CAPÍTULO III

Cómo se estudia el espiritismo

El espiritismo se estudia en todo, por todo y con todo, primando la razón limpia absolutamente de prejuicio; por que si hay prejuicio, hay parcialidad y el espiritismo es la imparcialidad y en él no tiene asiento el error: el error es de la materia, la que al fin es purificada por el espíritu en el tiempo y por grados y sin abandonar ni un solo instante el interminable C.G.S. en que se funda la matemática que tan mal se usa para el espíritu, siendo la representación genuina material del ser divino, el único creador, que sólo por eso las matemáticas son inacabables, como Eloí es eterno.

No se espante el hombre que usa esa misma fórmula para negar al creador que representa: que aunque hayáis dicho y hecho todas las barbaridades imaginables; todas las fechorías de la inconsciencia, sabe el Padre que erais niños, pero también sabe que habéis de ser hombres. Él, lo ha visto todo; a su presencia lo habéis hecho todo, porque está dentro de cada uno de sus hijos, por que todos tenéis el espíritu dentro de vosotros mismos, por el que únicamente vivís; y viéndoos el Padre en los juegos de niños, no se inmutó ni os castigó. Él, no tiene castigo; Él, es sólo amor; y Él, no tiene más que esta sentencia. "Ve hijo mío a continuar la creación; cuando seas maestro de la creación; cuando hayas hecho la obra que te encomiendo, ven a mí porque sólo así puedes ser la armonía con mis hijos, tus hermanos. Y... Siempre te espero".

Sentencia inflexible cuanto omnipotente y omnímoda; todo en ella es amor y con él todo lo domina. Lo terrible está en el momento de rasgar el espíritu el crepúsculo a la materia; y sabed que, tan materia es el cuerpo, como el alma; es cuestión de grados (como aprenderéis en el "Conócete a ti mismo") y allí veréis que, ni el cuerpo ni el alma son responsables de nada en todos sus actos, sino solo el espíritu; como no serían responsables los obreros, (que ejecutan el plano del arquitecto), de los equívocos de éste.

El espiritismo se estudia en todo, física, metafísica y mecánicamente, por que en toda obra, en toda concepción veis vida y ésta es sólo del espíritu, en la que se asienta eternamente.

Mas los hombres en su niñez (aun que tenga ya canas) han pretendido estudiar la naturaleza, sin querer conceder ni vida ni acción al único que es la vida y la acción, al espíritu, y de aquí tantos vacíos en las ciencias y no han podido ver que las ciencias, son una metamorfosis de la mecánica; por que, si antes no está el arte, si antes no se hubiera ideado el hecho real y tangible, no se podía descubrir la ley del por qué de aquella ley. El mal está en la Universidad donde la ciencia se estudia por cabeza ajena, por que allí no se le hace ver rigurosamente la verdad al estudiante de que, para que exista la ingeniería, primero el hombre, amontonó piedras y tejió ramas para hacer casas o chozas. O hizo represas de cascajo y de ahí el arte dió base por el ideal de la razón a la ingeniería, que trazó líneas que elevó a geometría y se hizo la ciencia, o ley del por qué. No se le enseña, que si el cuerpo del hombre no estuviera en el de los animales, no hubiera nacido la Anatomía; y si no existiera la enfermedad y el dolor, no se habría descubierto la medicina. Parémonos un momento en esta ciencia la más trascendental; la más cercana a la sabiduría; la más indicada para rasgar el crepúsculo y es la que más se encierra en la noche; y en verdad de verdad, son sus hombres (en general) los que tienen ojos y no ven; orejas y no oyen; manos y no palpan; narices y no huelen y pies y no andan, sino como el cangrejo. No calumnio, no vitupero, no hago cargos, digo la verdad. Es que no quieren rasgar el crepúsculo: temen saber, que no saben; manosean la vida; ésta se deja manipular y no la ven ni la tocan, aún que les habla la vida entre sus manos y sus cuchillos y no la oyen: y es peregrino el caso; ellos, que viven buscando la razón de la vida, no quieren entrar en la vida de la razón. De aquí el desconcierto y desequilibrio; el cruzarse de brazos y por fin, niegan la vida viviendo ellos, con lo que crece el error cada día y con cada hombre facultado en esa ciencia: y es que, en ninguna cosa del mundo encuadra menos que en la medicina las matemáticas; pero es por que, el cuerpo es un Universo en pequeño pero tan completo como el Infinito Universo, del que nace el gran C.G.S. que nos dió la matemática positiva; y por lo tanto, no se le podrá aplicar ese efecto al cuerpo humano, ni a la vida, mientras no se quiera saber que la vida, como el cuerpo del hombre y el universo, no se sujeta más que a la matemática pura que es la razón y ésta, es solo del espíritu. He ahí la clave; después, todo se sujeta a una ley derivada, comprensible a la materia, por que se materializa bajo los números, para medirla, pesarla y sujetarla al tiempo, a la evolución natural, que es su eterna carrera.

