CAPÍTULO III

Las comunicaciones y manifestaciones

Los espíritus, están obligados a comunicarse y manifestarse a los hombres. Y más obligados que todos, son los misioneros y maestros; además de que la afinidad los atrae y les está mandado por la ley suprema de amor y prometido a los hombres de la tierra por Eloí, en el testamento de Abraham, para estos tiempos, cuando dice: "Y los siglos serán treinta y seis, desde que escribiere mi ley, hasta que la tierra la sabrá; y de este siglo, mis hijos serán de luz, por que verán la luz de su Padre que les darán mis espíritus. Y tu hijo Isaac y los que después serán, hablarán con mis espíritus, que ángeles llamáis”.

¿Por qué, pues, no pueden los grandes espíritus comunicarse? ¿De qué les servirá su grandeza, si lo que hacen los menores no pudieran hacerlo los mayores? Los que esto sientan; los que esto afirman, son detractores; son negros de hollín que les daña la luz; pero a pesar de eso, vienen aunque los llamen fantasmas; porque podrá el detractor no querer recibirlos; pero ¿por qué no los quieran recibir los que calumnian, no han de venir ellos faltando al mandato de venir y a la ley que les obliga? No, ellos, precisamente, porque saben la ley, porque comprenden su deber, porque no quieren eludir su deber, vienen, quieran y no los hombres; y si no los quieren recibir en comunicación, se manifiestan en efectos físicos y obligan al hombre a sentirlos y estudiar los hechos, aunque saben que los llaman fantasmas. Pero eso mismo atestiguará que vinieron y quedará cumplimentada la ley, confirmándolo los mismos negadores, llamándolos fantasmas y confirmado queda.

Se aduce por los prevaricadores, que "somos muy imperfectos“; que "nuestra atmósfera es muy pesada para que los grandes espíritus puedan llegar a nosotros, llenos de pasiones y defectos".

Cualquier inocente vería en esa filosofía un abismo de virtud, de humildad y de respeto y en realidad, lo que hay es, un océano de malicia, de hipocresía y de ignorancia; y lo voy a probar.

La perfección absoluta, no existe en los espíritus ni existir puede, porque su misión es eterna de purificar materia de lo que eternamente no acabarán porque si acabaran, acabaría la vida; y si acabara la vida, acabaría el autor de la vida y ésta es precisamente la verdad eterna, que no puede acabar.

Llegan sí (y todos hemos de llegar), a la perfección relativa a cada mundo. Pero es entonces cuando verdaderamente viven los mundos, porque están en esencia en cada espíritu, siendo ésta la eterna metafísica que opera el espíritu en el Eter, depósito eterno de la vida universal; depurar siempre. Si entrañaran los negadores en esa metafísica, encontrarían la clave de cómo el espíritu más puro puede llegar no sólo a los mundos de expiación (que ya son cuarta esencia de la materia hasta su juicio en el que pasan a ser mundos regenerados y materia de quinta esencia) sino que, el espíritu más puro, puede llegar y llega hasta los mundos embrionarios y no hace en ello más que cumplir la ley. Si no llegara allí, faltaría a su ley que no puede eludir ni quiere eludir el espíritu de Luz.

Que sufren en esas descensiones, sí es cierto; pero repito, que el amor es sacrificio; y el amor lleva impreso todo espíritu por ley ineludible, desde que el Padre lo individualiza para lanzarlo a la vida, a la demostración de la vida. Y no hay un solo espíritu (ni el mayor del infinito universo) que no haya pasado desde el mundo embrionario.

El espíritu guarda en su alma, el gran archivo de todas sus existencias de cada mundo; y más guarda y más comprende la vida, el que más viejo es, para hacer eternamente el parangón de donde se encuentra y dónde empezó. Así sabe lo que tiene que hacer, para llegar a cada grado más bajo de donde él está.

El espíritu, cuando ha de entrar en un mundo inferior, tan pronto toca su atmósfera, se viste de ella para asimilarse a la gravedad, sin lo cual, no podría estabilizarse; pero tampoco cruzar por la atmósfera podría, porque es contra la ley de atracción y gravedad y en él está esa sabiduría y esa potencia que usa por necesidad de cumplir la ley y la cumplen (aún sin ser llamados) yendo por deber y amor a los mundos embrionarios, de prueba, primitivos y de transición, en cuyo último (que es de preparación sólo en estado espiritual para entrar en el de expiación), les enseñan el trabajo y su ley y allí les dicen: "Dónde vais, siempre que nos llaméis acudiremos, porque ya nos conocéis; hasta aquí fuímos donde estábais, sin llamarnos, porque no teníais conciencia; más ahora, para contestaros, es necesario que llaméis; pero estamos con vosotros porque os guiamos a la regeneración".

