CAPÍTULO V
Todo el universo es el espiritismo y su maestro, Eloí

La solidaridad es la fuerza omnipotente de la que todos los espíritus pueden disponer por la ley de justicia; pero no hay dos espíritus del mismo grado de elevación y para obviar esto, un espíritu pide a su maestro; éste al otro inmediato; el otro al otro, hasta el que puede llegar a Eloí su Padre, único que autoriza los hechos como único maestro.

Esto parece contradecir la libertad y libre albedrío del espíritu y no es así, porque el espíritu tiene señalada su obra en la parte que le corresponde en la creación y en nada que a ese trabajo se refiera necesita el espíritu autorización; pero sí necesita hacerlo en tiempo de justicia para la armonía del eterno pensamiento; y por lo tanto, lo que hace es pedir permiso para obrar lo que se propone. Y como el momento matemático sólo reside en el Padre, para el universo y los movimientos universales; y en los maestros de los planos (que llamamos espíritus de verdad), para el gobierno de sus mundos, es por esto, que cada espíritu, para ejecutar cada parte de su trabajo, tiene que pedir permiso y sufrir un juicio. Este se refiere a la reencarnación que es cuando el espíritu, siendo hombre, ha de hacer sus tareas: todo otro trabajo de estudio como espíritu, es libre para realizarlo en todo aquello que su progreso alcanza. Pero jamás pasa desapercibido, porque en cuanto se mueve y nunca para, vibra el Eter y su acción y su presencia es descubierta, porque impresa queda en el Eter como toda acción y palabra del hombre.

La causa de pedir permiso es armónica y de justicia; y cada espíritu, cuando ya está en la solidaridad, que es desde que su mundo sufre el juicio de mayoría (y antes, sólo los maestros misioneros están en esa solidaridad), tienen derecho a disponer de la parte de sabiduría y potencia que reclama su obra, para no errar. Si no pidieran permiso, podría suceder que en todos los mundos a la vez se realizara la misma obra y entonces, la cantidad de sabiduría y potencia podría ser muy reducida y sufrir demasiado en la realización, que casi sería individual, o a lo más colectiva de las fuerzas del mundo. Pero no sería solidaria y común y esto sería desarmonía, lo que no cabe en los espíritus en la luz.

Como no está la solidaridad en los mundos de expiación, aunque reciban mucha ayuda de sus afinidades y guías antes del juicio universal, los hombres fracasan muchas veces en sus pruebas, porque existe el antagonismo y la desigualdad entre ellos; y como el pensamiento no es unificado, son actos espontáneos, de prueba, de aprendizaje de cada hombre y en ellos, no retrasa el espíritu porque fracase o yerre, sino que adquiere experiencia en el daño y descubre más su sabiduría en el examen que hará luego de desencarnar de los hechos en que erró y verá, que si hubiera contado con mayores fuerzas, no hubiera fracasado.

Esto convence hoy a uno, de que la individualidad es mala y la causa del fracaso; mañana se convence otro y así llegan a formar familias afines que obran ya más seguros y por este camino llega un momento feliz en que se solidariza la mayoría con los maestros misioneros. Entonces, éstos se presentan al maestro de su sistema solar, presentándole su mayoría y los autoriza para solidarizarse con los mundos de su familia y ya reciben la ayuda de ellos, en su mundo, para preparar el juicio de ley, que es, cuando el que tiene el archivo de la tierra (o del mundo que se regenera), es acompañado (por esa solidaridad) hasta el maestro del plano, para entregarle la solicitud del juicio, a la que acompaña el balance del mundo y todo le es presentado al Padre, que autoriza y da poderes de juez, al que el mundo mismo propone por su mayoría espiritual y el Espíritu de Verdad lo confirma y lo presenta a los maestros y se firma la solidaridad en todo su plano, abriéndose el juicio de inmediato; para lo que al juez, se le dan dos asesores con los que compone el tribunal de derecho que oye las justificaciones de los enjuiciados que son llamados en espíritu por grupos afines, religiosos, científicos o supremáticos. Oídos éstos, se procede a la sentencia final en la tierra y los espacios, descubriéndose la luz del Espíritu de Verdad en ellos y estando presentes todo el plano y maestros de la cosmogonía, a cuya luz no pueden resistir los detractores espíritus y huyen, persiguiéndoles la luz, hasta el mundo donde la afinidad de sus afectos les lleva y caen allí de donde no saldrán hasta que el sufrimiento de aquella vida les cure de su error. A los que están encarnados, es decir, a los hombres, se les da una tregua (la de su presente existencia) para acatar o no la sentencia; y al desencarnar, o quedan en la luz, o marchan al mundo correspondiente. Pero de todo esto hablaré en el libro segundo, porque este punto sólo me ha sido necesario insertarlo aquí para explicar cómo se llega a la solidaridad para el goce de cada espíritu, de la sabiduría, de la omnipotencia y del amor de todo el universo.

