CAPÍTULO II

Lo que abarca el espiritismo

He dicho "El espiritismo es, en fin, todo”; y si todos los hombres se conocieran a sí mismos, ya habría que firmar y cerrar el libro; y a eso llegarán los hombres, en el tiempo, quieran y no quieran, porque la Ley es inexorable; pero aún el hombre necesita que se le diga lo que es todo; y esto ha de ser por partes; por grados y razonado; y todo esto ya está escrito en el "Conócete a ti mismo", que a sus manos llegará cuando... cuando es de Justicia que se le dé;(1) por lo que, aquí se dice la verdad de las cosas, con el rigor de la misma Justicia, con el valor de la verdad suprema y eterna.

El espiritismo es, en fin, todo, porque es la razón; y la razón, idealiza como matemática pura que domina la matemática positiva, que no existiría si la razón no hubiera idealizado, para dar margen y camino interminable a la matemática positiva, la que sí es la verdad inexorable físicamente, esos mismos números, no son la realidad de la verdad metafísica, a la que el número no alcanza, porque éste, es sólo una verdad condicional; y la metafísica del universo, en la que la razón idealiza, es la matemática pura que domina y dominará eternamente a las ciencias, las que siempre ascenderán y jamás la metafísica cesará de ofrecerle más vasto campo, porque la razón idealiza cada vez más, según asciende más, cuanto más luz descubre el espíritu. ¿Y porqué? Porque la razón es sólo del espíritu y no es del alma y menos del cuerpo; uno y otra son irracionales en sí mismos y no pueden por su ley, salirse de su reino, ni salen, aunque el espíritu se envuelva en su alma por toda la eternidad; por lo que, la razón es del espíritu y de él todo el idealismo. Este idealismo, es el que hace a los hombres correr tras el progreso en todo instante y nada sucede ni puede suceder sin la intervención del espíritu, porque sólo él es el creador de las formas, de los mundos y los cuerpos y de su misma alma de la que se viste, para crearse cuerpos con que obrar. Y si el espíritu al que negáis la vida, no se creara este mismo cuerpo con que demostráis la vida, y esa misma lengua con que lo negáis, no existiríais como hombres; pero el espíritu viviría, porque para la vida, no necesita el espíritu ni el cuerpo ni el alma; pero si los necesita para la acción y la demostración de la vida universal y de la suya propia, como individualidad.

Todo lo que en el universo existe en cuerpos y formas, obra es del espíritu, individual y colectivamente. El espíritu forma los mundos, los perfecciona y los disgrega después de haber exprimido todas las esencias que de la materia reunidas resultan por la insondable metafísica que en ellas opera. He dicho insondable, para el hombre; más no lo es para el espíritu encarnado en el hombre, porque en todos los mundos, el espíritu da fin a sus extracciones y sólo deja escorias y no sin valor; pero no asimilables a él, por entonces; y cuando ha llegado a ese punto la familia espiritual de ese mundo, se marcha en compacta Rosa Luminosa y el mundo se disgrega, para buscar cada molécula su centro, en otros mundos de su grado: el espíritu entonces recorre los mundos sus hermanos, cantando su triunfo en colectividad y... esos son las más de las veces esos cometas que tanto os hacen temblar, porque no sabéis que son hermanos que os saludan y que os manifiestan su triunfo y os animan; y... ellos... se van... a la casa de su Padre, llegando en familia a recibir su bendición, para entrar a otro estudio, en otro mundo que empieza en progreso donde terminó el que dejaron. Esa es la vida eternamente del espíritu; crear mundos, hacerlos progresar, crear las artes, las ciencias, el progreso, la civilización, haciéndose cada vez más sabio, más potente y siempre agrandando el universo infinito; por lo que, todo en los mundos y en el infinito lo abarca el espíritu y es su creador. ¿Y no le dabas vida ni acción?... ¡Pobre hombre en la obscuridad, matándote a tí mismo!... Rasga el crepúsculo y pasa el día mirando cara a cara al sol y llegarás a verte que eres hombre por el espíritu; pero que no te puedes dar este nombre hasta que rasgues ese crepúsculo y veas que eres tres y que cada individualidad tiene su ley; pero no podrás ver que eres hombre hasta que oigas a tu espíritu; y por lo tanto, mientras no entiendas que el espiritismo lo es todo, lo visible y lo invisible, pero que sólo hay cosas invisibles, en la noche y en el crepúsculo.

Si se pregunta ¿por qué hay ignorancia?, se dice, porque no hay sabios; mas yo os digo que la ignorancia no existirá tan pronto como los hombres sepan que no saben; porque el sabio nunca sabe, pero sabe estudiar y sabe.

Pero, ¡ay del solo! Nadie puede saber nada solo o individualmente, y por esto, el espiritismo lo sabe todo por la solidaridad y porque todo es común de todos los espíritus en el universo infinito; hasta la potencia, que sumada la de todos, cada uno es omnipotente aunque no omnímodo, porque sobre todos, está Eloí. Y es sabio el espíritu, porque le pertenece a cada uno la sabiduría de todos y es suyo, hasta el amor de todos y a todos los reconoce así el Autor Universal, Padre de todos los Espíritus, Eloí.