Mas encarnan en el mundo de expiación y encuentran buena la vida de goces que no habían sentido hasta allí, porque no había conciencia; y en el placer se engolfan por millones de siglos sin que nadie les moleste; tienen que saciarse de todo lo que el mundo les ofrece; pero en cuanto la pasión se hace lugar y hace nacer la concupiscencia, entonces, sin que llamen, se manifiestan los mayores por efectos físicos, hasta horrorizarlos y hacerlos temer, aunque sea por la matanza de unos a otros, que nada importa un cuerpo que luego renacerá; porque la sabiduría tiene el deber de tomar del mal el menos y de sacar bien del mal; y cuando el hombre temerá a sus semejantes (aunque sea por la matanza de unos a otros) de ese temor nacerá el respeto; del respeto, llegarán a la fraternidad; y en ésta, empezarán a amarse. Ya podrán recibir entonces, no sólo en efectos físicos los avisos, sino por la inspiración que sentirán; luego por las apariciones; más adelante, empezarán las audiciones; más allá, descubrirán el magnetismo, la hipnosis, la telepatía y empezarán los escribientes mecánicos y al fin, recibirán la palabra viva, cuando llegan los médiums de posesión. Todo esto es trabajo de esos mismos negadores, prevaricadores, calumniadores y cobardes soldados, que hoy se amparan bajo cualquier nombre de conveniencia, para llegar en el caso extremo, a la amalgama del espiritualismo.

Esto, sin embargo, lo tolera la ley, que hasta que llega el feliz cuanto terrible día del juicio, no toma acción la justicia, mas que para la compensación, porque el Padre, no tiene parcialidad y reconoce a sus hijos, lo mismo en los ángeles que en los demonios. Pero pedida la justicia por los mismos hombres y concedida ésta, entonces "ya es otro cantar", porque la mayoría reconoce y exige la igualdad y el trabajo por ley en el Régimen Comunal que está impreso en cada espíritu por la ley suprema de amor; y toda esta evolución, la preparan en los mundos, los maestros misioneros que vienen a marcar la regeneración.

Desde ese momento, la comunicación del mundo con el universo queda establecida, aunque sólo sea por los maestros (lo que sucedía en la tierra hace 57 siglos, cuando el mundo era como una jaula de fieras), y hoy que ya es un mundo regenerado, ¿no habían de poder comunicarse estos maestros, que cada uno tiene entre espíritus libres y encarnados 70 mil millones de redimidos y por lo tanto afines? Más entended bien, que los 29, eran cuando vinieron una sola familia y lo fueron siempre en la tierra, dándoles vida muchas veces a todos y siempre sin excepción a los Mesías y legisladores, la misma madre que empezó siendo Eva y acabó (por entonces y hasta ahora) siendo María.

Pues todo el fruto recogido por los 29, es fruto común de la familia; y cuando unos están encarnados, otros están en espíritu para aconsejar y ahora están las tres cuartas partes en la tierra y las facultades en todo su desarrollo. ¿Y no habían de venir a los suyos y a los de los suyos? ¿Dónde estaría la justicia? ¿Dónde el deber cumplido? ¿Dónde la afinidad? ¿Dónde, en fin, el amor?

Si aún entre vosotros está el buen sentido para decir que "en el hospital y la cárcel se conoce a los amigos". ¿Qué mayor cárcel y hospital para el espíritu, que el cuerpo y el mundo? Mas aquí ya no se trata de amigos; se trata de hermanos en espíritu y materia y por añadidura de bienes comunes y el deber es de todos de defender su hacienda y arrimar el hombro; y en cuanto mayor sea la parte que le toque a cada uno, más tiene que poner y ayudar por propio interés, aparte del amor que le obliga por justicia. Y si vosotros decís que, “Jesús es el mayor", es entonces el más obligado a poner más y ayudar más, ¿y cómo decís que Jesús no puede comunicarse? ¿Le obligáis por eso a que no cumpla con su deber? No; lo que hacéis es, hacerle sufrir más porque sufre, no lo dudéis, porque ama; y os habla muchas veces y no lo presentís porque sois sus negadores y llamándole "divino, el mayor y el inimitable", lo confundís; lo anonadáis y lo hacéis ídolo, cosa que él vino a destruir.

Jesús tiene mayores, aún en su familia en la tierra; pero mayores y menores, por la ley, todos son igual ante el Padre; y lo mismo es hijo de Eloí, Jesús, que el más negro o demonio. De esto, felicitaros sus negadores... pero... haceros justicia.