¿Qué es el cuerpo del hombre? Misterio para los médicos; misterio para la química; misterio para todas las ciencias; misterio para todos los hombres y el misterio no existe del creador Eloí abajo.

Pero de este misterio, es causa sólo el crepúsculo de la razón dormida o somnolienta por el misterio de los dioses irracionales que levantaron todas las religiones y todos los hombres que en su ignorancia esperan castigos, premios y gracias; y las gracias, ni los premios, ni los castigos, no son ni los tiene ni los da el creador, por que sería injusticia. Esas gracias, esos premios y esos castigos, sólo los tiene el espíritu, en su razón o en su sinrazón con que viva en la vida, su eterno asiento.

Escrito está y razonado metafísicamente lo que es el cuerpo humano, en el "Conócete a ti mismo", "la Filosofía y el Código"; pero aún diré el axioma exactamente. Es el cuerpo humano, todo el Universo completo, sin que en él falte el creador de las formas; el espíritu y el creador de la vida. Eloí. Es el cuerpo humano, la realidad del símbolo genésico del Arca de Noé; por que en el cuerpo y el alma del hombre, viven realmente, todos los tres reinos, Mineral, Vegetal y Animal, con todos sus defectos, virtudes e instintos, que el espíritu domina y es su conciencia; es el cuerpo del hombre, el instrumento, la herramienta que el espíritu se prepara para cada parte de su obra y aparece y desaparece en tantos cuerpos y tantas veces cuantas necesita para terminar su parte encomendada en cada mundo; y en cada existencia, extrae la esencia de la materia que vino a exprimir y esa esencia la agrega cada vez en su alma. Esas esencias, (que son los instintos dominados) forman su conciencia, que es su archivo; y cuantas más existencias hizo el espíritu en diferentes cuerpos, más sabiduría acumula, hasta llegar a la suma total de la sabiduría en cada mundo, que en todos tiene su límite graduado en el Eterno pensamiento. Acaba el espíritu en un mundo, para empezar en otro, en el grado que terminó en el anterior y todo lo lleva en su alma. ¿Y el alma qué es?

El alma es materia, (lo mismo que el cuerpo) en distintos grados de progreso; que tanto más sensible será, cuanto más pura esencia sea y sólo la sensibilidad es su facultad; todo lo demás, es del espíritu, que para ser creador de formas, toma del alma universal la parte correspondiente que une metafísicamente a otra parte de alma animal, ya metamorfoseada por la vida de los instintos. Esta alma, la hace individual el espíritu por su sabiduría y potencia propias; por su origen; y ya, esa alma, no puede abandonar al espíritu, ni éste dejarla y, no deja, ni aún los cuerpos múltiples que se crea en cada mundo, por que todo lo que en la creación es una vez, ya entra en el infinito índice; y una vez que tomó forma individual mecánica, ya no puede ser que no sea y todo queda en el alma, como archivo del espíritu que él solo ha de ordenar; y allí está la serpiente, el mono, el caballo, el tigre, el elefante y todo cuanto anda, se arrastra, nada o vuela; como todos los vegetales y arbustos y los minerales, primera formación de todas las especies. Ese es el cuerpo y el alma del hombre, que con el espíritu su jefe, es el universo completo. Y en tanto el hombre no se conozca a sí mismo, está en el crepúsculo y no puede entrar en la luz, que es únicamente el espiritismo, por que él es el universo en grande y completo, con Eloí su Padre.

