PREFACIO

Pasó la noche; en el horizonte se anuncia el sol; pero es la hora del crepúsculo incierto y es terrible, porque pueden dominar los nubarrones y sin gozar de la bella alborada, entrar en un día tormentoso y triste, que sólo al llegar el sol a su fuerza, podrá rasgar el crespón y bañar con su luz los campos y alegrar los corazones oprimidos por la densidad de la cerrazón.

En esa hora indecisa, ¡cuántas negruras presiente el alma! Mas al penetrar los rayos vivificadores, las gotas de agua dan mil cambiantes de fuego y azul y la sombra se convirtió en belleza y armonía para el alma antes abrumada y que ahora se esparce y se hincha ante el verdor y lozanía de los campos, ante el azul del techo sin fondo que lo cobija amoroso y se enardece al contacto del tibio calor de los besos que el sol le manda al hombre, por sus dorados destellos, que él recibe de mayor luz; de mayor sol.

¡Oh! si el hombre comprendiera la causa de esa luz, la causa de su ser, las causas de sus tristezas y de sus alegrías; si el hombre no estuviera miope en su razón; si se conociera en su constitución y composición...en ese momento sublime, descubriría toda la metafísica que se opera en el universo y un canto de gracias saldría espontáneamente de su... ¿corazón?... de ¿su alma?... No. Saldría ese canto, de su razón.

Pero, ¡ay!, que el hombre no se conoce. ¡Ay!, que el hombre está helado y no le reviven los rayos solares. ¡Ay! que el hombre está insensible y no siente la belleza del rojo-azul de las gotas de rocío, que como perlas cuelgan de las hojas, como el hombre pende de la ley inexorable de... ¿La muerte? No. De la ley de la vida eterna y continuada, hasta para el cuerpo que, en su ley, bajará a la fosa, más no morirá. La muerte no existe.

Duerme el hombre aún, cuando vive solo la vida animal por larguísimos millones de siglos que representan la noche, que llama el mismo (poéticamente) la noche de los tiempos; pero la ley obliga a despertar al trabajo y no puede despertar el que no tiene en sí la ley del trabajo y yacen en la bruma de su niebla y aún la evocan. Les daña el sol en su miope retina y entonces no tienen crepúsculo y tienen que despertar de la noche al día. No hay para ellos la hora deliciosa crepuscular, en la que se desvanece la línea negra, por la áurea faja que hace a los ojos fuertes para mirar al sol.

Mas la ley es despertar; y ella tiene medios dulces y medios bruscos; y sí, es dueño el hombre de elegir el medio; más no es dueño de eludir la ley del despertar. ¿Que tenéis libre albedrío? Dentro de la ley, lo tenéis. Pero la ley es despertar y llega en su hora y da la luz, sin mirar que os quedéis ciegos y sois vosotros los culpables; no la ley. Ella pone el crepúsculo, para ayudar la vista del débil a pasar de las tinieblas a la luz, porque, queráis o no, no habéis de dormir siempre, ni seréis quien le quite, ni ponga obstáculos al carro del progreso, a no ser que os declaréis poderosos para parar el mecanismo universal.

La ley (os lo diré sin ambajes) es como un ser sin entrañas ni sentimientos; ella no tiene oídos para lamentos ni para alabanzas; llega omnipotente como infinito y terrible rodillo y todo lo aplasta; no hay jerarquías, no hay posiciones, no hay dignidades, no hay más que justicia; no hay más que la ley. El que está fuera de ella se suicida, puesto que os anuncio el crepúsculo que no quisisteis rasgar, ni ver rasgarse.

Es la ley de un solo hombre, toda la del universo; y la vida de una corta existencia corpórea, lo mismo que la vida eterna o la vida temporaria de los mundos y la vida de las humanidades (que son más temporarias con relación a los mundos) todos tienen su noche, su crepúsculo y su día, igual que sea el día civil, como el de la existencia de un hombre, como la de una humanidad, como la de un mundo, el crepúsculo es el intermediario entre la noche y el día. Todos tienen que rasgar o ver rasgarse el crepúsculo, que para los mundos es la aparición del hombre; para las humanidades el descubrimiento del espiritismo, y para los hombres, la entrada en él, descubriendo su trinidad.