Grande fue la obra de Abraham; grande fue la de su nieto Jacob; grande fue también la de Juan y Jesús; pero había sido mayor la de Moisés, moral, social, material y espiritualmente mirada; pero todas esas obras grandes, no eran más que preparación para la mayor y final que se hace hoy y por esto, aún no era bastante ni la comunicación continua de Jesús, María, José, Joaquín, Daniel y demás misioneros de la familia, ni aún con Miguel, Rafael y Gabriel, tribunal permanente de la tierra, desde Adán, hasta que el Padre puso el Tribunal de Derecho para el Juicio, compuesto de hombres. Todos esos vinieron y vienen en todo instante. Pero repito, no era bastante, porque la obra máxima entrañaba ya la solidaridad con la cosmogonía; era precisa, la presencia, la acción y la palabra del Espíritu de Verdad, que desde su descensión autorizó a los maestros de la cosmogonía y vinieron a reconocer y justificar, encabezados por el maestro del Sol (nuestro padre en los organismos), y vienen siempre que son necesarios a vibrar su palabra y siempre su inspiración y nos llaman sus Benjamines.

Sí, hombres, todo espíritu puede entrar en todas partes; pero los mayores tienen la obligación ineludible de venir y comunicarse: lo que hace falta es, que no os escandalicéis y los queráis reconocer y os dirán yo soy; pero también os dirán: "matar el prejuicio"; y Jesús os dirá: "no soy el mayor, ni el único, ni el divino, ni el inimitable", esto os dirá Jesús.

Lo que hay, sí, es, una ley inflexible y es que, el más domina al menos; y en las reuniones, si el más es el prejuicio, la preconcepción, la hipocresía y la negación, no tendréis más que los correspondientes espíritus a vuestro ambiente que es vuestro deseo. Porque sólo en casos de justicia se impone un espíritu elevado a la turbamulta de detractores que os rodean y atraéis por vuestro ambiente, que es una evocación psíquica poderosa; y además no llamáis al espíritu de luz y no viene a vosotros, porque ya lo dijeron los maestros al entrar en el mundo de expiación: "Para ir a vosotros, tenéis que llamar porque ya tenéis conciencia“. Y hoy agrego yo; tenéis conciencia y razón; y con conciencia de lo que hacéis, retiráis de vosotros la luz porque os daña y sois responsables; mucho más responsables que los no iniciados; pero aún a pesar de no querer recibir luz a conciencia y razón, os han hablado los grandes espíritus y en todos los centros habló Jesús o alguno de sus hermanos misioneros por orden de la justicia y no los habéis querido oír porque os acusaban.

He probado por la ley de justicia y la afinidad, que no sólo se comunican los maestros y mesías de la tierra, sino los de la cosmogonía y el Espíritu de Verdad, por el Padre; y si no lo hicieran, faltarían a su deber quebrantando la suprema ley de amor y ellos, no sólo no pueden faltar a la ley, sino que son los encargados de hacerla cumplir y la cumplen y los justifico yo ante los hombres, como es mi deber.

He probado también, que el estribillo de "imperfección, mal ambiente e imposibilidad" de comunicarse los grandes espíritus tañido por los espiritualistas o cobardes soldados del espiritismo, es un océano de maldad e hipocresía, lo que parece para los incautos virtud y humildad; y sólo me resta decir en este capítulo, que El espiritismo es guerra al error, por lo que en él no cabe el error, pero sí caben los errados para enderezar sus pasos y a esto vino el espiritismo siendo luz, para que nadie se equivoque. ¿Quién le pone el crespón? Tiemblen los que recibieron los primeros destellos de su luz y viéndose defectuosos se espantaron y la cubrieron para no tener un acusador. Mas hoy se descubre la Causa y Efecto y el análisis queda terminado metafísicamente por la misma física (aunque sólo es verdad condicional) y la metafísica, verdad real y eterna, enseña la vida, que es el espíritu en su consubstanciabilidad con su Padre Eloí.

Sabed sí, que no hay categorías y sólo hay cargos; y cuanto mayor es el cargo, mayor es el trabajo, mayor la responsabilidad y por eso, no es más el más maestro que el menor discípulo, ni el ángel ni el demonio ante el Padre y su ley; lo será en su grandeza, pesada por su sabiduría y potencia; medida por su amor; y todo esto, en este mundo, sólo sacrificios le impone realmente y sufre el espíritu de amor por la ceguera de los aberrados que ya acaba felizmente, ya que se declara que, sólo los que se acobardan y los sin razón niegan a Jesús y sus mayores el derecho de comunicarse.

Como esto es de gran interés, me veré obligado a publicar algunas de las comunicaciones de mi archivo en el segundo libro, por lo que cierro este capítulo.