Premisa

Terribles son los momentos por los que atraviesa la humanidad de la tierra. Agónica la situación que soporta cada hombre, sin distinción de posiciones sociales, clases y castas: Incierto y obscuro está el horizonte, anubarrado de negruras que agobia a todos con una incertidumbre que nadie logra deshacer, habiendo en el presente, hombres de más conocimientos que nunca. ¿Cuál es la causa?... Para todos es misterio aterrador. Hasta las matemáticas les mienten y los conducen por los caminos más extraños, en procura de una defensa que nadie encuentra; con lo que, todos caen en la inacción más aterradora, o idean defensas descabelladas que soliviantan a otros, porque en verdad, ninguno comprende la causa y no emprenden el verdadero camino que los conducirá a la tranquilidad de su conciencia. Y es porque, todos sienten remordimientos agobiantes en su alma, porque todos tienen procesos, de hechos punibles ante la Ley divina, que en su inexorable Balanza, pesa muy fiel y dice la verdad y ésta quiere imponerse, porque la obliga la gravedad de la ley inmutable del progreso.

La ley del progreso, ha señalado su máximo posible en la dualidad del hombre de cuerpo y alma: el progreso no puede ser que tenga límites, porque señalaría la muerte de las cosas y ésta no puede existir; porque si existiera, el universo acabaría y el Creador sería finito; acabaría también. Esta premisa irrevocable e incontrovertible, hasta para las más positivas y erradas religiones, envuelve la incógnita de eso misterioso que a los hombres agobia y aplasta hoy, como losa incomparable: y la verdad es, que todos los hombres, en todo el mundo, se han declarado impotentes de levantar esa losa y sucumben. Y sin embargo, cada hombre tiene en sí mismo la palanca que puede mover esa losa y salir del agobio: pero todos temen usar de esa palanca, porque, los que se creen sabios, se van a ver, legos a lo absoluto, en la verdad de la sabiduría del espiritismo, que todo lo sabe y los grandes supremáticos se verían causantes de esta incertidumbre y agonía y prefieren morir aplastados mejor que descubrirse culpables, porque temen una represalia de sus agobiados y engañados tan largos siglos, porque enlodaron, desfigurando, calumniando y queriendo matar al inmortal operador del progreso, que es la única palanca capaz de mover y tirar muy lejos esa aplastadora losa que mata asfixiada, a toda la humanidad: el espíritu.

He ahí al causante de que los hombres no se entiendan hoy: pero es a causa de que, siendo el espíritu solo (sólo a lo absoluto) el que hace el progreso, no se le quiere conocer como primero cuando ha llegado la hora de su reinado, en la que tiene que implantar por la fuerza de la razón, por la fuerza máxima de la ley, la ley del trabajo, para el progreso que él no puede, pero que tampoco quiere eludir y se impone (??)... Sí, se impone en justicia a la materia, como se impuso el sacrificio de vivir oculto dentro de la misma materia, hasta que ésta pudiera vivir del progreso pobre que le puede dar el conocimiento de su dualidad cuerpo y alma y ésta, no tiene ley, como más adelante veremos comprobado.

En este estado, los hombres no pueden vivir; y cada uno trata de encontrar un modo y no lo puede topar, porque lo busca sobre el dominio de otros hombres y aquéllos, tienen también la misma causa que deben defender y defienden. De aquí las hecatombes presentes y de siempre.

No. La losa mortal que la humanidad soporta en esta horrorosa agonía, no la puede mover y no la moverá una individualidad, aunque ésta sea formada por un grupo de naciones, sí en sus pactos y secretos encierra supremacías y antagonismos para otro grupo de naciones, porque, el espíritu no tiene nacionalidad, ni aún sexo y no se somete a las leyes caprichosas de los hombres-materia, animales, como son los que sólo conocen del hombre el cuerpo y el alma, y sólo en el hombre.