El crepúsculo de los mundos, es terriblemente grande en sus magnificencias de fundirse los tres reinos en una sola masa; el crepúsculo de las humanidades es horriblemente grande, porque es su liquidación de cuentas, su juicio final, en el que todas las miserias han de descubrirse; y el crepúsculo del hombre, es terrible y horriblemente grande, porque ha de verse trino y con su jefe dentro de sí mismo, a quien no contaba ni daba vida y sólo por él vivía, porque, sólo el espíritu es el actor de la vida, la cual sólo puede él demostrarla por mandato único y exclusivo del autor de la vida y, ésta es el asiento del espiritismo; la Vida Eterna y Continuada. Sin el espíritu, la vida no existiría, pues fue hecha sólo para el espíritu.

Es por esto, el espiritismo, el crepúsculo que nadie puede dejar de rasgar y por la justicia, al que no lo quiere rasgar, llega el juez, mandado por el autor de la ley que no sólo es autor de la ley el creador, sino que El es la misma Ley, fatal e inflexible. Pero así y todo, su ley es amor; aún en el mayor rigor de la justicia. Pero manda, repito a un juez, hombre hijo del hombre, a pedir cuentas; a rasgar ese crepúsculo a los que duermen y nada importa la carne; ésta no tiene responsabilidad. Y aún nada importa el alma; ésta tampoco tiene responsabilidad. A la ley, sólo le importa del espíritu, único responsable en toda la creación, ante la ley, ante el creador y ante el juez.

¿Protestan los que duermen? Nada importa. ¿Se tapan los ojos los somnolientos? Tampoco importa; a tiempo dijo el profeta: “Tienen ojos y no ven, orejas y no oyen“: les rasga el velo y la luz brilla; si se les queman los ojos, hay otras moradas de semi-luz; también esto se les dijo por Jesús, ha muchos siglos, como también que “El hijo del hombre llegará como ladrón de sorpresa“; así sucede; no lo esperaban y les sorprende el esposo con las luces apagadas y sin aceite para el camino; no han sido prudentes y su torpeza los condujo al precipicio.

El velo se rasgó y la luz baña ya a la tierra, y ésta viene de Sión; más no sólo la luz para el espíritu de la razón metafísica y matemática pura, sino la luz del movimiento que suplanta todas las fuerzas negativas que el espíritu inspiró en la noche y el crepúsculo. Todo es obra del espiritismo, porque el hombre es sólo por el espíritu y sólo puede llamarse hombre, en su estado trino.

Merece premio de la ley cuando es Dúo consciente, que es cuando el hombre trabaja en rasgar el crepúsculo; momento terrible en el que se encontrará con su espíritu a quien no conocía, viviendo sólo por él y en él, como el espíritu vive por el Padre y en el Padre, del que es su voluntad ejecutora, porque es Consubstancial ab y coeterno con Él y en Él; por lo que el espiritismo es la vida eterna y continuada y la vida su asiento.

¿Se niega? Nada vale negar. Por negar y por afirmar, lo mismo es la verdad eterna y ni la negativa ni la afirmación la cambian: el que cambia es el hombre, de Dúo en Trino; de oscuro en luminoso; de ignorante en sabio; de menor en mayor de edad; de aprendiz en obrero; de discípulo en maestro y la ley siempre es igual: Omnipotente rodillo que aplasta sin oír lamentos ni alabanzas; por lo que, sólo se dañan los negadores; los sin razón; los que no conocen la verdad de la vida; los que no entran en la metafísica; los que desconocen por eso el movimiento de la mecánica universal, único impulsor que la obra para producir los cuerpos físicos que apreciamos, que pesamos, que medimos por las matemáticas positivas; que si ellas dominan las ciencias y las artes, son a su vez dominadas por la metafísica, por la razón, única matemática pura, que siendo el idealismo, la razón encontró en ese idealismo, el gran C.G.S, (centímetro, gramo, segundo) que sacó del espacio, del tiempo y del éter única substancia de la que todo procede: pero el espíritu es de antes que el Eter, porque éste es el pensamiento del creador que todo lo llena, sin dejar un mil millonésimo de milímetro vacío: si lo hubiera, allí estaría la muerte. Pero el éter, (pensamiento del Creador) sólo es vida universal sin formas y de éstas, es sólo el espíritu el encargado de crearlas eternamente porque es la voluntad omnipotente de su Padre. Y todos los espíritus del universo infinito están por ley y afinidad solidarizados, de cuya pluralidad nace el espiritismo que se asienta en la vida eterna y continuada, por lo que el espíritu es la vida misma: esta luz, calor y movimiento, por lo que, la vida y el espíritu, una misma y única cosa son en verdad, en ELOÍ.