Yo sé, que esto os va a anonadar; yo sé que os vais a quedar atolondrados; pero sé también, que es vuestro nacimiento en verdad, a la vida; y sé más; sé, que en cuanto ante este grado de sublimidad miréis arriba y digáis. ¡Padre, Padre! ¡Erré el camino!... millones de voces os contestarán; millones de luces descubrirá vuestra razón y habréis rasgado el crepúsculo. Yo os digo anticipado. No puede ser que no seáis.

No os acobardéis; dar el paso y llamad al Padre: Reconocer al espíritu que dentro de vosotros está y sentiréis que éste se muestra; que éste se marcha a compartir con los libres, hasta donde la flexibilidad y grandeza de su alma le permita y la luz descenderá sobre vuestra razón a torrentes y en un segundo, descubriréis por la razón lo que en millones de siglos no podríais, ni eternamente podríais descubrir, ni dominar por la ciencia más alta de las matemáticas positivas.

Por que la luz, entonces penetra en vuestra conciencia, (inmenso archivo del espíritu) y entonces veréis en cada molécula del cuerpo del hombre, un ser, con todos sus instintos; con todos sus defectos, con todas sus virtudes; sus fuerzas, sus caracteres y veréis que, por todo habéis pasado o habéis de pasar; comprobaréis también, que todos están vivos como lo veis en el bosque, en los aires, en el mar y en las entrañas de la tierra.

Verás asimismo, que tu alma, periespíritu, doble etéreo o cuerpo astral (como lo habéis llamado acaso en la intención de negarlo o desconocer al espíritu) esa alma, es sólo una intermediaria: una resistencia hecha a la más alta sabiduría para servir de ligazón, de conductor del espíritu al cuerpo, para equilibrar las fuerzas y evitar el corto circuito terrible que se produciría entre la fuerza positiva espíritu y la fuerza negativa cuerpo y esto te lo probarán las leyes de la electricidad, del magnetismo, la física y la química y al fin, reirás gozoso y satisfecho de tí mismo, sin avergonzarte de tu error en la ceguera de la noche y en la somnolencia del crepúsculo. Ya vives en el día que es la luz que es el espiritismo, que entonces sabrás estudiar por la razón que es la matemática pura.

Los hombres, en el crepúsculo, (hasta el mismo Kardec, que prologó la obra que hoy se hace), idearon métodos más o menos racionales; unos, de investigación de fenómenos medianímicos; otros físicos y materiales: bueno es todo, por que por todo ha de pasar el hombre; (hasta por el crimen, ocasionado en el antagonismo de los instintos), pero todo esto no tenía más fin que rasgar el crepúsculo y muchos lo rasgaron, afirmado por la inmortalidad del alma, la necesidad de la reencarnación, que era el límite del crepúsculo y del prólogo de Kardec, sobre cuyo límite debía sentarse la vida eterna y continuada, como Asiento del Espiritismo, para explicar la razón de la vida, que es Eloí, como razón de la vida universal: y el espíritu, su hijo consubstancial, como razón de la vida de las formas y los cuerpos y por esto, creador de ellos y razón de la vida tangible.

No está el error, en que el hombre haya querido saber lo abstracto; sino en no estudiar y comprender primero, lo tangible; la razón del porqué de las cosas; el conocimiento de sí mismo. De esto, sólo es causa la supremacía y el prejuicio que gravita como losa aplastadora de la conciencia y son responsables las religiones, que dijeron, gracia, premio y castigo. Pero todo ello es obra de la concupiscencia; de la inficción de la carne; de los dioses, tan pequeños como sus creadores los hombres, en el reinado de la materia.