He aquí la causa del terrible desconcierto que reina en todo el mundo y que sólo El espiritismo, con su régimen de sabiduría, justicia y amor, en la Comuna sin parcelas y sin fronteras, ha de convertir en armonía, con su solo credo, con su ley de Amor, por este solo mandato: “Ama a tu hermano”.

Sin esto, es inútil que se agiten los hombres del capital, ni los obreros, porque no se entenderán.

Inútil también que los gobiernos traten de hermanar, lo que no pueden fraternizar.

Más inútil todavía, que se reúnan grupos de naciones para amedrentar y sofocar a otras naciones, porque los espíritus de todos, recibieron de su Padre, la orden inflexible de establecer su reinado, desmintiendo a todos los dioses religiosos, credos absurdos, políticas arcaicas, dignidades ficticias y falsarias, leyes opresoras y de holgazanería, porque el reinado del espíritu, sólo conoce hombres hermanos: sólo tiene al Padre común ,que no es dios de ninguna religión monopolizadora, sino Padre de todos; pero como tal, imparcialmente, da a cada hijo la misma ley, el mismo mandato y ninguno es más que otro como verdaderos hermanos que somos.

Pero hay hijos que no cumplen y se declaran enemigos del progreso; son hijos desobedientes y en antagonismos a los cumplidores del mandato de amor, crearon dioses de iras, de venganzas, de guerras, de supremacías, por la concupiscencia, que no pudieron ni jamás podrán satisfacer. Y ahora que por malversores se ven desalojados y rotos sus dioses por el Espiritismo (credo único en todo el universo) esos dioses, en su agonía, encendieron esta horrible hoguera que consume al mundo; pero que el espíritu sabe aprovechar y la mantendrá encendida hasta que consuma la causa y se purifiquen (si pueden) los efectos, o se carbonicen para sacarlos y tirarlos al montón de escorias.

Hace 40 siglos que a la humanidad se le anunció todo; 36 que se le dió la ley; 19 que se le rememoró; 50 años que se le anunció el nacimiento del Anticristo y tembló el que lo anunció perdiendo el poder temporal. ¿Será verdad que el Anticristo había nacido? Son varios los que se apodan de tales, públicamente y aún con grandes carteles hay quien se anuncia; ayer nos comunica el telégrafo que “Lenin es el Anticristo”. Pero lo cierto es que, sea quien pueda serlo individualmente, el mundo no tiene arreglo sino por las doctrinas puras del Espiritismo Luz y Verdad que presenta esta Escuela, y entonces, sólo el espiritismo es el verdadero Anticristo y Antidios, pues quita el error y establece la verdad.

La hora marcada inexorablemente se cumplió (como leeréis más adelante) y hace 8 años, que estas doctrinas, por este libro, debieron llegar a manos de los hombres; pero los espíritus en su libre albedrío de obrar dentro o fuera del mandato omnímodo (hasta el momento de la ejecución de la justicia), los espíritus, repito, detractores de la ley, enemigos del progreso y de la humanidad, en vez de acatar la justicia y la ley de Amor, levantaron la guerra; consintiendo antes, que toda la humanidad sucumba, a descubrirse culpables. ¡Vano empeño cuando no conocían de dónde soplaba el viento!...

Sí, lograron retrasar un momento más que se les diera a los hombres el verdadero y único faro adonde debían dirigirse. ¿Pero qué han conseguido con esto? Sufrir más prolongando su agonía y exaltar al pueblo que presiente y quiere su regeneración verdadera. Hoy que se marca el segundo inflexible e improrrogable en la esfera de la ley del Creador, se da a luz el principio y se le pone a la humanidad, como el único revulsivo capaz de hacerla sentir su dolor, para localizar el lugar de la úlcera que debe ser operada sin remedio. Es dueño el hombre de elegir, entre ser curado o amputado; pero no es dueño de eludir la ley y no la eludirá.