Hasta ese momento histórico en que se rasga el crepúsculo para toda una humanidad, han cabido en la tierra todos los errores, todos los credos, todas las tendencias, las clases y las supremacías y la esclavitud del trabajador y de la mujer, porque era el reinado de la materia; del cuerpo y del alma que tienen por razón la fuerza bruta. Desde ese momento feliz, entra el reinado del espíritu, que tiene por fuerza, la razón, la potencia, la sabiduría y por ley, el Amor que sólo engendra justicia.

Mas hasta ese día, el mundo era un colegio de adultos con todas sus travesuras; sólo los reprendía un maestro, que mil veces era desconocido; pero ahora se convierte en colegio superior, con muchos maestros superiores y sujetos todos ya al reglamento universal, cuyo maestro director es el Espíritu de Verdad; y el rector, es nada menos que el Padre Universal; y cada maestro de la cosmogonía, es un bedel autorizado y saben (por la vibración) lo que se hace en todo instante en este colegio, porque se le rasgó la bruma que lo aislaba para que no hiriera tanta luz como es la luz del día, la luz del espiritismo, las retinas débiles de los alumnos adultos y juguetones.

Esa bruma (que es el crepúsculo), ya no está más y así las vibraciones de cada hecho de los hombres de la tierra, se comunican en todo instante por el conductor Eter y el maestro que rige el mundo (hombre encarnado y designado por los Consejos de Sión), recibe en todo momento los avisos del maestro director, inspirándole sus instrucciones, o hablándole al mundo por sí mismo, porque no puede haber desarmonía en los hechos, conforme al grado que cursa el hombre en este colegio.

Así es cómo el espiritismo es todo el universo, porque la ley es solo una, desde el mundo embrionario hasta Eloí. Las diferencias, sólo están en los grados que las humanidades cursan en la creación; y en ésta cada espíritu tiene su grado y no hay dos iguales en progreso. Pero como en los colegios, son reunidos en secciones por el grado que cursan y sin embargo, solo uno lleva el primer puesto en los exámenes (aunque todos sean aprobados), pero que a pesar de la diferencia de inteligencia de los estudiantes, el programa es uno para la armonía de los estudios. Como en las Naciones, la constitución es una y no todos los ciudadanos son de la misma cultura o civilización, el universo, no es otra cosa que un colegio o una nación, cuyo director, cuyo maestro único es Eloí; con la diferencia de que, en el colegio y la Nación, el maestro y el jefe de estado, es un ciudadano; y en el universo, el que lo rige, es el creador Padre de todos los estudiantes; por cuya diferencia y por la paternidad, no tiene parcialidad ni amor particular por ninguno de sus hijos y esto nos lo probó en el testamento de Abraham, diciendo:

"Mi luz di en Adán, para mis hijos; y cuando la conocerán me serán fieles".

"Y de Abraham mi hijo, nacerá mi hijo, que es la verdad y no la querrán“.

"Y tu hijo Isaac y los que después serán, hablarán con mis espíritus que ángeles llamáis".

