PÁRRAFO IX
UNA SOLA BANDERA Y UN SOLO CREDO

Todo lo fundamental que se puede decir aquí sobre este tema, lo tenéis en el “Buscando a Dios” en solo dos capítulos: “El espiritismo o iglesia universal” y “No se puede ir más allá del espiritismo” (1)

En la “Filosofía”, en la “Enciclopédica”, en el “Código”, y en toda esta obra está desmenuzado y atomizado el aserto; nada más de nuevo se puede decir, ni aquí ni más allá.

Pero he aquí dos afirmaciones terribles, que por su radicalismo parecen una negación del progreso indefinido e infinito, al decir yo aquí que “nada más de nuevo se puede decir, ni aquí ni más allá”; y al afirmar en el “Buscando a Dios” que “no se puede ir más allá del espiritismo”, tengo que definir y sentar irrebatibles esos dos axiomas, para sacarlos de discusión y dejarlos abiertos al estudio franco de la razón, pero sin interpretación errónea.

Es cierto que estoy justificado de estos dos terribles axiomas por el Espíritu de Verdad y Maestros de la cosmogonía, lo que equivale a decir por todo el Universo. Pero no quita esto para que sea mía la obligación de ratificarme aquí, puesto que son estas las definitivas lecciones que se le dan a la humanidad. No sólo no me libran todas esas justificaciones de ratificarme, sino que de nobles es la correspondencia, y ésta obliga a que deje también justificadas estas justificaciones, que si me honran, también me obligan en gratitud.

Voy, pues, a hacer tres puntos de éste párrafo, a fin de recopilar sucintamente las conclusiones de la verdad y quedarán probados los axiomas más terribles que parecen limitar el progreso y sólo son el camino interminable abierto a la razón.

Punto primero

“NADA MAS DE NUEVO SE PUEDE DECIR, AQUÍ NI MÁS ALLÁ”

Cada vez que los hombres han creado una verdad, ésta ha tenido su valor solamente relativo por un tiempo; pues llegó a saberse más tarde que había otra verdad sobre aquella verdad y por esto se oye a menudo decir que “toda verdad es relativa”; y se dice, con fundamento de la experiencia que los hombres palpan.

Pero llega el hombre a hacer los números, que en su terribilidad fría y acusadora parecían demostrar la vida real y, hoy probamos que sólo son una verdad condicional, porque sólo representan una realidad física pero no una realidad metafísica.

Como se le ha dicho ya al hombre y explicado en esta obra lo que es la vida, el espíritu, sus leyes y, por fin, que es Creador porque es su espíritu la voluntad ejecutora del Creador su Padre del que es consubstancial y coeterno, después de esto no se le dirá más nada nuevo, ni aquí ni más allá; es decir, ni en la tierra ni en los mundos de más arriba; porque ahora, la tierra es ya mundo regenerado y sus hijos están preparando la tesis que en el curso del séptimo día tienen todos que presentar y al final debe saber lo que es el Universo, hasta el borde mismo del Padre: único punto impenetrable, porque es el guarismo real.

He ahí, pues, sentado a la razón que, después de decirle al hombre todo lo que es la eterna verdad, física, metafísica y mecánicamente, ni en la tierra ni más allá se le dirá más nada de nuevo; pero el espíritu procurará encontrar siempre cosas nuevas, porque siempre estará estudiando en esa tesis, encontrando siempre la mayor realidad, según su desarrollo; mas no será nada nuevo.

Encontrará mañana lo que ayer no encontró teniéndolo presente y manoseándolo hasta ajarlo; y cuando lo encontrará, verá que lo había tenido dentro de sí mismo, pero no lo comprendía; acordaos, sin embargo, que se os ha dicho ha mucho que, “nada hay nuevo debajo del sol”, y que sin embargo, cada día veis nuevos progresos, nuevas formas y nuevas aplicaciones y mayor belleza; y en verdad no hay nada nuevo en lo que palpáis, sino vosotros, que se despertó el sentimiento de aquello que, en formas, cuerpo o belleza se os presenta de nuevo al sentimiento y lo habíais manoseado y pisado sin comprenderlo.

En el “Buscando a Dios” tenéis el ejemplo del diamante y él os explica todo, física, metafísica y mecánicamente y puede servir de norma eternamente al espíritu.