He dicho atrás, que, todo lo abarca el espíritu y es un creador y así es; pero oigo el murmullo; os escandalizáis; por que al espíritu que no admitíais, vengo yo y os digo; el espíritu es un creador y digo más; digo que, sin el espíritu, nada existiría de formas ni mundos ni vuestros mismos cuerpos con los que, viviendo, negáis la vida, la que sólo es el espíritu: en vuestro escándalo decís, "Eso, es anteponer el espíritu al creador". Voy a deshaceros este error.

El Autor de la creación, ha llenado el infinito de la sustancia única que es el Eter; éste, es la vibración constante suya que es vida universal y el Eter todo lo llena y vivifica; pero esto no es vida palpable o demostrada; es el pensamiento de la eterna creación en las infinitas formas que deben demostrarse; pero el pensamiento, no es ser; es, deseo de ser. ¿Qué falta para que el pensamiento se convierta en hecho? Una voluntad que realice el pensamiento; y en tanto no lo realiza la voluntad, no es ser el pensamiento. Y el autor, saca de sí mismo a los espíritus y los lanza a convertir el pensamiento en obras: el espíritu desde entonces es individual en sí, pero sujetos por la ley única de su autor, están solidarizados para la acción común de la creación de formas, de la demostración de la vida y así, el espíritu es la voluntad del creador universal; por lo que, el espíritu es un creador eterno como su progenitor. No sólo no se antepone a él, sino que lo demuestra en sus obras de los infinitos mundos que véis titilar: y en confirmación, yo os pregunto: el arquitecto, solo hace el plano de la obra y los obreros la ejecutan. ¿De quién es el mérito? Indudablemente que es del arquitecto que concibió y midió los materiales y dió el plano de ejecución; pues aplicar el caso al Creador y a los espíritus y estad convencidos de mis afirmaciones.

He hecho esta explicación, por la magnitud del argumento; pero no es que he de hacerla en todos los casos, porque yo vengo a señalar jalones; a rasgar el crepúsculo a los hombres y a los espíritus, con el espiritismo. Sé las grandes discusiones que en todo el mundo han de hacer los hombres y las podría evitar con una palabra muy filosófica, diciendo "Así veo yo la verdad". No puedo yo decir eso: soy mandado a decir. Esta es la verdad eterna y la digo y no contesto a la crítica, porque tengo la medida de los grados de progreso, de cada hombre y de cada espíritu y cada uno, solo apreciará las cosas conforme a su progreso. Dije y repito que, negando o afirmando los hombres, la verdad será la misma; y en el tiempo, todos, quieran y no quieran, afirmarán esta verdad.

Sé también, que este es el fuego que había de venir a la tierra, para encender las conciencias y a Jesús le fue mandado anunciarlo; ahora llegó ese fuego... ¿Y qué quiero sino que prenda en colosales llamas, que engendraran el verdadero fuego de amor? Discutan, pues, los hombres en amplia libertad pero con la razón clara, sin prejuicios de dioses ni de ciencias y no teman; que si ofendierais a los dioses, es por que justificaríais la verdad y adoraríais a Eloí con la verdad del espiritismo.

Sabedlo, pues, de una vez; la silla o banco en que os sentáis; el cuchillo con que partís el pan, o matáis a un hombre; desde la acción más fea o ruin hasta la mayor maravilla; desde la A, hasta la más alta ecuación matemática; todas las artes, todas las ciencias, el crimen y la virtud, el bien y el mal, el mundo en que pisáis y el cuerpo en que vivís, todo, todo es obra y creación del espíritu que en vosotros está encerrado, individual y colectivamente y sin él, nada de la vida demostrativa existiría y en su existencia, conocéis al creador universal. Sin esas formas, no conoceríais al Padre Eloí que dentro de cada uno está aunque neguéis al espíritu, porque sin éste, no seríais hombres: Y el espíritu, porque procede de Eloí y es consustancial y Ab y Coeterno con Él y en Él, donde vive el espíritu, allí está su Padre; está en todas partes, porque todo es vida. Esto es el espiritismo y por esto, todo lo abarca.

Hombres, repito y termino este capítulo; lo mismo vale negar que afirmar; queráis y no, vivís en el espiritismo, porque no hay más vida que una y esta es el asiento del espíritu, que por ley solidaria, (que sólo es una en el creador y en el espíritu) todos los espíritus están ligados unos a otros y todos a su progenitor Eloí. Por esta unión indivisible, se llama espiritismo; pero ten en cuenta, que hay noche, crepúsculo y día y debes saber en qué fracción de las tres te encuentras; pero después de esto no puedes quedar en el crepúsculo, por que yo lo he rasgado como me mandó el Padre. Si en la noche estás, otra morada te espera, como en su lugar verás y leerás; eres libre de estar en la noche, o entrar en el día y elige, por que la sentencia no se dará otra vez; pues la firmó el Espíritu de Verdad que pronto has de conocer y Él, no otra cosa te dirá, que lo que aquí se te dice; ni te dirá otros tres nombres que estos, espiritismo, amor, y Eloí.

(1) Cuando se hace esta 2º edición el “Conócete a ti mismo” anda cerca de agotarse. Tal ha sido la acogida que le han hecho y le hacen los hombres, aún los que no se llaman Espiritistas.