"Y mis hijos negros de hollín, que demonios llamáis, enseñan a los hermanos de la carne (que son mis hijos), los deleites y los placeres y los males de matar y creen (porque no ven la luz de Hellí) que son dioses; y la lucha es y el mal es y los sufrimientos es, lo que les pagan".

Ya lo véis; ángeles y demonios reciben lo mismo su paternidad y a todos los llama y a todos los espera con el mismo amor. Y no dice que El les da el sufrimiento a los hermanos de la carne; si no que el mal, la lucha y los sufrimientos es, lo que les pagan a los engañados, los mismos incitadores, los negros de hollín; por lo que, el llamado es a todos y para todos dió su luz, que "cuando la conocerán le serán fieles"; es decir, cuando rasgaran el crepúsculo; cuando hagan la unidad con los misioneros o maestros que vinieron para llevarle al Padre sus hermanos negros de hollín, porque para eso hablan con sus maestros, "Con mis espíritus que ángeles llamáis".

Todo esto, ya nos confirma la solidaridad de un mundo, por el llamado de hijos a todos "ángeles y demonios". Y como el que esto habla es el Espíritu de Verdad (ministro secretario para todo su plano) en nombre de Eloí Universal, nos pone en camino de comprender, que todo el universo se solidariza, porque Eloí es el Padre universal. Pero que nos lo dice en el mismo testamento-contrato en otra cláusula, diciendo: "El hombre ha de vivir en todos los mundos que hoy existen; pero la creación sigue y no se acaba".

De modo, que además de la razón que nos lo dice, tenemos la palabra indudable del mismo Eloí, que confirma nuestra razón y nos da la vida y la acción Eterna y Continuada: esto le fue dicho a la tierra, hace ya 40 siglos ahora.

Yo leo en mi archivo todas las profecías; veo en sus folios las promesas de Jesús y hasta éste ha repetido sus palabras, sin cuyo cumplimiento (puesto que lo prometió), no podía ser justificado.

Podría citar todos los textos verdad; pero nada queda ya en pie de todo aquello, ni aún la ley de Moisés; y por esto, no cito lo que ya pasó; lo que ya se cumplió; y sí cito, las cláusulas del testamento-contrato entre el creador y sus hijos de la tierra, porque éste queda, porque es palabra de Eloí y ésta no pasa nunca, aunque pasen los cielos, o los mundos.

No pasa la palabra de Eloí; y tampoco pasa el espíritu su hijo, que eternamente vive en El; en su sustancia; como voluntad ejecutora de su eterno pensamiento, Eter, sustancia única que da origen por el espíritu, a todas las creaciones que pasan y se renuevan, dejando sus nombres y sus obras en el eterno archivo, que sólo el espíritu organizará para la suma sabiduría y para su omnipotencia, todo solidarizado en el infinito depósito del universo, en el que todo es libre y común con sólo tener progreso para utilizarlo y ser mayor de edad reconocida en el juicio final de cada mundo.

Sólo entonces el hombre no puede errar, porque ha rasgado el crepúsculo y vive en la unidad espiritismo y obra en todos sus actos con toda la sabiduría y potencias necesarias para no sufrir en la operación ni errar en sus actos, porque no puede errar, debido a que sus actos son ordenados y regidos por maestros autorizados y los de la cosmogonía y los de los otros planos, mandan su potencia por obligación solidaria, para que todo así sea armonía y comunidad, que es lo que la ley persigue en todos los mundos desde su iniciación a la vida.

Mas queda un punto muy trascendental que decir, antes de cerrar esta primera parte y es sobre los mundos de expiación hasta su regeneración (y los anteriores, primitivos y embrionarios), para ver que aquellos tampoco están fuera de la solidaridad, pero en condiciones muy diferentes, conforme a la armonía.

Ya he dicho antes que en los mundos y en los espacios (añado aquí), están agrupados los espíritus, por secciones, como en los colegios, todos aquellos que cursan el mismo grado, aunque ninguno de los estudiantes sea del mismo adelanto, pues el universo es sólo un colegio, con tantas aulas cuantos grados de progreso hay en las infinitas humanidades; pero unos deletrean, empiezan y no pueden estar con los que ya están en un curso más adelante, ni los párvulos con los adultos, ni esos con los bachilleres. Mas todos reciben su instrucción correspondiente por maestros adelantados o instructores, que todos ellos reciben sus órdenes de un superior y los materiales del único fondo.