Pero ¿cómo no se nos dirá nada nuevo más allá, me podríais decir, si los maestros cuentan tantas maravillas de sus mundos? Y yo digo: ¿Acaso esas maravillas no están en la tierra? Lo único que no había en la tierra era la luz del Electro Magno, porque no había llegado a ella la justicia de la ley, que juzgando al hombre y al espíritu encontrará mayoría de acreedores y los declarase con derecho al pago de su trabajo; esto ya sucedió, por lo que, la tierra posee visible y tangible el principio de vida sin metamorfosis y ésa es la maravilla suprema de los mundos, que no la pueden tener, ni aun solicitar, sin antes firmar la solidaridad con la mayoría; esto también ya fue hecho, por lo que pudo ser el juicio de liquidación, y luego llegará el Electro Magno.

Mas sabed más todavía: ni aun esa luz es nueva en la tierra; lo que se ha hecho nuevo es la tierra y su atmósfera, porque se purificó por el trabajo del espíritu, y no existiendo en los “cielos” de la tierra, es decir, en su atmósfera, miasmas de putrefacción, ni densas nieblas que impidan la llegada pura de la vibración del padre, entra en la tierra sin metamorfosearse, produciendo sus efectos directos, mientras antes tuvo que producirlos por la metamorfosis que la impureza de la tierra y su atmósfera requerían porque, nada puede hacer desarmonía en el infinito; y hasta se le había dicho al hombre, por Isaías, cuando le habla de que “se crean nuevas tierras y nuevos cielos, bajo un nuevo sol que se le dará en patrimonio a Jacob”

Todo esto, el hombre no lo ha comprendido a pesar de haberlo manoseado tanto; y esto no es óbice para que cuando se hace razón, cuando vive su trinidad, llegue el cumplimiento matemático y vea renovarse la tierra y ser más flúida, otros cielos más claros y transparentes, porque su atmósfera se purificó. Así puede llegar el nuevo sol, para el hombre, pero que es tan viejo como la eternidad y como su mismo espíritu, porque éste es coeterno y consubstancial de Eloí, que hoy recibe como único Creador y único número real.

Es por lo tanto irrebatible la sentencia axiomática de que “ni aquí ni más allá se os dirá nada más de nuevo”. Paso a definir el punto segundo.

Punto segundo
NO SE PUEDE IR MÁS ALLÁ DEL ESPIRITISMO

¡Espiritismo!... ¡Gran coco de los grandes hombres!... ¡Pobres hombres!... ¡Cómo se escondían aterrorizados y lo retrataron de fantástico y de quimera, estando dentro de ellos la causa misma!... Pero ya se aclaró la atmósfera y penetra la luz; ya no se avergonzarán de ser espíritus antes que hombres; de seguir siendo espíritus cuando hombres y al dejar de ser hombres porque, lo que una vez es, ya no puede ser que no sea.

Cuando traté este capítulo en el “Buscando a Dios” (tiempo en el que aun no sabía mi materia que el humilde obrero era el juez de vivos y muertos, porque mi espíritu le ocultaba tan tremendo cargo, hasta que la materia se convenciera por sí misma de las eternas verdades que encontraba en aquella nada halagüeña tarea de sacar el diamante de la mina y pulirlo, porque necesariamente había que enfangarse en el lodo de la humanidad, saliendo envuelto hasta las cejas del barro pegajoso de la materia). Cuando traté este capítulo, digo, hube de decir, para sentarme base y para no discordar en acordar en absoluto de los hombres, que el Padre, lanza el espíritu en estado sencillo e ignorante; yo lo hacía en la comprensión de que era ignorante en la maldad. Pero los hombres lo han creído ignorante en el sentido lato de la palabra, cuando esto mismo les han dicho antes que yo; es decir, que el espíritu era ignorante de las ciencias y del progreso, y no es así, porque en sí, el espíritu, es la sabiduría, como lo habéis visto en esta obra.

Lo que hay es, que el espíritu viene a ejecutar la creación que le confía su padre y no puede empezar por la cúpula del edificio, sino por cavar la tierra de los cimientos y de allí partir, poniendo piedra sobre piedra; esto tienen que hacerlo todos los seres, individualmente, porque cada uno de los espíritus tienen que saber hacer un mundo y un plano; y entre todos, el Universo en lo tangible, en formas y belleza.

En un mundo, el espíritu empieza por donde terminó en el anterior y sobre aquella base va edificando siempre y le cuesta grandes luchas por su individualismo; pero el escarmiento por un lado, y el ver que otro ya entiende también lo que él hace, lo llevan a la sociedad de aquél y luego de otro y después de otro, y así se van sumando hasta constituir una unidad de entre todas las individualidades, que en un solo acto, todos hacen la misma obra, que antes tanto le costaba a cada uno.