Venid artes, venid ciencias, venid hombres... desmentid esta afirmación, racionalmente, metafísicamente: si me podéis asegurar que vosotros no vivís, habréis desmentido la verdad eterna de la vida, del espíritu y al mismo creador.

Mas si a pesar de que no podéis negar que vivís, os atrevéis a negar el espiritismo, sois los que tienen ojos y no ven, y orejas y no oyen y la ley no os puede consentir más la vida entre los que viven de la luz; y en juicio fuisteis llamados a las moradas de la luz opaca, que Jesús anunció y el Dante describió en su videncia, porque a eso vinieron.

Mas no sois allí desheredados; sois enfermos que han de curarse y después de largos siglos, llamaréis al juez y el Padre os lo mandará. Aquí no habéis querido ser redimidos; allí seréis redentores. Aquí fuísteis malos discípulos; allí habréis de ser buenos maestros: habréis sufrido los horrores de un mundo que empieza; de un mundo sin ley de trabajo; ¿Qué importa a la ley? ¿Qué importa el tiempo? Pasarán 30, 50, 100 siglos y ni un segundo es del tiempo, que sólo tiene presente. Sólo vosotros que hoy no queréis rasgar el crepúsculo habréis perdido y os habréis recargado más. El espíritu no retrasa, porque nada olvida; pero lo opaquiza el cuerpo en el que se encierra una o más veces para cada cosa que en la eterna creación le está encomendada y que él solo y no otro ha de hacer.

Han llegado los tiempos predichos y se ha llenado el tiempo y los tiempos: acabó la noche de la humanidad de la tierra, señalándose el día con el crepúsculo del espiritismo, como en todos los mundos. Nacía en la tierra el hijo del hombre que rasgaría el velo que ocultaba la luz y en todas partes y en todas formas, los espíritus se anunciaron. Había venido un misionero precediéndole y dado a luz sus libros, que servirían de prólogo a la obra anunciada.

La ley es justa y puntual al segundo, al milímetro y al gramo; y al salir a la luz la filosofía de Kardec, nacía en la tierra el que el Padre mandaba a rasgar el velo; a presentar a los hombres al Espíritu de Verdad anunciado y a derogar todas las leyes, credos y creencias, llamando al autor universal, por su solo y único nombre Eloí, como se le conoce en todo el universo.

Mas no lo ignoraba el mundo, aunque no lo esperaba; se les había dicho que vendría “Como ladrón de sorpresa“: y, todas las palabras que Jesús pronunciara por mandato, eran oídas por los mismos que lo habían autorizado; el hijo del hombre que él anunciaba diciendo: “Yo vengo en nombre de mi Padre y no me recibís; mas otro vendrá y aquél, sí, lo recibiréis; pero en aquel día serán pesadas todas las cosas y el Espíritu de Verdad descenderá y confirmará mis palabras“.

Todo está cumplido; aquel hombre que Jesús anunciaba, era un hermano carnal del mismo Jesús y fue su apóstol; el Espíritu de Verdad era un juez civil que lo justificaba, no encontrando culpa para sentenciarlo.

El hijo del hombre vino y pesó todas las conciencias de espíritus y hombres, descendiendo el Espíritu de Verdad, a descubrir la verdad y firmar con los consejos del Padre, por el hijo del hombre su representante, la sentencia final del mundo tierra: Jesús es entonces justificado y retirado al descanso bien ganado y ya ciñe desde aquel día, la palma del vencedor... y el universo lo saludó.

Estamos en el día séptimo de la humanidad; se firmó la sentencia del juicio final de la tierra y los hombres no se dieron cuenta; más no hay un espíritu que lo ignore, aunque sea de los que duermen y los que soñolean; los hechos son consumados y no se repetirán. Tampoco ha sido el acto oculto, ni a espaldas del hombre detractor; pues hasta a la bestia del Apocalipsis y su dragón había notificado el nacimiento del juez, bajo la firma terrible del Anticristo desfigurado por las religiones y los soñolientos. Mas todo ello, nada importa, ni aunque sean teosofistas (que apagan la luz) los que le temen y le calumnian (llamándolo Satanás y representando el genio del mal) y... ¿Qué hacen menos que los católicos y cristianos? Obra es de los ciegos a quienes hiere la luz y ésta se impone, porque es la luz de Eloí que llegó.