Pero todos son escalones de la eterna escala que vió Jacob y por todos ha de pasar el hombre, hasta llegar a la cúspide de la sabiduría. Esta, no sería apreciada si no fuéramos primero ignorantes; como si no creáramos errores, no apreciaríamos la verdad; si no odiáramos, no comprenderíamos las sublimidades del amor. Pero todo tiene su límite en los mundos, por la ley inflexible. La noche, es rendida por el crepúsculo y éste es vencido por el sol, para hacer el día; y descubierto el sol, no hay más remedio, que si se quiere vivir hay que bañarse en sus rayos y luz y sino esconderse en una mazmorra negra y eso no es vida; la vida consiste, en juntar los dos polos; en unirse los dos extremos; y para ello está la razón como regulador para pasar de la ignorancia a la sabiduría, como el alma lo es, entre el cuerpo y el espíritu.

Emplear todos los medios químicos, físicos, mecánicos y matemáticos si os placen, para estudiar, investigar, desentrañar y comprobar los hechos del espiritismo, que hoy sabéis que son todos los que el hombre y la naturaleza os demuestran en la tierra y en el espacio; yo os aplaudo: pero os digo, todo en cada mundo tiene su límite moral, material y espiritual y la tierra llegó al límite de lo material, pesando, midiendo y sujetando el alma universal, que es la electricidad: Esencia producida en el Eter, alma universal, igual a la que el espíritu individualizó, pero con arreglo al grado metafísico que le correspondía a su procedencia, por que nada en la ley, puede desarmonizar y así la electricidad, es el alma misma; y se pesa, se mide y se sujeta, pero solo por la voluntad del espíritu. Y llega en todos los mundos la electricidad, como línea divisoria entre el crepúsculo y el día y son esas, las lenguas de fuego anunciadas. Hasta ahí el hombre dúo, creyendo a su alma el más del hombre: desde ahí se descubre el espíritu y el hombre es trino y nadie puede detener la ley. Esa electricidad brillante, es el crepúsculo. ¿Cómo brillará la luz del día? Ya deberían haberlo sabido y vislumbrado los hombres; pero la tierra, la humanidad de la tierra, por sólo las religiones, no ha tenido crepúsculo: apenas es solo la línea divisoria entre la noche y el día; y apenas nacida la electricidad dinámica, pasa a la historia, porque no basta esa luz para el reinado del espíritu y llega a la tierra el gran Electro Magno para el séptimo día, y esto, el hombre debió verlo, presentirlo ha mucho, si hubiera rasgado el crepúsculo de su razón. Pero esto es de otro capítulo, donde se dirán las consecuencias del mal uso del espiritismo.

Veis pues, que en todo, por todo y con todo, se estudia el espiritismo, por que todo es espiritismo. Pero del alma arriba, no se sujeta más que a la razón que es la matemática pura, la metafísica inflexible y ésta, la razón, tiene grados, como los tiene el espíritu en la sabiduría y sólo alcanza cada uno, a donde su progreso. Pero en la comunión universal, se llega hasta el borde de Eloí y sólo allí existe un misterio, que jamás descifraremos entre todo el universo: el ser de Eloí. Más de ese punto abajo, todo ha de saberlo el espíritu y no como espíritu, sino como hombre, viviendo en los infinitos mundos que él mismo ha de crear, conforme a su progreso. Así se estudia el espiritismo y esto no lo habéis hecho aún, por que no habéis rasgado el crepúsculo y por ello y por que la esfera de Eloí marcó el segundo prefijado, mandó un juez que liquidara las cuentas y rasgara el crepúsculo con el ancla regeneradora del maestro de los maestros, el Espíritu de Verdad y rasgado queda y la luz penetra en la tierra directamente del centro vibratorio, de donde con el espiritismo llega lo que a la tierra pertenece en común, por que común es la acción de todos, aún de los negadores del espíritu; que no se les deshereda; pero se les remite al hospital, como enfermos y... curarán... curarán, por que es la sentencia, volver a la casa paterna de donde todos hemos salido; y en el tiempo todos vuelven para ser graduados maestros de la creación: y negando o afirmando, siempre la verdad eterna será la misma; sólo habrá cambiado, el espíritu de posición, de la noche al día; pero tiene que rasgar el crepúsculo, estudiar y comulgar en la unidad común, porque no hay otro credo en el universo, que el espiritismo.