Pero esto no será nunca, mientras los unificados todos no sepan y comprendan todas las partes de la obra individualmente y sea capaz cada uno de ejecutar la obra, porque sería contra la ley, asociarse sin comprensión del fin de la colectividad, que es ejecutar la obra con un mínimo esfuerzo, porque reúnen en un solo movimiento todos los movimientos; y en un solo esfuerzo colectivo, todos los esfuerzos individuales. Pronto ven sus beneficios y cree la colectividad que es por conveniencia; pero es la ley que lleva el espíritu en sí mismo, y aun el hombre, obrando la ley del espíritu, desconoce quien le empuja irresistible. Lo lleva el viento, pero no sabe de dónde sopla.

Quiere el hombre buscar la causa dentro de sus productos y dentro de sus trabajos y se esfuerza, pero no sabe quien sopla y hace leyes imaginarias y se sale fuera de lo corporal; pero nada encuentra real fuera de él mismo y se queda extático, viendo el efecto sin poder encontrar la causa. Es claro que así sea; busca fuera de sí lo que está encerrado dentro de su mismo cuerpo; presiente la inspiración, pero él no quiere saber que la entidad alma (hasta la que necesariamente ascendió para poder hacer la colectividad), no quiere saber, repito, que haya sobre ella más que, si acaso, el Creador que ni aun concibe, pero que presiente; y por esto, al decirle ya un día que sobre el alma está el espíritu se espanta el hombre y se forja la idea del fantasma, antes que aceptarlo en su realidad. Esto es sólo por el orgullo, porque, en cuanto acepte el espíritu el hombre dúo, va a saber que no sabe; cree que ese que oculto le sopla lo va a esclavizar y de ahí la primera resistencia que opone.

Mas al fin se acostumbra al fantasma, que deja de ser tal en su razón; pero para entonces, todos los espíritus escondidos en los cuerpos que ya se habían unificado por afinidades, conocimientos y sobre todo por la comprensión de la ley, se muestran en solidaridad y todos los homogéneos de un mundo, reconocen en conciencia, los grados de cada uno en el progreso; ya luchan en su potencia con los discordes y al fin llegan a una mayoría y ya no pueden detenerse a; llaman más allá y ya les llega la voz y la vibración del mundo más cercano mayor y, habrá uno que pueda en su día romper la espesa atmósfera y llegar a aquel mundo, al que ya se suman para el progreso universal.

Luego, por lo que allí reciben saldrán más lejos y al fin, firmarán su solidaridad con toda la cosmogonía de su plano y aparecerá el maestro confirmado por los mayores, que la potencia y la luz y el progreso y la belleza del Universo le pertenecen por esa solidaridad y las disfruta aquel mundo donde, el espiritismo fue el coco grande que les asustó.

Ha entrado el hombre con su pequeñez individual, en la grandeza infinita para la eterna acción y ascensión, por la solidaridad con los mundos, por los que sabemos que, el Creador de los mundos y de los cuerpos de los hombres es el espíritu, pues el Creador único, su padre, así se lo encomendó y sabemos también que, la vida es del espíritu; que éste, es consubstancial y coeterno con el Creador y que el espiritismo es la solidaridad de los espíritus, que viven la ley del Creador; por estono se puede ir más allá del espiritismo”. Pero el espiritismo es el credo universal en el infinito, y por eso no se puede ir más allá de él ni aquí ni más allá, porque él es la entraña misma de Eloí.

Tienen los mundos su límite, porque no se ajustan a una ley de fuerzas matemáticas; pero los espíritus crean por ley y mandato otro mundo, que empieza donde el anterior acaba; y pasará aquel y otro empezará, siendo siempre los mismos espíritus, más luminosos, más omnipotentes, pero nunca omnímodos, porque están sujetos a la ley inflexible universal del más y ésa, sólo es de Eloí.

Y no es que el espíritu fuera menos omnipotente cuando fue lanzado a la lucha primera; es que entonces era individual, mientras no ejecutó la lucha primera de su alma, en la que ha de atesorar el producto de su trabajo, hasta que ya maestro en la creación, por su esfuerzo, puede asociarse con sus homogéneos y entonces dispone de lo suyo y de lo de sus solidarizados, y todos tienen la misma ventaja y pueden y deben sumarse todas esas potencias hasta el grado inmediato y al fin, sumar y disfrutar de todo el Universo, porque reconocen entonces la única bandera, bajo el único credo, que son: Comuna y Espiritismo, de lo que no pueden pasar como régimen, pero eternamente ascendiendo en perfección, a la que jamás podemos llegar, porque sería la perfección el límite del progreso y éste es indefinido e infinito.