Mas ante lo que presenciamos, nos vemos obligados a preguntar: ¿Qué se ha hecho del mentido dios católico-cristiano? ¿Qué del budista, del mahometano, griego, romano, egipcio, chino y de todos los dioses antiguos y modernos?... Todos son mentira: todos han mentido y ninguno quiere cargar con la responsabilidad de sus culpas. Pero cuando el pensamiento libre voló y penetró en los dogmas absurdos, cuando los espíritus hablaron y se mostraron en todas formas, modos y lenguas, acabaron los milagros, huyeron todos los dioses, rodaron coronas y cetros, y los hombres... se rieron de las excomuniones y sacramentos, y la gran Babilonia se mostró en toda su desvergüenza, con todos los dioses, allí en la conferencia de París, tratando de una paz imposible, bajo la cual quieren reunirse los supremáticos y sobre todo el Pontífice Cristiano, pero no ha lugar, habló el espíritu y obliga a callar a los dioses.

En estos momentos que escribo esta premisa (23 de junio de 1919) para meter en prensa este libro (retrasado en ocho años, porque así lo han querido los hombres), en estos momentos, digo, se está extremando todo, para hacer firmar un documento que habla de paz, pero que sólo encierra guerra; y no se tardará en ver las consecuencias; pero una pretensión que alguien tiene... esa... no será por la justicia divina... Las demás consecuencias, aunque son funestas para los hombres, son de los hombres y por horrorosas que sean, se consumarán. La guerra debió morir, muerta por la guerra; la guerra se cortó por la falacia; no murió la guerra, y de unificada como estaba, se dividirá en cuarenta guerras todas desastrosas y a la vez, si aquel documento se firma. Si no se firma, la guerra se reanudará de nuevo y será mil veces más espantosa que lo fue antes de los 14 sencillos puntos (que no subsisten, porque fueron llevados por quienes habían comerciado con la guerra) ,y ¿cómo podrán organizar la paz?

Hoy, los hombres que algo pueden pensar, (y son muy pocos) saben que el mundo no tiene arreglo, sino cambiándolo todo, mas no como empezó en la Rusia. Y, el “Espiritismo en su asiento“, es la palanca que puede poner a la humanidad en derrotero fijo sin que haya vencidos, en el cambio que la Ley exige.

Leedlo, estudiadlo, profundizad sus principios con afán y sin prejuicios y acabará la agonía y sólo así podrá ser la paz, porque se habrá pacificado cada hombre en su conciencia.

Si no lo conseguís cada uno, ¿cómo podréis abrigar una esperanza quimérica, de asentar la paz en el mundo?

La mentira, dominó por el terror; la verdad, reinará por el amor y nada lo impedirá, porque el espíritu ha de cumplir el mandato inexorable del Creador su Padre, para lo cual se le rasga el crepúsculo.

Sí; ¡hombre hermano!, lee, profundiza y declárate (por tu conciencia) si quieres seguir siendo obstáculo al progreso; en cuyo caso, prepárate, porque esta rueda aplasta al que no entra en sus engranajes; si felizmente te declaras obrero del progreso, sacude tu letargo; despierta y marcha por el camino que la ley te señala y recoge a cuantos se encuentran estancados o heridos y ayúdalos, porque desde hoy, no hay más que este mandato: “Ama a tu hermano”; de lo demás... la ley de Justicia tiene órdenes dadas; y pronto, muy pronto, hasta la Naturaleza, hará sus demostraciones...(1).

................................................................................................................ Y lee, estudia, comprueba sin temor; duda pero no niegues; critica pero no calumnies.

JOAQUÍN TRINCADO

 

Buenos Aires, 23 de junio de 1919.

(1) Los puntos suspensivos encerraban las demostraciones que la naturaleza tenía ordenado hacer para llamar al hombre al reconocimiento de la Ley.

Desde esa fecha hasta que se edita esta segunda edición, menos el golpe fatal y final, todo se ha cumplido; hasta las 40 guerras y la faz del mundo está cambiada; encontrándonos también, en la última instancia del progreso de esta humanidad. Estamos en el “Año de Apelaciones”.