinito, de mundos regenerados arriba. El que lo acepte, sea bien venido; el que no lo admita, no cabe en esta morada; elegir en justicia y libertad". Ya veis que no hay imposición, pues todo se hace en voluntad, pero... cedemos, queramos que no a la ley que es progreso.

Pero de no haber aceptado el espiritismo, a ser detractor, prevaricador y mistificador, o degradado superchero del espiritismo hay tanta diferencia, como del que nunca pecó, al sanguinario Torquemada, Nerón, Vespasiano y otros: de esa comparación, ver con cuál os quedaríais. De seguro que os quedaríais con el inocente. Lo mismo hace la mayoría en el juicio en buena ley y justicia y nadie culpe a la ley y la justicia. Cúlpese a sí mismo, porque os habéis engañado vosotros mismos y habéis llevado el escándalo a los que caminaban de buena voluntad y originásteis la tisis que ha sufrido el espiritismo en la tierra.

Y no vale no querer entrar por el aro; no hay más salida ni entrada en la vida que el espiritismo porque el espíritu es la vida y ésta, el asiento del espiritismo, y el espiritismo el asiento del creador: por lo que, el espiritismo es la vida eterna y continuada y ésta la existencia del universo y sino no existiría... y... no puede ser que no sea lo que una vez fué porque todo es en Eloí, eternamente.

No; en el espiritismo, no se puede ser débil; no se puede ser beato, timorato ni fanático. Porque el espiritismo es razón y ésta es su fé: Razonar y hacerse luz, para hacer obras que son fe viva. Lo demás es fe muerta, es fe de ciegos y los ciegos no pueden disfrutar de la vida, ni aun de la material. A esto se condenan los espiritistas beatos, timoratos, fanáticos, detractores, mistificadores y despreciables supercheros, a los que hoy llamamos espiritualistas.

Deducir del mal que señalé en el mal uso del espiritismo, todos los otros males que se originan a la causa única y descubriréis al charlatán, al agorero, al adivino, al lucrador y la superstición y todo ello es ocasionado por el engaño de sí mismo; por la timoracia y el fanatismo, que son las dos cosas principales que usa el detractor con su astucia para perder al hombre que vislumbró el camino de la luz y se empeña en extraviarlo, ya que lo perdió de su grey y, la religión no perdona jamás. Mas hay un mal, el mayor de todos que enumerar y a propósito lo dejé para cerrar el capítulo; porque todos los otros males, aunque grandes, son migajas, comparados con el mal mundial que ha originado el mal uso del espiritismo y para lo cual digo, repitiendo aquí lo que en otros libros dije: "Que el espiritismo existe en la tierra, desde que aparecieron los hombres". Y digo esto, para que no se piense que el espiritismo nació con Moisés que prohibió a los hombres su mal uso, pero que para eso les dió la ley escrita. Ni nació cuando Kardec escribió su obra, prólogo de ésta, que se da en el día de la justicia; sino que en Moisés, se marcaba ya el fin de la noche y empezaba el crepúsculo que debía anunciar el alba en Jesús, por lo que éste predicó mucho la Resurrección que es el despertar del espíritu; porque la reencarnación ya se había enseñado aunque fuese por la Metempsícosis, ya que al hombre había que hacerle temer por su fiereza. Si, el crepúsculo de la humanidad, se marcó en Moisés y el alba en Jesús, para llegar del alba plácida, al día refulgente que se avecinaba con el juicio de la mayoría, que Jesús y Juan anunciaron.

Pero en Moisés, como en Jesús; y antes y después de ellos, el mundo está dominado por las religiones que son científicamenteL1) la negación del espiritismo y del gran Eloí. Los camaradas religiosos del espacio, ven la obra que los ha de desalojar y mistifican todos los principios, para lo que usan la revelación (no sólo inspirada sino por efectos físicos como la cruz que vio Constantino y otros muchos en las terribles cruzadas), inspirándoles y hablándoles por muchos médiums que pasaron por santos, pero que todo fué obra de los detractores porque, tanto es el espiritismo para los demonios, como para los ángeles (usando el lenguaje de Abraham). La diferencia está en que los ángeles usaron como arma el amor y la vida y los demonios, el odio y la muerte; pero a pesar de caer por ellos sacrificados los profetas, mesías, apóstoles y misioneros, hasta las terribles hogueras de la Inquisición y las actuales guerras de religión y supremacía, del capital y del trabajador, así y todo sucumbe el odio y la muerte y triunfa el amor y la vida; pero se ha operado el mayor de los males que es, el haber convertido en crepúsculo tormentoso, el plácido crepúsculo de Moisés y la belleza del alba de Jesús, pasando la humanidad, por la fuerza de la ley y la justicia, de la noche al día, sin disfrutar de la bella aurora. La culpa es del mal uso del espiritismo; porque las religiones tomaron la revelación, los efectos físicos y las comunicaciones de los detractores denigrando al espiritismo y llegando al máximum de lo irracional adorando a Jesús como a Dios para vilipendiarlo únicamente.

De Moisés hasta Jesús, debió ser el crepúsculo sereno del razonamiento y en Jesús, debió empezar el alba pacífica y vivificante. De esa forma, en el siglo XV, habrían llegado los "Carros y Lenguas de Fuego" anunciadas, que no son otros que los ferrocarriles y la electricidad dinámica y con ellos, todo el progreso que hoy tiene la tierra y el hombre no lo disfrutó hasta que nacía el anunciado, que se señala por la obra de Kardec, porque había llegado la hora de la justicia. Así, el disfrute de cuatro siglos del progreso máximo material, se ha reducido a 50 años y nadie lo disfrutó, porque solo se ha usado el progreso, para oprimir y destruir al hombre.

Este es el mayor mal ocasionado solo por el mal uso del espiritismo, porque los detractores sabían, que el espiritismo desalojaría religiones y supremacías; y en vez de progreso (en esos cuatro siglos), el mundo ha presenciado las hogueras de la inquisición y los más grandes desastres en las encarnizadas guerras de religión y supremacía que aun duran en estos momentos y que solo acabarán por la justicia divina, renovando la faz de la tierra moral y materialmente: Así se descubre el día de sol fuerte que dañará muchos ojos acostumbrados solo a la noche y no han podido hacer su vista a la luz. Porque el crepúsculo y el alba, fué una tormenta que lo convirtió en noche negra y hoy, el sol de la justicia, llega a su perihelio y potente rasga el crepúsculo y las tinieblas huyen despavoridas, llevándose envueltos a los detractores. El espiritismo les dice: paz en vuestras tumbas. Porque tumbas son de muertos que han de resucitar, los mundos a donde van por su ley.

He aquí el punto en que debieron ocuparse los espiritistas que dicen que son, desde que les dió el prólogo Kardec, pero no quisieron llevar la guerra que inició aquel precursor. ¿Cómo la habían de querer, si les recomendaban paz, mucha paz, los detractores a los timoratos, o encendían el fanatismo en otros que no podían ser beatos, para de sus hechos, sacar por fruto el desprestigio, la calumnia y al fin hacer la amalgama del espiritualismo, intentando una reforma religiosa, con tal de mantener un momento más la supremacía? Pero al fin, todo se acaba y el crepúsculo se rasga: cae el error y se levanta triunfante y amoroso el espiritismo, sobre su pedestal: la Vida Eterna y continuada.