Pero si en todas las secciones existe la ley de instrucción, no son las responsabilidades del párvulo o adulto, como las del bachillerato, que es la preparación para tomar carrera; ni éste con el que ya cursa la carrera que eligió para doctorarse.

A éste, sólo profesores, maestros y sabios en la ciencia correspondiente pueden enseñarlo; a los bachilleres podría enseñarles y los enseñan maestros inferiores; a los otros, sucesivamente, maestros de menos responsabilidad. Completamente igual ocurre en los mundos del universo.

El mundo embrionario (a donde desciende a iniciar su vida individual todo espíritu) es como un colegio de párvulos, donde se llevan los niños recién destetados y se les tiene hasta que se inician en la razón, para poder empezar el cartel; allí no hay responsabilidad ninguna.

Pasan al mundo de prueba y allí cada uno se iniciará en sus aptitudes; pero tampoco hay responsabilidad en los daños que se causen los adultos en sus travesuras; allí están hasta que saben que son seres.

Pasan entonces al primitivo, donde han de ejercitarse en el aprendizaje de aquello en que se vieron aptos en la prueba y aquí han de disponerse al bachillerato. Aquí nada se les exige tampoco, porque son inconscientes y se les saca en cuanto la razón les apunta y pasan al mundo de expiación.

Aquí sí; aquí cursan el bachillerato; aquí ya, las amonestaciones son severas y se les hace responsables, porque ya empiezan a razonar; ya descubren sus remordimientos, porque nace la conciencia; y cuanto más avanzan en su sexto día y curso, más arrecian las obligaciones, porque saben que han de ser examinados y juzgados públicamente en el juicio, porque ha llegado el momento de graduarse de bachiller, conociendo la generalidad de las teorías científicas, para pasar a estudiar la carrera de doctor, de maestro, de creador de mundos, pues hasta entonces, sólo lo fué de formas y cuerpos. Pero tiene que pagar todos los vidrios rotos anteriores, que apuntaditos se los guarda todos su espíritu mismo en su conciencia; de aquí la gran resistencia que el hombre pone a rasgar el velo, ese crepúsculo que le descubre un pasado horrible.

Hemos celebrado el juicio de mayoría o sea el examen; los desaprobados, son llevados a un mundo primitivo y sirven de instructores. De allí van otros al de prueba y de aquel otros al embrionario (como al mundo que después del juicio se llama regenerado) vienen ya los maestros de la cosmogonía y el Espíritu de Verdad.

He aquí cómo por sus grados, la cadena es eternamente continuada; pero cada eslabón hacia arriba, tiene su brillo correspondiente; mas toda ella recibe la vibración del creador su Padre y el amor y la ayuda solidaria de todo el universo y por esto, todo el universo es el espiritismo, que es adoración del único Eloí en espíritu y verdad, sin tener nada de religión pues ésta es sólo de la inficción de la carne y sólo está en los mundos de expiación y se anulan todas en el juicio de mayoría para entrar en el único credo espiritismo que es de todo el universo y es el crepúsculo que se rasga hoy en la tierra, a los que no tienen valor para rasgarlo ellos.

No es esto tampoco una imposición y menos una injusticia: es la ley de amor que marcó la hora de igualar a todos los hijos del Padre, por sus grados, para darle a cada uno sus derechos y su merecido; lo que tenga depositado por su trabajo en el punto que le corresponda y él se ha preparado a su libertad voluntaria, para lo que se le instruyó todo lo debido y se le advirtió que esa liquidación llegaría y que estuviera preparado, y nadie ignora esta verdad, ni aún los detractores a quienes se les descubre rasgándoles el crepúsculo y no pueden menos de reconocer que todo el universo es el espiritismo.