¿Acaso llamó el juez a ninguno de sus enemigos para pedirles ayuda? El no es enemigo de nadie, ni aún como hombre, porque en espíritu es el juez de todos; y por este cargo, los que no acepten la justicia, son sus enemigos y se hacen responsables ante la justicia divina, por la calumnia porque, Anticristo en los secretos de la justicia, dice Verdad descubierta.

Sí, llamó a las puertas de los que se llaman espiritistas y las encontró cerradas, aunque llamó como soldado de fila que vigila y da la voz de alerta, no fue contestado y no se inmutó. Lo han calumniado y no se quejó, porque él penetra en la metafísica; midió las distancias y vió que la infición de la carne y el prejuicio anestesiaba las conciencias y ya no eran espiritistas; eran espiritualistas, soñolientos, que para salir a la luz, se cubrían los ojos; pero son más responsables que todos, porque les sopló el espíritu y no supieron ver de dónde venía el viento y se dejaron sorprender por el simoún.

La justicia ha sido hecha y la tierra, su humanidad, no será juzgada otra vez. Se rasga el crepúsculo y se llama a todos los hombres; los espíritus libres, ya cumplen la justicia que acataron, en la luz; los que no acataron yacen en las moradas de su afinidad, donde esperan a sus afines encarnados; pero la ley deja en libertad de elegir, la tierra ya juzgada, o el mundo primitivo como hospital. La Justicia está en acción y se muestra en mil fenómenos; pero los hombres de las ciencias, no ven los hechos que conmueven a la tierra y a la humanidad y como los que descansan en la supremacía no pueden despertar, necesitan un sacudimiento potente y lo habrá como jamás hizo otro la tierra desde que hay hombres sobre ella; pero entonces, despertarán en otra morada, porque la tierra está dada en patrimonio a los trabajadores, a los despiertos, a los que velan, a los que piden al Padre sin entender de dioses, de razas ni clases; a los que rasgaron el crepúsculo y se vieron trinos, porque entrañan en la metafísica, aunque no sepan letra en la materia; es dada, en fin, al que le fue prometida, cuando sería renovada la faz de la tierra y aparecerían las nuevas tierras, los nuevos cielos y nuevo sol. Para esta renovación todo está cumplido; todas las formalidades (que fueron muchas y largas) se han llenado. El receptor del maná espera sólo unos segundos de nuestro tiempo, en que Eloí dirá “Hágase”, y todo será consumado.

Pasad hombres, pasad ciencias y llenad vuestros vacíos, que los tenéis, por el prejuicio; pasad religiones, que vuestra triste historia fue juzgada y en la tierra no cabéis más.

Pasad errores, que ya la verdad está en su trono y ya no hay dioses; sólo es ¡Eloí! como en todo el universo; pasad credos absurdos hechos de la concupiscencia y para el polvo, porque sólo hay ya para la tierra, el Espiritismo en su asiento que es la vida y espíritu y vida es una sola cosa y este es el asiento del Dios Amor que yo busqué y el universo lo llama con el nombre universal, Eloí, que yo os doy.

¡Cosmogonía... Maestros del universo... Espíritu de Verdad... Maestro amado! Os llamo. Empecé buscando a dios porque presentía al Padre y encontré que su asiento era el espiritismo, el que afirmé indestructiblemente.

Está escrita esa obra; se ha escrito la filosofía que dictásteis, poniéndole por corona el juicio final; se ha hecho el “Código de amor”, el “Conócete a ti mismo”, el “Memorial del electro magno“, el "Prontuario o resumen del credo", "La enciclopedia" y "El Profilaxis de la Vida" y hoy debo dar asiento al espiritismo en la vida eterna y continuada, bajo la razón de la metafísica indestructible. Ya estoy, pues, en marcha y te pido, como siempre, tu clara inspiración, porque la obra es común y debe ser digna de ti y de provecho al hombre nuestro hermano; sigo, pues, con la bendición de Eloí y tu mirada de amor.

JOAQUÍN TRINCADO

Noviembre de 1913.