Punto tercero
LA COMUNA COMO BANDERA Y EL ESPIRITISMO COMO CREDO

Nada hay más bello y armónico que la comuna como régimen y nada hay más grande de Eloí abajo que el espiritismo, porque es el credo universal. Decir comuna, es decir justicia; y decir espiritismo, es decir Eloí; por lo que espiritismo es todo, desde el microscópico e impalpable electrón hasta Eloí, en lo intangible, y desde el más rústico mineral hasta el hombre en su estado más bello, en lo tangible.

Asusta la comuna a los supremáticos, porque no quieren la justicia, y asusta el espiritismo a los egoístas y a todos los que gustan de las tinieblas, porque el espiritismo es luz y amor.

Se dice que “las ciencias no admiten el espiritismo”, y aquí se comete un grave error por los que lo dicen; pues las ciencias mismas son el espiritismo y sin él las ciencias no serían, como nada sería sin el espíritu.

Lo que hay es, que el hombre dogmático o cismático de las ciencias puede dominar éstas, porque por el espíritu que dentro de él está las domina por su ley del más y, el hombre no es capaz de dominar el espiritismo, porque éste es dominador universal y todo lo somete; y en tanto el hombre no se somete al espiritismo, es un pretendido sabio por la posesión de una o más ciencias que domina y cree por la materia. Este es otro error más grave y más fenomenal de su pretensión de sabio, pues no sabe de qué se compone su cuerpo, ni lo que es su aliento por el que vive.

Pero cuando el hombre se somete al espiritismo, entonces cae su velo, su razón se hace luz y sabe que no sabe; pero sabe que lo sabe todo, porque, sometido, llama y es contestado y pide y recibe, si sabe pedir primero justicia.

Por esto, en los mundos, hay que tener bandera y credo, en tanto que el espíritu en libertad, sólo tiene credo; pero por él tiene entrada en derecho propio y por la ley única en todos los mundos del grado de su progreso abajo, y recibe, porque pide de los de su grado arriba; y cuando se iguala en su balanza y armonía, entra donde pidió; vuelve a pedir más allá y siempre es contestado.

En los mundos, se enarbola como bandera, la Comuna, que significa justicia, porque bajo esa bandera se pide en ley y siempre se recibe por la unidad; lo que no sucede antes, porque el hombre es egoísta y no pide para sí la justicia.

La comuna no permite a nadie la injusticia; las diferencias desaparecen y por ello acaban los sufrimientos de toda la humanidad; la vida del amor, todo lo hace dulce y desear la vida.

El deseo de la vida plácida del amor, es bastante estímulo al mayor progreso, por lo que, un mundo en la comuna adelanta en un año más que durante un siglo en la autocracia.

La comuna significa todos para todos y así, nadie pide para sí, sino que toda petición es común y por esto se alcanza siempre hasta las lluvias si fuera necesario pedirlas, que tampoco se piden nunca porque la ley no tiene obstáculos que la dificulten y llueve lo que la tierra ha de menester; lo que no sucede hoy aun después del juicio, porque hay manchas en la atmósfera y estas manchas, no son otra cosa que los pensamientos turbios y negros de los detractores de la ley, que en la nube, hacen el efecto de un corto circuito en una línea eléctrica y en vez de agua, la nube da granizo, o es rota y descarga un diluvio aplastador e inunda los campos y las ciudades y del esfuerzo hecho por la nube, caen rayos y centellas destructoras. No toméis esto por una puerilidad; creed, porque es la verdad que sólo es efecto todo esto de la fuerza contraria de los pensamientos de los hombres; y si hoy os costara creerlo, mañana lo sabréis por convicción y recordaréis que yo os lo dejo explicado, aunque ha mucho se os dijo en el gran proverbio que “quien siembra vientos sólo recogerá tempestades”.

Mas ya para la tierra pasó ese tiempo, porque tiene por bandera la comuna y por credo el espiritismo; que si la bandera es la justicia por la justicia misma, el espiritismo es el amor por el amor mismo, y la ley del gran regidor, Eloí, es cumplida en sabiduría, desapareciendo, no sólo las divisiones de los hombres, sino hasta las divisiones del pensamiento; pues piensa cada uno por todos y todos por cada uno y por la ley de la unidad, llegan al trono de Eloí.

(1) Esos capítulos, sintetizados, los hemos transcripto ya en otros de nuestros libros ya que el “Buscando a Dios”, espera el momento de imprimirlo.